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lunes, 31 de diciembre de 2012

ULTIMO SORETE, por Andrés Accorsi

Tal como estaba previsto, hoy es el último día de Soretes Azules. De los 366 días de 2012, subimos contenidos 317 días, lo cual no está nada mal. Y es todo material que queda en la web, para que los interesados en la obra de Carlos Trillo puedan disfrutarlo cuando quieran. Hay mucho más, por supuesto. La obra de Trillo es mucho más vasta de lo que se puede llegar a cubrir en un año de blog, pero bueno, hasta acá llegamos.
No podemos cerrar este espacio sin agradecer, en primer lugar, a la familia de Carlos, que vio con buenos ojos la creación de este blog. Si ellos decían “no”, o “sí, pero”, esto no se podía hacer. En segundo lugar, a los artistas cuyas historietas compartimos. Por supuesto, a los escribas que colaboraron con sus textos, muy especialmente a Juan Carlos Massa (trillólogo de primera línea), Gabriel Zárate y Andrés Valenzuela. También a los invitados ilustres que hicieron su aporte (Risso, Mandrafina, Alcatena, Nine, Calvi, Domingues, Rustemagic, etc.) y obviamente a quienes nos acompañaron y leyeron a lo largo de este año.
Para mí, en lo personal, fue una experiencia sumamente enriquecedora, no sólo por el placer que significa compartir un proyecto con amigos talentosos como Laura Vázquez, Diego Agrimbau, Lucas Varela y Pablo Túnica, sino porque además me permitió adentrarme más en la obra de Trillo y estudiarla desde nuevas ópticas. La posibilidad de leer varios guiones tal como Carlos se los entregaba a los dibujantes, por ejemplo, me parece que nos aportó muchísimo a todos los que seguimos con atención la obra del guionista. Y los que se divierten ensuciándose las manos en busca de revistas viejas en puestos callejeros o antiguas casas de canje, seguramente atesorarán la información detallada y precisa de qué historietas de Trillo aparecen en cada número de revistas legendarias como Skorpio, Fierro, SuperHum® o Puertitas.
Ojalá todo el material que subimos al blog (que, repito, es apenas la punta del iceberg) sirva para que muchos más fans salgan a buscar las obras de Trillo, para que más editores argentinos se animen a publicarlas (este año, lamentablemente, se editaron apenas dos libros de su autoría) y para que los estudiosos de la centenaria historieta argentina tengan a un sólo click de distancia un tapiz bastante ecléctico pero a la vez bastante revelador de lo que fue la carrera profesional de uno de los más grandes guionistas que tuvo nuestro país, y el habla hispana en general.
La historia reciente dice que Carlos Trillo nos dejó en Mayo de 2011. Sus fans y sus amigos sabemos que no es así, que Trillo va a estar con nosotros siempre. Soretes Azules fue la forma que se nos ocurrió de dar testimonio de esa presencia siempre aguda, siempre creativa, siempre magistral. Siempre.

sábado, 29 de diciembre de 2012

CARLOS TRILLO, TALENTO DE NUNCA ACABAR, por Andrés Accorsi

A fines de 2005, cuando estábamos planificando el tercer especial de Comiqueando que editaría Domus,se nos ocurrió llevar adelante un bizarro experimento cuya génesis podría abreviarse de esta manera:
Yo tenía ganas de publicar material inédito de Carlos Trillo, algo realizado pensando directamente en el público de Comiqueando. Martín Casanova (editor de esa etapa de la revista) quería resucitar de alguna manera la idea de El Comic de Nunca Acabar, aquella mítica sección de la Comiqueando Clásica que terminó por originar el one-shot La Noche del Apocalipsis. Juntamos ambas ideas y se nos ocurrió esta: un comic escrito por Trillo y dibujado por distintos autores.
Lo charlamos con Carlos (y con Lucas Varela, que no podía faltar) y a él le encantó el proyecto. Enseguida decidió la duración: 12 páginas (“más de 12, va a ser una pesadilla”, pronosticó con preclara certeza), estableció que el guión tenía que justificar explicitamente los cambios de dibujante y además confeccionó una lista de unos 18 artistas con los que -por distintos motivos- tenía ganas de colaborar.
Cuando Carlos tuvo listo el guión, aparecieron los personajes... nuevos y clásicos! Ahí estaban Burnsutti y Muñithers (los editores que protagonizan Casting, de los que ya vimos otras aventuras acá en el blog), pero también el Eternauta, Sónoman, Lukas y Nekrodamus! Y además el guión exigía la presencia de tres autores que no estaban en la lista original. De los once elegidos por Trillo, todos aceptaron participar de inmediato, con una sóla excepción, que permanecerá en el anonimato y cuya página fue rápidamente cubierta por otro miembro del Dream Team.
Y después, a esperar que cada uno entregara lo suyo... tarea ardua y traumática, en la que Lucas Varela fue fundamental para ayudarme a coordinar el bolonki. Y finalmente, con Trillo de viaje por Europa, la historieta más multiestelar de la historia del comic argentino estuvo lista para integrarse a ese número de Comiqueando.
Homenaje, parodia, guiño cómplice, pero sobre todo, el inmenso placer de ver a tanto talento reunido en una sóla historieta. Eso es lo que transmite Casting. Eso es lo que hicieron posible el gigantesco Carlos Trillo y estos once gladiadores del dibujo que se sumaron a otro de nuestros engendros mutantes para que ustedes se diviertan un rato.
A Trillo, ni hace falta presentarlo. Es el más grande y punto, se acabó. Los once dibujantes (por orden de aparición) fueron:
Lucas Varela (pags.1 y 12)
Francisco Solano López (pag.2)
Quique Alcatena (pag.3)
Gustavo Sala (pag.4)
Rep (pag.5)
Oswal (pag.6)
Dante Ginevra (pag.7)
César Da Col (pag.8)
Horacio Lalia (pag.9)
Fernando Calvi (pag.10)
Pablo Sapia (pag.11)

Mañana cerramos la sección de historietas de Soretes Azules con 12 páginas mortales.

jueves, 27 de diciembre de 2012

LA MEMORIA, por Fernando Calvi

A ver cómo funciona la memoria.
Hace muchos años, unos veinte, llegué a Buenos Aires con la decisión de volverme un historietista profesional. Eso significaba, para no complicarnos con demasiados matices, ver mis historietas publicadas en papel y cobrar lo suficiente para subsistir.
No quiero aburrir con anécdotas y peripecias que quizás sólo tienen peso y sentido para mí, pero al tiempo de llegar (y tras algunos traspiés) me encontré en la oficina de Carlos Trillo. En esa época yo no estaba dibujando (producto de la desagradable experiencia en un estudio de dibujos animados) pero seguía amando la historieta y estaba interesado en convertirme en guionista profesional.
Le llevé unos guiones a Trillo, le gustaron, me pidió unos guiones de prueba para Cybersix, los hice, le gustaron. Y me encontré con mi primer encargo en historieta. Un guión de 96 páginas de Cybersix, podía hacer lo que quisiera, siempre y cuando respetara cierto tono de la serie y arrancara en el lugar por el que andaban los personajes.
Lo hice, y así empezó mi relación profesional con Carlos. Que pronto se llenó de matices, Carlos me daba consejos, me pedía más laburo, me invitaba a comer, me hacía chistes por mis cortes de pelo, me peleaba, me festejaba ideas, me rebotaba ideas, me prestaba guita, me retaba si laburaba gratis, se enojaba si laburaba con alguien que le caía mal, y así pasaron unos años.
Y yo escribía mucho, muchísimo, sin casi poder ponerme a pensar. Me contaba en qué andaban los personajes, le contaba qué quería hacer yo, en general me decía: “Y bueno, dale…” y yo seguía escribiendo.
Creo que en el camino nos hicimos amigos, o algo así. Las relaciones humanas son muy extrañas, mutantes, inmanejables. Pero nos vimos mucho, hablamos mucho, me contó mil anécdotas, me mostró la cocina, me enseñó un montón de cosas, discutimos un montón.
La experiencia de escribir con personajes de otro es muy particular. Todos los que escribieron novelas de Doc Savage o The Shadow o Tarzán, o dibujaron y escribieron las aventuras de Batman hasta los 60 lo saben. Pero se aprende, de eso no hay duda, no sólo se aprende del oficio, se aprende de la vida. Uno sale de ahí más musculoso, con alguna cicatriz y varias anclas tatuadas. No, las anclas las guardamos para otro tipo de relaciones.
Cuando Carlos dejó de producir toneladas de historietas para los italianos y se concentró en hacer libros más cortos y cuidados para los franceses fue hora de partir para mí. Recuerdo la frase de ese último almuerzo.
Me dijo: “Calvin, no le sigas echando tuco al raviol de tu pasado”.
Sí, me decía Calvin, por el personaje de Calvin & Hobbes. Bueno, eso, partí en busca de nuevos hosrizontes. Volví a dibujar. Inventé algunos personajes, y uno de esos, Bruno Helmet, tuvo su corta, accidentada, intoxicante, andadura en los ´90.
Cada tanto hablaba con Carlos. Me decía que largue el dibujo, que yo no era un dibujante, que me dedicara a escribir, esas cosas. Un poco para llevarle la contra, un poco para darme el gusto, le pedí un guión para una historieta de Bruno.
Y lo escribió. Tardó. Un montón. Un día me llamó, lo tenía, pero tenía que ir a buscarlo a Vicente López. Charlamos, tomamos Coca Cola light. Me dio el guión, lo leí ahí, y fue de lo más raro que me ha pasado (y me han pasado cosas raras). Era Bruno, claro, pero no el mío. Era otro personaje. El guión hablaba de otras cosas. Era, además, un guión claramente de Carlos. Su tono, su humor, sus frases.
Me lo llevé a casa. Aturdido. Contento. Extrañado.
Cambié totalmente el estilo para dibujarlo. Tardé. Lo iba a editar Accorsi, que estaba impaciente. (Ya había hecho una de Bruno Helmet dibujada a cuatro manos con Quique Alcatena y había en proceso un guión a medias con Carlos Albiac, que nunca llegamos a terminar.)
Dibujar un guión de otro es raro, porque por mucho que uno cambie lo que el guión indica en cuanto a imágenes, montaje, diseño, tiempos, personajes, etc, hay algo que no se toca (para mí al menos) y son los textos, lo dicho, las palabras.
Terminé la historieta, se la llevé, la miró. Los originales, los iba pasando. Algunas cosas le gustaban, otras no. A mí medio lo mismo, pero no las mismas cosas.
Después charlamos de cualquier otra cosa. Del fin del mundo, del cambio de siglo, de Frank Miller, los editores franceses.
Cuando me iba me dijo: “Le faltó un poco de texto, tendría que haber escrito más. El final quedó como alargado”.
Cuando me enteré del fallecimiento de Carlos fue tan raro... Pensé en un montón de cosas, me acordé de un montón de cosas, pero no de esta historieta.
Hace poco hice una nueva historieta de Bruno, pero no revisé el viejo material. La hice “de memoria”.
Y así, de memoria escribo esto ahora. Y me doy cuenta, me hago cargo que no tiene mucha forma, que la parábola dramática no termina de cerrar, que falta la anécdota jugosa o el momento emotivo.
Pero así funciona la memoria.

lunes, 17 de diciembre de 2012

EL LOCO CHAVEZ CUMPLE 10 AÑOS, por Carlos Trillo

Desde el 26 de julio de 1975, en la última página del diario Clarín, venimos desarrollando con Horacio Altuna las andanzas de un personaie de Buenos Aires. Lo hemos inventado periodista porque, en un embrionario principio tratamos de convencernos a nosotros mismos de que esa profesión era la última que quedaba con aigunas posibilidades de "vida aventurera". Un periodista supónese se mueve como pez en el agua por cataclismos, bombardeos, festivales de cine y lanzamientos de barriletes atómicos al espacio sideral.
Al rato (dos o tres meses después) de empezada la tarea, descubrimos que las mejores aventuras que podía protagonizar nuestro héroe eran de relevancia ínfima a los efectos de los titulares cuerpo catástrofe, pero que esas historias pequeñas, cotidianas, nos permitían manejar mejor el dibujo de tipos y tipas creíbles de esta ciudad donde transcurre la acción.
Empezamos a mover at Loco Chávez por el Buenos Aires que conocemos, y a su alrededor brotaron como hongos los amigos y la familia. Por momentos, Malone se robó la escena con su ternura desvalida, con su querer ser Bogart pero parecerse a Woody Allen. Después, Homero acaparó la historia con su cara de Osvaldo Ardizzone y su infinita cultura tanguera.
Junto a ellos, Balderi, Juan Bergman, el gordo Globo, crecieron como compañeros de redacción y de boliche. Se supo que había una madre, un hermano mayor, una hermanita, y un padre jubilado que nos permitió repetir cosas que les pasan a nuestros propios pobres viejos, que creyeron, que laburaron y que esperaron un ocaso no regalado pero por lo menos justo.
Y también las minas. Una modelo de nombre Verónica, una adolescente llamada Gato que le metió al tipo todos los ratones desde su espléndida e inalcanzable adolescencia. Y Pampita. Y Olvido. Y siguen las firmas.
El Loco es un inmaduro, nos dicen ciertos lectores empedernidos con veleidades psicoanalíticas. No sabe lo que quiere, se encandila con cualquier buen trasero que se menee por ahí.
-Yo, en mi juventud, hacía lo mismo recuerda de repente un veterano . Y la tira me hace acordar de aquellos tiempos fenómenos en que podía dormir tres horas por día sin que empezaran a chiflarme los bronquios.
Con Altuna empezamos a sentir que la gente, allí por el 77 o el 78, comenzaba a hablar del Loco como de un tipo conocido, un vecino de la cuadra, el ocupante del departamento de al lado, algo así.
Hasta que fueron apareciendo, poco a poco, los que leyendo la historieta divisaban mensajes ocultos, sobre todo a partir de un país en que cada vez se decían menos las cosas por su nombre.
Y si en el barrio del Loco aparecía un especulador, un tipo que hacía negocios con el dinero y la buena fe del prójimo, se nos decía:
-!Ah, conque aludiendo a los Chicago Boys!
Y si en la casa de Malone surgía un individuo llamado Samson, que quería adueñarse de todos los departamentos, y eso ocurría allá, hace tantísimo tiempo, por mayo del '82, el punto era un inglés. Y el portero cómplice, un entregado ai imperialismo.
En fin, que autores, personaje y lectores nos fuimos acostumbrando a las medias palabras, al guiño, a las entrelíneas que, a fuer de ser sinceros, ni siquiera habíamos hecho conscientes a la hora de escribir y dibujar la tira.
La oblicuidad, que le dicen.
En noviembre de 1982. en una muestra internacional de historietas que se hace en ltaia, Oreste del Buono, importante crítico de los medios de comunicación nos decía, mirando algunas historietas que se exponían en el salón:
-Ustedes, los latinoamericanos, y últimamente en especial los argentinos, han afinado como nadie el instrumento de la sutileza. Claro, en sus países reprimidos. golpeados, silenciados, no se puede hablar de la realidad sino oblicuamente. Entonces, vuelan más alto que nosotros, los europeos, que lievamos 40 años consecutivos de decirle pan al pan y ladrón al que roba.
En su discurso, este crítico, insospechabie hombre de la izquierda, además, suspiraba recordando lo poderoso del pensamiento libre en tiempos del fascismo, colándose por cualquier rendija. Sí, claro, reconocía, ahora vivimos mejor. Pero cuando teníamos miedo, escribíamos y pensábamos mejor.
Y si la reflexión de del Buono puede servir para iluminar esa búsqueda incesante de entrelíneas, de cosas que no se dicen, pero se dicen, por parte de los lectores esta cita de un artículo de Ernesto Goldar, tal vez sea útil para comprender algunos mecanismos de adhesión a nuestro trabajo cotidiano desde hace pronto diez años:
“¿Cuánto de neurosis hay en el Loco? ¿Cuánto de inestabilidad emotiva? ¿Cuánto de realidad adulta destila el personaje? Hugo Chávez no busca el beneficio seguro sino el afecto, su personalidad tironeada no quiere ceder a las presiones, y es más, pide consejos. Este es el rasgo más positivo del Loco, su rechazo de la falsa seguridad, su inteligencia, pues quien pide consejo revela que no es necio ni pedante. Se dirá que le cuesta tomar decisiones por complejo de inferioridad, por indeciso. Pero quien escucha opiniones no se siente superior a nadie. Es un igual. Alguien con quien se puede discutir, una persona razonable. Este es el costado incuestionable del Loco, su función de propuesta, su "alegoría”, que plantea una denuncia de las costumbres autoritarias y estereotipadas, y abunda sobre un modelo político que el país necesita, moderno, abierto a una correspondencia con los otros, una democracia de la cotidianeidad y el estilo."
Nacido hace casi diez años y en un día raro (el del aniversario de la muerte de Eva Perón), la historieta continúa. Mañana a la mañana, por ejemplo, en la última página del Clarín, arriba, al lado de los datos del tiempo en esta capital, a la hora del café con leche y las tostadas con manteca.

Publicado originalmente en el n° 4 de la revista Zona 84 (1984).

sábado, 15 de diciembre de 2012

EL DIA QUE JORDI BERNET DIBUJO UNA HISTORIA DE AMOR, por Carlos Trillo

Yo tenía ganas de escribir varias cosas: una aventura en el mundo del espionaje, un cuento paródico, las melancolías de un monstruo sensible, un relato que contuviera a la mujer más bella y gélida del universo. Me daba vueltas la idea de poner en alguna parte un relator en primera persona que no participara de ia historia, voyeur invisible y asqueado con los acontecimientos de latrama, siguiendo resignadamente un estricto pedido del editor, que es el que paga.
Jordi Bernet recibía en Barcelona mis cartas, soportando con paciencia estas idas y venidas de mi búsqueda de La Idea Que Nos Hiciera Ricos Y Famosos. Por fin, mientras en su tablero de dibujo se coagulaban las últimas páginas de una nueva aventura de Torpedo y resolvía las sorpresas y petardos postreros y el cañonazo final indicados por el libro de Sánchez Abulí, me contestó: “Hombre, si dudas entre todas estas posibilidades, lo mejor es que las uses una por una en la historieta, que yo me la dibujo”.
Fue La Revelación.
Metí en el guiso a Light, la hermosa insensible a todo.
Hice aparecer a Bold, el enorme, agorilado, grotesco y sensible asesino a sueldo.
Los junté como protagonistas de una delirante confabulación universal, junto a espías fanáticos y venales, turcos alucinados, coroneles de caballería, profesores de arte escénico, chinos, filósofos y otros bichos.
También inserté al narrador, ausente como personaje activo, pero que cuenta todo esto porque no le queda otro remedio, de algo hay que vivir.
Cuando Bernet recibló los primeros tramos de Light & Bold y empezó a crear las figuras y a moverlas con esa fuerza descalabrante de su trazo violen to y sensual, me llamó por teléfono.
-Estoy muy contento -dijo-. Es la primera vez que dibujo una historia de amor.

Prólogo a la primera edición española de Light & Bold (Toutain, 1990)

martes, 11 de diciembre de 2012

CYBERSIX, por Carlos Trillo

En la Ilíada se describen unas muchachas artificiales, construídas con oro, que ayudaban en sus tareas al dios herrero de los griegos, llamado Hefesto. En las leyendas judías se hablaba de los golems, muñecos de arcilla que cobraban vida ante la mención del santo nombre de Dios. En 1921, el escritor checo Karel Kapec introdujo en su obra teatral R.U.R. el término “robot”, palabra que en su idioma significa esclavo.
Volviendo atrás, en 1771 el anatomista italiano Luigi Galvani experimentó con músculos extraídos de ancas de ranas y descubrió que una corriente eléctrica podía contraer esos músculos muertos como si estuvieran con vida. Empezó a investigarse entonces sobre la posibilidad de que la electricidad devolviera la vida, o la creara. En 1818 se publicó Frankenstein o el Prometeo Moderno, la historia de un científico suizo que aspiraba a crear un nuevo género de seres vivientes por el procedimiento de galvanizar (electrificar) tejidos orgánicos muertos. Todos conocemos hoy el resultado: la horripilante criatura así obtenida, abandonada a su suerte por su creador, se venga de una manera sangrienta.
Los dos términos que mayor difusión han tenido para designar a los seres humanos artificiales, han sido, por encima de todos los demás, robot y androide. El primero es el ser humano construído en metal. El segundo, el fabricado con sustancia orgánica que tiene apariencia de carne y de sangre (o lo es).
Esta historia cuenta las peripecias de un androide infeliz (como el monstruo de Frankenstein) que fue concebido siguiendo los más modernos sistemas de generación de vida en probetas. Se llama Cybersix, es una mujer muy hermosa, y su padre la está buscando para acabar con ella...

Algunos datos para terminar este libro
Esta historia salió en los diarios a lo largo de 1984, hace exactamente diez años: una pareja de chilenos millonarios se trasladó a Australia, uno de los países líderes en investigaciones vinculadas a la fertilización asistida y con una legislación amplia y permisiva. Como no podían tener hijos, varios óvulos fecundados se congelaron y se guardaron para hacer sucesivos intentos. Pero, en el transcurso de un viaje, el avión que trasladaba a Elsa y Mario Ríos (así se llamaban) se estrelló y ambos murieron. Y allí empezó el tironeo de los potenciales embriones. Los herederos querían destruirlos (tal vez, más que por razones morales, para que la herencia no cayera algún día en sus manos). Otros querían regalarlos a otra pareja. Algunos médicos creían tener derecho a utilizarlos para investigación del desarrollo embrionario. La Corte Suprema australiana, finalmente, ordenó destruirlos.
Hasta aquí, la realidad. Desde aquí, un poco de ficción: ¿los habrán destruído realmente? ¿Y si no fue así y un científico loco se reservó una de esas cositas pequeñísimas para producir vida? ¿Y si la produjo? ¿Y si ese niño tiene hoy, digamos, diez o doce años? ¿Qué ocurre sl mañana o pasado aparece en el consultorio de un psicoanalista para desentrañar su estructura psíquica? ¿Cómo estará manifestando su etapa edípica? ¿Cuáles serán sus fantasías respecto a su relación con papá y mamá?
Estamos ante la realidad de que la investigación genética produce vida artificial, combina repollo con ratas, fotocopia células para multiplicarlas, agiganta tomates, reduce cerdos y cruza especies diversas para hacer realidad lo que hasta ayer llamábamos quimera. De aquí a que sea cierto lo que cuentan estos relatos hay un paso. Un paso muy, muy corto.

Textos de introducción y cierre a la edición argentina de Cybersix: El Libro de la Bestia (Meridiana, 1994).

sábado, 8 de diciembre de 2012

MELANCOLICA CRIATURA DE LA NOCHE, por Carlos Trillo

Buenos Aires, 14 de septiembre de 1989
Querido Jordi: En realidad, hace semanas que estoy pensando en escribirte, pero me iba demorando el hecho de que me encontraba desarrollando LA BOMBA que te envío aqui. Sí, señor. He dado comienzo al famoso guión que se convertirá en el éxito, la fortuna, etc.
Es un cuento de vampiros, tal cual. Pero no Dráculas y esas cosas ya tan vistas, sino vampiros hoy, en la actualidad, viviendo las angustias de un tiempo que no ha sido pensado para ellos.
El plot, que resumo de las notas que han llenado un cuaderno, es así:
Hace 300 años, un vampiro mordió a la bella Ludmila, transformándola también en un vampiro. Ludmila, loca de amor por quien la iniciara en el cultivo de la nocturnidad, ha atravesado el mundo buscándolo. Lo halla, por fin, en la actualidad, en una ciudad que bien podría ser Barcelona. El, que ha sido sucesivamente conde, filósofo, clavicordista, dibujante de historietas, escritor y todo otro oficio que no lo comprometa a salir a la calle durante el día, limpia oficinas por la noche en la ciudad. Cada 8 ó 10 años debe abandonar la ciudad en que vive y la personalidad que ha adoptado para reiniciar su vida en otra parte (por aquello de que los vanpiros no envejecen y no puede despertar sospechas).
Ludmila, la vampira, tiene un psicoanalista al que cuenta una y otra vez su historia de amor frustada, esa búsqueda tres veces centenaria del hombre que la convirtió en vampira. El cual no acepta a convivir con ella con el pretexto de que una pareja normal no puede tolerarse bien diez años y ella lo que quiere es un amor eterno, un amor de criaturas de la noche, un para siempre que él no es capaz de soportar.
Lorenzo Luna es el nombre que el vampiro, la melancólica criatura de la noche del título, ha adoptado para vivir en una ciudad de habla hispana. Tiene su pasado, el tío. Conoce quién era en realidad el que escribía las obras de Shakespeare, porque estuvo allí. Tuvo un romance con Madame Pompadour. Sabe que Mata Hari era un vampiro como él. Conoció a Mozart y sabe quién lo envenenó, no el pobre Salieri que dice la película Amadeus. Lee la historia como ficción, buena parte de ella la vivió y sabe cóm es. En los años de la Ley Seca fue asesino a sueldo de Capone.
Todas estas cosas serán, en el relato, sólo indicios de ese pasado gigantesco que lleva a sus espaldas.
Los vampiros tienen problemas. Necesitan beber sangre, como es natural.
Pero la sociedad moderna los asusta. Mira si bebe sangre de un enfermo AIDS?
¿Qué ocurre si debe cambiar un neumático a su automóvil y en el baúl hay una llave cruz? Ese símbolo lo ahuyenta. Nada, pues, que este mundo de hoy no está hecho para criaturas románticas y anticuadas como los vampiros.
Creo que MELANCOLICA CRIATURA DE LA NOCHE da para una serie de más de un libro. Veremos. Trataremos de exprimir este clima al máximo en el primero, a ver qué pasa.
LORENZO LUNA es alto, flaco, melancólico, moreno de ojos claros. Tiene una fuerza monstruosa, com los replicantes de Blade Runner. Viste moderno, como un joven de 27 años en nuestra sociedad de hoy. Su corte de pelo es a lo Mickey Rourke.
El va "modernizándose" de acuerdo con los tiempos. En su guardarropas hay restos de trajes de gangster del 30, zapatos con tacones de la corte de Luis XIV. Es un hombre cultísimo (ha leído por 600 años), sabe música, teología, baila el minuet.
Esta un poco aburrido de la vida eterna, pero teme morir.
Y al final, el psicoanalista "curará" a Ludmila, probrecita, qué triste final.
Creo que la tengo, amigo.
Seguramente te llamaré por teléfono estos días a ver qué te parece este asunto.
Nada más. Recibe, como siempre, el más fuerte de los abrazos.
Carlos

Prólogo a la edición española de Iván Piire (El Jueves, 1992)

jueves, 29 de noviembre de 2012

PROBLEMAS DE IDENTIDAD, por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno

Algunas reflexiones sobre la historieta y el humor gráfico en la década del setenta

Sin plantearse una renovación de retóricas y códigos de probada eficacia, las publicaciones de la década del setenta, al menos, permitieron ciertas vueltas de tuerca y con ellas, aparejado, el acceso de creadores que se iniciaron compensando su juventud con talento y profesionalismo. Esta década, también, significa para los argentinos, su historieta y su humor gráfico, la recuperación de un esplendor perdido y, en consecuencia, el reconocimiento internacional. Nunca antes los cultores de estos géneros cosecharon tantos premios ni vieron, de tal manera, abrirse ante ellos las puertas de otros mercados. Esta situación que favoreció ingresos y narcisismos, no
obstante, inspira además del alborozo algunas reflexiones.
Es sabido que la gratificación económica es tan o más importante para los creadores como la admiración de sus trabajos. Como no estamos totalmente convencidos de la inmanencia de la obra de arte, pensamos que su lectura más enriquecedora y trascendente se ancla, ineludiblemente, en las circunstancias de su hacedor y establece así los vínculos entre aquella, este y la realidad recreada directa o simbólicamente. Por eso, en nuestra opinión, la repercusión obtenida por las historietas y el humor gráfico en nuestro país nos obliga, precisamente, a análisis cada vez más rigurosos. Por su masividad y la índole peculiar de sus recursos expresivos, estos géneros nos reclaman con insistencia lecturas que escarben la mera superficialidad de sus tramas y variaciones. Y entonces, con seguridad, la nominación de "marginales" con que fueron clasificados, perdería todo asidero como si en alguna oportunidad lo hubiera tenido. Al respecto, nos preguntamos cómo se puede rotular "marginal" una obra que se exhibe, cotidianamente, en infinitud de kioscos, reproducida con un tiraje vastísimo. En todo caso, conjeturemos, el asunto de la marginalidad tiene que ver con otra cuestión, la del prestigio de los géneros. Pero esta discusión, según pasan los años, también pierde su matiz polémico. Si el prestigio se relaciona, en cambio, con la mayor o menor celebración de los artistas, los historietistas y los humoristas gráficos vernáculos no pueden quejarse: no les faltaron ni exposiciones ni articulos elogiosos. Y si el prestigio se comprende, quizás, como las posibilidades de un arte para iluminar gozosamente al prójimo, los historietistas y los humoristas gráficos ya demostraron que no le adeudan demasiado a la literatura, la plástica y el cine.
En efecto, por estas razones sostenemos que si hay un derecho que nos concede el presente no nos cansaremos de repetirlo, es el de ejercer una lectura más atenta y pormenorizada de lo que pasó en esta última década, más allá y más acá de sus bombos y platillos. La cantidad de material rodado en este período supera las expectativas del lector más voraz. Obligatoriamente, un imaginario observador de estas manifestaciones, guiado por la cronología, se decidirá, para extraer ciertas conclusiones de la producción, a efectuar una distinción operativa entre la mal bautizada historieta "seria" y el humor gráfico, distinción que propone, por otra parte, el mismo mercado.
Si recurre a la sagacidad, ese imaginario observador advertirá, con algo de desilusión, que a pesar de la efusión de los galardones, las muestras y la dedicación de la prensa, no toda la historieta argentina es nacional, aunque sea concebida en la parte de adentro de nuestras fronteras. En Las Ciudades Invisibles, ltalo Calvino le hace decir a Marco Polo: "Nadie sabe mejor que yo, sabio Kublai, que no se debe confundir la ciudad con el discurso que la describe". Se desprende, a nuestro juicio, que una historieta nacional no es, casualmente, esa que apela a una profusa utilería de chiripás, boleadoras y pulperías en desuso. Pero tampoco es, como constatará nuestro imaginario observador, la tendencia dominante de la década, marcada por el western, la crónica bélica de la segunda contienda, la ciencia ficción apocalíptica.
Por otro lado, nuestro imaginario observador comprobará que en el humor gráfico no se repitió esta historia. Seguramente porque el humor gráfico, mucho más que la historieta de aventuras, legitima su validez sobre la más inmediata actualidad. Por eso fueron los humoristas gráficos quienes tuvieron la misión, nada liviana, de reflejar las peripeclas de sus receptores; misión que, cabe resaltarlo, acometieron con habilidad y agudeza, contribuyendo, de esta forma, con los historiadores venideros que algún dla quieran indagar sobre las alegrías y las tristezas de los argentinos de los años setenta.
Probablemente, al volver su mirada a las historietas, nuestro imaginario observador concluirá que el panorama no es tan sombrío, que hubo algunas honrosas excepciones. Probablemente también, coincidirá con nosotros si deduce que la identidad nacional de un arte puede no estar ligada a la procedencia de sus artistas. ¿Acaso uno de los más ilustres escritores ingleses, Joseph Conrad, no era polaco? Sin alarmarse ni cederle al pesimismo, nuestro imaginario observador reparará que, por suerte, en la última década unos contadísimos autores de historietas supieron transformar en virtudes y potencialidades las limitaciones de un mercado signado por diligencias, galeones, tanques y cohetes. Si nuestro imaginario observador, impulsado por un casi justificable chauvinismo, hubiera incurrido en una apreciación equivocada, detectando piezas nacionales donde no las hubo, igualmente no sería tan grave. Porque para consuelo y como ejemplo, todavía perdura con su vital humanismo la obra de Oesterheld escrita, en su mayor parte, en los años cincuenta y sesenta. Al reencontrarse con esos relatos, los historietistas y los lectores se reencontrarán, primordialmente, con ellos mismos. Y como si fuera escaso este mérito, esa obra les descubrirá, si son sutiles, las claves de la mejor historieta nacional. En sus secuencias están todas las recetas de la aventura; la más sabrosa y rendidora es de una obviedad escalofriante: que un hecho "maravilloso" tenga lugar en un marco enteramente cotidiano y verosímil. Si "lo esencial -como aseveraba Saint Exupery- es invisible a los ojos", por su obviedad, es factible que esta receta pase desapercibida. Su instrumentación, paradojalmente, no figura en ninguna normativa; es privilegio y don de unos pocos narradores de raza que, además, slempre saben ver en los hombres y su alrededor.

Publicado originalmente en el catálogo del Tercer Encuentro del Humor y la Historieta Nacional, Lobos, Abril de 1980.

jueves, 15 de noviembre de 2012

TRILLO EN LA NUEVA FIERRO!

Una vez más, el nuevo número de Fierro (el 73) nos sorprende con una historieta de Carlos Trillo que hasta ahora permanecía inédita. Se trata de Sus Ojos Color de Cielo, una historia autoconclusiva de 12 páginas con dibujos de Félix Saborido.
Ojalá el maestro Saborido siga desempolvando más material realizado en equipo con nuestro guionista favorito, del que nunca vio la luz en nuestro idioma.

martes, 6 de noviembre de 2012

EL ETERNAUTA, LA HISTORIA INTERMINABLE, por Carlos Trillo

Leí El Eternauta desde el primer número de Hora Cero Semanal, en aquella primavera del ´57.
Tuve ese privilegio: ser un pibe lector que se apasionaba por algunas historietas. Porque había historietas buenas y malas, para mí. Las del Intervalo y El Tony eran malas. Las del Bucaneros y el Pimpinela eran malas. Las de Misterix, Frontera, Rayo Rojo, Hora Cero, esas eran las buenas.
Casualmente, ei guionista y el dibujante de El Eternauta habían desarrollado o estaban desarrollando en esas revistas una parte importante de sus obras. Bueno, la cosa no era casual. Había una manera de contar que ellos estaban descubriendo, desarrollando, perfeccionando.
Solano venia de Uma Uma y de Bull Rockett.
Oesterheld de Sargento Kirk, de Indio Suarez, también de Bull Rockett.
Juntos, además, ya nos habian hecho caminar por un amplio arco de emociones. En esa curiosa editorial de autor que era Frontera, en las revistas mensuales que antecedieron al Semanal, estaban llevando adelante Amapola Negra, tal vez la primera historieta de guerra intimista en la que el adentro del avión era más importante que las batallas aéreas. También Rolo, el Marciano adoptivo, una historia donde un grupo de argentinos (y no yanquis, como siempre, antes y después) enfrentaban una invasión extraterrestre. Y Joe Zonda, una deliciosa serie de cuentos de humor descacharrante. Y el Cuaderno Rojo de Ernie Pike, que fue dibujada por otros pero nunca alcanzó los picos de emotividad logrados con esos pibes en medio de la guerra que Oesterheld escribía especialmente para esa inalcanzable expresividad de las caras dibujadas por Solano.
Y entonces, ahí, en medio de esa maduración de sus estilos de escritura y de dibujo, los lectores nos topamos con El Eternauta, apareciendo todas las semanas a razón de 4 ó 5 páginas por entrega.
Después pasó el tiempo y supimos que El Eternauta tenía muchas lecturas, lucubramos teorías sobre la nevada fatal y el renacer de este relato ya convertido en un clásico en medio de la dictadura más sangrienta de nuestra historia, en años en que la feroz realidad sólo podía contarse con metáforas sutiles, como esta.
Y hubo nuevas maneras de que se te hiciera un nudo en la garganta cuando recorrías esas páginas que comenzaban con aquel hoy legendario: Era de madrugada, apenas las tres. No había ninguna luz en las casas de la vecindad, la ventana de mi cuarto era la única iluminada...
Se ha dicho muchas veces, y se ha dicho bien, que El Eternauta es la historieta más importante que se creó en la Argentina.
Y nadie que la haya leído, por entregas en su edición original o completa en su version más reciente, olvidará la sorpresa en el rostro de Polsky cuando decide salir corriendo de la casa, ni los vaporosos copos mortales, ni la solidaridad de esos amigos perdidos en la ciudad devastada, ni la batalla de la cancha de River, ni la muerte del Mano acariciando la cafetera como si hiera una escultura perfecta, ni el grito desesperado de Juan Salvo cuando su cuerpo incandescente atraviesa el tiempo y el espacio, ni el azoramiento del guionista de historietas que se pregunta ¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror? ¿Será posibie evitarlo publicando todo lo que el eternauta me contó? ¿Será posible?
Y después de tantos Ellos y tanto dolor, de tanto ser Robinsones en este mundo desierto de solidaridad, descubrimos que permanece inalterable aquella certeza, la misma que tuvimos hace 40 años:
Al Eternauta sólo lo podía haber escrito Oesterheld.
Al Eternauta sólo lo podía haber dibujado Solano López.

Originalmente publicado en el catálogo de Fantabaires ´97 (Buenos Aires, 1997)

viernes, 26 de octubre de 2012

LOS ULTIMOS TIEMPOS DEL HUMOR ARGENTINO (1968-1976), por Carlos Trillo

1968. Luego de un fracasado intento de humor oficialista que se llamó La Hipotenusa y que aguantó con una venta escasísima tres meses en 1967, en mayo de 1968 aparece Tio Landrú.
Se trata de la revista heredera de la tradición iniciada en 1957 con Tia Vicenta, un semanario corrosivo, despreocupado, con chispazos de surrealismo que llegó a vender 250.000 ejemplares semanales. A principios de la década del '60, Tia Vicenta había comenzado a flaquear luego de una desinteligencia entre sus mentores (el dibujante Landrú y el escritor Carlos del Peral). Sin embargo, Landrú consigue vender la revista como suplemento de un diario de gran tirada (el mismo que en 1966 roba Mafalda al semanario Primera Plana): El Mundo. En este periódico, Tia Vicenta conoce un nuevo período de espiendor que es cortado en octubre de 1966.
Onganía prohíbe la edición de Tia Vicenta junto con el diario El Mundo por una falta de respeto a su investidura presidencial: en una tapa lo comparan con una morsa por los grandes bigotes que adornan su cara.
Landrú, que además de ser el más cotizado humorista político argentino, es un astuto observador de pautas de comporta¬miento de las clases sociales que componen la población de Buenos Aires, propone al diario la publicación de un suplemento llamado Maria Belén, en homenaje a uno de sus personajes más festejados, una chica de alta sociedad con tics y modos de hablar y vestirse que en esa época la clase media estaba copiando cuidadosamente. Y Maria Belén, aparece en el diario El Mundo hasta su repentina desaparición, por quiebra de la empresa editora, en 1967.
En 1968, pues, Landrú retoma la idea de un semanario político con Tío Landrú, la revista que, como reza su slogan, "anda bien cuando las cosas andan mal".
Landrú es la estrella de la nueva publicación, y lo acompañan algunos dibujantes jóvenes, junto con algunos de los que se habían hecho conocidos ya en sus anteriores aventuras editoriales.
Entre los veteranos está Manucho, un inocente hacedor de chistes mudos, de transparente inocencia y gran eficacia en la observación. También está Faruk. Entre los nuevos sobresale Viuti, con una historieta de marginados intelectuales (es¬pecie que abunda en la vida real por ese época), barbudos, sucios e inútiles; se llama Los Superados. También está Bróccoli (Histerio), dibujante fogueado ya en La Hipotenusa, la revista masculina Adán y el mensuario Panorama. Y Caloi, un adolescente cuyo lirismo atrae notablemente al público, que ya lo conocía por ser desde 1966 colaborador oficial de Clarín Revista, "insert" semanal del diario del mismo nombre, donde realizó una lánguida y meditabunda tira con pajaritos y luego (hasta la actualidad) una pagina semanal de chistes.
En Tio Landrú se halla también Pan Duro, un humorista amargo y de alto voltaje intelectual que antes habia firmado Verdoux en La Hipotenusa y que luego asumiría su nombre real: Limura. El pelotón lo completan Aldo Rivero, Ceo, Hermann, Vilar, Werffeli, Gorla.

1969. La desaparición de Tio Landrú provoca un gran vacío. Sólo quedan dos revistas de humor: Patoruzú, que aparece desde 1936 y alberga, junto a los personajes de Quinterno (Patoruzú, Isidoro, Don Fierro) a dos notables creadores de tipos humanos: Battaglia y Ferro; y Rico Tipo, nacida en noviembre de 1944 y que a la trágica muerte de Divito, su creador, en 1968, languidece irremediablemente para desaparecer en 1970.
Algunos dibujantes están ya publicando en revistas de información general. El talentoso Amengual, creador de hermosas máquinas y de complicadas historias, todas en un peculiar y magnífico estilo gráfico, trabaja para el semanario Confirmado. Sábat, el gran caricaturista uruguayo, sorprende desde las páginas de Primera Plana, para pasar luego al diario La Opinión (1971) y a continuación al diario Clarín, desde donde continúa deslumbrando con sus formas rápidas, su precisión y el ornamento que rodea a las figuras que caricaturiza diariamente.

1970. Las revistas de humor no dan señales de vida. Algunas pocas publicaciones no humorísticas albergan en sus páginas tiras y chistes y los diarios apenas renuevan sus páginas de historietas.
En La Nación, a Perro Mundo, una tira con animales de Heredia, se suma Punto en Boca, de Vilar, variante muda del juego de palabras. En Clarín, al morir Fantasio, autor de Tancredo, toman a Ian, un seguidor eficaz de Quino, que elabora buenos chistes mudos en su serie Chispazos.
El diario La Prensa suma a su página de tiras cómicas la tira de Robles (antes firmaba Selbor) La vida es una historieta, con reflexiones acerca del comportamiento cotidiano de los argentinos.
La revista Siete Dias Ilustrados comienza a publicar Juan y el Preguntón, de Bróccoli.

1971. Ya no existe Rico Tipo. Landrú parece dispuesto a no editar más revistas de humor como Tia Vicenta y colabora activamente como humorista político en Clarín, como escritor costumbrista en la revista Gente y como especialista en tomarle el pelo a los ejecutivos de las empresas en el semanario de negocios Mercado.
No es un año propicio para el humor, pero se avecinan tiempos mejores.

1972. A principios de año, en la provincia de Córdoba nace un intento que en principio es absolutamente localista y que poco a poco va agrandándose como fenómeno hasta llegar a tiradas de cien mil ejemplares por número. La nueva revista se llama Hortensia y la dirige Alberto Cognigi, un dibujante de trazo clásico y agudo sentido de la observación. Acompañan a Cognigni una decena de dibujantes cordobeses, entre los que se cuenta Crist, creador de la serie García y la Máquina de Hacer Pájaros, el caricaturista Marino, Jiménez, Martino, Chamartín y el excepcional rosarino Fontanarrosa, que aporta a la revista sus dos más grandes personajes: Inodoro Pereyra (desde setiembre de 1974 en revista Mengano) y Boogie el Aceitoso. El primero de los personajes es un gaucho, antítesis del acartonado Lindor Covas de Walter Ciocca y, probablemente, su caricatura. El otro, Boogie, es un gangster norteamericano que tiene la particularidad de hablar como en los doblajes portorriqueños de las series yanquis. Boogie es, seguramente, la más corrosiva historieta que esté en rodaje actualmente en Argentina.
A fines de 1972, el 1ro. de noviembre, aparece una publicación destinada a renovar la manera de encarar una revista humorística en el país. Se llama Satiricón y sus modelos son la revista alemana Pardón y la norteamericana National Lampoon. Es, dentro del mercado local, una revista lujosa, y bien diagramada.
En el aspecto de los dibujantes, Satiricón tiene a los mejores, capitaneados por el director de la publicación, Oskar Blotta (h), y Andrés Cascioli.
En Satiricón dibuja Fontanarrosa unas maravillosas historietas basadas en cuentos de Borges, en películas famosas, en best sellers literarios. También está Pérez D'Elias realizando graciosas adaptaciones de películas y teleteatros a la manera de Mad. Crist hace buenos chistes hermosamente dibujados. En el terreno del chiste de un solo cuadro sobresale ampliamente Limura, un reflexivo ácido y letal que elabora sus chistes a partir de largas e inteligentes parrafadas. Sus mutilados, sus impotentes y sus rameras son francamente memorables.
Satiricón publica la historieta El Sátiro Virgen, de Fernández y Branca. También publica las historietas unitarias de Alfredo Grondona White, un eximio narrador de original estilo.

1973. Satiricón comienza a crecer. Antes de fines de año estará en más de ciento cincuenta mil ejemplares de venta mensual. En el número 12 (octubre '73) desaparece El Sátiro Virgen por un conflicto entre empresa editorial y dibujantes y es reemplazada por El Marqués de Sade.
En 1973, exactamente el 7 de marzo, el diario Clarín cambia completamente su página de historietas. A partir de ese día y hasta la actualidad, publica El Mago Fafa, un ilusionista admirador de Mandrake dibujado por Bróccoli, Bartolo (desde enero de 1976, Clemente y Bartolo) de Caloi y chistes diarios de Fontanarrosa y Crist.
Hacia fines de año se edita el Libro de Hortensia, compilación de páginas publicadas por la revista cordobesa y llega a la elevadísima venta para un libro de 75.000 ejemplares en sólo dos ediciones.

1974. A principios de año, una aventura comercial llamada Maleficón sale a competir con Satiricón con un material humorístico francamente deplorable. No tiene ningún éxito y su poca venta se ve agravada por el hecho de que la empresa editora de Satiricón le inicia juicio por plagio de marca.
En setiembre (el 1ro., exactamente), aparece un competidor mis serio: Mengano. Cuenta entre sus colaboradores a Oski, Quino, Alberto Breccia, y algunos dibujantes que se han marchado de Satiricón para esta nueva aventura: Limura, Bróccoli, Amengual, Viuti y Fontanarrosa (estos dos últimos colaboran simultáneamente en las dos revistas). Se agregan a estos una nueva camada de dibujantes: Fati, ilustrador fuerte y novedoso, Serguei, buen narrador de chistes mudos y de historietas humorísticas de largo metraje y Sanyú, dibujante vigoroso e inteligente con un amplio espectro de posibilidades graficas.
En octubre, Satiricón es clausurada.

1975. La empresa editora de Satiricón publica una nueva revista, Chaupinela, revista en la que colaboran casi los mismos dibujantes que figuraban en el staff al cierre de la primera.
Sin embargo, las ventas no acompafian a la nueva publicación, que debe cambiar su frecuencia quincenal por mensual para sobrevivir y finalmente desapareoe en el mes de octubre.
Tampoco a Mengano le va bien. De una venta inicial de cien mil ejemplares quincenales ha bajado, en poco más de un año, a apenas veinticinco mil. Sin embargo su estilo se va decantando en la parodia de los géneros similares, como la historieta seria y el periodismo. Al equipo inical, algunos de cuyos más célebres integrantes han renunciado, se han sumado unos pocos excelentes humoristas: Liotta y Lembo, colaboradores también de Patoruzú, Suar y Werffeli.
En diciembre de 1975, reaparece levantada la clausura por la justicia el mensuario Satiricón.

Originalmente publicado en el catálogo de la Tercera Bienal del Humor y la Historieta (Córdoba, 1976)

jueves, 4 de octubre de 2012

UNA REVISTA FRESCA Y UNA HISTORIETA PODRIDA

Segunda parte de un artículo escrito por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno para la edición argentina de El Eternauta (remake de Oesterheld y Breccia), publicada en 1982 por Ediciones de la Urraca.

Y siguen saliendo los números
Alain Delon llega a Buenos Aires (tapa y 9 páginas). Evangelina Salazar será Remeditos. Lillana Caldini es el boom. Tiene 17 años, actúa en un comercial de cigarrillos, baila el zucundún, "leo a Hermann Hesse. Antes me gustaba Cortázar... después me fue dejando de gustar. Me encantaría saber algo de política o de economía, pero es algo que me apabulla. No puedo entender los mecanismos de la cosa. Ricardo trata de explicarme todo eso cuando se lo pido. Pero igual es muy dificil.
¿Y más adelante? pregunta Gente.
¿Más adelante qué?
¿Qué pensás hacer?
Tengo un proyecto bárbaro.
¿Cuál?
Vivir.

Liega a Buenos Aires un ex mediocre actor llamado John Davis Lodge, actual embajador norteamericano. Se destaca que trabajó con Marlene Dietrich, y la expresión de su cara, típica "del bueno de las películas norteamericanas, que inevitablemente triunfa sobre el malo de turno".
Le preguntan: ¿Cómo ve Estados Unidos a la Argentina?
Con gran porvenir contesta.

En el número 209, gran noticia: los yanquis llegaron a la luna. En ese mismo número, un lector escribe contra El Eternauta de Breccia.
Soy un antiguo lector de "El Eternauta"'. lo seguí, capítulo tras capítulo, en el viejo y olvidado "Hora Cero Semanal", primera publicación en que apareció. He notado que Héctor Oesterheld ha introducido varios cambios en el argumento de la nueva versión, que aparece semanalmente en vuestra publicación. Pero, sin duda, lo más importante es el cambio de dibujante, Alberto Breccia sucedió a Solano López. No voy a negar la calidad artística de los dibujos de Breccia, pero sí es discutible su valor como ilustrador de historieta. Solano López resolvía la cuestión con dibujos claros, diferenciando netamente los personajes y dotando de valor el detalle. Los dibujos de Breccia son confusos, hay cuadros virtualmente inexplicables y los protagonistas se confunden entre sí. Las mujeres, por ejemplo, tienen las tres la misma cara.
Sería importante que Breccia dotara a sus ilustraciones de mayor sentido historietístico.

¿Sólo por el dibujo de Breccia se queja el lector M. Valenzuela, evidente alter ego del editor? ¿O hay otra cosa que molesta, esa sensación de realidad, esa falta de control que inevitablemente acosa al ideólogo de una publicación cuando un par de autores de talento ocupan en sus páginas un "quiosco" inexpugnable?
Dice J. G. Ballard en el prólogo de su libro Crash: "El equilibrio entre realidady ficción cambia radicalmente en la década del sesenta, y los papeles se están invirtiendo. Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de la más diversa índole: la producción en masa, la publicidad, la política conducida como una rama de la publicidad, la traducción instantánea de la ciencia y de la tecnología en imaginería popular, la confusión y confrontación de identidades en el dominio de los bienes de consumo, la anulación anticipada, en la pantalla de TV, de toda reacción personal a alguna experiencia. Vivimos dentro de una enorme novela. Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficción ya está aquí. La tarea del escritor es inventar la realidad".
Y eso es lo que estaban haciendo Oesterheld y Breccia en sus tres páginas semanales de la revista Gente.
Mientras, en las cien páginas que rodeaban su obra como un escabroso mar que mezclaba los restos de demasiados naufragios, se entrecruzaban el cumpleaños número setenta de Borges, el éxito de Donald con Tiritando, la debacle del fútbol argentino en Bolivia, 24 horas en la vida de Roberto Galán, el ascenso de los hermanitos Sofovich, la muerte de un paciente de Barnard, el acartonado diálogo de Ongania con los jóvenes (jóvenes cuidadosamente seleccionados para la lobotomía preventiva).
"En el pasado sigue diciendo Ballard dábamos siempre por supuesto que el mundo exterior era la realidad, aunque confusa e incierta, y que el mundo interior de la mente, con sus sueños, esperanzas, ambiciones, constituía el dominio de la fantasía y la imaginación. Al parecer esos roles se han invertido. El método más prudente y eficaz para afrontar el mundo que nos rodea es considerarlo completamente ficticio. Recíprocamente, el pequeño nodo de realidad que nos han dejado está dentro de nuestras cabezas. La distinción clásica de Freud entre el contenido latente y el contenido manifesto de los sueños, entre lo aparente y lo real, hay que aplicarla hoy al mundo externo de la llamada realidad"

Oesterheld está, presumiblemente, muerto desde 1977.
Pero Breccia cuenta algunas cosas acerca de la experiencia de Gente: "Me llamaron y me dijeron que cambiara el dibujo, que lo hiciera más claro, más comercial. Les contesté que yo dibujaba así y que si a ellos no les gustaba, podían levantar El Eternauta. Después de todo, el editor puede hacer eso, si quiere. Sé que también hablaron con Oesterheld, y a él le pareció mal que la obra quedara trunca. Por eso se ofreció a abreviarla, a meter dos o tres capítulos más de la mitad de la historia. Así se hizo, mientras seguían publicando cartas en contra de lo que yo estaba haciendo. En el número en que salió el último capítulo, Carlos Fontanarrosa, el director de la revista, hasta se disculpó por haberle dado semejante plato indigesto a sus lectores". La carta al lector de Fontanarrosa, Director Editorial de Gente, está fechada en Nueva York y fue publicada en el número del 18 de septiembre (216). Se titula Ojos argentinos... y sorprendidos, y en ella, Fontanarrosa se muestra deslumbrado por la capital yanqui.
Habla del cine que hacen allá, un cine de vanguardia que vale la pena ver, y eso le hace acordar de dos cosas.
Esto me hizo acordar de dos cosas: la primera, nuestro cine joven o de vanguardia, que juega con la forma, se queda en la superficie, hace maravillas con la cámara, pero no pinta a nadie, no representa sino a pequeños sectores, se solaza con montajes, movimientos de cámara, filmación ejemplar y, atrás, el hueco. Lo de aquí es distinto: antes que nada, detrás de la cámara hay alguien que quiere decir algo, y después viene el hallazgo fotográfico o el juego cinematográfico. Nosotros somos puro juego. Había una segunda cosa que anuncié antes: nosotros, en la revista teníamos una gran posibilidad con "El Eternauta", una historieta, que como ustedes recuerdan, "la vimos" y por eso la publicamos, Que me disculpe Breccia, un gran dibujante y diría artista, pero nosotros en nuestra misión de lograr comunicación no debíamos habernos entregado a la forma estética de su dibujo, que por momentos la hizo ininteligible. Aquí también la forma, el adorno, el medio, se convirtió en fin y quedó a mitad de camino nuestra intención.
Me vino a la cabeza esta autocrítica, porque cuando veo una cosa bien hecha, directa, firme, que va al nudo del asunto y abandona florilegios y pequeñeces para llegar, me entusiasma. Eso es tener rigor, verdadero rigor, sea artístico o periodístico. Cuando nos dejamos invadir por contemplaciones secundarias, adiós objetivo.

Ya está. Matamos la historieta más comprometida con la realidad argentina y latinoamericana. Ya está. Dijimos que Breccia es un artista dudoso, que llena de adornos para engañar.
Ahora el señor director les va a hablar del Nuevo Argentino, un viejo invento de la revista que ha dejado de publiicarse y hay que explicarle el por qué a un amigo de Nueva York.
Y tuve que explicarle lo que varias veces he hecho: que nos vimos desposeídos de una verdadera fuente de elaboración Para darle a la idea la fuerza que requería, que vamos a volver cuando tengamos más clara y definida la manera de mantener el interés con la idea central de N.A.; en fin, todo eso que ya saben, pero que en el fondo, creo, son autoexcusas o algo por el estilo.
Porque el N.A. se movi6, cuando tuvimos fe y determinacion, Entonces lo vimos claro, pero creímos que nos repetíamos demasiado y paramos la producción, como si fuera un modelo de auto pasado de moda. Lo que había que hacer era sacar otro modelo, pero con la misma marca...
Perdón, me fui por las ramas, pero les estoy escribiendo una carta, y una carta no se maneja como una nota donde los ingredientes deben ser mezclados como un cocktail. Lo que pasa es que estoy en la etapa que todo viaje produce: veo a mi país desde lejos y me da rabia el tiempo que perdemos.

Después, despedida y anunclo de regreso.
Corto aqui. Sé que todos andan bien y les pido algo más: corrijan las faltas de sintaxis y si hay algo muy exagerado también, pero déjenle el tono familiar, eufórico, porque equivocado o no, las cosas las he sentido así. Hasta pronto y conste que me está llegando la "hora de la verdad”, esa verdad que no se reemplaza con gente extraña, edificios, espectáculos distintos, posibilidad de conocer y experimentar un mundo como este, nada, nada puede reemplazar a la necesidad de volver a estar en lo suyo, en lo propio, en la de uno.
FONTANARROSA

A la semana siguiente, El Eternauta ya no estaba en Gente.
Seguían otras cosas: La hibernación en los Estados Unidos, fantástica técnica para no morir, Susana Giménez, chica de tapa por lo menos una vez por mes durante mucho tiempo. Otros éxitos musicales, Nelly Raymond, la señora television, un señor que por mandarle una carta al presidente recibló una camioneta a pagar en cómodas cuotas, etcetera, etcetera, etcetera, etcetera.

La historieta podrida
El Eternauta de Oesterheld y Breccia es una obra de arte maldita. Es un relato lúcido, que arranca lenta y puntillosamente el trazado de una metáfora: la invasi6n. En la medida en que el relato profundiza en las contradicciones de un grupo humano, que debe actuar, pensar y volver a actuar siempre en grupo para defender su condición humana, el editor responsable de la revista Gente, en la cual se publica la obra, decide abortarla con final precipitado.

Pero, ¿desde dónde se legitima el cese de la historieta? Desde la forma, como era de esperar. Los dibujos de Breccia, arguye, son irinteligibles, casi vanos florilegios. No hay una sola referencia al argumento, al fondo que se corresponde con estas formas. ¿Por qué? Porque el arte, para este señor que dirige una revista de miope historiografía, es la historia de las formas y no las formas que la historia otorgó a su sentido. Agarrarse de las rupturas formales de Breccia le evita analizar el discurso de la historia que trama Oesterheld, lo cual, evidentemente, lo obligaría a reconocerse como antipático para sus lectores, gente, toda la gente. Es sabido también que en la historia del arte es ingenuo separar forma de contenido. También, es sabido que las formas se corresponden siempre con un contenido, Es decir, siempre, forma y contenido están indisolublemente ligados. El dramatismo del relato, ese grupo que pelea por su integridad, por un pedazo de vida, traicionados por las grandes potencias que han negociado la invasión; ese grupo, decimos, que en un globito recuerda a Tupac Amaru, precisaba ser dibujado como lo dibujó Breccia con un expresionismo desgarrante, sombrío, pavoroso. Esa forma que asusta al editor Fontanarrosa es el fondo sobre el cual se recorta su revista: un país donde la industria nacional se deteriora paulatinamente, donde su cultura se ve obliterada por la enajenación de los medios, donde su gente no se cansa de intentar una aventura todos los días: obtener una existencia más digna.
La gente no es toda presidente ni toda estrellita de televisión, aunque por un momento ese sea un sueño de madres crédulas y esperanzadas con sus retoños. La gente no es tan bella como la muestra Gente. Ni tampoco fea.
En todo caso, la estética, que pareciera ser lo que más preocupa al editor cuando levanta este relato, es un tema que conviene poner en discusión, como la ética.
Tal vez, para la ética de este editor, lo más molesto era que los personales de la historia no fueran bellas señoritas ni apolíneos galanes. La estética de Breccia no es la estética verista de Solano López, el dibujante que, en su primera versión en Hora Cero, le diera a este folletín profético por su estilo más figurativo un tono menos angustioso. Breccia se preocupa, por estos tiempos, por experimentar en su obra. ¿Acaso la experimentación no es un derecho de los creadores, aún cuando crean por
encargo? lmaginamos que la experimentación puede ser perturbadora, aún cuando ocurra en el arte, para gente que teme que algo se modifique, que algo cambie, que alguien se dé cuenta y perciba. Esa gente, tal vez, prefiere como alternativa el quietismo, la espera de una nevada mortal que significará, entre otras pavadas, que los invasores nos ejecuten.

miércoles, 3 de octubre de 2012

UNA REVISTA FRESCA Y UNA HISTORIETA PODRIDA

Primera parte de un artículo escrito por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno para la edición argentina de El Eternauta (remake de Oesterheld y Breccia), publicada en 1982 por Ediciones de la Urraca.

La revista Fresca
El 29 de mayo de 1969, en la tapa de la revista Gente estaba Roberto Galán muy sonriente y rodeado por sus cinco secretarias (Joyce, Gladys, Jorgelina, Dorita y Celia).
En el interior (de la revista) se anunciaba que el gran éxito discográfico argentino era el tema de Los Náufragos “Otra vez en la vía”, que el libro argentino más leído era Yo también fui un espermatozoide, de Dalmiro Sáenz, que mucha gente veía a Nicolás Mancera, que Pier Angeli estaba en Buenos Aires y les concedía un reportaje muy exclusivo, que Marisol se casaba con un tal Carlos Goyane. Además José Larralde merecia un reportaje:

¿Las suyas, son canciones de protesta?
No sé si Ilamarlas asi. Son canciones sociales, porque todo en la vida tiene que ver con la sociedad, con los demás. De las canciones de cuna en adelante, Los porteños no piensan que autores como Discépolo, por ejemplo, componían cosas más fuertes que las mías. Si yo uso la palabra "cogotudo " no estoy hablando solamente de los ricos. Puedo hablar de un capataz de estancia que no se porta bien porque desea agradar a sus patrones. Mire: la protesta va a existir siempre porque la justicia absoluta no va a darse nunca.

En el interior (de la revista) se ponían frente a frente Enrique de Gandia, historiador ultraliberal y Pepe Rosa, historiador revisionista:

¿Fue Rosas un tirano?
DE GANDIA: Si, sin vueltas. Sangriento.
ROSA: Fue el gobemante más popularmente elegido de Buenos Aires.

En el interior (de la revista), se ponderaba a "Funny Girl", película yanqui con la Barbra Streisand, se hablaba de la crisis universitaria, se publicaba esta perla de la publicidad argentina:

TITULAR: Amo el Oro, lo quiero. Me gusta, me fascina... me hace feliz.
TEXTO: Me gustaba levantarme tarde y mirar por la ventana para encontrarme con los bosques de Palermo. Me gustaba bañarme en agua tibia y después elegir un traje de seda italiana.
Me gustaba salir a hacer compras locas y saber que la chequera soportaba incólume los embates de mi despilfarro.
Me gustaba trepar en la coupé y correr hasta la casa quinta para acostarme al sol en la pileta y no pensar en nada hasta la noche. Me gustaba salir con gente divertida. Era una vida linda, me gustaba el oro y todo lo que con que podia conseguirse. Digo me gustaba, porque un día apareció ella, que no tenia quinta con pileta, ni coupé, ni nada de nada. Pero me gustó, y salimos juntos,
Ella sabe vivir. Me enseñó a conocer las tardes tranquilas, el olor de la madera y el pasto mojado.
Ella lee mucho y me enseñó a leer.
Y, aunque parezca mentira, ella me enseñó el verdadero sabor del oro. No le costó mucho trabajo hacerlo.
Lo puso en una copa y me dijo: "Tomala”
Fue bárbaro, de golpe las cosas fueron diferentes, esa copa brillaba y me hacía no sé qué...
Y era rica, muy rica.
... Era fuerte y suave como ella. Me sentía tan feliz, yo estaba tan feliz, yo estaba allí para aprender todo y ella estaba dispuesta a enseñarme. Le pedí otra copa y me la dio.
Y ya no pude olvidarme de Cinzano Oro. Ella lo sabe.. y a mí me gusta que lo sepa.

En el interior de ese mismo número 201 de Gente, que se vendía a 100 pesos en la Argentina y a 65 guaraníes en el Paraguay, apareció este Eternauta, el segundo, el que del viejo guión de Oesterheld sólo tomaba el hilo conductor, el esqueleto argumental, el que saltaba sobre el viejo, candoroso y encantador dibujo de Solano López (dibujante de la primera versión, en 1957) y se agigantaba, con Breccia, hacia una dimensión adulta y teñida de sabiduría.
Pero de la obra vamos a hablar dentro de un rato.
Vamos a seguir haciendo la crónica del medio que la publicaba.
En otro interior (el del país) esa semana de fines de mayo de 1969 estallaba el Cordobazo.

Segunda semana: gran éxito
Tres páginas por semana.
Esa era la medida para la historieta, dispuesta, originalmente, para durar un año, por lo menos.
Hay un editorial, en este número 202, que se titula:
Después de la violencia.
Un parrafito:
"Hay algo que parece evidente: los hechos no fueron el fruto de una improvisación. La humareda sólo permite atisbar hombres identificados con diversas ideologías, desde elementos de izquierda y peronistas combativos hasta elementos del clero. Detectar la médula del asunto pareciera interesar sólo en el aspecto sumarial. Lo que sí interesa es que la Revolución (se refiere al gobierno de Onganía) se preocupó por dar cabida en sus filas a hombres que representaban las dos corrientes ideológicas tradicionales de nuestra política y creó un paréntesis a la espera de que el tiempo nos trajera nuevas síntesis. El tiempo ya las ha traído. Tanto la Revolución como los dueños de los partidos políticos están frente a un hecho nuevo. Todo induce a pensar que la Revolución debe inaugurar su "tiempo político". sin que esto signifique un llamado a elecciones que sólo serviría para volver a fojas cero. La Revolución debe apelar a una política con "P" mayúscula, buscar un contenido que la diferencie, un estilo que vaya más allá de conjugar las viejas corrientes y que conforme una respuesta al nuevo estado de cosas. Nadie se va a dejar matar por El Chocón Cerros Colorados. "

Así terminaba el editorial: Nadie se va a dejar matar por El Chocón Cerros Colorados.

En este mismo número 202, se reportea a El lncreíble Baltiérrez, actual embajador, ex periodista y ex político, campechano, sencillo, viaja en colectivo y se reúne con sus amigos en una pizzería de Lanús, donde nació y vive. Es querido por todo el mundo.
Baltiérrez. Rodolfo Baltiérrez, sí.

La historieta, una isla diferenciada dentro del semanario, desarrolla el prólogo del relato: cuatro amigos juegan a! truco en una casa. La mujer del dueño, Juan Salvo, lee. La hija de 10 años dibuja. De pronto, un ruido. Se asoman a la ventana, sin abrirla. Y ven los copos, la nevada mortal, que mata todo lo que toca.

Más semanas en cartel
A la semana siguiente, tercera de la publicación de El Eternauta, el sátiro Mondragón ocupa un espacio generoso.
María Larreta (era modelo, entonces) llena cuatro páginas.
La muerte de Vandor, con gran despliegue fotográfico, ocho.
La visita de Rockefeller a Uruguay, cinco.
El príncipe informal, un divertido y locuaz heredero del trono inglés al que llaman confianzudamente Charlie, tres. Y con fotos que lo muestran cantando, cortejando niñas y dándole dolores de cabeza a su muy coronada mamá.
De los números en que la historieta va desarrollando su trama, desnudando su discurso, posicionándose como una obra madura y una reflexión activa, tomaremos algunos ejemplos de otros tramos de la revista.
Preguntas y respuestas a Rockefeller, por ejemplo.

¿Cuál es el estado actual, en su opinión, de América Latina?
Cada país es una cosa distinta. No hay un sólo país americano que se parezca al otro. Hay quizá problemas comunes, como por ejemplo el del comercio exterior, que
requiere soluciones similares. El Uruguay es un país con muy pocos habitantes, razón por la cual su consumo interno no es suficiente como para mantener la estructura económica y financiera de empresas y de los sectores de producción. Su única salida es un gran intercambio con los países vecinos, o sea salir de su estrecho mercado y ganar los mercados de otros países. Eso en rasgos generales. Pero no somos ingenuos y sabemos que todo eso implica muchos inconvenientes. Pues bien, de todo eso es que venimos a enteramos. Nosotros queremos ayudar, el presidente Nixon está muy preocupado con todo lo que pasa aquí.. Pero realmente es muy poco lo que sabemos. A partir de ahora estudiaremos con ustedes mismos los problemas comunes.
¿Qué prioridad es para los Estados Unidos, América Latina?
Está en igualdad con otros problemas norteamericanos. No es una cuestión de prioridades. Simplemente estamos preocupados y en mi país hay una democracia que de pronto estima que es más importante un problema que otro y su Congreso veta en contra de una ley de ayuda a vuestros países. Eso no podemos impedirlo, pues vivimos en una democracia, insisto. Pero si logramos que todos entiendan bien el problema, la solución y nuestra ayuda serán más claras y sencillas.

Y un editorial titulado: Que el ruido no nos aturda.

La destrucción arbitraria, la violencia callejera, el asesinato y el incendio gratuito se han instalado en las calles de nuestro país con una habitualidad casi diaria. La semana pasada no más esta acción guerrillera, con una metodología cronométrica, destruyó supermercados, puso bombas en bancos, oficinas públicas, casas de comercio, universidades, provocando daños enormes y causando víctimas inocentes de cualquier sexo, edad y ocupación.
Argentina, como hasta ayer le tocó a otros países del mundo y como mañana ocurrirá en los que siguen en la lista, entró en la agenda de la guerrilla destructiva internacional que a cualquier precio y con cualquier excusa pretende instalar sistemas de vida que, como muestran Rusia, Hungría, China, Checoslovaquia, Cuba, etc., tienen un trágico y común denominador: falta absoluta de libertad, sordidez, sojuzgamiento. Una sutil campaña de acción psicológica previa ha preparado el camino para que hechos que debieran ser repudiados sonoramente por toda la opinión sana sean aceptados hasta con compasión por ese mismo sector de la población. Los slogans publicitarios que esos "guerrilleros de ciudad" han creado, puesto en circulación, con gran habilidad, logran evidentemente sus objetivos.
"La necesidad de abrir el diálogo " "El capitalismo opresor" "la participación en todos los niveles", "modificar las estructuras tradicionales”, "la frustración de las clases humildes", son las frases más comunes y más escuchadas.
Y no hay duda de que estos slogans prenden en muchas mentes sin prejuicios, honestas e inquietas, puesto que hay a diario "mil casos" donde estos hechos se evidencian con nitidez. En la República Argentina y en casi todos los países del mundo (por no decir todos).
Desgraciadamente la candidez y la ingenuidad, la honestidad y la inquietud por lo social, atributos tan comunes en la gente sana y democrática no son cualidades habituales en los "guerrilleros de ciudad". Ellos claman por todas astas cosas cuando están fuera del gobierno, pero después, si llegan al poder, aceptan sólo las condiciones que les convienen.
Y el que no las acepta, muere.
De allí el riesgo que corre la mayoría de los argentinos: convertirse, por esa condición de observador no comprometido que lo distingue, en algo imperdonable: el idiota útil.
Además, el "guerrillero de ciudad" juega y especula con una actitud clásica del ciudadano: EL NO TE METAS.
Tal vez esta es la base de su estrategia.
Como le decíamos al comenzar este comentario, Argentina está siendo sacudida a diario por hechos de violencia inauditos, hechos que sobrepasan ya el marco de lo que pudimos calificar en un principio de descontento o típico estallido estudiantil. Y que revelan una arbitrariedad total, un odio profundo, un desprecio absoluto por el prójimo.
Y sin embargo: ¿cuál es la reacción de la "opinión pública sana"?
Pocas son las voces que condenan esos hechos, o se toman el trabajo de marcar y marcarse la diferencia entre reacción social espontánea y sincera y ESTRATEGIA COMUNISTA.
¿Es que esa "'opinión sana " de la Argentina está de acuerdo con todas estas cosas?
Hemos podido comprobar que no. A la gran mayoría le repugnó la quema de los supermercados, los desmanes en Córdoba, las bombas en bancos, en comercios de barrio, la guerrilla callejera, la destrucción de universidades, etcétera.
Y sin embargo: icon qué timidez se expresa la disconformidad!
iQué diferencia de actitud con los que juegan a la destrucción! Ellos, con motivos iguales o de menor trascendencia, ganan la calle, publican declaraciones; es decir, salen a mover la opinión pública con todas sus armas.
Ante el estado actual de cosas pensamos cada vez con mayor convicción que algo fundamental tiene que cambiar en el hombre y en la mujer que no quiere el comunismo en la Argentina.

Si es amigo de la libertad individual, de toda la doctrina que es esencia de vida para
el mundo occidental, esta "opinión sana" DEBE HACERSE OIR SIN DESMANES, SIN VIOLENCIA, PERO CON LA FUERZA Y LA CLARIDAD QUE ESTOS MOMENTOS REQUIEREN. Si no, todas las cosas fundamentales se perderán. Y entonces.. de faltar el diálogo, de padecer discriminación de algún tipo (o de todo tipo), de pretender la posibilidad de expresarnos libremente... PARA ARREPENTIRSE, SERA DEMASIADO TARDE.
Un nuevo aviso en colores de Cinzano Oro.
Título: El Oro es para pocos. No es democrático... pero es así.
Texto: "Mire, mhijo, eso de la igualdad está bien para la política, pero entienda de una buena vez que con igualdad no vamos a ningún lado. Si en esta estancia todos quisieran tener los mismos derechos.. en tres meses no nos quedaría ni una vaca para conserva”. El viejo era bárbaro. Un poco absoluto, pero genial. No falta quien diga qua durante su gobernación pasaron cosas desastrosas, pero siempre hay charlatanes para todo.
El sí que sabía vivir bien. No se perdió un sólo verano en Francia. En París o en el castillo de la prima en La Rochelle.
Me acuerdo siempre que decía: "Mirá, en este mundo sos lo que tenés. El oro lo inventó la Naturaleza para gastarlo.. y yo lo gasto".
La verdad qua lo gastó bien, porque a nosotros no nos llegó nada de lo que tenía el viejo. Aunque sería injusto con él si dijese que nada. Porque existen cosas, muy sutiles o inexplicables para los poco avisados, que se heredan aunque no se coticen. Estoy cada dia más convencido, El saber gastar el oro de nuestra familia hace que hoy uno sepa apreciar el verdadero valor de un Limoges. O la diferencia brutal que hay entre un Rolls y un "bote" americano.
Además, aunque ahora uno no tenga las hectáreas, abuelo, siempre sabrá dlstinguir la alfalfa del cardo. El día y la noche qua hay entre ciertos tragos "populares" y una brillante copa de oro.
Porque habrá cosas y cosas para tomar, pero Cinzano Oro no es para todos. Si fuera para todos, yo no tomaría Cinzano Oro.

A todo esto, en su diferenciado universo de tres páginas, El Eternauta desarrollaba sólidamente su propuesta:
La nieve cae. Las comunicaciones se han cortado. Uno de los amigos encerrados en la casa decide afrontar los copos mortíferos para tratar de regresar junto a su familia. Muere diciendo los nombres queridos: Susana, los chicos, Susana, los chicos...
Entonces, se escucha una transmisión de radio, que brota del aparato hasta ese momento muerto:
"...comandante en jefe provisional... nevada mortífera... vasta zona Latinoamérica despiadado ataque extraterrestre... traición inconcebible grandes potencias ... Sudamérica entregada al invasor para salvarse... lucharemos igual... por más solos que estemos y por terrible que haya sido el golpe inicial... lucharemos igual ... sobrevivientes deberán en la emergencia... sacrificio..."
Silencio.
Y después, resolución y lucha.
(mañana, la segunda parte)

domingo, 23 de septiembre de 2012

PLUMA, PINCEL Y REVOLCON, por Carlos Trillo

1 / Alrededor del sentido de este libro
Historias breves y de épocas distintas.
Se trata de una muestra riesgosa, porque algunos verán en las historias más antiguas cosas que no están a la altura del Bernet actual.
Sin embargo, muy por encima del presunto riesgo, este libro propone un viaje vertiginoso de cambios y búsquedas.
En el itinerario se puede ver una evolución aquí, un descubrimiento allá, una forma de oprimir la pluma en 1970 y otra distinta de hacerlo en 1990, un trazo que de inseguro se torna contundente, una manera de "poner la cámara" que va cambiando y que uno adjudica, justamente, a la necesidad de un contador de historias gráficas que se resiste a ambientar los relatos siempre con la misma música.
Se puede decir, conociendo su historial profesional, que Jordi Bernet es un dibujante al que ningún tema le es ajeno. Puede pasar de una aventura espacial a un novelón del
Oeste, de una saga de fantasía heroica a la historia de un gangster bestial y desalmado. Vean sino cómo resolvió De Vuelta a Casa, el Tex italiano, Sarvan y el ya legendario Torpedo, que sigue disparando sobre culpables e inocentes sin inocencia, pero tambien sin culpa.

2 / Un río de influencias
Cuando uno, deformado por años y años de observación de originales se pone a mirar planchas de dibujantes, no puede sino pensar en la alquimia que hace nacer un estilo: la forma de pasar el pincel a la Caniff, estas manchas precisas de Robbins, estas ambientaciones a la pluma de Frank Godwin, estos movimientos paródicos de Roy Crane, esta expresividad de Van Buren, esta tendencia a la caricatura de Al Capp.
Todo, pero todo, en el estilo Bernet se puede encontrar en los viejos y enormes maestros de la daily strip americana.
Este libro podrfa titularse: "De cómo nació en Cataluña el último gran dibujante americano".

3 / Aquel viejo futuro
Fue Josep Toutain el que me sugirió, hace como quince años, que escribiera una historia larga para ser dibujada por Bernet.
Yo leía con devoción el Torpedo que él hacía con guiones de Abulí, y conocía Sarvan, Kraken y algunas cosas más antiguas.
Lo que resultara de nuestra colaboración iba a ser prepublicado en un mensuario español de historietas de ciencia ficción.
Luego de algunas charlas telefónicas interoceánicas y un par de cartas llegamos a la conclusión de que ninguno de los dos se sentia cómodo en esos territorios del futuro, con naves, aliens y guerreras intergalácticas.
Así fue como terminamos haciendo Custer, que tenía como punto de partida aquella frase de Ballard que dice que "la ciencia ficción puede ser exterior, pero también puede ser interior". Esto es, que lo fantástico suceda dentro de los personajes y no en el mundo que los rodea. Aquella actriz que había vendido su vida a una cadena de televisión e iba dejando de ser persona para convertirse en un personaje preanunciaba experimentos que se dieron después, con chicas viviendo en casas con paredes de vidrio para ser observadas 24 horas al día por los paseantes, o con los grupos filmados en una isla desierta para producir una "seria verdad"; incluso con ese filme sobrevalorado que se llamó The Truman Show.

4 / El hombre que amaba a las mujeres (confidencia)
Yo ya me había dado cuenta, y Custer lo subrayó con una línea gruesa (de pincel, seguramente); Bernet dibujaba las chicas hermosas más carnales y posibles del mundo del comic.
Chicas con alma, con gracia, con sentimientos, con gestos (y sí, sí, con culo y con tetas también).
Curvas peligrosas y comportamientos inusitadamente humanos.
Bernet ama a las mujeres, me dije.
Y a partir de esa coincidencia, empezaron a aparecer otros personajes femeninos, uno en cada historia que emprendimos desde entonces: la Light de Light & Bold, la Ludmilla de Ivan Piire (ambas verdaderas protagonistas principales de sus respectivas aventuras), Cicca Dum Dum y Clara de Noche.
Mujeres que de pronto sienten algo que jamas creyeron que iban siquiera a percibir y se pierden por ello, mujeres románticas perdidas capaces de morir por amor, vaginas ávidas y perfumadas que destruyen todo a su paso, y una puta entrañable que, dicen, es la mejor madre del mundo. Desde la atormentada Custer hasta hoy, con Jordi nos hemos dado cuenta que de este amor que sentimos por las mujeres se puede vivir bastante bien.
Por ello todas las mañanas agradecemos a la providencia.

5 / Adivinanza final
Se me ocurre un acertijo para no aburrir tanto al lector con esta suerte de prólogo.
El tema es: de todas las historietas que en el mundo ha habido ¿cuál habría sido la mejor para ser dibujada por Bernet?
¿Corto Maltés? No, se pasa de romántico.
¿Rip Kirby? Tampoco, se baña demasiado.
¿Dick Tracy? Esta está más cerca. Cara Ciruela podría haber sido una de las grandes creaciones de Jordi, pero hay poca presencia femenina, así que pasemos a otra.
¿Steve Canyon? Nones, creía demasiado en los grandes valores de occidente.
¿Cisco Kid? Tal vez, si no le hubieran almidonado tanto la camisa.
¿Príncipe Valiente? Mucho aire sin monóxido de carbono para su gusto, diría yo.
Propongo al lector que piense la respuesta.
0 que vuelva la página y acepte (o no) la que yo les voy a proponer.

6/ Solución
La historieta con la que Jordi Bernet habria pasado a la his¬toria 70 años antes es Krazy Kat.
Miren los personajes que tenía:
Un policía severo, estúpido y enamorado de un imposible, el Ofissa Pupp (que en la versión Bernet habría estado todo el tiempo sacándose los mocos de la nariz).
Un tipo pequefio y desalmado, Ignatz, que Bernet habría dibujado con una camiseta agujereada, un gesto torvo y una mochila llena de ladrillos reforzados.
Una mujer enamorada del hombre equivocado, con las curvas rotundas y la mirada húmeda de las ingenuas made in Bernet.
Realizando Krazy Kat se habría hecho tan famoso como Herriman.
Bueno, si Edgar Hoover no lo hacía meter preso por activista antiamericano.

Texto para la edición española de Jordi Bernet: Fuera de Serie (Glénat, 2000)