Tercera y última parte de un extenso artículo publicado originalmente en el n° 11 de la revista U, el hijo de Urich (1998).
Cuesta imaginar un dibujante más apropiado para El Ultimo Recreo que Horacio Altuna. Cuando acometió su realizacion llevaba siete años colaborando con Carlos Trillo y existía un alto grado de compenetración entre ellos. El resultado es, probablemente, el mejor trabajo de ambos hasta la fecha. Con un estilo definido y reconocible, el historietista argentino ofreció en esta serie una planificación muy meditada, una puesta en página ejecutada con sencillez engañosa que recogía todo el saber acumulado en casi veinte años de práctica de la profesión y profundizaba en hallazgos ya presentes en Charlie Moon y Merdichesky. El sentido de la narración gráfica del que hace gala le permite marcar el ritmo de lectura, ora acelerándola, ora haciendo uso del silencio. Cada plano, cada detalle, cada iluminación, cada mirada se aleja del efectismo vacuo para ponerse al servicio del relato y contribuir a crear la atmósfera precisa que recree la desesperanza y el pesimismo que tiñen los guiones de Trillo. En los escenarios expresionistas en negro y blanco que nos hace creer reales inserta la figura humana: unos personajes caracterizados a la perfección y dotados de la expresividad corporal y facial precisas para llevar a buen puerto su empresa. Poca veces se ha visto en un tebeo que no llevara la firma de Carlos Giménez un retrato tan fiel de la mirada infantil; menos aún unos cuerpos y rostros que con tal economía de trazo, más bien precisamente gracias a ella, transmitan tantas sensaciones. Sus preadolescentes, sean masculinos o femeninos, sugieren con sutileza la mixtura de sensualidad e inocencia propia de una sexualidad emergente, que intuimos a flor de piel aunque casi nunca se explicite. ¡Cuanto podrían aprender de estas páginas algunos dibujantes que, dentro y fuera de nuestras fronteras, se empeñan en hacernos creer que sus figuras hipertrofiadas y de encantos sexuales nada implícitos representan púberes!
Tragaperras, aparecida en las páginas de Zona 84, y la continuación de El Loco Chávez, serie finalizada en 1988, han sido los últimos trabajos de Altuna junto a Trillo. Con Ficcionario iniciaría una carrera como autor completo dominada por un uso brillante del color y caracterizada por una temática de ciencia-ficción con leves tintes sociales que, si bien nunca alcanzó la frescura de El Ultimo Recreo, se vio truncada por el desplome generalizado que la industria de la historieta viene sufriendo desde finales de los ´80. Su facilidad para representar la voluptuosidad femenina le abrió las puertas de la revista Playboy, en cuyas páginas realiza una labor alimenticia que no siempre da idea cabal de sus capacidades como historietista. Ante una recopilación de las mismas un amigo sentenciaba que “Altuna siempre dibuja todas las mujeres igual”, a lo que otro replicó (y perdonad comentario tan machista): “si, pero... ¡ojalá todas las mujeres fueran igual a las de Altuna!”.
La reedición de El Ultimo Recreo que Planeta-De Agostini nos ha ofrecido con motivo del último Salón del Comic de Barcelona resulta ejemplar: En primer lugar porque facilita el encuentro (que dudo llegue a producirse realmente) de los lectores más jóvenes con una obra que a buen seguro no conocían, alejada de las coordenadas actuales de la historieta española, dividida –como bien afirma Pepe Gálvez desde las solapas del libro- entre el elitismo minoritario y la mímesis de modelos agotados. En segundo término por el cariño y cuidado manifiestos en una labor editorial tan sólo lastrada por ofrecer como ilustración de portada una viñeta ampliada y coloreada con acierto por Jaime Martín. No sabemos los motivos de la usencia de una producción ex-profeso realizada por Altuna, pero hubiera sido la guinda a tan apetitoso pastel.
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domingo, 23 de diciembre de 2012
jueves, 20 de diciembre de 2012
EL ULTIMO RECREO, por Eduardo García Sánchez
Segunda parte de un extenso artículo publicado originalmente en el n° 11 de la revista U, el hijo de Urich (1998).
El álbum se estructura en doce historietas autoconclusivas en apariencia. Cada una de ellas desarrolla una anécdota desesperanzada que muestra la difícil adaptación de unos niños perdidos en un mundo para pero sin adultos, dominado por el caos de la lucha por la supervivencia; la progresiva pérdida de inocencia de unas criaturas inmaduras abocadas a reproducir los defectos de la socidedad en cuyo seno nacieron. En sus páginas se dan cita la desorientación, el sentimiento de vulnerabilidad, la cobardía, la vanidad, la desconfianza, los celos, el desprecio, el egoísmo, la avaricia, la insolidaridad, la pérdida de horizontes y modelos de comportamiento, el abuso de fuerza, la coacción al indefenso, el apego a lo superfluo... El catálogo de sentimientos que, en definitiva, originaron la situación en que se ven inmersos. El conjunto de este anecdotario constituye un todo coherente en cuyo seno avanza una narración recorrida por el temor a crecer que caracteriza a todo relato que describa la aprehensión de la realidad conocida como mundo adulto y que en La Ciudad Muerta adquiere sus tintes más dramáticos. La adolescencia, espada de Damocles que pende sobre los personajes de El Ultimo Recreo, se erige en metáfora del temor a abandonar la comodidad de la niñez que –quien más, quien menos- todos hemos sentido; de la desorientación a la cual nos somete el encuentro con nuestra sexualidad, sobre todo si habitamos una sociedad en cuya educación el concepto de pecado carnal tiene un peso específico considerable.
Todos los grupos humanos han tenido y tienen (en el caso del Cristianismo, el conjunto de creencias que más de cerca nos toca, son la Primera Comunión y la Confirmación) ritos de paso que marcan el comienzo de la madurez. Caracterizados por simbolizar más o menos explícitamente la muerte y resurrección del individuo, en ellos el niño da paso al adulto, al ser completo y preparado para conocer y afrontar los secretos de la vida. A los personajes de la serie que nos ocupa se les escamotea el auxilio de estos mecanismos culturales que suavizan el tránsito. Para ellos –como ocurre entre la infancia más necesitada de nuestra realidad- es traumático, obligado por las circunstancias. Y en el caso del despertar sexual, de consecuencias fatales.
La docena de historias que componen la obra que nos ocupa pueden dividirse en dos bloques. El primero de ellos presenta la situación de una ciudad, de cualquier ciudad, tras el holocausto. Los ambientes urbanos opresivos, claustrofóbicos, sembrados de cadáveres que pocas veces se muestran al ojo del lector pero cuya presencia se intuye, muestran un deterioro y un abandono que aumentan al ritmo de la mengua de alimentos y esperanza. A los juegos sin cortapisas de padres, maestros o autoridades les sucede la rapiña. A renglón seguido ésta es sustituida por conatos de organización improductivos, guiados no por la ley de la razón sino por la de la coacción. De forma paralela se presentan los rostros que poco a poco cobran el protagonismo de la serie, un puñado de críos unidos por la necesidad y la marginación por parte del resto.
Cartas de las Mayores, constituye un punto de inflexión en esta parte urbana y es, junto a Cosas que Quedan en el Camino, una de las historietas que mejor evidencia lo que de viaje iniciático tiene la serie. En la primera Rana y Fino, junto a una muchacha sin nombre, terminan de abrir sus ojos a las sombras del estado adulto a la vez que comprenden que su única posibilidad pasa por salir de una ciudad que ya no puede satisfacer sus necesidades primarias. En la segunda los miembros del grupo que se forma en torno a ambos chicos, conforme dejan atrás el asfalto, deben afrontar la renuncia a aquello por lo que sienten más apego, a objetos alrededor de los cuales habían girado sus vidas hasta entonces pero que obstaculizan su supervivencia. El hecho de que se trate de juguetes enfatiza el simbolismo de su marcha: el abandono de la urbe es el comienzo del fin de su infancia.
El segundo bloque se adentra en espacios abiertos, en un mundo rural que no deja de ser claustrofóbico. Quienes huyen de la ciudad han de encontrar un lugar donde establecerse y, para ello, salvar las mismas dificultades de las que pretendían evadirse. En el campo continúa la lucha por la supervivencia más ardua día a día, atenazada por la inseguridad de que los efectos de la “Bomba Sexual” hayan prescrito. El desarrollo hormonal sigue su curso y todo esfuerzo puede ser vano. Las pequeñas comunidades agrarias se consolidan, los cielos se despejan tímidamente y dejan paso libre a tenues rayos de optimismo. La comprensión mutua abre un resquicio a la esperanza simbolizada en la cópula interracial de la última página, en el deseo de poder crecer en paz formulado por Rana. Sin embargo, el temor expresado en sus ojos aleja del ridículo a este final apologético del beatum life, del imposible retorno a la naturaleza. Por ellos sabemos que se ha completado el viaje de iniciación de su poseedor. Por fin ha comprendido que el ser humano no puede sustraerse a su idiosincracia, a sus sombras y luces; que este aparente nuevo principio no es más que el prólogo a un eterno retorno. La mirada que Altuna tan bien sabe plasmar sobre el papel redime en parte una historia que argumentalmente podría haber soportado muy mal el paso del tiempo.
El álbum se estructura en doce historietas autoconclusivas en apariencia. Cada una de ellas desarrolla una anécdota desesperanzada que muestra la difícil adaptación de unos niños perdidos en un mundo para pero sin adultos, dominado por el caos de la lucha por la supervivencia; la progresiva pérdida de inocencia de unas criaturas inmaduras abocadas a reproducir los defectos de la socidedad en cuyo seno nacieron. En sus páginas se dan cita la desorientación, el sentimiento de vulnerabilidad, la cobardía, la vanidad, la desconfianza, los celos, el desprecio, el egoísmo, la avaricia, la insolidaridad, la pérdida de horizontes y modelos de comportamiento, el abuso de fuerza, la coacción al indefenso, el apego a lo superfluo... El catálogo de sentimientos que, en definitiva, originaron la situación en que se ven inmersos. El conjunto de este anecdotario constituye un todo coherente en cuyo seno avanza una narración recorrida por el temor a crecer que caracteriza a todo relato que describa la aprehensión de la realidad conocida como mundo adulto y que en La Ciudad Muerta adquiere sus tintes más dramáticos. La adolescencia, espada de Damocles que pende sobre los personajes de El Ultimo Recreo, se erige en metáfora del temor a abandonar la comodidad de la niñez que –quien más, quien menos- todos hemos sentido; de la desorientación a la cual nos somete el encuentro con nuestra sexualidad, sobre todo si habitamos una sociedad en cuya educación el concepto de pecado carnal tiene un peso específico considerable.
Todos los grupos humanos han tenido y tienen (en el caso del Cristianismo, el conjunto de creencias que más de cerca nos toca, son la Primera Comunión y la Confirmación) ritos de paso que marcan el comienzo de la madurez. Caracterizados por simbolizar más o menos explícitamente la muerte y resurrección del individuo, en ellos el niño da paso al adulto, al ser completo y preparado para conocer y afrontar los secretos de la vida. A los personajes de la serie que nos ocupa se les escamotea el auxilio de estos mecanismos culturales que suavizan el tránsito. Para ellos –como ocurre entre la infancia más necesitada de nuestra realidad- es traumático, obligado por las circunstancias. Y en el caso del despertar sexual, de consecuencias fatales.
La docena de historias que componen la obra que nos ocupa pueden dividirse en dos bloques. El primero de ellos presenta la situación de una ciudad, de cualquier ciudad, tras el holocausto. Los ambientes urbanos opresivos, claustrofóbicos, sembrados de cadáveres que pocas veces se muestran al ojo del lector pero cuya presencia se intuye, muestran un deterioro y un abandono que aumentan al ritmo de la mengua de alimentos y esperanza. A los juegos sin cortapisas de padres, maestros o autoridades les sucede la rapiña. A renglón seguido ésta es sustituida por conatos de organización improductivos, guiados no por la ley de la razón sino por la de la coacción. De forma paralela se presentan los rostros que poco a poco cobran el protagonismo de la serie, un puñado de críos unidos por la necesidad y la marginación por parte del resto.
Cartas de las Mayores, constituye un punto de inflexión en esta parte urbana y es, junto a Cosas que Quedan en el Camino, una de las historietas que mejor evidencia lo que de viaje iniciático tiene la serie. En la primera Rana y Fino, junto a una muchacha sin nombre, terminan de abrir sus ojos a las sombras del estado adulto a la vez que comprenden que su única posibilidad pasa por salir de una ciudad que ya no puede satisfacer sus necesidades primarias. En la segunda los miembros del grupo que se forma en torno a ambos chicos, conforme dejan atrás el asfalto, deben afrontar la renuncia a aquello por lo que sienten más apego, a objetos alrededor de los cuales habían girado sus vidas hasta entonces pero que obstaculizan su supervivencia. El hecho de que se trate de juguetes enfatiza el simbolismo de su marcha: el abandono de la urbe es el comienzo del fin de su infancia.
El segundo bloque se adentra en espacios abiertos, en un mundo rural que no deja de ser claustrofóbico. Quienes huyen de la ciudad han de encontrar un lugar donde establecerse y, para ello, salvar las mismas dificultades de las que pretendían evadirse. En el campo continúa la lucha por la supervivencia más ardua día a día, atenazada por la inseguridad de que los efectos de la “Bomba Sexual” hayan prescrito. El desarrollo hormonal sigue su curso y todo esfuerzo puede ser vano. Las pequeñas comunidades agrarias se consolidan, los cielos se despejan tímidamente y dejan paso libre a tenues rayos de optimismo. La comprensión mutua abre un resquicio a la esperanza simbolizada en la cópula interracial de la última página, en el deseo de poder crecer en paz formulado por Rana. Sin embargo, el temor expresado en sus ojos aleja del ridículo a este final apologético del beatum life, del imposible retorno a la naturaleza. Por ellos sabemos que se ha completado el viaje de iniciación de su poseedor. Por fin ha comprendido que el ser humano no puede sustraerse a su idiosincracia, a sus sombras y luces; que este aparente nuevo principio no es más que el prólogo a un eterno retorno. La mirada que Altuna tan bien sabe plasmar sobre el papel redime en parte una historia que argumentalmente podría haber soportado muy mal el paso del tiempo.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
EL ULTIMO RECREO, por Eduardo García Sánchez
Primera parte de un extenso artículo publicado originalmente en el n° 11 de la revista U, el hijo de Urich (1998).
Existen tebeos, libros, películas, pinturas, esculturas, edificios, paisajes, músicas, situaciones y personas cuya lectura, contemplación, escucha, vivencia o conocimiento quedan grabados indeleblemente en nuestra memoria; que se integran a nuestra persona; que revisitamos contínuamente, aunque sólo sea con nuestra imaginación; que, en definitiva, pasan a formar parte de aquello denominado, en forma un tanto cursi y a falta de una definición mejor, “educación sentimental”. En mi caso El Ultimo Recreo es una obra que se inserta en estas coordenadas. La primera vez que leí esa historieta era un púber que trataba de librarse, a costa de no poco sufrimiento, del lastre de una educación católica férrea. Por ello no es extraño que en su última página identificara a dos personas de mi edad que, tras muchas penalidades, superaban el complejo de culpa programado en sus cerebros y disfrutaban de la fruta prohibida sin ser expulsados del Paraíso. Como prueba de la marca que dejó en mí y aún corriendo el risego de ser calificado como pederasta, basta saber que el físico de mi ideal femenino se aproxima al de las adolescentes que Altuna mueve en sus páginas. Curioso. Nunca he sido amigo de redactar textos que comiencen con notas autobiográficas, pero acabo de darme cuenta de que en ocasiones resulta inevitable.
Puede que mi siguiente apreciacion no pase de ser una mala interpretación fruto del pesimismo, pero creo que para algunas de las personas que lean estas líneas, a buen seguro aquellas más jóvenes, Carlos Trillo no pasará de ser el guionista de Cybersix y Horacio Altuna ese dibujante de las historietas cachondas de Playboy. Eso sin contar que, no me cabe duda, habrá quien siquiera tengaconocimiento de la existencia de estos autores. Sirvan estas líneas como presentación de los mismos.
Trillo y Altuna pertenecen a la generación de historietistas argentinos que comenzaron su andadura profesional entre mediados de la década de los ´60 y principios de la de los ´70 a la sombra de Alberto Breccia, Héctor G. Oesterheld y Hugo Pratt y, por ello, sensibilizados respecto a las posibilidades que ofrece ese medio de expresión llamado historieta. La misma generación a la cual tanto la ausencia de mercado interno como una censura que se hacía más opresiva a medida que se sucedían los años de “proceso” militar obligaron a publicar su obra, cuando no a exiliarse –como es el caso de Altuna y tantos otros- en el extranjero. Carlos Trillo fue un periodista que se acercó a la historieta como teórico para acabar convertido en guionista con producción regular desde 1975. Su obra, vasta y diversificada, abarca géneros aparentemente tan alejados como el realismo costumbrista, la trama histórica, la ciencia ficción y el policial. Horacio Altuna, por su parte, es un autodidacta que debutó en la profesión en 1965. Hasta 1982, año en que fija su residencia en España, compaginó su trabajo frente al tablero con la secretaría de la Asociación de Dibujantes Argentinos y la docencia del dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires. Su talento gráfico y sus innovaciones en la planificación de la página le hicieron merecer el premio Yellow Kid al mejor dibujante otorgado en el Salón de Lucca de 1986. Ambos empezaron a colaborar en 1975, cuando crearon para el diario Clarín una tira, El Loco Chávez, que fue publicada durante doce años ininterrumpidos (y de la cual se vio una recopilación por estos pagos a cargo de Norma Editorial, concretamente el número 13 de su colección B/N y en algún número de la revista Cimoc). A ella le siguieron Las Puertitas del Señor López, Charlie Moon y Merdichesky, series cuya calidad y éxito les abrieron las puertas del mercado europeo y que fueron publicadas en España por el malogrado Toutain, quien contrató a Altuna para Selecciones Ilustradas.
Cuando El Ultimo Recreo vio la luz entre 1982 y 1983 en las páginas de la revista 1984 los tebeos de ciencia ficción se encontraban marcados, como tantas otras cosas, por la Guerra Fría. Más concretamente por el temor a una escalada bélica de proporción planetaria que arrasara con la vida tal como se la conocía hasta entonces. Y esta serie de Trillo y Altuna no se substrajo a esa tendencia. En ella se nos presenta un mundo postapocalíptico que, por una vez, no es herencia del empleo de los arsenales nucleares, sino de la acción de un ingenio muy sofisticado de destrucción selectiva bautizado como “Bomba Sexual”. El estallido de esta arma bacteriológica, ideada para aniquilar a todo ser humano que hubiera alcanzado –o alcance mientras duren sus efectos en el ambiente- la madurez reproductiva, dejó como únicos supervivientes a niños y adultos esterilizados. Carlos Trillo supo aportar a este punto de partida cataclísmico, repetido hasta la saciedad en la historieta, el cine y la literatura de la época, un enfoque relativamente novedoso que le permitió exponer sus inquietudes sociales, ofrecer una radiografía de la condición humana y ofrecernos unos guiones sólidos y desencantados.
Existen tebeos, libros, películas, pinturas, esculturas, edificios, paisajes, músicas, situaciones y personas cuya lectura, contemplación, escucha, vivencia o conocimiento quedan grabados indeleblemente en nuestra memoria; que se integran a nuestra persona; que revisitamos contínuamente, aunque sólo sea con nuestra imaginación; que, en definitiva, pasan a formar parte de aquello denominado, en forma un tanto cursi y a falta de una definición mejor, “educación sentimental”. En mi caso El Ultimo Recreo es una obra que se inserta en estas coordenadas. La primera vez que leí esa historieta era un púber que trataba de librarse, a costa de no poco sufrimiento, del lastre de una educación católica férrea. Por ello no es extraño que en su última página identificara a dos personas de mi edad que, tras muchas penalidades, superaban el complejo de culpa programado en sus cerebros y disfrutaban de la fruta prohibida sin ser expulsados del Paraíso. Como prueba de la marca que dejó en mí y aún corriendo el risego de ser calificado como pederasta, basta saber que el físico de mi ideal femenino se aproxima al de las adolescentes que Altuna mueve en sus páginas. Curioso. Nunca he sido amigo de redactar textos que comiencen con notas autobiográficas, pero acabo de darme cuenta de que en ocasiones resulta inevitable.
Puede que mi siguiente apreciacion no pase de ser una mala interpretación fruto del pesimismo, pero creo que para algunas de las personas que lean estas líneas, a buen seguro aquellas más jóvenes, Carlos Trillo no pasará de ser el guionista de Cybersix y Horacio Altuna ese dibujante de las historietas cachondas de Playboy. Eso sin contar que, no me cabe duda, habrá quien siquiera tengaconocimiento de la existencia de estos autores. Sirvan estas líneas como presentación de los mismos.
Trillo y Altuna pertenecen a la generación de historietistas argentinos que comenzaron su andadura profesional entre mediados de la década de los ´60 y principios de la de los ´70 a la sombra de Alberto Breccia, Héctor G. Oesterheld y Hugo Pratt y, por ello, sensibilizados respecto a las posibilidades que ofrece ese medio de expresión llamado historieta. La misma generación a la cual tanto la ausencia de mercado interno como una censura que se hacía más opresiva a medida que se sucedían los años de “proceso” militar obligaron a publicar su obra, cuando no a exiliarse –como es el caso de Altuna y tantos otros- en el extranjero. Carlos Trillo fue un periodista que se acercó a la historieta como teórico para acabar convertido en guionista con producción regular desde 1975. Su obra, vasta y diversificada, abarca géneros aparentemente tan alejados como el realismo costumbrista, la trama histórica, la ciencia ficción y el policial. Horacio Altuna, por su parte, es un autodidacta que debutó en la profesión en 1965. Hasta 1982, año en que fija su residencia en España, compaginó su trabajo frente al tablero con la secretaría de la Asociación de Dibujantes Argentinos y la docencia del dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires. Su talento gráfico y sus innovaciones en la planificación de la página le hicieron merecer el premio Yellow Kid al mejor dibujante otorgado en el Salón de Lucca de 1986. Ambos empezaron a colaborar en 1975, cuando crearon para el diario Clarín una tira, El Loco Chávez, que fue publicada durante doce años ininterrumpidos (y de la cual se vio una recopilación por estos pagos a cargo de Norma Editorial, concretamente el número 13 de su colección B/N y en algún número de la revista Cimoc). A ella le siguieron Las Puertitas del Señor López, Charlie Moon y Merdichesky, series cuya calidad y éxito les abrieron las puertas del mercado europeo y que fueron publicadas en España por el malogrado Toutain, quien contrató a Altuna para Selecciones Ilustradas.
Cuando El Ultimo Recreo vio la luz entre 1982 y 1983 en las páginas de la revista 1984 los tebeos de ciencia ficción se encontraban marcados, como tantas otras cosas, por la Guerra Fría. Más concretamente por el temor a una escalada bélica de proporción planetaria que arrasara con la vida tal como se la conocía hasta entonces. Y esta serie de Trillo y Altuna no se substrajo a esa tendencia. En ella se nos presenta un mundo postapocalíptico que, por una vez, no es herencia del empleo de los arsenales nucleares, sino de la acción de un ingenio muy sofisticado de destrucción selectiva bautizado como “Bomba Sexual”. El estallido de esta arma bacteriológica, ideada para aniquilar a todo ser humano que hubiera alcanzado –o alcance mientras duren sus efectos en el ambiente- la madurez reproductiva, dejó como únicos supervivientes a niños y adultos esterilizados. Carlos Trillo supo aportar a este punto de partida cataclísmico, repetido hasta la saciedad en la historieta, el cine y la literatura de la época, un enfoque relativamente novedoso que le permitió exponer sus inquietudes sociales, ofrecer una radiografía de la condición humana y ofrecernos unos guiones sólidos y desencantados.
lunes, 10 de diciembre de 2012
YO, VAMPIRO: Una esperada edición, por Marcelo Vieguer
Realizada hace 17 años, finalmente vió a luz en Argentina el primero de los cuatro libros de "Yo, Vampiro"; la anterior edición se correspondió a la española Norma, con un formato sensiblemente superior. Realizada por encargo para una editorial italiana, esta saga es una de las más renombradas del dueto integrado por Carlos Trillo y Eduardo Risso, destacándose las laureadas "Parque Chas" y "Borderline".
En tiempos del Faraón, la sacerdotisa Ahmasi era la preferida de sus mujeres, y sabiendo del enojo que esto provocaba en el hijo, la joven lo hacía azotar por su padre por "provocar a su preferida". Esto fue así hasta que el niño despertó a su padre en medio de la noche para llevarlo a ver como su amada se acostaba con el capitán de la guardia. En el momento en que el Faraón toma el hacha y a punto está de ajusticiar a ambos, los cuerpos de todos los allí presentes son agujereados por una intensa luz que sale de sus cuerpos, produciendo la muerte de todos, excepto del niño y la sacerdotisa, a los cuales el sol de la mañana cura todas sus heridas, haciéndolos inmortales.
Al reaparecer hacia los años `90, luego de 50 años de permanecer oculto del sol, el niño provoca un enorme caos en los que le rodean, y continúa su eterna lucha con la sacerdotisa Ahmasi.
Dentro de ciertas irregularidades -que mucho tuvo que ver con la superproducción en la que Trillo se veía inserto- la historia resulta interesante y más algunas resoluciones narrativas. El niño sin nombre, que solo lo iba a tener cuando sucediera al Faraón, sostiene una profunda dependencia hacia los otros. Su falta de nombre es rasgo característico de singularidad pero también de lo no existente. Su infinita gula que no puede terminar de suplir su hambre, es la justa respuesta a esa ausencia macabra; su eterna niñez -el niño siempre tendrá la misma edad- lo convierte también en un sustituto exacto de la sexualidad a la que no puede acceder por su temprana edad; pero también Ahmasi vive en el eterno infierno; mientras espera el reencuentro para enfrentarse con el niño, hace de prostituta y vive sin ser molestada, y ese enfrentamiento regodeado de odio es lo que sustenta su vida.
Con un ágil dibujo del excelente Eduardo Risso, siempre es placentero notar su capacidad resolutiva. Sus ojos en blanco en un rostro sombreado en negro, provocan escozor tanto en niños como en ancianos.
El primer tomo es una elogiable edición rosarina, esperemos por los tres libros que restan. Puntaje: 7
Publicado originalmente en el blog Ficciones, el 8/ 6/ 2009.
En tiempos del Faraón, la sacerdotisa Ahmasi era la preferida de sus mujeres, y sabiendo del enojo que esto provocaba en el hijo, la joven lo hacía azotar por su padre por "provocar a su preferida". Esto fue así hasta que el niño despertó a su padre en medio de la noche para llevarlo a ver como su amada se acostaba con el capitán de la guardia. En el momento en que el Faraón toma el hacha y a punto está de ajusticiar a ambos, los cuerpos de todos los allí presentes son agujereados por una intensa luz que sale de sus cuerpos, produciendo la muerte de todos, excepto del niño y la sacerdotisa, a los cuales el sol de la mañana cura todas sus heridas, haciéndolos inmortales.
Al reaparecer hacia los años `90, luego de 50 años de permanecer oculto del sol, el niño provoca un enorme caos en los que le rodean, y continúa su eterna lucha con la sacerdotisa Ahmasi.
Dentro de ciertas irregularidades -que mucho tuvo que ver con la superproducción en la que Trillo se veía inserto- la historia resulta interesante y más algunas resoluciones narrativas. El niño sin nombre, que solo lo iba a tener cuando sucediera al Faraón, sostiene una profunda dependencia hacia los otros. Su falta de nombre es rasgo característico de singularidad pero también de lo no existente. Su infinita gula que no puede terminar de suplir su hambre, es la justa respuesta a esa ausencia macabra; su eterna niñez -el niño siempre tendrá la misma edad- lo convierte también en un sustituto exacto de la sexualidad a la que no puede acceder por su temprana edad; pero también Ahmasi vive en el eterno infierno; mientras espera el reencuentro para enfrentarse con el niño, hace de prostituta y vive sin ser molestada, y ese enfrentamiento regodeado de odio es lo que sustenta su vida.
Con un ágil dibujo del excelente Eduardo Risso, siempre es placentero notar su capacidad resolutiva. Sus ojos en blanco en un rostro sombreado en negro, provocan escozor tanto en niños como en ancianos.
El primer tomo es una elogiable edición rosarina, esperemos por los tres libros que restan. Puntaje: 7
Publicado originalmente en el blog Ficciones, el 8/ 6/ 2009.
martes, 4 de diciembre de 2012
EL LIBRO DE GABRIEL, por Andrés Accorsi
Hace 21 años, dos amigos, dos grandes, dos ídolos que hoy ya no están, se juntaron para contar esta historia. Carlos Trillo y Carlos Meglia ya llevaban algunos años trabajando juntos, pero todavía no habían creado a Cybersix, la más famosa de sus colaboraciones. Entonces, con cada nueva idea que se les ocurría (y eran muchas) iban con pies de plomo, mansitos, de a pasos chiquitos. Esa fórmula, que les dio resultado con Irish Coffee (por ejemplo), con El Libro de Gabriel les salió mal. Tirar la cantidad de ideas que tira Trillo en sólo 44 páginas es poco menos que un disparate. Ahí hay conceptos y premisas para una serie larguísima, hasta para un comic mensual de Vertigo, de esos que duran sesentaipico de episodios. Y estas 44 páginas parecen eso: los dos primeros episodios de una serie larga, que nunca podremos leer.
El planteo es ganchero y atractivo, aunque no demasiado original, ya que historietas con ángeles y demonios en la Tierra ya leímos chotocientas cincuenta mil. Pero Trillo construye tres personajes muy sólidos y los envuelve en relaciones muy creíbles, demasiado humanas a pesar de sus orígenes celestiales. Ninguno pela grandes poderes, ni alas, ni espadas flamígeras. Esto es misterio sobrenatural muy, muy low-fi, muy por debajo del radar, a años luz de la grandilocuencia y la sensación épica que suelen tener ese tipo de historias. Hay un clima más bien intimista, con romance, pases de factura y alguna escena medio hot, todo muy tranqui, muy “puertas adentro”. Y una especie de misión a cumplir por parte de Gabriel, que no llega a cumplirse nunca. Y no mucho más. Cuando el argumento sortea sus primeros escollos, cuando los personajes terminan de conocerse y blanquear mínimamente cuáles van a ser los términos de su relación, se termina la historia. No de golpe, pero sí cuando quedaban miles de cosas por explorar, gracias a la enorme riqueza del planteo inicial y el muy buen desarrollo de Gabriel, Michelle y –en menor medida- Lázaro a lo largo de estas 44 páginas.
Si los logros de Trillo en materia de argumento y personajes te deja pidiendo más, lo que hace Meglia con el dibujo directamente te deja pelotudo. Lástima que el libro sea caro, si no habría que comprar dos ejemplares: uno para babear (y tirar) y el otro para guardar. Este es el Meglia pre-Cybersix, o sea, el que todavía no delegaba buena parte del trabajo en un equipo de asistentes, sino que se arremangaba y dibujaba casi todo él. Y además ya tenía bien definido su estilo: los fondos recontra-elaborados y recontra-repetidos (en puestas que asemejaban al comic a una obra de teatro), la exageración en los pelitos de los brazos, las onomatopeyas fuera de control, y sobre todo esa estética limpita y cercana al cartoon, que el genio usaba para contar historias sórdidas y perturbadoras. Dinámico, expresivo y sensual como pocos, el dibujo de Meglia brilla acá en todo su esplendor y es motivo de sobra para comprarse El Libro de Gabriel.
Pero hay más. Cuenta la leyenda que, poco antes de su muerte (sucedida en Agosto de 2008), Meglia se decidió a desempolvar esta historieta y colorearla con las tecnologías modernas. Se sospecha que llegó a colorear (junto a un equipo especializado) unas 10 ó 12 páginas. Para esta edición, Napoleones Sin Batallas (un sello que publicaba historieta por primera vez) apostó a la versión coloreada y le encargó a Carolina Azadte que completara el coloreado de las páginas restantes. El resultado es muy correcto. Los magníficos claroscuros de Meglia siguen ahí, perfectamente respetados, y a la vez la paleta cromática empleada le suma fuerza al dibujo y peso a los climas. Lo más difícil de resolver, que eran los flashbacks de las páginas 18 y 19, quedó alucinante. No sé si hacía falta el color para disfrutar de El Libro de Gabriel, pero puesto así, es un bonus muy bienvenido.
Con buenos diálogos, una dosis justa de acción, un toque de erotismo y una trama muy atractiva, Trillo y Meglia nos presentaron un concepto que daba para muchísimo más. Ojalá lo hubieran seguido a lo largo de varios álbumes más.
El planteo es ganchero y atractivo, aunque no demasiado original, ya que historietas con ángeles y demonios en la Tierra ya leímos chotocientas cincuenta mil. Pero Trillo construye tres personajes muy sólidos y los envuelve en relaciones muy creíbles, demasiado humanas a pesar de sus orígenes celestiales. Ninguno pela grandes poderes, ni alas, ni espadas flamígeras. Esto es misterio sobrenatural muy, muy low-fi, muy por debajo del radar, a años luz de la grandilocuencia y la sensación épica que suelen tener ese tipo de historias. Hay un clima más bien intimista, con romance, pases de factura y alguna escena medio hot, todo muy tranqui, muy “puertas adentro”. Y una especie de misión a cumplir por parte de Gabriel, que no llega a cumplirse nunca. Y no mucho más. Cuando el argumento sortea sus primeros escollos, cuando los personajes terminan de conocerse y blanquear mínimamente cuáles van a ser los términos de su relación, se termina la historia. No de golpe, pero sí cuando quedaban miles de cosas por explorar, gracias a la enorme riqueza del planteo inicial y el muy buen desarrollo de Gabriel, Michelle y –en menor medida- Lázaro a lo largo de estas 44 páginas.
Si los logros de Trillo en materia de argumento y personajes te deja pidiendo más, lo que hace Meglia con el dibujo directamente te deja pelotudo. Lástima que el libro sea caro, si no habría que comprar dos ejemplares: uno para babear (y tirar) y el otro para guardar. Este es el Meglia pre-Cybersix, o sea, el que todavía no delegaba buena parte del trabajo en un equipo de asistentes, sino que se arremangaba y dibujaba casi todo él. Y además ya tenía bien definido su estilo: los fondos recontra-elaborados y recontra-repetidos (en puestas que asemejaban al comic a una obra de teatro), la exageración en los pelitos de los brazos, las onomatopeyas fuera de control, y sobre todo esa estética limpita y cercana al cartoon, que el genio usaba para contar historias sórdidas y perturbadoras. Dinámico, expresivo y sensual como pocos, el dibujo de Meglia brilla acá en todo su esplendor y es motivo de sobra para comprarse El Libro de Gabriel.
Pero hay más. Cuenta la leyenda que, poco antes de su muerte (sucedida en Agosto de 2008), Meglia se decidió a desempolvar esta historieta y colorearla con las tecnologías modernas. Se sospecha que llegó a colorear (junto a un equipo especializado) unas 10 ó 12 páginas. Para esta edición, Napoleones Sin Batallas (un sello que publicaba historieta por primera vez) apostó a la versión coloreada y le encargó a Carolina Azadte que completara el coloreado de las páginas restantes. El resultado es muy correcto. Los magníficos claroscuros de Meglia siguen ahí, perfectamente respetados, y a la vez la paleta cromática empleada le suma fuerza al dibujo y peso a los climas. Lo más difícil de resolver, que eran los flashbacks de las páginas 18 y 19, quedó alucinante. No sé si hacía falta el color para disfrutar de El Libro de Gabriel, pero puesto así, es un bonus muy bienvenido.
Con buenos diálogos, una dosis justa de acción, un toque de erotismo y una trama muy atractiva, Trillo y Meglia nos presentaron un concepto que daba para muchísimo más. Ojalá lo hubieran seguido a lo largo de varios álbumes más.
lunes, 3 de diciembre de 2012
MERDICHESKY: AMBIENTES Y PAISAJES GENUINAMENTE NORTEAMERICANOS, por Herme Cerezo
Como el propio Horacio Altuna señalaba en la entrevista incluida en ‘Charlie Moon’, su anterior entrega, cuando manifestaba "Yo soy un colonizado de EE. UU, culturalmente hablando", la influencia de la cultura norteamericana – cine, música, literatura – resulta bien patente en su trayectoria. En ‘Merdichesky, tercera entrega de la reedición de su integral (PlanetaDeAgostini), volvemos a encontrarnos con una temática, un ambiente y un paisaje genuinamente norteamericanos.
‘Merdichesky’, álbum que comenzó a publicarse por entregas en la prensa argentina en 1981, es cómic negro, sin paliativos, negro puro, con el acicate del humor, algo también inherente al género, y una pizca de sexo y corruptelas sociales. Su protagonista es el vivo retrato del antihéroe policial y del metepatas involuntario. Su imagen, la de este policía, digo, dista mucho del estereotipo del cana duro, implacable y sabueso sagaz. No es más que un pobre diablo, enjuto, tristón y lánguido, que no termina de saber muy bien qué hace allí y al que casi todo le sale mal, o bien pero con efectos contraproducentes. Merdichesky es un irresponsable capaz de dormirse en plena labor policial o de hacer gala de una inconsciencia preñada de honradez que, en un ejercicio de torpe inocencia, se empeñará en desentrañar tinglados de mayor envergadura, en los que andarán inmersos individuos de alto copete (el hijo del fiscal del distrito o un senador), sin darse cuenta del terreno que pisa y de la situación en la que coloca a sus propios compañeros de comisaría, el Precinto 15 como le llaman. Su olfato policial es un auténtico desastre y cuando acierta, porque en alguna ocasión da en la diana, resulta que lo hace por pura casualidad. Pura e inoportuna casualidad más bien. Así, una detención casual resultará estar conectada de alguna manera con alguno de los casos que tenía pendientes de solucionar, lo que le llevará a despejar incógnitas de modo fortuito. En este sentido, las situaciones en las que el guionista, Carlos Trillo, y el dibujante, Altuna, le colocan son realmente delirantes y la sonrisa asalta al lector un viñeta tras otra.
Al pobre Merdichesky, por cierto, menudo nombrecito que le han calzado al muchacho, sus creadores le han adjudicado una madre de órdago, para la que el tiempo transcurrido y la edad de su vástago no cuentan y sigue preocupándose por cosas tan absurdas como su alimentación, "¡Nene, ni la leche terminaste!", o su seguridad, "Llevalo descargado, bebé ... Mira que las armas las carga el diablo y ... ". Son características propias de una mujer insegura, absorbente, posesiva, que todavía no aprendió que su hijo, hora tras hora, día tras día, se juega el pellejo entre lo más curtido y peligroso del hampa estadounidense. Con relación a este personaje, "su mama", resulta impagable la imagen con la que Altuna la retrata: batín, rótulos, redecilla y expresión inexplicable. Impagable, repito, esclarecedora y definitiva.
‘Merdichesky’ es un álbum altamente recomendable para todos aquellos que no pudieron leerlo en su día y constituye un interesante ejemplo de los excelentes frutos que dio en su momento la colaboración artística entre un guionista del fuste de Trillo y un ilustrador como Altuna. En la entrevista, continuación de la del número anterior, que incluye el álbum, Altuna explica su metodología de trabajo a dúo, algo que siempre resulta útil conocer: "nuestra forma de trabajar no era que Trillo hiciera el guión y yo dibujara las historias, en absoluto. En todas las obras que hicimos juntos, yo soy coautor. Y siempre, todo estaba supeditado al dibujo. Es más, nosotros nunca ponemos textos explicativos. Y yo tampoco los utilizo en las historias que he creado por mi cuenta. Así, los diálogos estaban apenas esbozados, no había nada decidido de antemano antes de dibujar. Simplemente, nosotros hablábamos sobre qué podría decir el personaje, y luego yo lo escribía". Efectiva operativa, sin duda.
Acabo señalando que esta reedición de ‘Merdichesky’ ha suscitado una cierta polémica entre los aficionados comiqueros, ya que Altuna, según nota de prensa enviada por la propia editorial a los medios, decidió prescindir de un par de páginas del segundo arco (capítulo), ya que las copias que disponía de ellas eran escaneadas y el autor argentino estaba convencido de que reducirían la calidad de la obra en comparación con las páginas restantes. Reflejado queda.
Publicado originalmente en el sitio del Diario Siglo XXI, el 1 de Abril de 2010
‘Merdichesky’, álbum que comenzó a publicarse por entregas en la prensa argentina en 1981, es cómic negro, sin paliativos, negro puro, con el acicate del humor, algo también inherente al género, y una pizca de sexo y corruptelas sociales. Su protagonista es el vivo retrato del antihéroe policial y del metepatas involuntario. Su imagen, la de este policía, digo, dista mucho del estereotipo del cana duro, implacable y sabueso sagaz. No es más que un pobre diablo, enjuto, tristón y lánguido, que no termina de saber muy bien qué hace allí y al que casi todo le sale mal, o bien pero con efectos contraproducentes. Merdichesky es un irresponsable capaz de dormirse en plena labor policial o de hacer gala de una inconsciencia preñada de honradez que, en un ejercicio de torpe inocencia, se empeñará en desentrañar tinglados de mayor envergadura, en los que andarán inmersos individuos de alto copete (el hijo del fiscal del distrito o un senador), sin darse cuenta del terreno que pisa y de la situación en la que coloca a sus propios compañeros de comisaría, el Precinto 15 como le llaman. Su olfato policial es un auténtico desastre y cuando acierta, porque en alguna ocasión da en la diana, resulta que lo hace por pura casualidad. Pura e inoportuna casualidad más bien. Así, una detención casual resultará estar conectada de alguna manera con alguno de los casos que tenía pendientes de solucionar, lo que le llevará a despejar incógnitas de modo fortuito. En este sentido, las situaciones en las que el guionista, Carlos Trillo, y el dibujante, Altuna, le colocan son realmente delirantes y la sonrisa asalta al lector un viñeta tras otra.
Al pobre Merdichesky, por cierto, menudo nombrecito que le han calzado al muchacho, sus creadores le han adjudicado una madre de órdago, para la que el tiempo transcurrido y la edad de su vástago no cuentan y sigue preocupándose por cosas tan absurdas como su alimentación, "¡Nene, ni la leche terminaste!", o su seguridad, "Llevalo descargado, bebé ... Mira que las armas las carga el diablo y ... ". Son características propias de una mujer insegura, absorbente, posesiva, que todavía no aprendió que su hijo, hora tras hora, día tras día, se juega el pellejo entre lo más curtido y peligroso del hampa estadounidense. Con relación a este personaje, "su mama", resulta impagable la imagen con la que Altuna la retrata: batín, rótulos, redecilla y expresión inexplicable. Impagable, repito, esclarecedora y definitiva.
‘Merdichesky’ es un álbum altamente recomendable para todos aquellos que no pudieron leerlo en su día y constituye un interesante ejemplo de los excelentes frutos que dio en su momento la colaboración artística entre un guionista del fuste de Trillo y un ilustrador como Altuna. En la entrevista, continuación de la del número anterior, que incluye el álbum, Altuna explica su metodología de trabajo a dúo, algo que siempre resulta útil conocer: "nuestra forma de trabajar no era que Trillo hiciera el guión y yo dibujara las historias, en absoluto. En todas las obras que hicimos juntos, yo soy coautor. Y siempre, todo estaba supeditado al dibujo. Es más, nosotros nunca ponemos textos explicativos. Y yo tampoco los utilizo en las historias que he creado por mi cuenta. Así, los diálogos estaban apenas esbozados, no había nada decidido de antemano antes de dibujar. Simplemente, nosotros hablábamos sobre qué podría decir el personaje, y luego yo lo escribía". Efectiva operativa, sin duda.
Acabo señalando que esta reedición de ‘Merdichesky’ ha suscitado una cierta polémica entre los aficionados comiqueros, ya que Altuna, según nota de prensa enviada por la propia editorial a los medios, decidió prescindir de un par de páginas del segundo arco (capítulo), ya que las copias que disponía de ellas eran escaneadas y el autor argentino estaba convencido de que reducirían la calidad de la obra en comparación con las páginas restantes. Reflejado queda.
Publicado originalmente en el sitio del Diario Siglo XXI, el 1 de Abril de 2010
viernes, 30 de noviembre de 2012
TRILLO EN SKORPIO, por Juan Carlos Massa
Este es un índice de la obra de Carlos Trillo publicada en la revista Skorpio, de Ediciones Record. Se trata de la primera publicación de historietas realmente importante que publica con regularidad guiones de Trillo. El primer número de Skorpio data de Julio de 1974 y el último (N°235), de Enero de 1996. La revista cambió momentáneamente su denominación para llamarse "Skorpio gran color", o "Super Skorpio", pero se trata de la misma revista, por eso no damos cuenta de esos cambios. Este listado inclute también lo editado en los Libros de Oro de Skorpio, ya que estos incluían episodios de las series que habitualmente se editaban en la revista mensual.
Libro de Oro N°2 (1976): 10 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Osvaldo Pérez D´Elias.
N°28: 6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°29: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°30: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°31: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°32: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°33: 6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°34: 6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
12 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Horacio Lalia.
N°35: 10 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Lalia.
5 páginas de Algo que Mira, con dibujos de Enrique Breccia.
N°36: 12 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Lalia.
6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
14 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1977: 14 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°37: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°38: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°39: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°40: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°41: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°42: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°43: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°44: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°45: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°46: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°47: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1978: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°48: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°49: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°50: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°51: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°52: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°53: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°54: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°55: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de Ernesto García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°56: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°57: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°58: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de El Hombre de Azul, con dibujos de Alberto Breccia.
N°59: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1980: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
16 páginas de Una Probabilidad en Mil, con dibujos de Lito Fernández.
N°60: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de La Verdadera Historia del Oeste, con dibujos de Ernesto Melo.
N°61: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°62: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°63: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°64: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°65: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°66: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°67: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°68: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
16 páginas de Foster de las Islas, con dibujos de Víctor Hugo Arias.
Libro de Oro 1981: 14 páginas de Foster de las Islas, con dibujos de Arias.
N°69: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°70: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°71: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°72: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°73: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Horacio Lalia.
N°74: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°75: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°76: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°77: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1982: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°78: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°79: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°80: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°81: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°82: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°83: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°84: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Lo que Pensó Rodriguito, con dibujos de Alberto Balbi y Oswal.
N°85: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Alce Blanco, con dibujos de Arturo del Castillo.
N°86: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°87: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°88: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°89: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°90: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°91: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°92: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
12 páginas de Una Mujer, un Sheriff, un Hombre, con dibujos de Balbi y Oswal.
N°93: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
14 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°94: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°95: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°96: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°97: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°98: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Cambiar de Vida, con dibujos de Balbi.
N°100: 7 páginas de Desfile Nocturno, con dibujos de A. Breccia.
N°103: 8 páginas de Pena de Muerte, con dibujos de Gustavo Trigo.
N°110: 14 páginas de Dos Enemigos, con dibujos de José Luis Salinas.
8 páginas de Un Pesado, con dibujos de Cacho Mandrafina.
N°111: 8 páginas de El Amo, con dibujos de Mandrafina.
N°112: 8 páginas de Grandote Sentimental, con dibujos de Mandrafina.
N°113: 12 páginas de Ejército de Locos, con dibujos de E. Breccia.
N°114: 12 páginas de Ser un Héroe, con dibujos de Salinas.
N°116: 14 páginas de New York Blues, con dibujos de Horacio Altuna.
N°120: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°121: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°122: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°123: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Los Dos Deberes del Capitán Tiptree, con dibujos de Carlos Roume.
N°124: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°129: 8 páginas de La Ultima Guerra de Oso Azul, con dibujos de Balbi.
N°130: 24 páginas de El Buen Dios, con dibujos de E. Breccia.
24 páginas de Evelyn, con dibujos de Balbi.
N°131: 12 páginas de Extraño Acontecimiento en Colegio Inglés, con dibujos de García Seijas.
N°148: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°149: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°150: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°151: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°152: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°153: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°169 (1990): 7 páginas de Diario de un Náufrago, con dibujos de Carlos Meglia.
Aclaraciones:
Trillo firmó el unitario Una Probabilidad en Mil con el pseudónimo de "Alzer".
El episodio de New York Blues es parte de una serie de cuatro. Dos se publicaron en la revista Skorpio Extra y el restante en Skorpio Plus.
Libro de Oro N°2 (1976): 10 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Osvaldo Pérez D´Elias.
N°28: 6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°29: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°30: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°31: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°32: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°33: 6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°34: 6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
12 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Horacio Lalia.
N°35: 10 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Lalia.
5 páginas de Algo que Mira, con dibujos de Enrique Breccia.
N°36: 12 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Lalia.
6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
14 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1977: 14 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°37: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°38: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°39: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°40: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°41: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°42: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°43: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°44: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°45: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°46: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°47: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1978: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°48: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°49: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°50: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°51: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°52: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°53: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°54: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°55: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de Ernesto García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°56: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°57: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°58: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de El Hombre de Azul, con dibujos de Alberto Breccia.
N°59: 12 páginas de El Pequeño Rey, con dibujos de García Seijas.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1980: 8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
16 páginas de Una Probabilidad en Mil, con dibujos de Lito Fernández.
N°60: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de La Verdadera Historia del Oeste, con dibujos de Ernesto Melo.
N°61: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°62: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Detective´s Studio, con dibujos de Pérez D´Elias.
N°63: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°64: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°65: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°66: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°67: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°68: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
16 páginas de Foster de las Islas, con dibujos de Víctor Hugo Arias.
Libro de Oro 1981: 14 páginas de Foster de las Islas, con dibujos de Arias.
N°69: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°70: 12 páginas de El Peregrino de las Estrellas, con dibujos de E. Breccia.
N°71: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°72: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°73: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de Nekrodamus, con dibujos de Horacio Lalia.
N°74: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°75: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°76: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°77: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
Libro de Oro 1982: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°78: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°79: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°80: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°81: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°82: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°83: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°84: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Lo que Pensó Rodriguito, con dibujos de Alberto Balbi y Oswal.
N°85: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Alce Blanco, con dibujos de Arturo del Castillo.
N°86: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°87: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°88: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°89: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°90: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°91: 12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°92: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
12 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
12 páginas de Una Mujer, un Sheriff, un Hombre, con dibujos de Balbi y Oswal.
N°93: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
14 páginas de Viajero de Gris, con dibujos de A. Breccia.
N°94: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°95: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°96: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°97: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°98: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Cambiar de Vida, con dibujos de Balbi.
N°100: 7 páginas de Desfile Nocturno, con dibujos de A. Breccia.
N°103: 8 páginas de Pena de Muerte, con dibujos de Gustavo Trigo.
N°110: 14 páginas de Dos Enemigos, con dibujos de José Luis Salinas.
8 páginas de Un Pesado, con dibujos de Cacho Mandrafina.
N°111: 8 páginas de El Amo, con dibujos de Mandrafina.
N°112: 8 páginas de Grandote Sentimental, con dibujos de Mandrafina.
N°113: 12 páginas de Ejército de Locos, con dibujos de E. Breccia.
N°114: 12 páginas de Ser un Héroe, con dibujos de Salinas.
N°116: 14 páginas de New York Blues, con dibujos de Horacio Altuna.
N°120: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°121: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°122: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°123: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
8 páginas de Los Dos Deberes del Capitán Tiptree, con dibujos de Carlos Roume.
N°124: 12 páginas de Alvar Mayor, con dibujos de E. Breccia.
N°129: 8 páginas de La Ultima Guerra de Oso Azul, con dibujos de Balbi.
N°130: 24 páginas de El Buen Dios, con dibujos de E. Breccia.
24 páginas de Evelyn, con dibujos de Balbi.
N°131: 12 páginas de Extraño Acontecimiento en Colegio Inglés, con dibujos de García Seijas.
N°148: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°149: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°150: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°151: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°152: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°153: 8 páginas de Oro Blanco, con dibujos de E. Breccia.
N°169 (1990): 7 páginas de Diario de un Náufrago, con dibujos de Carlos Meglia.
Aclaraciones:
Trillo firmó el unitario Una Probabilidad en Mil con el pseudónimo de "Alzer".
El episodio de New York Blues es parte de una serie de cuatro. Dos se publicaron en la revista Skorpio Extra y el restante en Skorpio Plus.
viernes, 23 de noviembre de 2012
TRILLO EN SUPERHUM®, por Juan Carlos Massa
SuperHum®, de Ediciones de la Urraca, es una revista muy importante en la trayectoria de Trillo, porque tuvo a su cargo la dirección de la misma durante buena parte de los tres primeros años de la publicación.
Además de varios artículos, Trillo publicó una gran cantidad de historietas, que se detallan a continuación.
Nº 1 (Jul.Ago 1980): 6 páginas de Bosquivia, junto a Guillermo Saccomanno y dibujos de Tabaré.
14 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Horacio Altuna.
8 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de
Enrique Breccia.
6 páginas de Los Héroes Están Cansados, con dibujos de Cacho Mandrafina.
Nº 2: 3 páginas de Versus, con dibujos de Altuna.
3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
7 páginas de El Circo, con dibujos de Sanyú.
7 páginas de Un Tal Daneri, con dibujos de Alberto Breccia.
8 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Procesamiento, con dibujos de Mandrafina.
Nº 3: 4 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
8 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
8 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
Nº 4: 4 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
3 páginas de La Muralla, con dibujos de Mandrafina.
3 páginas de La Bella Durmiente, con dibujos de A. Breccia.
5 páginas de El Circo, con dibujos de Sanyú.
14 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
Nº5: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
8 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Los Viajes de Marco Mono, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de El Contorsionista, con dibujos de Mandrafina.
Nº6: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
5 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Fernández: Vida, pasión y Muerte, con dibujos de Mandrafina.
Nº7: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
10 páginas de Blas Milmuertes, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Patota, con dibujos de Mandrafina.
Nº8: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Alberto Dose.
Nº9: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Dose.
Nº10: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
5 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Dose.
6 tiras de El Corazón de Conchetta, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Gustavo Trigo.
Nº11: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré y Fortín.
20 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
5 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Dose.
5 tiras de Muestra Gratis, junto a Daniel Reynoso, con dibujos de Ceo.
6 páginas de Medias Tintas, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Berto.
Nº12: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
8 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Planeta del Exilio, con dibujos de Dose.
Nº13: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
5 páginas de Mimí Pinfloi, con dibujos de Sanyú.
3 tiras de Muestra Gratis, junto a D. Reynoso, con dibujos de Ceo.
Nº14: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
7 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
10 páginas de Toh-Or, con dibujos de Dose.
Nº15: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
4 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
10 páginas de Toh-Or, con dibujos de Dose.
Nº16: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
12 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
5 páginas de Mimí Pinfloi, con dibujos de Sanyú.
4 páginas de Crónicas Más o Menos Veraces, con dibujos de Gianni Dalfiume.
6 páginas de La Guerra de Arriba Abajo, con dibujos de Lito Fernández.
Nº17: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Toh-Or, con dibujos de Dose.
4 páginas de Crónicas Más o Menos Veraces, con dibujos de Dalfiume.
6 páginas de La Guerra de Arriba Abajo, con dibujos de Fernández.
Nº18: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
10 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
1 tira de El Descubrimiento de un Nuevo Mundo, con dibujos de Dose.
6 páginas de La Guerra de Arriba Abajo, con dibujos de Fernández.
Nº19: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
4 páginas de Crónicas Más o Menos Veraces, con dibujos de Dalfiume.
6 páginas de El Secuestro de la Srta. Margó, con dibujos de Fernández.
Nº20: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Punk Floyd, con dibujos de Fernández.
2 páginas de Verdulero: un Trabajo Insalubre, con dibujos de Pablo Colazo.
Nº21: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Loco Jones, Después, con dibujos de Fernández.
1 página de El Ultimo Payaso, con dibujos de Dose.
1 tira de Llamado de Amor Indio, con dibujos de Mandrafina.
1 tira de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
Nº22: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a Martín Mazzei, con dibujos de Félix Saborido.
1 página Sin Título, con dibujos de Dose.
1 página de El Payasito, con dibujos de Sanyú.
5 páginas de La Máquina Duplicadora del Tío Federico, con dibujos de Fernández.
1 tira de El Hombre del Impermeable, con dibujos de Mandrafina.
1 tira de Tirá la Tira, con dibujos de Fortín.
1 tira de Solamente A Veces, con dibujos de Dose.
Nº23: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a M. Mazzei, con dibujos de Saborido.
1 página de El Payasito, con dibujos de Sanyú.
2 páginas de Cosas del Tombo, con dibujos de Oscar Garibaldi.
1 tira de Una Sorpresa, con dibujos de Mandrafina.
Nº24: 6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a M. Mazzei, con dibujos de Saborido.
1 tira Sin Título, con dibujos de Mandrafina.
Nº25: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a M. Mazzei, con dibujos de Saborido.
Nº27 (Mayo 1983): 5 páginas de El Sigiloso Tony, con dibujos de Fernández.
Algunas aclaraciones:
- Hay un episodio más de Buscavidas (el 14) que se publico recién en 2006, en el libro Breccia Negro Versión 2.0.
- El Ultimo Recreo quedó trunca en SuperHum®, pero los episodios restantes se publicaron en Fierro.
- Hay un episodio más de Los Enigmas del PAMI, escrito por Enrique Breccia. Trillo dijo que no forma parte la serie, pero en SuperHum® se publicó como si fuera parte de la misma, en el Nº4.
- Merdichesky reapareció en un episodio unitario, publicado en Fierro Extra Nº 2.
- El episodio de Un tal Daneri no era inédito, sino una reedición.
- En SuperHum® apareció un sólo capítulo de Marco Mono, el undécimo y último. Los primeros cuatro aparecieron en El Péndulo y del quinto al décimo en Hurra.
Además de varios artículos, Trillo publicó una gran cantidad de historietas, que se detallan a continuación.
Nº 1 (Jul.Ago 1980): 6 páginas de Bosquivia, junto a Guillermo Saccomanno y dibujos de Tabaré.
14 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Horacio Altuna.
8 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de
Enrique Breccia.
6 páginas de Los Héroes Están Cansados, con dibujos de Cacho Mandrafina.
Nº 2: 3 páginas de Versus, con dibujos de Altuna.
3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
7 páginas de El Circo, con dibujos de Sanyú.
7 páginas de Un Tal Daneri, con dibujos de Alberto Breccia.
8 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Procesamiento, con dibujos de Mandrafina.
Nº 3: 4 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
8 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
8 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
Nº 4: 4 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
3 páginas de La Muralla, con dibujos de Mandrafina.
3 páginas de La Bella Durmiente, con dibujos de A. Breccia.
5 páginas de El Circo, con dibujos de Sanyú.
14 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
Nº5: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
8 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Los Viajes de Marco Mono, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de El Contorsionista, con dibujos de Mandrafina.
Nº6: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
5 páginas de Charlie Moon, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Fernández: Vida, pasión y Muerte, con dibujos de Mandrafina.
Nº7: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
10 páginas de Blas Milmuertes, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Patota, con dibujos de Mandrafina.
Nº8: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Los Enigmas del PAMI, con dibujos de E. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Alberto Dose.
Nº9: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Dose.
Nº10: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré.
5 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Dose.
6 tiras de El Corazón de Conchetta, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Gustavo Trigo.
Nº11: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Tabaré y Fortín.
20 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
5 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
8 páginas de Polución Nocturna, con dibujos de Dose.
5 tiras de Muestra Gratis, junto a Daniel Reynoso, con dibujos de Ceo.
6 páginas de Medias Tintas, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Berto.
Nº12: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
9 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
8 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Planeta del Exilio, con dibujos de Dose.
Nº13: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
5 páginas de Mimí Pinfloi, con dibujos de Sanyú.
3 tiras de Muestra Gratis, junto a D. Reynoso, con dibujos de Ceo.
Nº14: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
7 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
10 páginas de Toh-Or, con dibujos de Dose.
Nº15: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
4 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
10 páginas de Toh-Or, con dibujos de Dose.
Nº16: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
12 páginas de Los Misterios de Ulises Boedo, con dibujos de Mandrafina.
5 páginas de Mimí Pinfloi, con dibujos de Sanyú.
4 páginas de Crónicas Más o Menos Veraces, con dibujos de Gianni Dalfiume.
6 páginas de La Guerra de Arriba Abajo, con dibujos de Lito Fernández.
Nº17: 5 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Toh-Or, con dibujos de Dose.
4 páginas de Crónicas Más o Menos Veraces, con dibujos de Dalfiume.
6 páginas de La Guerra de Arriba Abajo, con dibujos de Fernández.
Nº18: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
10 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
1 tira de El Descubrimiento de un Nuevo Mundo, con dibujos de Dose.
6 páginas de La Guerra de Arriba Abajo, con dibujos de Fernández.
Nº19: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
4 páginas de Crónicas Más o Menos Veraces, con dibujos de Dalfiume.
6 páginas de El Secuestro de la Srta. Margó, con dibujos de Fernández.
Nº20: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
6 páginas de Punk Floyd, con dibujos de Fernández.
2 páginas de Verdulero: un Trabajo Insalubre, con dibujos de Pablo Colazo.
Nº21: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
7 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Loco Jones, Después, con dibujos de Fernández.
1 página de El Ultimo Payaso, con dibujos de Dose.
1 tira de Llamado de Amor Indio, con dibujos de Mandrafina.
1 tira de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
Nº22: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a Martín Mazzei, con dibujos de Félix Saborido.
1 página Sin Título, con dibujos de Dose.
1 página de El Payasito, con dibujos de Sanyú.
5 páginas de La Máquina Duplicadora del Tío Federico, con dibujos de Fernández.
1 tira de El Hombre del Impermeable, con dibujos de Mandrafina.
1 tira de Tirá la Tira, con dibujos de Fortín.
1 tira de Solamente A Veces, con dibujos de Dose.
Nº23: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
8 páginas de Buscavidas, con dibujos de A. Breccia.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a M. Mazzei, con dibujos de Saborido.
1 página de El Payasito, con dibujos de Sanyú.
2 páginas de Cosas del Tombo, con dibujos de Oscar Garibaldi.
1 tira de Una Sorpresa, con dibujos de Mandrafina.
Nº24: 6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a M. Mazzei, con dibujos de Saborido.
1 tira Sin Título, con dibujos de Mandrafina.
Nº25: 3 páginas de Bosquivia, junto a G. Saccomanno, con dibujos de Fortín.
6 páginas de Historias Mudas, con dibujos de Mandrafina.
4 páginas de Nuestro Hombre en Banana, junto a M. Mazzei, con dibujos de Saborido.
Nº27 (Mayo 1983): 5 páginas de El Sigiloso Tony, con dibujos de Fernández.
Algunas aclaraciones:
- Hay un episodio más de Buscavidas (el 14) que se publico recién en 2006, en el libro Breccia Negro Versión 2.0.
- El Ultimo Recreo quedó trunca en SuperHum®, pero los episodios restantes se publicaron en Fierro.
- Hay un episodio más de Los Enigmas del PAMI, escrito por Enrique Breccia. Trillo dijo que no forma parte la serie, pero en SuperHum® se publicó como si fuera parte de la misma, en el Nº4.
- Merdichesky reapareció en un episodio unitario, publicado en Fierro Extra Nº 2.
- El episodio de Un tal Daneri no era inédito, sino una reedición.
- En SuperHum® apareció un sólo capítulo de Marco Mono, el undécimo y último. Los primeros cuatro aparecieron en El Péndulo y del quinto al décimo en Hurra.
viernes, 16 de noviembre de 2012
BOLITA, por Laura Vazquez Hutnik
Casi un juego de palabras, «Trillo/Risso», «Risso/Trillo»: una dupla destinada a «llevarse bien» por prepotencia de sonoridad. Casi la misma cantidad de letras, idénticas proporción y simetría. Porque el nombre no es poco, ya se sabe, y ellos se plantaron así de entrada: como un sello o signatura. La firma quedaría bárbara en un estudio de abogados o en la marquesina de un teatro porteño. Y aún mejor en la portada de una serie de historietas. Claro que esto lo pensaron ellos antes que yo. Los evoco en un café imaginario a medio camino entre Olivos y Rosario, hacia finales de los ochenta, firmando un convenio societal: uno se compromete a dibujar como si estuviera escribiendo; el otro, a escribir con imágenes.
La situación es ficticia pero no imposible. Ahí están Fulú, Video Noir, Simón, Boy Vampiro, Borderline y, mi favorita, Chicanos. Y ahora la serie Bolita, desde las páginas de la Fierro. Trillo tiene eso también. Sabe elegir buenos nombres. No sé si sus guiones son los mejores, pero estoy casi segura de que son perfectos. Estoy pensando en el tipo de autor que tiene la capacidad de relatar su propia incomodidad. Ninguna idea cede lugar fácilmente. Y te tira así, directo y sin rodeos, la palabra a secas: Bolita. Es como si se arriesgara a coincidir con lo que aborrece. O, mejor aún, es como un lector que subraya el lenguaje.
El guionista se excede (y retrocede) y, aunque parezca lo contrario, nunca se le va la mano. Es así como puede componer, dentro de los límites de la venganza de clase (la chica por hora y la mujer de country), algo más que la historia de la bella pobre o de la mucamita que da el mal paso. Echando mano de arquetipos propios tanto de los culebrones sentimentales (del tipo Estrellita mía) como del cine «progre» y de denuncia (Cama adentro), observador sagaz de lo ordinario, vuelve a apostarle al cuento de la Cenicienta. Pero al revés. La «bolita» no viaja en carroza, sino en el 132. La piba del interior lee, coge, tiene causas, calle. Nada más lejano que la insípida blonda de cuento de hadas. Es una historia que maltrata el clisé pero que, sin él, no se sostiene. Los personajes de Trillo parecen decir que actúan de tal manera porque «todo el mundo actúa así», pero sus impulsos y acciones son aquello de lo que tienen que convencernos. Y casi siempre pueden.
Risso utiliza jerarquías de valores dentro de la superficie de cada cuadro. Representa el movimiento en el espacio con encuadres que nos permiten desarrollar distintas posibilidades narrativas. Nos invita a recorrer la página a nuestro antojo, aunque sabemos, al final, que es él quien ha decidido el ordenamiento. La libertad de ir y venir a gusto, de saltar de un cuadro a otro sin la culpa del lector aplicado, esa tentación de movernos con autonomía es pura figuración y simulacro. No se nos engaña, pero casi. Es como en esas series de finales ramificados, del tipo «Elige tu propia aventura», donde nuestras decisiones parecían relevantes y afectaban el desarrollo de la historia.
Esto es lo que pensábamos de pibes, y antes de saber algo sobre la ficción hipertextual. Las historietas de Trillo y Risso se parecen bastante en su dinámica a esas tramas multidireccionales y flexibles. Están hechas para lectores que evitan las verdades y certezas y prefieren quedarse ahí, entre el blanco y negro del dibujante, que nunca es uno sin el otro. Atrás quedan las historias con argumentos clásicos que ordenan la trama en conflicto, resolución y desenlace. Trillo sabe bien que a este lector le interesa más cómo se cuenta que lo que se cuenta. Y, así, despliega una suerte de (con)fusión entre estilo y contenido. Perfecto para Risso, anillo al dedo.
En las historietas de esta dupla no importa la parte ni el todo, porque el todo es distinto cada vez. «Vemos» movimiento donde no lo hay. Las escenas ociosas son inexistentes: allí donde el café humea y el tipo duerme en la litera transcurre el relato. Las gambas aristócratas y torneadas de la Señora y el culo redondo y fácil de Rosmery seducen desde las primeras páginas. La caca del perro, recogida con bolsita, todavía humeante: asquerosa. Un entorno que se advierte inmoral desde el comienzo.
Si hay algo inasible en este relato es la sospecha, y su tiempo es el de la conjetura. La condición opresiva de la atmósfera cede paso al movimiento neurótico de las imágenes, y al final sabemos que —todavía— no nos contaron nada. De antemano lo intuimos. Los personajes son reales y cualquier semejanza con personas imaginarias es pura casualidad. Los mellizos que duermen en la misma cama, Mengele, la mafia peruana, la «bolita» espía y culta. El trazo cinematográfico de Risso. Acomoden butacas. Estamos frente a la pantalla de la página.
Publicado originalmente en el libro Fuera de Cuadro (Agua Negra, 2012).
La situación es ficticia pero no imposible. Ahí están Fulú, Video Noir, Simón, Boy Vampiro, Borderline y, mi favorita, Chicanos. Y ahora la serie Bolita, desde las páginas de la Fierro. Trillo tiene eso también. Sabe elegir buenos nombres. No sé si sus guiones son los mejores, pero estoy casi segura de que son perfectos. Estoy pensando en el tipo de autor que tiene la capacidad de relatar su propia incomodidad. Ninguna idea cede lugar fácilmente. Y te tira así, directo y sin rodeos, la palabra a secas: Bolita. Es como si se arriesgara a coincidir con lo que aborrece. O, mejor aún, es como un lector que subraya el lenguaje.
El guionista se excede (y retrocede) y, aunque parezca lo contrario, nunca se le va la mano. Es así como puede componer, dentro de los límites de la venganza de clase (la chica por hora y la mujer de country), algo más que la historia de la bella pobre o de la mucamita que da el mal paso. Echando mano de arquetipos propios tanto de los culebrones sentimentales (del tipo Estrellita mía) como del cine «progre» y de denuncia (Cama adentro), observador sagaz de lo ordinario, vuelve a apostarle al cuento de la Cenicienta. Pero al revés. La «bolita» no viaja en carroza, sino en el 132. La piba del interior lee, coge, tiene causas, calle. Nada más lejano que la insípida blonda de cuento de hadas. Es una historia que maltrata el clisé pero que, sin él, no se sostiene. Los personajes de Trillo parecen decir que actúan de tal manera porque «todo el mundo actúa así», pero sus impulsos y acciones son aquello de lo que tienen que convencernos. Y casi siempre pueden.
Risso utiliza jerarquías de valores dentro de la superficie de cada cuadro. Representa el movimiento en el espacio con encuadres que nos permiten desarrollar distintas posibilidades narrativas. Nos invita a recorrer la página a nuestro antojo, aunque sabemos, al final, que es él quien ha decidido el ordenamiento. La libertad de ir y venir a gusto, de saltar de un cuadro a otro sin la culpa del lector aplicado, esa tentación de movernos con autonomía es pura figuración y simulacro. No se nos engaña, pero casi. Es como en esas series de finales ramificados, del tipo «Elige tu propia aventura», donde nuestras decisiones parecían relevantes y afectaban el desarrollo de la historia.
Esto es lo que pensábamos de pibes, y antes de saber algo sobre la ficción hipertextual. Las historietas de Trillo y Risso se parecen bastante en su dinámica a esas tramas multidireccionales y flexibles. Están hechas para lectores que evitan las verdades y certezas y prefieren quedarse ahí, entre el blanco y negro del dibujante, que nunca es uno sin el otro. Atrás quedan las historias con argumentos clásicos que ordenan la trama en conflicto, resolución y desenlace. Trillo sabe bien que a este lector le interesa más cómo se cuenta que lo que se cuenta. Y, así, despliega una suerte de (con)fusión entre estilo y contenido. Perfecto para Risso, anillo al dedo.
En las historietas de esta dupla no importa la parte ni el todo, porque el todo es distinto cada vez. «Vemos» movimiento donde no lo hay. Las escenas ociosas son inexistentes: allí donde el café humea y el tipo duerme en la litera transcurre el relato. Las gambas aristócratas y torneadas de la Señora y el culo redondo y fácil de Rosmery seducen desde las primeras páginas. La caca del perro, recogida con bolsita, todavía humeante: asquerosa. Un entorno que se advierte inmoral desde el comienzo.
Si hay algo inasible en este relato es la sospecha, y su tiempo es el de la conjetura. La condición opresiva de la atmósfera cede paso al movimiento neurótico de las imágenes, y al final sabemos que —todavía— no nos contaron nada. De antemano lo intuimos. Los personajes son reales y cualquier semejanza con personas imaginarias es pura casualidad. Los mellizos que duermen en la misma cama, Mengele, la mafia peruana, la «bolita» espía y culta. El trazo cinematográfico de Risso. Acomoden butacas. Estamos frente a la pantalla de la página.
Publicado originalmente en el libro Fuera de Cuadro (Agua Negra, 2012).
miércoles, 7 de noviembre de 2012
TRILLO EN NIPPUR MAGNUM por Juan Carlos Massa y Andrés Accorsi
En los años 1993 y 1994, las revistas de Columba cambian radicalmente su política y comienzan a incluir mucho material realizado para las antologías populares italianas por autores argentinos de los que habitualmente no trabajaban para la editorial de la palomita.
Así empiezan a aparecer varias series y unitarios de Carlos Trillo, en su mayoría junto a dibujantes de larga trayectoria en las revistas de Columba. Incluso llegan a publicar trabajos que ya habían aparecido pocos años antes en las páginas de Puertitas.
Este es un índice de la obra de Carlos Trillo publicada en la revista Nippur Magnum. La publicación era quincenal, pero con dos numeraciones paralelas: la “normal” y la “Todo Color”. Las series continuaban también en los Anuales (que en realidad eran semestrales), así que también están incluídos.
Nippur Magnum Todo Color N°78 (Sep.1993): 12 páginas de Tiempos Duros, con dibujos de Horacio Domíngues.
Nippur Magnum TC N°81: 12 páginas de N.N., con dibujos de Eduardo Risso.
Nippur Magnum N°112: 13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°82: 13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°113: 11 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°83: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio Leguizamón.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°114: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio.
11 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°84: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°115: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°85: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum Super Anual N°39: 16 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Roque Vitacca.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°86: 14 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
11 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°116: 12 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
9 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°87: 14 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°117: 16 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
12 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°88: 13 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
10 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum Super Anual N°40: 10 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°120 (Sep.1994): 14 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
N.N. es el título con el que Columba rebautizó a Yo, Vampiro. Publicaron sólo 17 episiodios, cuando en realidad la serie contó con 39. La publicación es pésima y llena de censuras. Como si esto fuera poco, el último episodio, el 17, tiene la primera mitad de las páginas del episodio 17 y en la segunda mitad están mechadas las últimas 6 páginas del capítulo 24, en un intento impresentable por darle una especie de final a la serie.
El unitario Tiempos Duros lo vimos en el blog el 26 de Agosto.
Así empiezan a aparecer varias series y unitarios de Carlos Trillo, en su mayoría junto a dibujantes de larga trayectoria en las revistas de Columba. Incluso llegan a publicar trabajos que ya habían aparecido pocos años antes en las páginas de Puertitas.
Este es un índice de la obra de Carlos Trillo publicada en la revista Nippur Magnum. La publicación era quincenal, pero con dos numeraciones paralelas: la “normal” y la “Todo Color”. Las series continuaban también en los Anuales (que en realidad eran semestrales), así que también están incluídos.
Nippur Magnum Todo Color N°78 (Sep.1993): 12 páginas de Tiempos Duros, con dibujos de Horacio Domíngues.
Nippur Magnum TC N°81: 12 páginas de N.N., con dibujos de Eduardo Risso.
Nippur Magnum N°112: 13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°82: 13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°113: 11 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°83: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio Leguizamón.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°114: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio.
11 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°84: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°115: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°85: 12 páginas de Doppelkiller, con dibujos de Enio
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum Super Anual N°39: 16 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Roque Vitacca.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°86: 14 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
11 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°116: 12 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
9 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°87: 14 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
13 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°117: 16 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
12 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum TC N°88: 13 páginas de Marvin de Chicago, con dibujos de Vitacca.
10 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum Super Anual N°40: 10 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
Nippur Magnum N°120 (Sep.1994): 14 páginas de N.N., con dibujos de Risso.
N.N. es el título con el que Columba rebautizó a Yo, Vampiro. Publicaron sólo 17 episiodios, cuando en realidad la serie contó con 39. La publicación es pésima y llena de censuras. Como si esto fuera poco, el último episodio, el 17, tiene la primera mitad de las páginas del episodio 17 y en la segunda mitad están mechadas las últimas 6 páginas del capítulo 24, en un intento impresentable por darle una especie de final a la serie.
El unitario Tiempos Duros lo vimos en el blog el 26 de Agosto.
martes, 30 de octubre de 2012
TRILLO EN TIRAS DE CUERO, por Juan Carlos Massa y Andrés Accorsi
Tiras de Cuero fue una revista muy efímera, de la cual solo salieron 3 números entre Noviembre y Diciembre de 1983. La revista era quincenal, combinaba material de autores argentinos con historietas europeas y además ofrecía varios artículos sobre historieta, cine y literatura, algunos de ellos escritos por el propio Carlos Trillo.
Entre las historietas propiamente dichas que llevan la firma del guionista, tenemos:
Los tres episodios de Memoria del Viejo Mundo, dibujados por Alberto Dose, que vimos en este blog durante el mes de Mayo.
El unitario Teoría: El Futuro no es la Materia de los Sueños, dibujado por Félix Saborido, que vimos en el blog el 28 de Septiembre.
Y las primeras páginas de Matando el Tiempo, una historieta también dibujada por Saborido, que quedaría trunca y se republicaría (incluyendo el final) en la Fierro clásica.
Entre las historietas propiamente dichas que llevan la firma del guionista, tenemos:
Los tres episodios de Memoria del Viejo Mundo, dibujados por Alberto Dose, que vimos en este blog durante el mes de Mayo.
El unitario Teoría: El Futuro no es la Materia de los Sueños, dibujado por Félix Saborido, que vimos en el blog el 28 de Septiembre.
Y las primeras páginas de Matando el Tiempo, una historieta también dibujada por Saborido, que quedaría trunca y se republicaría (incluyendo el final) en la Fierro clásica.
lunes, 29 de octubre de 2012
LO TOLERABLE. POLÍTICA, SEXO Y HUMOR EN EL SÍNDROME GUASTAVINO, por Lucas Martín
Segunda parte de este trabajo que forma parte de una Tesina de grado (en desarrollo) para la carrera de Comunicación Social de la UBA, dirigida por Laura Vazquez.
Sexo
Tengo presentes tres antecedentes de la dupla Trillo/Varela. El Cuerno Escarlata, realizado en 2002, editado en Argentina en 2008. “El Inspector Potham” historia corta que no tuvo continuación en la revista Genios, publicada luego en Estupefacto. Ambas obras, dirigidas a priori hacía un público infantil. Y la tercera es “Sasha despierta”, publicada en FIERRO, durante el año comprendido entre abril de 2010 y abril de 2011. En El Cuerno Escarlata, detectamos guiños al público juvenil y adulto vinculados a relaciones sexuales y/o amorosas. Y estas referencias son, por lo menos, curiosas. La relación de Lamort (el villano de la historia) con una piedra mágica, a la que llama “mi cascotita”, “mi negrurita”. La piedra, para cumplir los deseos de su nuevo amo le pide “un besito”, a lo que Lamort responde: “vení acá, ladrillito mimosón”, mientras lo besa. La piedra piensa: “puaj, los besos del Gran Magón –su anterior dueño- eran más pasionales”. Hay un pantano que rodea el castillo de Lamort, que al ver a una princesa enjaulada piensa: “que fuerte está esa minita”. Las relaciones sentimentales entre los personajes, inclusive la procreación, abundan en la historieta. La gallina/corcel del escudero del héroe carga con su hijito huevo; el pantano tiene novia pantana y conciben un hijo pantanito; el ratón escudero enamorado de la princesa, la piedra mágica soñando con el Gran Magón como un apuesto príncipe; Lamort soñando que no depende de la piedra y por lo tanto nunca más deberá “hacerle arrumacos como si la quisiera con devoción. ¡No volveré a besarla!”; la relación entre los dos corceles que, luego de “una noche estrellada”, termina con el embarazo de la yegua. Desde la época de Mickey y el Pato Donald en la década del ´50 y del ´60, donde el sexo y las relaciones amorosas estaban ocultas, a El Cuerno Escarlata mucho ha cambiado en la historieta infantil.
“El Inspector Potham” es un policial futurista. La historia tiene guiños al género negro (vestido con un sobretodo Potham es un detective recio que maltrata a su subordinado) y a la ciencia ficción (la policía posee unas varas que lanzan rayos endurecedores). Potham tiene una novia pata, pero el dice mantener esa relación por fines instrumentales, así puede aprovechar la piscina y las comodidades de la mansión de su novia.
“Sasha despierta” cuenta la historia de Miranda, una chica “normal y corriente”, pero con un desorden de personalidad que la transforma en Sasha, una chica con actitud trash, actriz porno, promiscua y pendenciera. El villano de la historia es Marcelo, el hermano de Miranda, estrella de televisión, productor de películas snuff y asesino. Luego de vengarse de su hermano y exponerlo al mundo, Miranda retoma su vida y comienza un feliz noviazgo homosexual.
Estas historias hablan de límites flexibles y tolerancia a la hora de contar una historia que involucre –y todas lo hacen- las relaciones de pareja (o la posibilidad de). En el caso de Sasha, publicada en pleno debate y sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618/10) promovida en el Congreso Nacional por legisladores oficialistas y el Poder Ejecutivo, encontramos relaciones entre la ficción presentada y el contexto social que la incuba. Estas historias dan cuenta de las condiciones de producción complejas que generan una idea como la de Elvio Guastavino enamorado de una muñeca. La piedra y la muñeca, dos objetos inanimados plausibles de ser amados y deseados, especialmente en los mundos creados por Trillo y Varela.
Vinculado al sexo hay algo más en Guastavino que no es precisamente una idea de tolerancia por el otro, sino de todo lo contrario. Donde lo sexual se vincula con una intención obscena de degradación total del otro. Hay un momento clave: la “señora esposa del capitán Aarón Guastavino” llega junto a Elvio a su casa y encuentra a su marido a punto de violar a una mujer que mantiene atada a la cama matrimonial. Esta escena, contada en un rojo furioso -que se diferencia con el tono grisáceo del recuerdo de Elvio-, es el momento de la ruptura y la represión (Trillo C.; Varela L., 2009: 33). Años después, Elvio ve contrastados estos recuerdos por la aparición de la misma mujer y su relato (Trillo y Varela, 2009: 51). En esa recreación de la escena vemos a su madre decirle: “tu padre es una bestia, ¡no lo puedo creer! ¿Te das cuenta? Trajo a esa presa con el pretexto de obligarla a confesar vaya una a saber qué en este ámbito hogareño… cuando en realidad lo que quería era cogérsela”, y continúa: “¡La verdad! ¡Estoy diciendo la verdad! ¡El capitán Aarón Guastavino es un degenerado!”. Vuelta al presente. La mujer lo acusa también a Elvio de haberla violado, a lo que Guastavino responde: “¿Qué dice, loca de mierda? Cuando mi papi la trajo a este hogar cristiano para arrebatarle por la fuerza esos secretos que podían poner en peligro a la Patria, yo tenía ocho años”. La mujer sonríe y retruca: “Armaste tus recuerdos para que no te jodan ¿no?... ¡Tenés dos años más que yo, Elvio Guastavino!”, provocando el desgarramiento del rostro y del recuerdo encubridor que ocultaba los hechos en la cabeza de Guastavino. Dice un informe del COMFER sobre la obscenidad: “todo lo que, sin máscara, sin maquillaje y sin rostro, está entregado a la operación pura del sexo”. Tras la careta católica y patriota de los militares, se escondía la obscenidad y la impunidad del poder destructivo, de poder someter a su voluntad –al fin- a mujeres que nunca se hubieran podido coger.
Estas escenas, donde cruzamos lo político y lo sexual, las leo como un comentario crítico de los autores hacia la actitud de la sociedad argentina frente a los crímenes de la dictadura. Una respuesta al “no sabíamos nada” y “algo habrán hecho”. Esa actitud es la que asume Elvio en este caso, se recuerda a sí mismo como un niño inocente que nada sabía y nada podía frente a su padre, pero en realidad era un adulto consciente, culpable y cómplice de los crímenes que se llevaron a cabo. Y cuando ese pasado vuelve a ser puesto en el tapete para ser juzgado por la víctima (recordemos la nulidad de las “leyes de impunidad” y la reapertura de los juicios), Elvio se alza en una voz –que nos suena familiar- que denuncia: “¡Usted no puede venir a remover mierda a un hogar cristiano, comunista!” (Trillo y Varela, 2009: 57).
Humor
El libro hace gala del talento de los autores para el humor negro y la parodia. En la continuación de la escena de la violación, Aarón le explica a su hijo que va a salir a cenar afuera con la esposa para “explicarle que lo que creyó ver no fue como ella piensa”. “–¿Y yo?, responde Elvio. –¿Vos qué, Elvio? Hacéte un sánguche, hay fiambre en la heladera”. Los autores nos llevan de la representación carnal de la violencia estatal a un comentario costumbrista y cotidiano, ajeno a esos hechos. Dice Henri Bergson en su ensayo sobre la risa (1939: 14): “lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”. Siguiendo esa idea hay otra viñeta interesante. En el número 36 de FIERRO, se publica un especial de historias cortas de una página. En esa plancha, Trillo y Varela narran una secuencia donde Elvio, despechado porque su madre imposibilita la “culminación” de su amor por Luisita, le prepara –literalmente- un licuado de mierda fresca que la famélica mujer bebe encantada. Guastavino mira por la ventana y piensa: “¿Será posible, Luisita, que hasta mi santa madre esté impidiendo que consumemos nuestro amor?”. En estos momentos de la historieta se hace más presente el efecto que provoca el dibujo de Varela. En sus propias palabras: “creo que el choque de la historia medio oscura y patética con el dibujo cartoon crea una leve perturbación en el lector” (Berone, 2009). Escribe Bergson (1939: 15):
[…] para comprender la risa hay que reintegrarla a su medio natural, que es la sociedad hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social […] La risa debe responder a ciertas exigencias de la vida en común. La risa debe tener una significación social.
No podría decir con certeza por qué nos reímos de Guastavino y sus peripecias, tal vez tampoco reímos, a lo sumo formamos una mueca ácida, quizás así también nosotros –junto con los autores y la sociedad- exorcizamos nuestros propios demonios, al tan mentado “enano fascista”.
Conclusiones preliminares
La obra analizada surgió en un determinado escenario: FIERRO reaparece después de 14 años y abre un espacio para viejos y nuevos artistas del medio; Carlos Trillo transitando una larga y prolífica madurez creativa; Lucas Varela despuntando como uno de los renovadores de las historietas producidas en nuestro país, con un estilo personal identificable y arriesgado; un contexto cultural/político tolerante ante temáticas antes problemáticas. En esta red de significaciones, El síndrome Guastavino opera como obra constituida y a su vez constituyente del campo político, cultural e historietístico.
En la obra se hace una referencia no explícita a la última dictadura militar, sus crímenes y sus consecuencias. Pensamos que propone un acercamiento particular al tema: toma distancia y utiliza el humor negro. El humor es el cristal por donde se filtran los hechos narrados. Tengo la impresión que ante un panorama social donde algunos de los crímenes cometidos están siendo juzgados (con amplio consenso social), es posible volver al tema y tratarlo de forma diferente. Ahora que se hace Justicia, podemos hablar con mayor libertad y reírnos de ello.
Tanto FIERRO como El Síndrome Guastavino se insertan dentro de un mercado editorial diferente al de los ´80 y ´90. Ya la revista Barcelona (surgida en el año 2003) había instalado la propuesta de “joder con todo y todos”. Barcelona corrió el límite de lo decible en el humor gráfico masivo y se rió de lo intocable: desaparecidos, aborto, consumo de drogas, judaismo y nazismo. Podríamos decir que el humor negro se va convirtiendo cada vez menos en la excepción.
Una idea que atraviesa a los autores, en sus trabajos por separado y en los conjuntos, es que los personajes tienen el derecho de vincularse sentimentalmente con quien quieran. Asistimos a una propuesta democratizadora (en el sentido que presenta un pluralidad de opciones) del erotismo, con menos prejuicios y criticando los comportamientos discriminadores. Aún tipos desequilibrados como Elvio Guastavino (diagnosticado como enfermo, portador del síndrome de su padre), tiene la posibilidad de consumar su amor. Se ha corrido el límite de lo tolerable también en este tema. Los autores aportan carnadura al personaje de Luisita que, aún siendo un juguete, es la mujer que moviliza las acciones del protagonista. Su existencia se vuelve real en las consecuencias de las acciones de Elvio.
Por último, creo que la aparición e intervención de esta obra permite afirmar todo lo que potencialmente las historietas puede ofrecernos: relatos –dibujo y texto- imaginativos y audaces, lecturas inteligentes de hechos actuales y pasados, nuevas formas de recuperar sucesos históricos que queman en la memoria de una sociedad, un cruce de géneros y sensibilidades, la inclusión de tensiones sociales y una posibilidad de lidiar con ellas.
Sexo
Tengo presentes tres antecedentes de la dupla Trillo/Varela. El Cuerno Escarlata, realizado en 2002, editado en Argentina en 2008. “El Inspector Potham” historia corta que no tuvo continuación en la revista Genios, publicada luego en Estupefacto. Ambas obras, dirigidas a priori hacía un público infantil. Y la tercera es “Sasha despierta”, publicada en FIERRO, durante el año comprendido entre abril de 2010 y abril de 2011. En El Cuerno Escarlata, detectamos guiños al público juvenil y adulto vinculados a relaciones sexuales y/o amorosas. Y estas referencias son, por lo menos, curiosas. La relación de Lamort (el villano de la historia) con una piedra mágica, a la que llama “mi cascotita”, “mi negrurita”. La piedra, para cumplir los deseos de su nuevo amo le pide “un besito”, a lo que Lamort responde: “vení acá, ladrillito mimosón”, mientras lo besa. La piedra piensa: “puaj, los besos del Gran Magón –su anterior dueño- eran más pasionales”. Hay un pantano que rodea el castillo de Lamort, que al ver a una princesa enjaulada piensa: “que fuerte está esa minita”. Las relaciones sentimentales entre los personajes, inclusive la procreación, abundan en la historieta. La gallina/corcel del escudero del héroe carga con su hijito huevo; el pantano tiene novia pantana y conciben un hijo pantanito; el ratón escudero enamorado de la princesa, la piedra mágica soñando con el Gran Magón como un apuesto príncipe; Lamort soñando que no depende de la piedra y por lo tanto nunca más deberá “hacerle arrumacos como si la quisiera con devoción. ¡No volveré a besarla!”; la relación entre los dos corceles que, luego de “una noche estrellada”, termina con el embarazo de la yegua. Desde la época de Mickey y el Pato Donald en la década del ´50 y del ´60, donde el sexo y las relaciones amorosas estaban ocultas, a El Cuerno Escarlata mucho ha cambiado en la historieta infantil.
“El Inspector Potham” es un policial futurista. La historia tiene guiños al género negro (vestido con un sobretodo Potham es un detective recio que maltrata a su subordinado) y a la ciencia ficción (la policía posee unas varas que lanzan rayos endurecedores). Potham tiene una novia pata, pero el dice mantener esa relación por fines instrumentales, así puede aprovechar la piscina y las comodidades de la mansión de su novia.
“Sasha despierta” cuenta la historia de Miranda, una chica “normal y corriente”, pero con un desorden de personalidad que la transforma en Sasha, una chica con actitud trash, actriz porno, promiscua y pendenciera. El villano de la historia es Marcelo, el hermano de Miranda, estrella de televisión, productor de películas snuff y asesino. Luego de vengarse de su hermano y exponerlo al mundo, Miranda retoma su vida y comienza un feliz noviazgo homosexual.
Estas historias hablan de límites flexibles y tolerancia a la hora de contar una historia que involucre –y todas lo hacen- las relaciones de pareja (o la posibilidad de). En el caso de Sasha, publicada en pleno debate y sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618/10) promovida en el Congreso Nacional por legisladores oficialistas y el Poder Ejecutivo, encontramos relaciones entre la ficción presentada y el contexto social que la incuba. Estas historias dan cuenta de las condiciones de producción complejas que generan una idea como la de Elvio Guastavino enamorado de una muñeca. La piedra y la muñeca, dos objetos inanimados plausibles de ser amados y deseados, especialmente en los mundos creados por Trillo y Varela.
Vinculado al sexo hay algo más en Guastavino que no es precisamente una idea de tolerancia por el otro, sino de todo lo contrario. Donde lo sexual se vincula con una intención obscena de degradación total del otro. Hay un momento clave: la “señora esposa del capitán Aarón Guastavino” llega junto a Elvio a su casa y encuentra a su marido a punto de violar a una mujer que mantiene atada a la cama matrimonial. Esta escena, contada en un rojo furioso -que se diferencia con el tono grisáceo del recuerdo de Elvio-, es el momento de la ruptura y la represión (Trillo C.; Varela L., 2009: 33). Años después, Elvio ve contrastados estos recuerdos por la aparición de la misma mujer y su relato (Trillo y Varela, 2009: 51). En esa recreación de la escena vemos a su madre decirle: “tu padre es una bestia, ¡no lo puedo creer! ¿Te das cuenta? Trajo a esa presa con el pretexto de obligarla a confesar vaya una a saber qué en este ámbito hogareño… cuando en realidad lo que quería era cogérsela”, y continúa: “¡La verdad! ¡Estoy diciendo la verdad! ¡El capitán Aarón Guastavino es un degenerado!”. Vuelta al presente. La mujer lo acusa también a Elvio de haberla violado, a lo que Guastavino responde: “¿Qué dice, loca de mierda? Cuando mi papi la trajo a este hogar cristiano para arrebatarle por la fuerza esos secretos que podían poner en peligro a la Patria, yo tenía ocho años”. La mujer sonríe y retruca: “Armaste tus recuerdos para que no te jodan ¿no?... ¡Tenés dos años más que yo, Elvio Guastavino!”, provocando el desgarramiento del rostro y del recuerdo encubridor que ocultaba los hechos en la cabeza de Guastavino. Dice un informe del COMFER sobre la obscenidad: “todo lo que, sin máscara, sin maquillaje y sin rostro, está entregado a la operación pura del sexo”. Tras la careta católica y patriota de los militares, se escondía la obscenidad y la impunidad del poder destructivo, de poder someter a su voluntad –al fin- a mujeres que nunca se hubieran podido coger.
Estas escenas, donde cruzamos lo político y lo sexual, las leo como un comentario crítico de los autores hacia la actitud de la sociedad argentina frente a los crímenes de la dictadura. Una respuesta al “no sabíamos nada” y “algo habrán hecho”. Esa actitud es la que asume Elvio en este caso, se recuerda a sí mismo como un niño inocente que nada sabía y nada podía frente a su padre, pero en realidad era un adulto consciente, culpable y cómplice de los crímenes que se llevaron a cabo. Y cuando ese pasado vuelve a ser puesto en el tapete para ser juzgado por la víctima (recordemos la nulidad de las “leyes de impunidad” y la reapertura de los juicios), Elvio se alza en una voz –que nos suena familiar- que denuncia: “¡Usted no puede venir a remover mierda a un hogar cristiano, comunista!” (Trillo y Varela, 2009: 57).
Humor
El libro hace gala del talento de los autores para el humor negro y la parodia. En la continuación de la escena de la violación, Aarón le explica a su hijo que va a salir a cenar afuera con la esposa para “explicarle que lo que creyó ver no fue como ella piensa”. “–¿Y yo?, responde Elvio. –¿Vos qué, Elvio? Hacéte un sánguche, hay fiambre en la heladera”. Los autores nos llevan de la representación carnal de la violencia estatal a un comentario costumbrista y cotidiano, ajeno a esos hechos. Dice Henri Bergson en su ensayo sobre la risa (1939: 14): “lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”. Siguiendo esa idea hay otra viñeta interesante. En el número 36 de FIERRO, se publica un especial de historias cortas de una página. En esa plancha, Trillo y Varela narran una secuencia donde Elvio, despechado porque su madre imposibilita la “culminación” de su amor por Luisita, le prepara –literalmente- un licuado de mierda fresca que la famélica mujer bebe encantada. Guastavino mira por la ventana y piensa: “¿Será posible, Luisita, que hasta mi santa madre esté impidiendo que consumemos nuestro amor?”. En estos momentos de la historieta se hace más presente el efecto que provoca el dibujo de Varela. En sus propias palabras: “creo que el choque de la historia medio oscura y patética con el dibujo cartoon crea una leve perturbación en el lector” (Berone, 2009). Escribe Bergson (1939: 15):
[…] para comprender la risa hay que reintegrarla a su medio natural, que es la sociedad hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social […] La risa debe responder a ciertas exigencias de la vida en común. La risa debe tener una significación social.
No podría decir con certeza por qué nos reímos de Guastavino y sus peripecias, tal vez tampoco reímos, a lo sumo formamos una mueca ácida, quizás así también nosotros –junto con los autores y la sociedad- exorcizamos nuestros propios demonios, al tan mentado “enano fascista”.
Conclusiones preliminares
La obra analizada surgió en un determinado escenario: FIERRO reaparece después de 14 años y abre un espacio para viejos y nuevos artistas del medio; Carlos Trillo transitando una larga y prolífica madurez creativa; Lucas Varela despuntando como uno de los renovadores de las historietas producidas en nuestro país, con un estilo personal identificable y arriesgado; un contexto cultural/político tolerante ante temáticas antes problemáticas. En esta red de significaciones, El síndrome Guastavino opera como obra constituida y a su vez constituyente del campo político, cultural e historietístico.
En la obra se hace una referencia no explícita a la última dictadura militar, sus crímenes y sus consecuencias. Pensamos que propone un acercamiento particular al tema: toma distancia y utiliza el humor negro. El humor es el cristal por donde se filtran los hechos narrados. Tengo la impresión que ante un panorama social donde algunos de los crímenes cometidos están siendo juzgados (con amplio consenso social), es posible volver al tema y tratarlo de forma diferente. Ahora que se hace Justicia, podemos hablar con mayor libertad y reírnos de ello.
Tanto FIERRO como El Síndrome Guastavino se insertan dentro de un mercado editorial diferente al de los ´80 y ´90. Ya la revista Barcelona (surgida en el año 2003) había instalado la propuesta de “joder con todo y todos”. Barcelona corrió el límite de lo decible en el humor gráfico masivo y se rió de lo intocable: desaparecidos, aborto, consumo de drogas, judaismo y nazismo. Podríamos decir que el humor negro se va convirtiendo cada vez menos en la excepción.
Una idea que atraviesa a los autores, en sus trabajos por separado y en los conjuntos, es que los personajes tienen el derecho de vincularse sentimentalmente con quien quieran. Asistimos a una propuesta democratizadora (en el sentido que presenta un pluralidad de opciones) del erotismo, con menos prejuicios y criticando los comportamientos discriminadores. Aún tipos desequilibrados como Elvio Guastavino (diagnosticado como enfermo, portador del síndrome de su padre), tiene la posibilidad de consumar su amor. Se ha corrido el límite de lo tolerable también en este tema. Los autores aportan carnadura al personaje de Luisita que, aún siendo un juguete, es la mujer que moviliza las acciones del protagonista. Su existencia se vuelve real en las consecuencias de las acciones de Elvio.
Por último, creo que la aparición e intervención de esta obra permite afirmar todo lo que potencialmente las historietas puede ofrecernos: relatos –dibujo y texto- imaginativos y audaces, lecturas inteligentes de hechos actuales y pasados, nuevas formas de recuperar sucesos históricos que queman en la memoria de una sociedad, un cruce de géneros y sensibilidades, la inclusión de tensiones sociales y una posibilidad de lidiar con ellas.
sábado, 27 de octubre de 2012
LO TOLERABLE. POLÍTICA, SEXO Y HUMOR EN EL SÍNDROME GUASTAVINO, por Lucas Martín
Este trabajo forma parte de una Tesina de grado (en desarrollo) para la carrera de Comunicación Social de la UBA, dirigida por Laura Vazquez. Fue presentado en el II Congreso Internacional de Historietas Viñetas Serias.
Introducción
En noviembre de 2006 salió el número 1 de FIERRO. La historieta argentina. Publicada por Ed. La Página S.A., propietario del matutino Página/12, la revista la dirigía Juan Sasturain, quien había sido el primer jefe de redacción de FIERRO. Historietas para sobrevivientes. En agosto de 2007, en el número 10 de la revista, se editaba el primer capítulo de El Síndrome Guastavino, escrita por Carlos Trillo y dibujada por Lucas Varela. El último capítulo se imprimió en abril de 2008. En agosto de 2009, se editó como comic-book por Ed. Sudamericana/Random House- Mondadori. En octubre de ese año, con motivo del especial por los 3 años de FIERRO, se publicó una plancha con una mini historia inédita de los personajes. Este trabajo se detendrá en esa historieta, una obra destacada dentro de lo publicado en la revista FIERRO.
El Síndrome Guastavino impactaba ya en su comienzo al presentarnos este personaje de apariencia gris, miserable y cruel, que mataba de hambre a su mamá para poder comprar una muñeca de la que estaba locamente enamorado. Esto escribe Juan Sasturain en el prólogo a la edición de 2009, titulado “Guastavino o lo intolerable”:
[…] la terrible historia de Carlos Trillo y el dibujo incisivo de Lucas Varela constituían una combinación demasiado fuerte para mí, un confeso conservador ablandado, con el umbral cada vez más bajo para cierto tipo de violencias, ciertas explicitudes. Simplemente, no la pude (no la quise) soportar.
Al principio, esta idea de “lo intolerable” me convenció, pero luego comencé a pensar que no era tan así. Personalmente no me considero un “conservador ablandado” y la historieta no me impactaba por su crudeza o violencia, sino por el talento desplegado en ella para hablar de un ambiente cultural, político y social particular. Por la presentación de personajes y tramas dramáticas originales y atractivas, por el uso del humor negro y la parodia para contar una historia con inteligencia y sensibilidad. En este sentido, la idea que guía la ponencia es que El Síndrome Guastavino presenta el mundo de lo -cada vez más- tolerable.
Los Autores
Luego de la lectura intensiva y extensa, habiendo detectado las alusiones políticas, el juego humorístico, las influencias detectables y los puntos de contactos con obras conocidas, le siguió (y acompañó) la certeza de que en los autores está el secreto del misterio.
Carlos Trillo, guionista de historietas con casi cuarenta años en el campo. Prolífico, autor de muchas obras que lograron reconocimiento, uno de los pocos que logró instalar personajes por fuera del público especializado: “El loco Chávez” (desde la contrapa de Clarín) y López de “Las puertitas del Sr. López”; “Cybersix” y “Alvar Mayor” entre los lectores habituales de historietas, por nombrar solo algunos. Al entrar en la trayectoria de Trillo, los títulos se nos hacen inabarcables. Escribió dentro de muchos géneros: erotismo (“Cicca”, junto a Jordi Bernet), ciencia ficción (“Custer”, con el mismo Bernet), policial (“Spaghetti Bross” con Mandrafina), costumbrismo de aventuras (“El Negro Blanco”, con García Seijas), historieta infantil (para García Ferré como “Antifaz” y “SuperHijitus”; o “Ele, el elefante”, con Lucas Varela y Eduardo Maicas). Esta diversidad se corresponde con la amplitud de sus lecturas y consumos: cine, literatura, historietas. Así lo expresa en sus entrevistas, las referencias son miles, y cada una de acuerdo a la época. De Trillo se puede esperar cualquier cosa, y a la vez podríamos presentir de qué se tratará lo que se viene. Así, en 2007, Trillo preanunciaba lo siguiente: “Creo que ha llegado el momento de mostrar a esos personajes siniestros que nunca pudimos poner en las tiras de los diarios, esos seres egoístas, rastreros, capaces de bajezas sin límites para beneficiarse”. (Barrero; Mora Bordel: 2007).
Lucas Varela, dibujante. Con un recorrido generacional diferente y una producción lógicamente menos prolífica que la de Trillo, su obra también es variada: desde ilustraciones para revistas y tapas de discos, a historietas de propia autoría, revistas inconseguibles (Kapop) o trabajo con otros guionistas. Varela se formó como dibujante en la carrera de Diseño Gráfico y a partir de múltiples influencias culturales, con predominancia de la historieta (en sus entrevistas enumera autores y dibujantes de todo el mundo). Su trazo es reconocible por un estilo y uso del color cercano al dibujo animado. En las obras de su autoría hace gala de un negro sentido del humor (su historia de “Donald King” en Estupefacto -una colección de historietas de su autoría- como un ejemplo perfecto) y del cinismo (su personaje Paolo Pinoccio). Al respecto, dice Varela: “creo que el humor es una herramienta muy útil para reflexionar sobre el absurdo de la existencia” (Berone, 2009). Y dice Trillo de Varela: “de estilo detallista y cerrado, pero de ideas abiertas como pocas veces había visto”.
Política, sexo y humor
Sobre su obra como dupla, El Síndrome Guastavino, haré un análisis cruzado por tres tópicos que me parecen interesantes para pensar un determinado estado de situación: política, sexo y humor. Creo que en las formas y los contenidos que les demos, se juega buena parte del carácter de una época, una sociedad y –en este caso- una obra. Esta ponencia carga la intención de extender esta matriz de análisis a un corpus mayor de historietas (como parte de la Tesina de Grado de la carrera Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires), y a una exploración de época (los años 2000 en Argentina -y el mundo-) inevitablemente compleja. Es por eso que el desafío impuesto es el de lograr verosimilitud y creatividad en el desarrollo de las ideas, por un lado, y atisbo de líneas de investigación por otro. Advierto, estas categorías no son estancas, se cruzan y articulan entre sí, pero sostenerlas me permite ordenar la exposición de las ideas.
Política
A finales de 2001 estalla en el país la mayor crisis política y social desde la vuelta de la democracia, con su consecuente inestabilidad en los órdenes de lo público y lo privado y con un efecto devastador entre los sectores de la población más vulnerables. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde se rompe la paridad cambiaria con el dólar, el peso se devalúa y se atisba la recuperación económica. En 2003 es electo presidente Néstor Kirchner, y bajo su mandato ejecutivo se llevan a adelante medidas que se vinculan a la obra analizada.
Ese mismo año, el Congreso Nacional declara la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y en junio de 2005 la Corte Suprema de Justicia declara la inconstitucionalidad, sentando la jurisprudencia necesaria para iniciar juicios contra represores. Ambas medidas fueron consideradas como logros del gobierno de Néstor Kirchner. Quién también generó un fuerte impacto simbólico al ordenar el retiro de los cuadros de los generales Videla y Bignone de la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESMA), la cual luego se reconvirtió en Espacio para la Memoria. Medidas como estas lograron que el nuevo presidente obtuviera una base de adhesión importante dentro de sectores de “centro y centro-izquierda” que veían reivindicadas demandas históricas. Podríamos identificar a algunos de esos actores: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, personajes de la cultura y parte del periodismo que representa el diario Pagina/12. El matutino se convirtió en un defensor de las políticas del nuevo gobierno, que levantaba banderas comunes como el anti menemismo, la defensa de los DD.HH, una identidad “nacional & popular” y la idea de una “Patria Grande”. En este caldo de cultivo, surge el proyecto de relanzar la FIERRO. Con el diario como respaldo (en la publicación, distribución y exhibición) y con el Gobierno Nacional como sponsor, la revista vuelve a ver la luz.
Estas condiciones nos permiten suponer que, incluso dentro de un ambiente de libertad artística y creativa –propio de la FIERRO como concepto, y de un director como Juan Sasturain-, las historias a publicar probablemente serán afines en espíritu a las ideas progresistas que defienden desde el periódico que da cabida y el Gobierno que sustenta. No es rara entonces la aparición de El Síndrome Guastavino, una historieta que habla de la violencia de la Dictadura, que pone en el tapete la brutalidad de sus acciones y sus profundas secuelas: “esquirlas de la peor locura han ido quedando en demasiadas cabezas compatriotas”, como escribió Trillo en el texto que acompañó el último capítulo. Y la historia carga sus tintas de colores sobre esos conciudadanos, los hombres “de pro”, como dice la anciana pituca que corteja Elvio, que aún hoy defienden a capa y espada la tarea de los “héroes” que nos salvaron del atentado a los cimientos católicos, apostólicos y romanos de la Argentina. (el lunes, la segunda parte)
Introducción
En noviembre de 2006 salió el número 1 de FIERRO. La historieta argentina. Publicada por Ed. La Página S.A., propietario del matutino Página/12, la revista la dirigía Juan Sasturain, quien había sido el primer jefe de redacción de FIERRO. Historietas para sobrevivientes. En agosto de 2007, en el número 10 de la revista, se editaba el primer capítulo de El Síndrome Guastavino, escrita por Carlos Trillo y dibujada por Lucas Varela. El último capítulo se imprimió en abril de 2008. En agosto de 2009, se editó como comic-book por Ed. Sudamericana/Random House- Mondadori. En octubre de ese año, con motivo del especial por los 3 años de FIERRO, se publicó una plancha con una mini historia inédita de los personajes. Este trabajo se detendrá en esa historieta, una obra destacada dentro de lo publicado en la revista FIERRO.
El Síndrome Guastavino impactaba ya en su comienzo al presentarnos este personaje de apariencia gris, miserable y cruel, que mataba de hambre a su mamá para poder comprar una muñeca de la que estaba locamente enamorado. Esto escribe Juan Sasturain en el prólogo a la edición de 2009, titulado “Guastavino o lo intolerable”:
[…] la terrible historia de Carlos Trillo y el dibujo incisivo de Lucas Varela constituían una combinación demasiado fuerte para mí, un confeso conservador ablandado, con el umbral cada vez más bajo para cierto tipo de violencias, ciertas explicitudes. Simplemente, no la pude (no la quise) soportar.
Al principio, esta idea de “lo intolerable” me convenció, pero luego comencé a pensar que no era tan así. Personalmente no me considero un “conservador ablandado” y la historieta no me impactaba por su crudeza o violencia, sino por el talento desplegado en ella para hablar de un ambiente cultural, político y social particular. Por la presentación de personajes y tramas dramáticas originales y atractivas, por el uso del humor negro y la parodia para contar una historia con inteligencia y sensibilidad. En este sentido, la idea que guía la ponencia es que El Síndrome Guastavino presenta el mundo de lo -cada vez más- tolerable.
Los Autores
Luego de la lectura intensiva y extensa, habiendo detectado las alusiones políticas, el juego humorístico, las influencias detectables y los puntos de contactos con obras conocidas, le siguió (y acompañó) la certeza de que en los autores está el secreto del misterio.
Carlos Trillo, guionista de historietas con casi cuarenta años en el campo. Prolífico, autor de muchas obras que lograron reconocimiento, uno de los pocos que logró instalar personajes por fuera del público especializado: “El loco Chávez” (desde la contrapa de Clarín) y López de “Las puertitas del Sr. López”; “Cybersix” y “Alvar Mayor” entre los lectores habituales de historietas, por nombrar solo algunos. Al entrar en la trayectoria de Trillo, los títulos se nos hacen inabarcables. Escribió dentro de muchos géneros: erotismo (“Cicca”, junto a Jordi Bernet), ciencia ficción (“Custer”, con el mismo Bernet), policial (“Spaghetti Bross” con Mandrafina), costumbrismo de aventuras (“El Negro Blanco”, con García Seijas), historieta infantil (para García Ferré como “Antifaz” y “SuperHijitus”; o “Ele, el elefante”, con Lucas Varela y Eduardo Maicas). Esta diversidad se corresponde con la amplitud de sus lecturas y consumos: cine, literatura, historietas. Así lo expresa en sus entrevistas, las referencias son miles, y cada una de acuerdo a la época. De Trillo se puede esperar cualquier cosa, y a la vez podríamos presentir de qué se tratará lo que se viene. Así, en 2007, Trillo preanunciaba lo siguiente: “Creo que ha llegado el momento de mostrar a esos personajes siniestros que nunca pudimos poner en las tiras de los diarios, esos seres egoístas, rastreros, capaces de bajezas sin límites para beneficiarse”. (Barrero; Mora Bordel: 2007).
Lucas Varela, dibujante. Con un recorrido generacional diferente y una producción lógicamente menos prolífica que la de Trillo, su obra también es variada: desde ilustraciones para revistas y tapas de discos, a historietas de propia autoría, revistas inconseguibles (Kapop) o trabajo con otros guionistas. Varela se formó como dibujante en la carrera de Diseño Gráfico y a partir de múltiples influencias culturales, con predominancia de la historieta (en sus entrevistas enumera autores y dibujantes de todo el mundo). Su trazo es reconocible por un estilo y uso del color cercano al dibujo animado. En las obras de su autoría hace gala de un negro sentido del humor (su historia de “Donald King” en Estupefacto -una colección de historietas de su autoría- como un ejemplo perfecto) y del cinismo (su personaje Paolo Pinoccio). Al respecto, dice Varela: “creo que el humor es una herramienta muy útil para reflexionar sobre el absurdo de la existencia” (Berone, 2009). Y dice Trillo de Varela: “de estilo detallista y cerrado, pero de ideas abiertas como pocas veces había visto”.
Política, sexo y humor
Sobre su obra como dupla, El Síndrome Guastavino, haré un análisis cruzado por tres tópicos que me parecen interesantes para pensar un determinado estado de situación: política, sexo y humor. Creo que en las formas y los contenidos que les demos, se juega buena parte del carácter de una época, una sociedad y –en este caso- una obra. Esta ponencia carga la intención de extender esta matriz de análisis a un corpus mayor de historietas (como parte de la Tesina de Grado de la carrera Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires), y a una exploración de época (los años 2000 en Argentina -y el mundo-) inevitablemente compleja. Es por eso que el desafío impuesto es el de lograr verosimilitud y creatividad en el desarrollo de las ideas, por un lado, y atisbo de líneas de investigación por otro. Advierto, estas categorías no son estancas, se cruzan y articulan entre sí, pero sostenerlas me permite ordenar la exposición de las ideas.
Política
A finales de 2001 estalla en el país la mayor crisis política y social desde la vuelta de la democracia, con su consecuente inestabilidad en los órdenes de lo público y lo privado y con un efecto devastador entre los sectores de la población más vulnerables. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde se rompe la paridad cambiaria con el dólar, el peso se devalúa y se atisba la recuperación económica. En 2003 es electo presidente Néstor Kirchner, y bajo su mandato ejecutivo se llevan a adelante medidas que se vinculan a la obra analizada.
Ese mismo año, el Congreso Nacional declara la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y en junio de 2005 la Corte Suprema de Justicia declara la inconstitucionalidad, sentando la jurisprudencia necesaria para iniciar juicios contra represores. Ambas medidas fueron consideradas como logros del gobierno de Néstor Kirchner. Quién también generó un fuerte impacto simbólico al ordenar el retiro de los cuadros de los generales Videla y Bignone de la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESMA), la cual luego se reconvirtió en Espacio para la Memoria. Medidas como estas lograron que el nuevo presidente obtuviera una base de adhesión importante dentro de sectores de “centro y centro-izquierda” que veían reivindicadas demandas históricas. Podríamos identificar a algunos de esos actores: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, personajes de la cultura y parte del periodismo que representa el diario Pagina/12. El matutino se convirtió en un defensor de las políticas del nuevo gobierno, que levantaba banderas comunes como el anti menemismo, la defensa de los DD.HH, una identidad “nacional & popular” y la idea de una “Patria Grande”. En este caldo de cultivo, surge el proyecto de relanzar la FIERRO. Con el diario como respaldo (en la publicación, distribución y exhibición) y con el Gobierno Nacional como sponsor, la revista vuelve a ver la luz.
Estas condiciones nos permiten suponer que, incluso dentro de un ambiente de libertad artística y creativa –propio de la FIERRO como concepto, y de un director como Juan Sasturain-, las historias a publicar probablemente serán afines en espíritu a las ideas progresistas que defienden desde el periódico que da cabida y el Gobierno que sustenta. No es rara entonces la aparición de El Síndrome Guastavino, una historieta que habla de la violencia de la Dictadura, que pone en el tapete la brutalidad de sus acciones y sus profundas secuelas: “esquirlas de la peor locura han ido quedando en demasiadas cabezas compatriotas”, como escribió Trillo en el texto que acompañó el último capítulo. Y la historia carga sus tintas de colores sobre esos conciudadanos, los hombres “de pro”, como dice la anciana pituca que corteja Elvio, que aún hoy defienden a capa y espada la tarea de los “héroes” que nos salvaron del atentado a los cimientos católicos, apostólicos y romanos de la Argentina. (el lunes, la segunda parte)
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