lunes, 3 de diciembre de 2012

MERDICHESKY: AMBIENTES Y PAISAJES GENUINAMENTE NORTEAMERICANOS, por Herme Cerezo

Como el propio Horacio Altuna señalaba en la entrevista incluida en ‘Charlie Moon’, su anterior entrega, cuando manifestaba "Yo soy un colonizado de EE. UU, culturalmente hablando", la influencia de la cultura norteamericana – cine, música, literatura – resulta bien patente en su trayectoria. En ‘Merdichesky, tercera entrega de la reedición de su integral (PlanetaDeAgostini), volvemos a encontrarnos con una temática, un ambiente y un paisaje genuinamente norteamericanos.
‘Merdichesky’, álbum que comenzó a publicarse por entregas en la prensa argentina en 1981, es cómic negro, sin paliativos, negro puro, con el acicate del humor, algo también inherente al género, y una pizca de sexo y corruptelas sociales. Su protagonista es el vivo retrato del antihéroe policial y del metepatas involuntario. Su imagen, la de este policía, digo, dista mucho del estereotipo del cana duro, implacable y sabueso sagaz. No es más que un pobre diablo, enjuto, tristón y lánguido, que no termina de saber muy bien qué hace allí y al que casi todo le sale mal, o bien pero con efectos contraproducentes. Merdichesky es un irresponsable capaz de dormirse en plena labor policial o de hacer gala de una inconsciencia preñada de honradez que, en un ejercicio de torpe inocencia, se empeñará en desentrañar tinglados de mayor envergadura, en los que andarán inmersos individuos de alto copete (el hijo del fiscal del distrito o un senador), sin darse cuenta del terreno que pisa y de la situación en la que coloca a sus propios compañeros de comisaría, el Precinto 15 como le llaman. Su olfato policial es un auténtico desastre y cuando acierta, porque en alguna ocasión da en la diana, resulta que lo hace por pura casualidad. Pura e inoportuna casualidad más bien. Así, una detención casual resultará estar conectada de alguna manera con alguno de los casos que tenía pendientes de solucionar, lo que le llevará a despejar incógnitas de modo fortuito. En este sentido, las situaciones en las que el guionista, Carlos Trillo, y el dibujante, Altuna, le colocan son realmente delirantes y la sonrisa asalta al lector un viñeta tras otra.
Al pobre Merdichesky, por cierto, menudo nombrecito que le han calzado al muchacho, sus creadores le han adjudicado una madre de órdago, para la que el tiempo transcurrido y la edad de su vástago no cuentan y sigue preocupándose por cosas tan absurdas como su alimentación, "¡Nene, ni la leche terminaste!", o su seguridad, "Llevalo descargado, bebé ... Mira que las armas las carga el diablo y ... ". Son características propias de una mujer insegura, absorbente, posesiva, que todavía no aprendió que su hijo, hora tras hora, día tras día, se juega el pellejo entre lo más curtido y peligroso del hampa estadounidense. Con relación a este personaje, "su mama", resulta impagable la imagen con la que Altuna la retrata: batín, rótulos, redecilla y expresión inexplicable. Impagable, repito, esclarecedora y definitiva.
‘Merdichesky’ es un álbum altamente recomendable para todos aquellos que no pudieron leerlo en su día y constituye un interesante ejemplo de los excelentes frutos que dio en su momento la colaboración artística entre un guionista del fuste de Trillo y un ilustrador como Altuna. En la entrevista, continuación de la del número anterior, que incluye el álbum, Altuna explica su metodología de trabajo a dúo, algo que siempre resulta útil conocer: "nuestra forma de trabajar no era que Trillo hiciera el guión y yo dibujara las historias, en absoluto. En todas las obras que hicimos juntos, yo soy coautor. Y siempre, todo estaba supeditado al dibujo. Es más, nosotros nunca ponemos textos explicativos. Y yo tampoco los utilizo en las historias que he creado por mi cuenta. Así, los diálogos estaban apenas esbozados, no había nada decidido de antemano antes de dibujar. Simplemente, nosotros hablábamos sobre qué podría decir el personaje, y luego yo lo escribía". Efectiva operativa, sin duda.
Acabo señalando que esta reedición de ‘Merdichesky’ ha suscitado una cierta polémica entre los aficionados comiqueros, ya que Altuna, según nota de prensa enviada por la propia editorial a los medios, decidió prescindir de un par de páginas del segundo arco (capítulo), ya que las copias que disponía de ellas eran escaneadas y el autor argentino estaba convencido de que reducirían la calidad de la obra en comparación con las páginas restantes. Reflejado queda.

Publicado originalmente en el sitio del Diario Siglo XXI, el 1 de Abril de 2010

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