domingo, 23 de diciembre de 2012

EL ULTIMO RECREO, por Eduardo García Sánchez

Tercera y última parte de un extenso artículo publicado originalmente en el n° 11 de la revista U, el hijo de Urich (1998).

Cuesta imaginar un dibujante más apropiado para El Ultimo Recreo que Horacio Altuna. Cuando acometió su realizacion llevaba siete años colaborando con Carlos Trillo y existía un alto grado de compenetración entre ellos. El resultado es, probablemente, el mejor trabajo de ambos hasta la fecha. Con un estilo definido y reconocible, el historietista argentino ofreció en esta serie una planificación muy meditada, una puesta en página ejecutada con sencillez engañosa que recogía todo el saber acumulado en casi veinte años de práctica de la profesión y profundizaba en hallazgos ya presentes en Charlie Moon y Merdichesky. El sentido de la narración gráfica del que hace gala le permite marcar el ritmo de lectura, ora acelerándola, ora haciendo uso del silencio. Cada plano, cada detalle, cada iluminación, cada mirada se aleja del efectismo vacuo para ponerse al servicio del relato y contribuir a crear la atmósfera precisa que recree la desesperanza y el pesimismo que tiñen los guiones de Trillo. En los escenarios expresionistas en negro y blanco que nos hace creer reales inserta la figura humana: unos personajes caracterizados a la perfección y dotados de la expresividad corporal y facial precisas para llevar a buen puerto su empresa. Poca veces se ha visto en un tebeo que no llevara la firma de Carlos Giménez un retrato tan fiel de la mirada infantil; menos aún unos cuerpos y rostros que con tal economía de trazo, más bien precisamente gracias a ella, transmitan tantas sensaciones. Sus preadolescentes, sean masculinos o femeninos, sugieren con sutileza la mixtura de sensualidad e inocencia propia de una sexualidad emergente, que intuimos a flor de piel aunque casi nunca se explicite. ¡Cuanto podrían aprender de estas páginas algunos dibujantes que, dentro y fuera de nuestras fronteras, se empeñan en hacernos creer que sus figuras hipertrofiadas y de encantos sexuales nada implícitos representan púberes!
Tragaperras, aparecida en las páginas de Zona 84, y la continuación de El Loco Chávez, serie finalizada en 1988, han sido los últimos trabajos de Altuna junto a Trillo. Con Ficcionario iniciaría una carrera como autor completo dominada por un uso brillante del color y caracterizada por una temática de ciencia-ficción con leves tintes sociales que, si bien nunca alcanzó la frescura de El Ultimo Recreo, se vio truncada por el desplome generalizado que la industria de la historieta viene sufriendo desde finales de los ´80. Su facilidad para representar la voluptuosidad femenina le abrió las puertas de la revista Playboy, en cuyas páginas realiza una labor alimenticia que no siempre da idea cabal de sus capacidades como historietista. Ante una recopilación de las mismas un amigo sentenciaba que “Altuna siempre dibuja todas las mujeres igual”, a lo que otro replicó (y perdonad comentario tan machista): “si, pero... ¡ojalá todas las mujeres fueran igual a las de Altuna!”.

La reedición de El Ultimo Recreo que Planeta-De Agostini nos ha ofrecido con motivo del último Salón del Comic de Barcelona resulta ejemplar: En primer lugar porque facilita el encuentro (que dudo llegue a producirse realmente) de los lectores más jóvenes con una obra que a buen seguro no conocían, alejada de las coordenadas actuales de la historieta española, dividida –como bien afirma Pepe Gálvez desde las solapas del libro- entre el elitismo minoritario y la mímesis de modelos agotados. En segundo término por el cariño y cuidado manifiestos en una labor editorial tan sólo lastrada por ofrecer como ilustración de portada una viñeta ampliada y coloreada con acierto por Jaime Martín. No sabemos los motivos de la usencia de una producción ex-profeso realizada por Altuna, pero hubiera sido la guinda a tan apetitoso pastel.

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