sábado, 8 de diciembre de 2012

MELANCOLICA CRIATURA DE LA NOCHE, por Carlos Trillo

Buenos Aires, 14 de septiembre de 1989
Querido Jordi: En realidad, hace semanas que estoy pensando en escribirte, pero me iba demorando el hecho de que me encontraba desarrollando LA BOMBA que te envío aqui. Sí, señor. He dado comienzo al famoso guión que se convertirá en el éxito, la fortuna, etc.
Es un cuento de vampiros, tal cual. Pero no Dráculas y esas cosas ya tan vistas, sino vampiros hoy, en la actualidad, viviendo las angustias de un tiempo que no ha sido pensado para ellos.
El plot, que resumo de las notas que han llenado un cuaderno, es así:
Hace 300 años, un vampiro mordió a la bella Ludmila, transformándola también en un vampiro. Ludmila, loca de amor por quien la iniciara en el cultivo de la nocturnidad, ha atravesado el mundo buscándolo. Lo halla, por fin, en la actualidad, en una ciudad que bien podría ser Barcelona. El, que ha sido sucesivamente conde, filósofo, clavicordista, dibujante de historietas, escritor y todo otro oficio que no lo comprometa a salir a la calle durante el día, limpia oficinas por la noche en la ciudad. Cada 8 ó 10 años debe abandonar la ciudad en que vive y la personalidad que ha adoptado para reiniciar su vida en otra parte (por aquello de que los vanpiros no envejecen y no puede despertar sospechas).
Ludmila, la vampira, tiene un psicoanalista al que cuenta una y otra vez su historia de amor frustada, esa búsqueda tres veces centenaria del hombre que la convirtió en vampira. El cual no acepta a convivir con ella con el pretexto de que una pareja normal no puede tolerarse bien diez años y ella lo que quiere es un amor eterno, un amor de criaturas de la noche, un para siempre que él no es capaz de soportar.
Lorenzo Luna es el nombre que el vampiro, la melancólica criatura de la noche del título, ha adoptado para vivir en una ciudad de habla hispana. Tiene su pasado, el tío. Conoce quién era en realidad el que escribía las obras de Shakespeare, porque estuvo allí. Tuvo un romance con Madame Pompadour. Sabe que Mata Hari era un vampiro como él. Conoció a Mozart y sabe quién lo envenenó, no el pobre Salieri que dice la película Amadeus. Lee la historia como ficción, buena parte de ella la vivió y sabe cóm es. En los años de la Ley Seca fue asesino a sueldo de Capone.
Todas estas cosas serán, en el relato, sólo indicios de ese pasado gigantesco que lleva a sus espaldas.
Los vampiros tienen problemas. Necesitan beber sangre, como es natural.
Pero la sociedad moderna los asusta. Mira si bebe sangre de un enfermo AIDS?
¿Qué ocurre si debe cambiar un neumático a su automóvil y en el baúl hay una llave cruz? Ese símbolo lo ahuyenta. Nada, pues, que este mundo de hoy no está hecho para criaturas románticas y anticuadas como los vampiros.
Creo que MELANCOLICA CRIATURA DE LA NOCHE da para una serie de más de un libro. Veremos. Trataremos de exprimir este clima al máximo en el primero, a ver qué pasa.
LORENZO LUNA es alto, flaco, melancólico, moreno de ojos claros. Tiene una fuerza monstruosa, com los replicantes de Blade Runner. Viste moderno, como un joven de 27 años en nuestra sociedad de hoy. Su corte de pelo es a lo Mickey Rourke.
El va "modernizándose" de acuerdo con los tiempos. En su guardarropas hay restos de trajes de gangster del 30, zapatos con tacones de la corte de Luis XIV. Es un hombre cultísimo (ha leído por 600 años), sabe música, teología, baila el minuet.
Esta un poco aburrido de la vida eterna, pero teme morir.
Y al final, el psicoanalista "curará" a Ludmila, probrecita, qué triste final.
Creo que la tengo, amigo.
Seguramente te llamaré por teléfono estos días a ver qué te parece este asunto.
Nada más. Recibe, como siempre, el más fuerte de los abrazos.
Carlos

Prólogo a la edición española de Iván Piire (El Jueves, 1992)

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