domingo, 23 de septiembre de 2012

PLUMA, PINCEL Y REVOLCON, por Carlos Trillo

1 / Alrededor del sentido de este libro
Historias breves y de épocas distintas.
Se trata de una muestra riesgosa, porque algunos verán en las historias más antiguas cosas que no están a la altura del Bernet actual.
Sin embargo, muy por encima del presunto riesgo, este libro propone un viaje vertiginoso de cambios y búsquedas.
En el itinerario se puede ver una evolución aquí, un descubrimiento allá, una forma de oprimir la pluma en 1970 y otra distinta de hacerlo en 1990, un trazo que de inseguro se torna contundente, una manera de "poner la cámara" que va cambiando y que uno adjudica, justamente, a la necesidad de un contador de historias gráficas que se resiste a ambientar los relatos siempre con la misma música.
Se puede decir, conociendo su historial profesional, que Jordi Bernet es un dibujante al que ningún tema le es ajeno. Puede pasar de una aventura espacial a un novelón del
Oeste, de una saga de fantasía heroica a la historia de un gangster bestial y desalmado. Vean sino cómo resolvió De Vuelta a Casa, el Tex italiano, Sarvan y el ya legendario Torpedo, que sigue disparando sobre culpables e inocentes sin inocencia, pero tambien sin culpa.

2 / Un río de influencias
Cuando uno, deformado por años y años de observación de originales se pone a mirar planchas de dibujantes, no puede sino pensar en la alquimia que hace nacer un estilo: la forma de pasar el pincel a la Caniff, estas manchas precisas de Robbins, estas ambientaciones a la pluma de Frank Godwin, estos movimientos paródicos de Roy Crane, esta expresividad de Van Buren, esta tendencia a la caricatura de Al Capp.
Todo, pero todo, en el estilo Bernet se puede encontrar en los viejos y enormes maestros de la daily strip americana.
Este libro podrfa titularse: "De cómo nació en Cataluña el último gran dibujante americano".

3 / Aquel viejo futuro
Fue Josep Toutain el que me sugirió, hace como quince años, que escribiera una historia larga para ser dibujada por Bernet.
Yo leía con devoción el Torpedo que él hacía con guiones de Abulí, y conocía Sarvan, Kraken y algunas cosas más antiguas.
Lo que resultara de nuestra colaboración iba a ser prepublicado en un mensuario español de historietas de ciencia ficción.
Luego de algunas charlas telefónicas interoceánicas y un par de cartas llegamos a la conclusión de que ninguno de los dos se sentia cómodo en esos territorios del futuro, con naves, aliens y guerreras intergalácticas.
Así fue como terminamos haciendo Custer, que tenía como punto de partida aquella frase de Ballard que dice que "la ciencia ficción puede ser exterior, pero también puede ser interior". Esto es, que lo fantástico suceda dentro de los personajes y no en el mundo que los rodea. Aquella actriz que había vendido su vida a una cadena de televisión e iba dejando de ser persona para convertirse en un personaje preanunciaba experimentos que se dieron después, con chicas viviendo en casas con paredes de vidrio para ser observadas 24 horas al día por los paseantes, o con los grupos filmados en una isla desierta para producir una "seria verdad"; incluso con ese filme sobrevalorado que se llamó The Truman Show.

4 / El hombre que amaba a las mujeres (confidencia)
Yo ya me había dado cuenta, y Custer lo subrayó con una línea gruesa (de pincel, seguramente); Bernet dibujaba las chicas hermosas más carnales y posibles del mundo del comic.
Chicas con alma, con gracia, con sentimientos, con gestos (y sí, sí, con culo y con tetas también).
Curvas peligrosas y comportamientos inusitadamente humanos.
Bernet ama a las mujeres, me dije.
Y a partir de esa coincidencia, empezaron a aparecer otros personajes femeninos, uno en cada historia que emprendimos desde entonces: la Light de Light & Bold, la Ludmilla de Ivan Piire (ambas verdaderas protagonistas principales de sus respectivas aventuras), Cicca Dum Dum y Clara de Noche.
Mujeres que de pronto sienten algo que jamas creyeron que iban siquiera a percibir y se pierden por ello, mujeres románticas perdidas capaces de morir por amor, vaginas ávidas y perfumadas que destruyen todo a su paso, y una puta entrañable que, dicen, es la mejor madre del mundo. Desde la atormentada Custer hasta hoy, con Jordi nos hemos dado cuenta que de este amor que sentimos por las mujeres se puede vivir bastante bien.
Por ello todas las mañanas agradecemos a la providencia.

5 / Adivinanza final
Se me ocurre un acertijo para no aburrir tanto al lector con esta suerte de prólogo.
El tema es: de todas las historietas que en el mundo ha habido ¿cuál habría sido la mejor para ser dibujada por Bernet?
¿Corto Maltés? No, se pasa de romántico.
¿Rip Kirby? Tampoco, se baña demasiado.
¿Dick Tracy? Esta está más cerca. Cara Ciruela podría haber sido una de las grandes creaciones de Jordi, pero hay poca presencia femenina, así que pasemos a otra.
¿Steve Canyon? Nones, creía demasiado en los grandes valores de occidente.
¿Cisco Kid? Tal vez, si no le hubieran almidonado tanto la camisa.
¿Príncipe Valiente? Mucho aire sin monóxido de carbono para su gusto, diría yo.
Propongo al lector que piense la respuesta.
0 que vuelva la página y acepte (o no) la que yo les voy a proponer.

6/ Solución
La historieta con la que Jordi Bernet habria pasado a la his¬toria 70 años antes es Krazy Kat.
Miren los personajes que tenía:
Un policía severo, estúpido y enamorado de un imposible, el Ofissa Pupp (que en la versión Bernet habría estado todo el tiempo sacándose los mocos de la nariz).
Un tipo pequefio y desalmado, Ignatz, que Bernet habría dibujado con una camiseta agujereada, un gesto torvo y una mochila llena de ladrillos reforzados.
Una mujer enamorada del hombre equivocado, con las curvas rotundas y la mirada húmeda de las ingenuas made in Bernet.
Realizando Krazy Kat se habría hecho tan famoso como Herriman.
Bueno, si Edgar Hoover no lo hacía meter preso por activista antiamericano.

Texto para la edición española de Jordi Bernet: Fuera de Serie (Glénat, 2000)

No hay comentarios:

Publicar un comentario