Esta historieta de 1978 es la única que aportó Carlos Trillo a la revista Pif-Paf, de Ediciones Record. Fue co-escrita junto a Guillermo Saccomanno y dibujada por Félix Saborido. Se publicó una sóla vez en Argentina, en el Nº 29 de Pif-Paf (Junio de 1978).
Mañana, la segunda parte.
miércoles, 31 de octubre de 2012
martes, 30 de octubre de 2012
TRILLO EN TIRAS DE CUERO, por Juan Carlos Massa y Andrés Accorsi
Tiras de Cuero fue una revista muy efímera, de la cual solo salieron 3 números entre Noviembre y Diciembre de 1983. La revista era quincenal, combinaba material de autores argentinos con historietas europeas y además ofrecía varios artículos sobre historieta, cine y literatura, algunos de ellos escritos por el propio Carlos Trillo.
Entre las historietas propiamente dichas que llevan la firma del guionista, tenemos:
Los tres episodios de Memoria del Viejo Mundo, dibujados por Alberto Dose, que vimos en este blog durante el mes de Mayo.
El unitario Teoría: El Futuro no es la Materia de los Sueños, dibujado por Félix Saborido, que vimos en el blog el 28 de Septiembre.
Y las primeras páginas de Matando el Tiempo, una historieta también dibujada por Saborido, que quedaría trunca y se republicaría (incluyendo el final) en la Fierro clásica.
Entre las historietas propiamente dichas que llevan la firma del guionista, tenemos:
Los tres episodios de Memoria del Viejo Mundo, dibujados por Alberto Dose, que vimos en este blog durante el mes de Mayo.
El unitario Teoría: El Futuro no es la Materia de los Sueños, dibujado por Félix Saborido, que vimos en el blog el 28 de Septiembre.
Y las primeras páginas de Matando el Tiempo, una historieta también dibujada por Saborido, que quedaría trunca y se republicaría (incluyendo el final) en la Fierro clásica.
lunes, 29 de octubre de 2012
LO TOLERABLE. POLÍTICA, SEXO Y HUMOR EN EL SÍNDROME GUASTAVINO, por Lucas Martín
Segunda parte de este trabajo que forma parte de una Tesina de grado (en desarrollo) para la carrera de Comunicación Social de la UBA, dirigida por Laura Vazquez.
Sexo
Tengo presentes tres antecedentes de la dupla Trillo/Varela. El Cuerno Escarlata, realizado en 2002, editado en Argentina en 2008. “El Inspector Potham” historia corta que no tuvo continuación en la revista Genios, publicada luego en Estupefacto. Ambas obras, dirigidas a priori hacía un público infantil. Y la tercera es “Sasha despierta”, publicada en FIERRO, durante el año comprendido entre abril de 2010 y abril de 2011. En El Cuerno Escarlata, detectamos guiños al público juvenil y adulto vinculados a relaciones sexuales y/o amorosas. Y estas referencias son, por lo menos, curiosas. La relación de Lamort (el villano de la historia) con una piedra mágica, a la que llama “mi cascotita”, “mi negrurita”. La piedra, para cumplir los deseos de su nuevo amo le pide “un besito”, a lo que Lamort responde: “vení acá, ladrillito mimosón”, mientras lo besa. La piedra piensa: “puaj, los besos del Gran Magón –su anterior dueño- eran más pasionales”. Hay un pantano que rodea el castillo de Lamort, que al ver a una princesa enjaulada piensa: “que fuerte está esa minita”. Las relaciones sentimentales entre los personajes, inclusive la procreación, abundan en la historieta. La gallina/corcel del escudero del héroe carga con su hijito huevo; el pantano tiene novia pantana y conciben un hijo pantanito; el ratón escudero enamorado de la princesa, la piedra mágica soñando con el Gran Magón como un apuesto príncipe; Lamort soñando que no depende de la piedra y por lo tanto nunca más deberá “hacerle arrumacos como si la quisiera con devoción. ¡No volveré a besarla!”; la relación entre los dos corceles que, luego de “una noche estrellada”, termina con el embarazo de la yegua. Desde la época de Mickey y el Pato Donald en la década del ´50 y del ´60, donde el sexo y las relaciones amorosas estaban ocultas, a El Cuerno Escarlata mucho ha cambiado en la historieta infantil.
“El Inspector Potham” es un policial futurista. La historia tiene guiños al género negro (vestido con un sobretodo Potham es un detective recio que maltrata a su subordinado) y a la ciencia ficción (la policía posee unas varas que lanzan rayos endurecedores). Potham tiene una novia pata, pero el dice mantener esa relación por fines instrumentales, así puede aprovechar la piscina y las comodidades de la mansión de su novia.
“Sasha despierta” cuenta la historia de Miranda, una chica “normal y corriente”, pero con un desorden de personalidad que la transforma en Sasha, una chica con actitud trash, actriz porno, promiscua y pendenciera. El villano de la historia es Marcelo, el hermano de Miranda, estrella de televisión, productor de películas snuff y asesino. Luego de vengarse de su hermano y exponerlo al mundo, Miranda retoma su vida y comienza un feliz noviazgo homosexual.
Estas historias hablan de límites flexibles y tolerancia a la hora de contar una historia que involucre –y todas lo hacen- las relaciones de pareja (o la posibilidad de). En el caso de Sasha, publicada en pleno debate y sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618/10) promovida en el Congreso Nacional por legisladores oficialistas y el Poder Ejecutivo, encontramos relaciones entre la ficción presentada y el contexto social que la incuba. Estas historias dan cuenta de las condiciones de producción complejas que generan una idea como la de Elvio Guastavino enamorado de una muñeca. La piedra y la muñeca, dos objetos inanimados plausibles de ser amados y deseados, especialmente en los mundos creados por Trillo y Varela.
Vinculado al sexo hay algo más en Guastavino que no es precisamente una idea de tolerancia por el otro, sino de todo lo contrario. Donde lo sexual se vincula con una intención obscena de degradación total del otro. Hay un momento clave: la “señora esposa del capitán Aarón Guastavino” llega junto a Elvio a su casa y encuentra a su marido a punto de violar a una mujer que mantiene atada a la cama matrimonial. Esta escena, contada en un rojo furioso -que se diferencia con el tono grisáceo del recuerdo de Elvio-, es el momento de la ruptura y la represión (Trillo C.; Varela L., 2009: 33). Años después, Elvio ve contrastados estos recuerdos por la aparición de la misma mujer y su relato (Trillo y Varela, 2009: 51). En esa recreación de la escena vemos a su madre decirle: “tu padre es una bestia, ¡no lo puedo creer! ¿Te das cuenta? Trajo a esa presa con el pretexto de obligarla a confesar vaya una a saber qué en este ámbito hogareño… cuando en realidad lo que quería era cogérsela”, y continúa: “¡La verdad! ¡Estoy diciendo la verdad! ¡El capitán Aarón Guastavino es un degenerado!”. Vuelta al presente. La mujer lo acusa también a Elvio de haberla violado, a lo que Guastavino responde: “¿Qué dice, loca de mierda? Cuando mi papi la trajo a este hogar cristiano para arrebatarle por la fuerza esos secretos que podían poner en peligro a la Patria, yo tenía ocho años”. La mujer sonríe y retruca: “Armaste tus recuerdos para que no te jodan ¿no?... ¡Tenés dos años más que yo, Elvio Guastavino!”, provocando el desgarramiento del rostro y del recuerdo encubridor que ocultaba los hechos en la cabeza de Guastavino. Dice un informe del COMFER sobre la obscenidad: “todo lo que, sin máscara, sin maquillaje y sin rostro, está entregado a la operación pura del sexo”. Tras la careta católica y patriota de los militares, se escondía la obscenidad y la impunidad del poder destructivo, de poder someter a su voluntad –al fin- a mujeres que nunca se hubieran podido coger.
Estas escenas, donde cruzamos lo político y lo sexual, las leo como un comentario crítico de los autores hacia la actitud de la sociedad argentina frente a los crímenes de la dictadura. Una respuesta al “no sabíamos nada” y “algo habrán hecho”. Esa actitud es la que asume Elvio en este caso, se recuerda a sí mismo como un niño inocente que nada sabía y nada podía frente a su padre, pero en realidad era un adulto consciente, culpable y cómplice de los crímenes que se llevaron a cabo. Y cuando ese pasado vuelve a ser puesto en el tapete para ser juzgado por la víctima (recordemos la nulidad de las “leyes de impunidad” y la reapertura de los juicios), Elvio se alza en una voz –que nos suena familiar- que denuncia: “¡Usted no puede venir a remover mierda a un hogar cristiano, comunista!” (Trillo y Varela, 2009: 57).
Humor
El libro hace gala del talento de los autores para el humor negro y la parodia. En la continuación de la escena de la violación, Aarón le explica a su hijo que va a salir a cenar afuera con la esposa para “explicarle que lo que creyó ver no fue como ella piensa”. “–¿Y yo?, responde Elvio. –¿Vos qué, Elvio? Hacéte un sánguche, hay fiambre en la heladera”. Los autores nos llevan de la representación carnal de la violencia estatal a un comentario costumbrista y cotidiano, ajeno a esos hechos. Dice Henri Bergson en su ensayo sobre la risa (1939: 14): “lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”. Siguiendo esa idea hay otra viñeta interesante. En el número 36 de FIERRO, se publica un especial de historias cortas de una página. En esa plancha, Trillo y Varela narran una secuencia donde Elvio, despechado porque su madre imposibilita la “culminación” de su amor por Luisita, le prepara –literalmente- un licuado de mierda fresca que la famélica mujer bebe encantada. Guastavino mira por la ventana y piensa: “¿Será posible, Luisita, que hasta mi santa madre esté impidiendo que consumemos nuestro amor?”. En estos momentos de la historieta se hace más presente el efecto que provoca el dibujo de Varela. En sus propias palabras: “creo que el choque de la historia medio oscura y patética con el dibujo cartoon crea una leve perturbación en el lector” (Berone, 2009). Escribe Bergson (1939: 15):
[…] para comprender la risa hay que reintegrarla a su medio natural, que es la sociedad hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social […] La risa debe responder a ciertas exigencias de la vida en común. La risa debe tener una significación social.
No podría decir con certeza por qué nos reímos de Guastavino y sus peripecias, tal vez tampoco reímos, a lo sumo formamos una mueca ácida, quizás así también nosotros –junto con los autores y la sociedad- exorcizamos nuestros propios demonios, al tan mentado “enano fascista”.
Conclusiones preliminares
La obra analizada surgió en un determinado escenario: FIERRO reaparece después de 14 años y abre un espacio para viejos y nuevos artistas del medio; Carlos Trillo transitando una larga y prolífica madurez creativa; Lucas Varela despuntando como uno de los renovadores de las historietas producidas en nuestro país, con un estilo personal identificable y arriesgado; un contexto cultural/político tolerante ante temáticas antes problemáticas. En esta red de significaciones, El síndrome Guastavino opera como obra constituida y a su vez constituyente del campo político, cultural e historietístico.
En la obra se hace una referencia no explícita a la última dictadura militar, sus crímenes y sus consecuencias. Pensamos que propone un acercamiento particular al tema: toma distancia y utiliza el humor negro. El humor es el cristal por donde se filtran los hechos narrados. Tengo la impresión que ante un panorama social donde algunos de los crímenes cometidos están siendo juzgados (con amplio consenso social), es posible volver al tema y tratarlo de forma diferente. Ahora que se hace Justicia, podemos hablar con mayor libertad y reírnos de ello.
Tanto FIERRO como El Síndrome Guastavino se insertan dentro de un mercado editorial diferente al de los ´80 y ´90. Ya la revista Barcelona (surgida en el año 2003) había instalado la propuesta de “joder con todo y todos”. Barcelona corrió el límite de lo decible en el humor gráfico masivo y se rió de lo intocable: desaparecidos, aborto, consumo de drogas, judaismo y nazismo. Podríamos decir que el humor negro se va convirtiendo cada vez menos en la excepción.
Una idea que atraviesa a los autores, en sus trabajos por separado y en los conjuntos, es que los personajes tienen el derecho de vincularse sentimentalmente con quien quieran. Asistimos a una propuesta democratizadora (en el sentido que presenta un pluralidad de opciones) del erotismo, con menos prejuicios y criticando los comportamientos discriminadores. Aún tipos desequilibrados como Elvio Guastavino (diagnosticado como enfermo, portador del síndrome de su padre), tiene la posibilidad de consumar su amor. Se ha corrido el límite de lo tolerable también en este tema. Los autores aportan carnadura al personaje de Luisita que, aún siendo un juguete, es la mujer que moviliza las acciones del protagonista. Su existencia se vuelve real en las consecuencias de las acciones de Elvio.
Por último, creo que la aparición e intervención de esta obra permite afirmar todo lo que potencialmente las historietas puede ofrecernos: relatos –dibujo y texto- imaginativos y audaces, lecturas inteligentes de hechos actuales y pasados, nuevas formas de recuperar sucesos históricos que queman en la memoria de una sociedad, un cruce de géneros y sensibilidades, la inclusión de tensiones sociales y una posibilidad de lidiar con ellas.
Sexo
Tengo presentes tres antecedentes de la dupla Trillo/Varela. El Cuerno Escarlata, realizado en 2002, editado en Argentina en 2008. “El Inspector Potham” historia corta que no tuvo continuación en la revista Genios, publicada luego en Estupefacto. Ambas obras, dirigidas a priori hacía un público infantil. Y la tercera es “Sasha despierta”, publicada en FIERRO, durante el año comprendido entre abril de 2010 y abril de 2011. En El Cuerno Escarlata, detectamos guiños al público juvenil y adulto vinculados a relaciones sexuales y/o amorosas. Y estas referencias son, por lo menos, curiosas. La relación de Lamort (el villano de la historia) con una piedra mágica, a la que llama “mi cascotita”, “mi negrurita”. La piedra, para cumplir los deseos de su nuevo amo le pide “un besito”, a lo que Lamort responde: “vení acá, ladrillito mimosón”, mientras lo besa. La piedra piensa: “puaj, los besos del Gran Magón –su anterior dueño- eran más pasionales”. Hay un pantano que rodea el castillo de Lamort, que al ver a una princesa enjaulada piensa: “que fuerte está esa minita”. Las relaciones sentimentales entre los personajes, inclusive la procreación, abundan en la historieta. La gallina/corcel del escudero del héroe carga con su hijito huevo; el pantano tiene novia pantana y conciben un hijo pantanito; el ratón escudero enamorado de la princesa, la piedra mágica soñando con el Gran Magón como un apuesto príncipe; Lamort soñando que no depende de la piedra y por lo tanto nunca más deberá “hacerle arrumacos como si la quisiera con devoción. ¡No volveré a besarla!”; la relación entre los dos corceles que, luego de “una noche estrellada”, termina con el embarazo de la yegua. Desde la época de Mickey y el Pato Donald en la década del ´50 y del ´60, donde el sexo y las relaciones amorosas estaban ocultas, a El Cuerno Escarlata mucho ha cambiado en la historieta infantil.
“El Inspector Potham” es un policial futurista. La historia tiene guiños al género negro (vestido con un sobretodo Potham es un detective recio que maltrata a su subordinado) y a la ciencia ficción (la policía posee unas varas que lanzan rayos endurecedores). Potham tiene una novia pata, pero el dice mantener esa relación por fines instrumentales, así puede aprovechar la piscina y las comodidades de la mansión de su novia.
“Sasha despierta” cuenta la historia de Miranda, una chica “normal y corriente”, pero con un desorden de personalidad que la transforma en Sasha, una chica con actitud trash, actriz porno, promiscua y pendenciera. El villano de la historia es Marcelo, el hermano de Miranda, estrella de televisión, productor de películas snuff y asesino. Luego de vengarse de su hermano y exponerlo al mundo, Miranda retoma su vida y comienza un feliz noviazgo homosexual.
Estas historias hablan de límites flexibles y tolerancia a la hora de contar una historia que involucre –y todas lo hacen- las relaciones de pareja (o la posibilidad de). En el caso de Sasha, publicada en pleno debate y sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618/10) promovida en el Congreso Nacional por legisladores oficialistas y el Poder Ejecutivo, encontramos relaciones entre la ficción presentada y el contexto social que la incuba. Estas historias dan cuenta de las condiciones de producción complejas que generan una idea como la de Elvio Guastavino enamorado de una muñeca. La piedra y la muñeca, dos objetos inanimados plausibles de ser amados y deseados, especialmente en los mundos creados por Trillo y Varela.
Vinculado al sexo hay algo más en Guastavino que no es precisamente una idea de tolerancia por el otro, sino de todo lo contrario. Donde lo sexual se vincula con una intención obscena de degradación total del otro. Hay un momento clave: la “señora esposa del capitán Aarón Guastavino” llega junto a Elvio a su casa y encuentra a su marido a punto de violar a una mujer que mantiene atada a la cama matrimonial. Esta escena, contada en un rojo furioso -que se diferencia con el tono grisáceo del recuerdo de Elvio-, es el momento de la ruptura y la represión (Trillo C.; Varela L., 2009: 33). Años después, Elvio ve contrastados estos recuerdos por la aparición de la misma mujer y su relato (Trillo y Varela, 2009: 51). En esa recreación de la escena vemos a su madre decirle: “tu padre es una bestia, ¡no lo puedo creer! ¿Te das cuenta? Trajo a esa presa con el pretexto de obligarla a confesar vaya una a saber qué en este ámbito hogareño… cuando en realidad lo que quería era cogérsela”, y continúa: “¡La verdad! ¡Estoy diciendo la verdad! ¡El capitán Aarón Guastavino es un degenerado!”. Vuelta al presente. La mujer lo acusa también a Elvio de haberla violado, a lo que Guastavino responde: “¿Qué dice, loca de mierda? Cuando mi papi la trajo a este hogar cristiano para arrebatarle por la fuerza esos secretos que podían poner en peligro a la Patria, yo tenía ocho años”. La mujer sonríe y retruca: “Armaste tus recuerdos para que no te jodan ¿no?... ¡Tenés dos años más que yo, Elvio Guastavino!”, provocando el desgarramiento del rostro y del recuerdo encubridor que ocultaba los hechos en la cabeza de Guastavino. Dice un informe del COMFER sobre la obscenidad: “todo lo que, sin máscara, sin maquillaje y sin rostro, está entregado a la operación pura del sexo”. Tras la careta católica y patriota de los militares, se escondía la obscenidad y la impunidad del poder destructivo, de poder someter a su voluntad –al fin- a mujeres que nunca se hubieran podido coger.
Estas escenas, donde cruzamos lo político y lo sexual, las leo como un comentario crítico de los autores hacia la actitud de la sociedad argentina frente a los crímenes de la dictadura. Una respuesta al “no sabíamos nada” y “algo habrán hecho”. Esa actitud es la que asume Elvio en este caso, se recuerda a sí mismo como un niño inocente que nada sabía y nada podía frente a su padre, pero en realidad era un adulto consciente, culpable y cómplice de los crímenes que se llevaron a cabo. Y cuando ese pasado vuelve a ser puesto en el tapete para ser juzgado por la víctima (recordemos la nulidad de las “leyes de impunidad” y la reapertura de los juicios), Elvio se alza en una voz –que nos suena familiar- que denuncia: “¡Usted no puede venir a remover mierda a un hogar cristiano, comunista!” (Trillo y Varela, 2009: 57).
Humor
El libro hace gala del talento de los autores para el humor negro y la parodia. En la continuación de la escena de la violación, Aarón le explica a su hijo que va a salir a cenar afuera con la esposa para “explicarle que lo que creyó ver no fue como ella piensa”. “–¿Y yo?, responde Elvio. –¿Vos qué, Elvio? Hacéte un sánguche, hay fiambre en la heladera”. Los autores nos llevan de la representación carnal de la violencia estatal a un comentario costumbrista y cotidiano, ajeno a esos hechos. Dice Henri Bergson en su ensayo sobre la risa (1939: 14): “lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”. Siguiendo esa idea hay otra viñeta interesante. En el número 36 de FIERRO, se publica un especial de historias cortas de una página. En esa plancha, Trillo y Varela narran una secuencia donde Elvio, despechado porque su madre imposibilita la “culminación” de su amor por Luisita, le prepara –literalmente- un licuado de mierda fresca que la famélica mujer bebe encantada. Guastavino mira por la ventana y piensa: “¿Será posible, Luisita, que hasta mi santa madre esté impidiendo que consumemos nuestro amor?”. En estos momentos de la historieta se hace más presente el efecto que provoca el dibujo de Varela. En sus propias palabras: “creo que el choque de la historia medio oscura y patética con el dibujo cartoon crea una leve perturbación en el lector” (Berone, 2009). Escribe Bergson (1939: 15):
[…] para comprender la risa hay que reintegrarla a su medio natural, que es la sociedad hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social […] La risa debe responder a ciertas exigencias de la vida en común. La risa debe tener una significación social.
No podría decir con certeza por qué nos reímos de Guastavino y sus peripecias, tal vez tampoco reímos, a lo sumo formamos una mueca ácida, quizás así también nosotros –junto con los autores y la sociedad- exorcizamos nuestros propios demonios, al tan mentado “enano fascista”.
Conclusiones preliminares
La obra analizada surgió en un determinado escenario: FIERRO reaparece después de 14 años y abre un espacio para viejos y nuevos artistas del medio; Carlos Trillo transitando una larga y prolífica madurez creativa; Lucas Varela despuntando como uno de los renovadores de las historietas producidas en nuestro país, con un estilo personal identificable y arriesgado; un contexto cultural/político tolerante ante temáticas antes problemáticas. En esta red de significaciones, El síndrome Guastavino opera como obra constituida y a su vez constituyente del campo político, cultural e historietístico.
En la obra se hace una referencia no explícita a la última dictadura militar, sus crímenes y sus consecuencias. Pensamos que propone un acercamiento particular al tema: toma distancia y utiliza el humor negro. El humor es el cristal por donde se filtran los hechos narrados. Tengo la impresión que ante un panorama social donde algunos de los crímenes cometidos están siendo juzgados (con amplio consenso social), es posible volver al tema y tratarlo de forma diferente. Ahora que se hace Justicia, podemos hablar con mayor libertad y reírnos de ello.
Tanto FIERRO como El Síndrome Guastavino se insertan dentro de un mercado editorial diferente al de los ´80 y ´90. Ya la revista Barcelona (surgida en el año 2003) había instalado la propuesta de “joder con todo y todos”. Barcelona corrió el límite de lo decible en el humor gráfico masivo y se rió de lo intocable: desaparecidos, aborto, consumo de drogas, judaismo y nazismo. Podríamos decir que el humor negro se va convirtiendo cada vez menos en la excepción.
Una idea que atraviesa a los autores, en sus trabajos por separado y en los conjuntos, es que los personajes tienen el derecho de vincularse sentimentalmente con quien quieran. Asistimos a una propuesta democratizadora (en el sentido que presenta un pluralidad de opciones) del erotismo, con menos prejuicios y criticando los comportamientos discriminadores. Aún tipos desequilibrados como Elvio Guastavino (diagnosticado como enfermo, portador del síndrome de su padre), tiene la posibilidad de consumar su amor. Se ha corrido el límite de lo tolerable también en este tema. Los autores aportan carnadura al personaje de Luisita que, aún siendo un juguete, es la mujer que moviliza las acciones del protagonista. Su existencia se vuelve real en las consecuencias de las acciones de Elvio.
Por último, creo que la aparición e intervención de esta obra permite afirmar todo lo que potencialmente las historietas puede ofrecernos: relatos –dibujo y texto- imaginativos y audaces, lecturas inteligentes de hechos actuales y pasados, nuevas formas de recuperar sucesos históricos que queman en la memoria de una sociedad, un cruce de géneros y sensibilidades, la inclusión de tensiones sociales y una posibilidad de lidiar con ellas.
domingo, 28 de octubre de 2012
AMOR: 0 - VIOLENCIA: 1, por Trillo y Männken
Este extraño unitario fue realizado por Carlos Trillo y el maestro Männken (Victor Braxator, 1931-2011) en 1987. En nuestro idioma se publicó de forma bastante tardía, en Junio de 1994, en el D'artagnan Color Súper Álbum Nº 148.
Es parte de un ciclo de historietas unitarias realizadas para el mercado italiano, del cual en Argentina se publicaron sólo dos.
Es parte de un ciclo de historietas unitarias realizadas para el mercado italiano, del cual en Argentina se publicaron sólo dos.
sábado, 27 de octubre de 2012
LO TOLERABLE. POLÍTICA, SEXO Y HUMOR EN EL SÍNDROME GUASTAVINO, por Lucas Martín
Este trabajo forma parte de una Tesina de grado (en desarrollo) para la carrera de Comunicación Social de la UBA, dirigida por Laura Vazquez. Fue presentado en el II Congreso Internacional de Historietas Viñetas Serias.
Introducción
En noviembre de 2006 salió el número 1 de FIERRO. La historieta argentina. Publicada por Ed. La Página S.A., propietario del matutino Página/12, la revista la dirigía Juan Sasturain, quien había sido el primer jefe de redacción de FIERRO. Historietas para sobrevivientes. En agosto de 2007, en el número 10 de la revista, se editaba el primer capítulo de El Síndrome Guastavino, escrita por Carlos Trillo y dibujada por Lucas Varela. El último capítulo se imprimió en abril de 2008. En agosto de 2009, se editó como comic-book por Ed. Sudamericana/Random House- Mondadori. En octubre de ese año, con motivo del especial por los 3 años de FIERRO, se publicó una plancha con una mini historia inédita de los personajes. Este trabajo se detendrá en esa historieta, una obra destacada dentro de lo publicado en la revista FIERRO.
El Síndrome Guastavino impactaba ya en su comienzo al presentarnos este personaje de apariencia gris, miserable y cruel, que mataba de hambre a su mamá para poder comprar una muñeca de la que estaba locamente enamorado. Esto escribe Juan Sasturain en el prólogo a la edición de 2009, titulado “Guastavino o lo intolerable”:
[…] la terrible historia de Carlos Trillo y el dibujo incisivo de Lucas Varela constituían una combinación demasiado fuerte para mí, un confeso conservador ablandado, con el umbral cada vez más bajo para cierto tipo de violencias, ciertas explicitudes. Simplemente, no la pude (no la quise) soportar.
Al principio, esta idea de “lo intolerable” me convenció, pero luego comencé a pensar que no era tan así. Personalmente no me considero un “conservador ablandado” y la historieta no me impactaba por su crudeza o violencia, sino por el talento desplegado en ella para hablar de un ambiente cultural, político y social particular. Por la presentación de personajes y tramas dramáticas originales y atractivas, por el uso del humor negro y la parodia para contar una historia con inteligencia y sensibilidad. En este sentido, la idea que guía la ponencia es que El Síndrome Guastavino presenta el mundo de lo -cada vez más- tolerable.
Los Autores
Luego de la lectura intensiva y extensa, habiendo detectado las alusiones políticas, el juego humorístico, las influencias detectables y los puntos de contactos con obras conocidas, le siguió (y acompañó) la certeza de que en los autores está el secreto del misterio.
Carlos Trillo, guionista de historietas con casi cuarenta años en el campo. Prolífico, autor de muchas obras que lograron reconocimiento, uno de los pocos que logró instalar personajes por fuera del público especializado: “El loco Chávez” (desde la contrapa de Clarín) y López de “Las puertitas del Sr. López”; “Cybersix” y “Alvar Mayor” entre los lectores habituales de historietas, por nombrar solo algunos. Al entrar en la trayectoria de Trillo, los títulos se nos hacen inabarcables. Escribió dentro de muchos géneros: erotismo (“Cicca”, junto a Jordi Bernet), ciencia ficción (“Custer”, con el mismo Bernet), policial (“Spaghetti Bross” con Mandrafina), costumbrismo de aventuras (“El Negro Blanco”, con García Seijas), historieta infantil (para García Ferré como “Antifaz” y “SuperHijitus”; o “Ele, el elefante”, con Lucas Varela y Eduardo Maicas). Esta diversidad se corresponde con la amplitud de sus lecturas y consumos: cine, literatura, historietas. Así lo expresa en sus entrevistas, las referencias son miles, y cada una de acuerdo a la época. De Trillo se puede esperar cualquier cosa, y a la vez podríamos presentir de qué se tratará lo que se viene. Así, en 2007, Trillo preanunciaba lo siguiente: “Creo que ha llegado el momento de mostrar a esos personajes siniestros que nunca pudimos poner en las tiras de los diarios, esos seres egoístas, rastreros, capaces de bajezas sin límites para beneficiarse”. (Barrero; Mora Bordel: 2007).
Lucas Varela, dibujante. Con un recorrido generacional diferente y una producción lógicamente menos prolífica que la de Trillo, su obra también es variada: desde ilustraciones para revistas y tapas de discos, a historietas de propia autoría, revistas inconseguibles (Kapop) o trabajo con otros guionistas. Varela se formó como dibujante en la carrera de Diseño Gráfico y a partir de múltiples influencias culturales, con predominancia de la historieta (en sus entrevistas enumera autores y dibujantes de todo el mundo). Su trazo es reconocible por un estilo y uso del color cercano al dibujo animado. En las obras de su autoría hace gala de un negro sentido del humor (su historia de “Donald King” en Estupefacto -una colección de historietas de su autoría- como un ejemplo perfecto) y del cinismo (su personaje Paolo Pinoccio). Al respecto, dice Varela: “creo que el humor es una herramienta muy útil para reflexionar sobre el absurdo de la existencia” (Berone, 2009). Y dice Trillo de Varela: “de estilo detallista y cerrado, pero de ideas abiertas como pocas veces había visto”.
Política, sexo y humor
Sobre su obra como dupla, El Síndrome Guastavino, haré un análisis cruzado por tres tópicos que me parecen interesantes para pensar un determinado estado de situación: política, sexo y humor. Creo que en las formas y los contenidos que les demos, se juega buena parte del carácter de una época, una sociedad y –en este caso- una obra. Esta ponencia carga la intención de extender esta matriz de análisis a un corpus mayor de historietas (como parte de la Tesina de Grado de la carrera Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires), y a una exploración de época (los años 2000 en Argentina -y el mundo-) inevitablemente compleja. Es por eso que el desafío impuesto es el de lograr verosimilitud y creatividad en el desarrollo de las ideas, por un lado, y atisbo de líneas de investigación por otro. Advierto, estas categorías no son estancas, se cruzan y articulan entre sí, pero sostenerlas me permite ordenar la exposición de las ideas.
Política
A finales de 2001 estalla en el país la mayor crisis política y social desde la vuelta de la democracia, con su consecuente inestabilidad en los órdenes de lo público y lo privado y con un efecto devastador entre los sectores de la población más vulnerables. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde se rompe la paridad cambiaria con el dólar, el peso se devalúa y se atisba la recuperación económica. En 2003 es electo presidente Néstor Kirchner, y bajo su mandato ejecutivo se llevan a adelante medidas que se vinculan a la obra analizada.
Ese mismo año, el Congreso Nacional declara la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y en junio de 2005 la Corte Suprema de Justicia declara la inconstitucionalidad, sentando la jurisprudencia necesaria para iniciar juicios contra represores. Ambas medidas fueron consideradas como logros del gobierno de Néstor Kirchner. Quién también generó un fuerte impacto simbólico al ordenar el retiro de los cuadros de los generales Videla y Bignone de la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESMA), la cual luego se reconvirtió en Espacio para la Memoria. Medidas como estas lograron que el nuevo presidente obtuviera una base de adhesión importante dentro de sectores de “centro y centro-izquierda” que veían reivindicadas demandas históricas. Podríamos identificar a algunos de esos actores: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, personajes de la cultura y parte del periodismo que representa el diario Pagina/12. El matutino se convirtió en un defensor de las políticas del nuevo gobierno, que levantaba banderas comunes como el anti menemismo, la defensa de los DD.HH, una identidad “nacional & popular” y la idea de una “Patria Grande”. En este caldo de cultivo, surge el proyecto de relanzar la FIERRO. Con el diario como respaldo (en la publicación, distribución y exhibición) y con el Gobierno Nacional como sponsor, la revista vuelve a ver la luz.
Estas condiciones nos permiten suponer que, incluso dentro de un ambiente de libertad artística y creativa –propio de la FIERRO como concepto, y de un director como Juan Sasturain-, las historias a publicar probablemente serán afines en espíritu a las ideas progresistas que defienden desde el periódico que da cabida y el Gobierno que sustenta. No es rara entonces la aparición de El Síndrome Guastavino, una historieta que habla de la violencia de la Dictadura, que pone en el tapete la brutalidad de sus acciones y sus profundas secuelas: “esquirlas de la peor locura han ido quedando en demasiadas cabezas compatriotas”, como escribió Trillo en el texto que acompañó el último capítulo. Y la historia carga sus tintas de colores sobre esos conciudadanos, los hombres “de pro”, como dice la anciana pituca que corteja Elvio, que aún hoy defienden a capa y espada la tarea de los “héroes” que nos salvaron del atentado a los cimientos católicos, apostólicos y romanos de la Argentina. (el lunes, la segunda parte)
Introducción
En noviembre de 2006 salió el número 1 de FIERRO. La historieta argentina. Publicada por Ed. La Página S.A., propietario del matutino Página/12, la revista la dirigía Juan Sasturain, quien había sido el primer jefe de redacción de FIERRO. Historietas para sobrevivientes. En agosto de 2007, en el número 10 de la revista, se editaba el primer capítulo de El Síndrome Guastavino, escrita por Carlos Trillo y dibujada por Lucas Varela. El último capítulo se imprimió en abril de 2008. En agosto de 2009, se editó como comic-book por Ed. Sudamericana/Random House- Mondadori. En octubre de ese año, con motivo del especial por los 3 años de FIERRO, se publicó una plancha con una mini historia inédita de los personajes. Este trabajo se detendrá en esa historieta, una obra destacada dentro de lo publicado en la revista FIERRO.
El Síndrome Guastavino impactaba ya en su comienzo al presentarnos este personaje de apariencia gris, miserable y cruel, que mataba de hambre a su mamá para poder comprar una muñeca de la que estaba locamente enamorado. Esto escribe Juan Sasturain en el prólogo a la edición de 2009, titulado “Guastavino o lo intolerable”:
[…] la terrible historia de Carlos Trillo y el dibujo incisivo de Lucas Varela constituían una combinación demasiado fuerte para mí, un confeso conservador ablandado, con el umbral cada vez más bajo para cierto tipo de violencias, ciertas explicitudes. Simplemente, no la pude (no la quise) soportar.
Al principio, esta idea de “lo intolerable” me convenció, pero luego comencé a pensar que no era tan así. Personalmente no me considero un “conservador ablandado” y la historieta no me impactaba por su crudeza o violencia, sino por el talento desplegado en ella para hablar de un ambiente cultural, político y social particular. Por la presentación de personajes y tramas dramáticas originales y atractivas, por el uso del humor negro y la parodia para contar una historia con inteligencia y sensibilidad. En este sentido, la idea que guía la ponencia es que El Síndrome Guastavino presenta el mundo de lo -cada vez más- tolerable.
Los Autores
Luego de la lectura intensiva y extensa, habiendo detectado las alusiones políticas, el juego humorístico, las influencias detectables y los puntos de contactos con obras conocidas, le siguió (y acompañó) la certeza de que en los autores está el secreto del misterio.
Carlos Trillo, guionista de historietas con casi cuarenta años en el campo. Prolífico, autor de muchas obras que lograron reconocimiento, uno de los pocos que logró instalar personajes por fuera del público especializado: “El loco Chávez” (desde la contrapa de Clarín) y López de “Las puertitas del Sr. López”; “Cybersix” y “Alvar Mayor” entre los lectores habituales de historietas, por nombrar solo algunos. Al entrar en la trayectoria de Trillo, los títulos se nos hacen inabarcables. Escribió dentro de muchos géneros: erotismo (“Cicca”, junto a Jordi Bernet), ciencia ficción (“Custer”, con el mismo Bernet), policial (“Spaghetti Bross” con Mandrafina), costumbrismo de aventuras (“El Negro Blanco”, con García Seijas), historieta infantil (para García Ferré como “Antifaz” y “SuperHijitus”; o “Ele, el elefante”, con Lucas Varela y Eduardo Maicas). Esta diversidad se corresponde con la amplitud de sus lecturas y consumos: cine, literatura, historietas. Así lo expresa en sus entrevistas, las referencias son miles, y cada una de acuerdo a la época. De Trillo se puede esperar cualquier cosa, y a la vez podríamos presentir de qué se tratará lo que se viene. Así, en 2007, Trillo preanunciaba lo siguiente: “Creo que ha llegado el momento de mostrar a esos personajes siniestros que nunca pudimos poner en las tiras de los diarios, esos seres egoístas, rastreros, capaces de bajezas sin límites para beneficiarse”. (Barrero; Mora Bordel: 2007).
Lucas Varela, dibujante. Con un recorrido generacional diferente y una producción lógicamente menos prolífica que la de Trillo, su obra también es variada: desde ilustraciones para revistas y tapas de discos, a historietas de propia autoría, revistas inconseguibles (Kapop) o trabajo con otros guionistas. Varela se formó como dibujante en la carrera de Diseño Gráfico y a partir de múltiples influencias culturales, con predominancia de la historieta (en sus entrevistas enumera autores y dibujantes de todo el mundo). Su trazo es reconocible por un estilo y uso del color cercano al dibujo animado. En las obras de su autoría hace gala de un negro sentido del humor (su historia de “Donald King” en Estupefacto -una colección de historietas de su autoría- como un ejemplo perfecto) y del cinismo (su personaje Paolo Pinoccio). Al respecto, dice Varela: “creo que el humor es una herramienta muy útil para reflexionar sobre el absurdo de la existencia” (Berone, 2009). Y dice Trillo de Varela: “de estilo detallista y cerrado, pero de ideas abiertas como pocas veces había visto”.
Política, sexo y humor
Sobre su obra como dupla, El Síndrome Guastavino, haré un análisis cruzado por tres tópicos que me parecen interesantes para pensar un determinado estado de situación: política, sexo y humor. Creo que en las formas y los contenidos que les demos, se juega buena parte del carácter de una época, una sociedad y –en este caso- una obra. Esta ponencia carga la intención de extender esta matriz de análisis a un corpus mayor de historietas (como parte de la Tesina de Grado de la carrera Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires), y a una exploración de época (los años 2000 en Argentina -y el mundo-) inevitablemente compleja. Es por eso que el desafío impuesto es el de lograr verosimilitud y creatividad en el desarrollo de las ideas, por un lado, y atisbo de líneas de investigación por otro. Advierto, estas categorías no son estancas, se cruzan y articulan entre sí, pero sostenerlas me permite ordenar la exposición de las ideas.
Política
A finales de 2001 estalla en el país la mayor crisis política y social desde la vuelta de la democracia, con su consecuente inestabilidad en los órdenes de lo público y lo privado y con un efecto devastador entre los sectores de la población más vulnerables. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde se rompe la paridad cambiaria con el dólar, el peso se devalúa y se atisba la recuperación económica. En 2003 es electo presidente Néstor Kirchner, y bajo su mandato ejecutivo se llevan a adelante medidas que se vinculan a la obra analizada.
Ese mismo año, el Congreso Nacional declara la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y en junio de 2005 la Corte Suprema de Justicia declara la inconstitucionalidad, sentando la jurisprudencia necesaria para iniciar juicios contra represores. Ambas medidas fueron consideradas como logros del gobierno de Néstor Kirchner. Quién también generó un fuerte impacto simbólico al ordenar el retiro de los cuadros de los generales Videla y Bignone de la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESMA), la cual luego se reconvirtió en Espacio para la Memoria. Medidas como estas lograron que el nuevo presidente obtuviera una base de adhesión importante dentro de sectores de “centro y centro-izquierda” que veían reivindicadas demandas históricas. Podríamos identificar a algunos de esos actores: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, personajes de la cultura y parte del periodismo que representa el diario Pagina/12. El matutino se convirtió en un defensor de las políticas del nuevo gobierno, que levantaba banderas comunes como el anti menemismo, la defensa de los DD.HH, una identidad “nacional & popular” y la idea de una “Patria Grande”. En este caldo de cultivo, surge el proyecto de relanzar la FIERRO. Con el diario como respaldo (en la publicación, distribución y exhibición) y con el Gobierno Nacional como sponsor, la revista vuelve a ver la luz.
Estas condiciones nos permiten suponer que, incluso dentro de un ambiente de libertad artística y creativa –propio de la FIERRO como concepto, y de un director como Juan Sasturain-, las historias a publicar probablemente serán afines en espíritu a las ideas progresistas que defienden desde el periódico que da cabida y el Gobierno que sustenta. No es rara entonces la aparición de El Síndrome Guastavino, una historieta que habla de la violencia de la Dictadura, que pone en el tapete la brutalidad de sus acciones y sus profundas secuelas: “esquirlas de la peor locura han ido quedando en demasiadas cabezas compatriotas”, como escribió Trillo en el texto que acompañó el último capítulo. Y la historia carga sus tintas de colores sobre esos conciudadanos, los hombres “de pro”, como dice la anciana pituca que corteja Elvio, que aún hoy defienden a capa y espada la tarea de los “héroes” que nos salvaron del atentado a los cimientos católicos, apostólicos y romanos de la Argentina. (el lunes, la segunda parte)
viernes, 26 de octubre de 2012
LOS ULTIMOS TIEMPOS DEL HUMOR ARGENTINO (1968-1976), por Carlos Trillo
1968. Luego de un fracasado intento de humor oficialista que se llamó La Hipotenusa y que aguantó con una venta escasísima tres meses en 1967, en mayo de 1968 aparece Tio Landrú.
Se trata de la revista heredera de la tradición iniciada en 1957 con Tia Vicenta, un semanario corrosivo, despreocupado, con chispazos de surrealismo que llegó a vender 250.000 ejemplares semanales. A principios de la década del '60, Tia Vicenta había comenzado a flaquear luego de una desinteligencia entre sus mentores (el dibujante Landrú y el escritor Carlos del Peral). Sin embargo, Landrú consigue vender la revista como suplemento de un diario de gran tirada (el mismo que en 1966 roba Mafalda al semanario Primera Plana): El Mundo. En este periódico, Tia Vicenta conoce un nuevo período de espiendor que es cortado en octubre de 1966.
Onganía prohíbe la edición de Tia Vicenta junto con el diario El Mundo por una falta de respeto a su investidura presidencial: en una tapa lo comparan con una morsa por los grandes bigotes que adornan su cara.
Landrú, que además de ser el más cotizado humorista político argentino, es un astuto observador de pautas de comporta¬miento de las clases sociales que componen la población de Buenos Aires, propone al diario la publicación de un suplemento llamado Maria Belén, en homenaje a uno de sus personajes más festejados, una chica de alta sociedad con tics y modos de hablar y vestirse que en esa época la clase media estaba copiando cuidadosamente. Y Maria Belén, aparece en el diario El Mundo hasta su repentina desaparición, por quiebra de la empresa editora, en 1967.
En 1968, pues, Landrú retoma la idea de un semanario político con Tío Landrú, la revista que, como reza su slogan, "anda bien cuando las cosas andan mal".
Landrú es la estrella de la nueva publicación, y lo acompañan algunos dibujantes jóvenes, junto con algunos de los que se habían hecho conocidos ya en sus anteriores aventuras editoriales.
Entre los veteranos está Manucho, un inocente hacedor de chistes mudos, de transparente inocencia y gran eficacia en la observación. También está Faruk. Entre los nuevos sobresale Viuti, con una historieta de marginados intelectuales (es¬pecie que abunda en la vida real por ese época), barbudos, sucios e inútiles; se llama Los Superados. También está Bróccoli (Histerio), dibujante fogueado ya en La Hipotenusa, la revista masculina Adán y el mensuario Panorama. Y Caloi, un adolescente cuyo lirismo atrae notablemente al público, que ya lo conocía por ser desde 1966 colaborador oficial de Clarín Revista, "insert" semanal del diario del mismo nombre, donde realizó una lánguida y meditabunda tira con pajaritos y luego (hasta la actualidad) una pagina semanal de chistes.
En Tio Landrú se halla también Pan Duro, un humorista amargo y de alto voltaje intelectual que antes habia firmado Verdoux en La Hipotenusa y que luego asumiría su nombre real: Limura. El pelotón lo completan Aldo Rivero, Ceo, Hermann, Vilar, Werffeli, Gorla.
1969. La desaparición de Tio Landrú provoca un gran vacío. Sólo quedan dos revistas de humor: Patoruzú, que aparece desde 1936 y alberga, junto a los personajes de Quinterno (Patoruzú, Isidoro, Don Fierro) a dos notables creadores de tipos humanos: Battaglia y Ferro; y Rico Tipo, nacida en noviembre de 1944 y que a la trágica muerte de Divito, su creador, en 1968, languidece irremediablemente para desaparecer en 1970.
Algunos dibujantes están ya publicando en revistas de información general. El talentoso Amengual, creador de hermosas máquinas y de complicadas historias, todas en un peculiar y magnífico estilo gráfico, trabaja para el semanario Confirmado. Sábat, el gran caricaturista uruguayo, sorprende desde las páginas de Primera Plana, para pasar luego al diario La Opinión (1971) y a continuación al diario Clarín, desde donde continúa deslumbrando con sus formas rápidas, su precisión y el ornamento que rodea a las figuras que caricaturiza diariamente.
1970. Las revistas de humor no dan señales de vida. Algunas pocas publicaciones no humorísticas albergan en sus páginas tiras y chistes y los diarios apenas renuevan sus páginas de historietas.
En La Nación, a Perro Mundo, una tira con animales de Heredia, se suma Punto en Boca, de Vilar, variante muda del juego de palabras. En Clarín, al morir Fantasio, autor de Tancredo, toman a Ian, un seguidor eficaz de Quino, que elabora buenos chistes mudos en su serie Chispazos.
El diario La Prensa suma a su página de tiras cómicas la tira de Robles (antes firmaba Selbor) La vida es una historieta, con reflexiones acerca del comportamiento cotidiano de los argentinos.
La revista Siete Dias Ilustrados comienza a publicar Juan y el Preguntón, de Bróccoli.
1971. Ya no existe Rico Tipo. Landrú parece dispuesto a no editar más revistas de humor como Tia Vicenta y colabora activamente como humorista político en Clarín, como escritor costumbrista en la revista Gente y como especialista en tomarle el pelo a los ejecutivos de las empresas en el semanario de negocios Mercado.
No es un año propicio para el humor, pero se avecinan tiempos mejores.
1972. A principios de año, en la provincia de Córdoba nace un intento que en principio es absolutamente localista y que poco a poco va agrandándose como fenómeno hasta llegar a tiradas de cien mil ejemplares por número. La nueva revista se llama Hortensia y la dirige Alberto Cognigi, un dibujante de trazo clásico y agudo sentido de la observación. Acompañan a Cognigni una decena de dibujantes cordobeses, entre los que se cuenta Crist, creador de la serie García y la Máquina de Hacer Pájaros, el caricaturista Marino, Jiménez, Martino, Chamartín y el excepcional rosarino Fontanarrosa, que aporta a la revista sus dos más grandes personajes: Inodoro Pereyra (desde setiembre de 1974 en revista Mengano) y Boogie el Aceitoso. El primero de los personajes es un gaucho, antítesis del acartonado Lindor Covas de Walter Ciocca y, probablemente, su caricatura. El otro, Boogie, es un gangster norteamericano que tiene la particularidad de hablar como en los doblajes portorriqueños de las series yanquis. Boogie es, seguramente, la más corrosiva historieta que esté en rodaje actualmente en Argentina.
A fines de 1972, el 1ro. de noviembre, aparece una publicación destinada a renovar la manera de encarar una revista humorística en el país. Se llama Satiricón y sus modelos son la revista alemana Pardón y la norteamericana National Lampoon. Es, dentro del mercado local, una revista lujosa, y bien diagramada.
En el aspecto de los dibujantes, Satiricón tiene a los mejores, capitaneados por el director de la publicación, Oskar Blotta (h), y Andrés Cascioli.
En Satiricón dibuja Fontanarrosa unas maravillosas historietas basadas en cuentos de Borges, en películas famosas, en best sellers literarios. También está Pérez D'Elias realizando graciosas adaptaciones de películas y teleteatros a la manera de Mad. Crist hace buenos chistes hermosamente dibujados. En el terreno del chiste de un solo cuadro sobresale ampliamente Limura, un reflexivo ácido y letal que elabora sus chistes a partir de largas e inteligentes parrafadas. Sus mutilados, sus impotentes y sus rameras son francamente memorables.
Satiricón publica la historieta El Sátiro Virgen, de Fernández y Branca. También publica las historietas unitarias de Alfredo Grondona White, un eximio narrador de original estilo.
1973. Satiricón comienza a crecer. Antes de fines de año estará en más de ciento cincuenta mil ejemplares de venta mensual. En el número 12 (octubre '73) desaparece El Sátiro Virgen por un conflicto entre empresa editorial y dibujantes y es reemplazada por El Marqués de Sade.
En 1973, exactamente el 7 de marzo, el diario Clarín cambia completamente su página de historietas. A partir de ese día y hasta la actualidad, publica El Mago Fafa, un ilusionista admirador de Mandrake dibujado por Bróccoli, Bartolo (desde enero de 1976, Clemente y Bartolo) de Caloi y chistes diarios de Fontanarrosa y Crist.
Hacia fines de año se edita el Libro de Hortensia, compilación de páginas publicadas por la revista cordobesa y llega a la elevadísima venta para un libro de 75.000 ejemplares en sólo dos ediciones.
1974. A principios de año, una aventura comercial llamada Maleficón sale a competir con Satiricón con un material humorístico francamente deplorable. No tiene ningún éxito y su poca venta se ve agravada por el hecho de que la empresa editora de Satiricón le inicia juicio por plagio de marca.
En setiembre (el 1ro., exactamente), aparece un competidor mis serio: Mengano. Cuenta entre sus colaboradores a Oski, Quino, Alberto Breccia, y algunos dibujantes que se han marchado de Satiricón para esta nueva aventura: Limura, Bróccoli, Amengual, Viuti y Fontanarrosa (estos dos últimos colaboran simultáneamente en las dos revistas). Se agregan a estos una nueva camada de dibujantes: Fati, ilustrador fuerte y novedoso, Serguei, buen narrador de chistes mudos y de historietas humorísticas de largo metraje y Sanyú, dibujante vigoroso e inteligente con un amplio espectro de posibilidades graficas.
En octubre, Satiricón es clausurada.
1975. La empresa editora de Satiricón publica una nueva revista, Chaupinela, revista en la que colaboran casi los mismos dibujantes que figuraban en el staff al cierre de la primera.
Sin embargo, las ventas no acompafian a la nueva publicación, que debe cambiar su frecuencia quincenal por mensual para sobrevivir y finalmente desapareoe en el mes de octubre.
Tampoco a Mengano le va bien. De una venta inicial de cien mil ejemplares quincenales ha bajado, en poco más de un año, a apenas veinticinco mil. Sin embargo su estilo se va decantando en la parodia de los géneros similares, como la historieta seria y el periodismo. Al equipo inical, algunos de cuyos más célebres integrantes han renunciado, se han sumado unos pocos excelentes humoristas: Liotta y Lembo, colaboradores también de Patoruzú, Suar y Werffeli.
En diciembre de 1975, reaparece levantada la clausura por la justicia el mensuario Satiricón.
Originalmente publicado en el catálogo de la Tercera Bienal del Humor y la Historieta (Córdoba, 1976)
Se trata de la revista heredera de la tradición iniciada en 1957 con Tia Vicenta, un semanario corrosivo, despreocupado, con chispazos de surrealismo que llegó a vender 250.000 ejemplares semanales. A principios de la década del '60, Tia Vicenta había comenzado a flaquear luego de una desinteligencia entre sus mentores (el dibujante Landrú y el escritor Carlos del Peral). Sin embargo, Landrú consigue vender la revista como suplemento de un diario de gran tirada (el mismo que en 1966 roba Mafalda al semanario Primera Plana): El Mundo. En este periódico, Tia Vicenta conoce un nuevo período de espiendor que es cortado en octubre de 1966.
Onganía prohíbe la edición de Tia Vicenta junto con el diario El Mundo por una falta de respeto a su investidura presidencial: en una tapa lo comparan con una morsa por los grandes bigotes que adornan su cara.
Landrú, que además de ser el más cotizado humorista político argentino, es un astuto observador de pautas de comporta¬miento de las clases sociales que componen la población de Buenos Aires, propone al diario la publicación de un suplemento llamado Maria Belén, en homenaje a uno de sus personajes más festejados, una chica de alta sociedad con tics y modos de hablar y vestirse que en esa época la clase media estaba copiando cuidadosamente. Y Maria Belén, aparece en el diario El Mundo hasta su repentina desaparición, por quiebra de la empresa editora, en 1967.
En 1968, pues, Landrú retoma la idea de un semanario político con Tío Landrú, la revista que, como reza su slogan, "anda bien cuando las cosas andan mal".
Landrú es la estrella de la nueva publicación, y lo acompañan algunos dibujantes jóvenes, junto con algunos de los que se habían hecho conocidos ya en sus anteriores aventuras editoriales.
Entre los veteranos está Manucho, un inocente hacedor de chistes mudos, de transparente inocencia y gran eficacia en la observación. También está Faruk. Entre los nuevos sobresale Viuti, con una historieta de marginados intelectuales (es¬pecie que abunda en la vida real por ese época), barbudos, sucios e inútiles; se llama Los Superados. También está Bróccoli (Histerio), dibujante fogueado ya en La Hipotenusa, la revista masculina Adán y el mensuario Panorama. Y Caloi, un adolescente cuyo lirismo atrae notablemente al público, que ya lo conocía por ser desde 1966 colaborador oficial de Clarín Revista, "insert" semanal del diario del mismo nombre, donde realizó una lánguida y meditabunda tira con pajaritos y luego (hasta la actualidad) una pagina semanal de chistes.
En Tio Landrú se halla también Pan Duro, un humorista amargo y de alto voltaje intelectual que antes habia firmado Verdoux en La Hipotenusa y que luego asumiría su nombre real: Limura. El pelotón lo completan Aldo Rivero, Ceo, Hermann, Vilar, Werffeli, Gorla.
1969. La desaparición de Tio Landrú provoca un gran vacío. Sólo quedan dos revistas de humor: Patoruzú, que aparece desde 1936 y alberga, junto a los personajes de Quinterno (Patoruzú, Isidoro, Don Fierro) a dos notables creadores de tipos humanos: Battaglia y Ferro; y Rico Tipo, nacida en noviembre de 1944 y que a la trágica muerte de Divito, su creador, en 1968, languidece irremediablemente para desaparecer en 1970.
Algunos dibujantes están ya publicando en revistas de información general. El talentoso Amengual, creador de hermosas máquinas y de complicadas historias, todas en un peculiar y magnífico estilo gráfico, trabaja para el semanario Confirmado. Sábat, el gran caricaturista uruguayo, sorprende desde las páginas de Primera Plana, para pasar luego al diario La Opinión (1971) y a continuación al diario Clarín, desde donde continúa deslumbrando con sus formas rápidas, su precisión y el ornamento que rodea a las figuras que caricaturiza diariamente.
1970. Las revistas de humor no dan señales de vida. Algunas pocas publicaciones no humorísticas albergan en sus páginas tiras y chistes y los diarios apenas renuevan sus páginas de historietas.
En La Nación, a Perro Mundo, una tira con animales de Heredia, se suma Punto en Boca, de Vilar, variante muda del juego de palabras. En Clarín, al morir Fantasio, autor de Tancredo, toman a Ian, un seguidor eficaz de Quino, que elabora buenos chistes mudos en su serie Chispazos.
El diario La Prensa suma a su página de tiras cómicas la tira de Robles (antes firmaba Selbor) La vida es una historieta, con reflexiones acerca del comportamiento cotidiano de los argentinos.
La revista Siete Dias Ilustrados comienza a publicar Juan y el Preguntón, de Bróccoli.
1971. Ya no existe Rico Tipo. Landrú parece dispuesto a no editar más revistas de humor como Tia Vicenta y colabora activamente como humorista político en Clarín, como escritor costumbrista en la revista Gente y como especialista en tomarle el pelo a los ejecutivos de las empresas en el semanario de negocios Mercado.
No es un año propicio para el humor, pero se avecinan tiempos mejores.
1972. A principios de año, en la provincia de Córdoba nace un intento que en principio es absolutamente localista y que poco a poco va agrandándose como fenómeno hasta llegar a tiradas de cien mil ejemplares por número. La nueva revista se llama Hortensia y la dirige Alberto Cognigi, un dibujante de trazo clásico y agudo sentido de la observación. Acompañan a Cognigni una decena de dibujantes cordobeses, entre los que se cuenta Crist, creador de la serie García y la Máquina de Hacer Pájaros, el caricaturista Marino, Jiménez, Martino, Chamartín y el excepcional rosarino Fontanarrosa, que aporta a la revista sus dos más grandes personajes: Inodoro Pereyra (desde setiembre de 1974 en revista Mengano) y Boogie el Aceitoso. El primero de los personajes es un gaucho, antítesis del acartonado Lindor Covas de Walter Ciocca y, probablemente, su caricatura. El otro, Boogie, es un gangster norteamericano que tiene la particularidad de hablar como en los doblajes portorriqueños de las series yanquis. Boogie es, seguramente, la más corrosiva historieta que esté en rodaje actualmente en Argentina.
A fines de 1972, el 1ro. de noviembre, aparece una publicación destinada a renovar la manera de encarar una revista humorística en el país. Se llama Satiricón y sus modelos son la revista alemana Pardón y la norteamericana National Lampoon. Es, dentro del mercado local, una revista lujosa, y bien diagramada.
En el aspecto de los dibujantes, Satiricón tiene a los mejores, capitaneados por el director de la publicación, Oskar Blotta (h), y Andrés Cascioli.
En Satiricón dibuja Fontanarrosa unas maravillosas historietas basadas en cuentos de Borges, en películas famosas, en best sellers literarios. También está Pérez D'Elias realizando graciosas adaptaciones de películas y teleteatros a la manera de Mad. Crist hace buenos chistes hermosamente dibujados. En el terreno del chiste de un solo cuadro sobresale ampliamente Limura, un reflexivo ácido y letal que elabora sus chistes a partir de largas e inteligentes parrafadas. Sus mutilados, sus impotentes y sus rameras son francamente memorables.
Satiricón publica la historieta El Sátiro Virgen, de Fernández y Branca. También publica las historietas unitarias de Alfredo Grondona White, un eximio narrador de original estilo.
1973. Satiricón comienza a crecer. Antes de fines de año estará en más de ciento cincuenta mil ejemplares de venta mensual. En el número 12 (octubre '73) desaparece El Sátiro Virgen por un conflicto entre empresa editorial y dibujantes y es reemplazada por El Marqués de Sade.
En 1973, exactamente el 7 de marzo, el diario Clarín cambia completamente su página de historietas. A partir de ese día y hasta la actualidad, publica El Mago Fafa, un ilusionista admirador de Mandrake dibujado por Bróccoli, Bartolo (desde enero de 1976, Clemente y Bartolo) de Caloi y chistes diarios de Fontanarrosa y Crist.
Hacia fines de año se edita el Libro de Hortensia, compilación de páginas publicadas por la revista cordobesa y llega a la elevadísima venta para un libro de 75.000 ejemplares en sólo dos ediciones.
1974. A principios de año, una aventura comercial llamada Maleficón sale a competir con Satiricón con un material humorístico francamente deplorable. No tiene ningún éxito y su poca venta se ve agravada por el hecho de que la empresa editora de Satiricón le inicia juicio por plagio de marca.
En setiembre (el 1ro., exactamente), aparece un competidor mis serio: Mengano. Cuenta entre sus colaboradores a Oski, Quino, Alberto Breccia, y algunos dibujantes que se han marchado de Satiricón para esta nueva aventura: Limura, Bróccoli, Amengual, Viuti y Fontanarrosa (estos dos últimos colaboran simultáneamente en las dos revistas). Se agregan a estos una nueva camada de dibujantes: Fati, ilustrador fuerte y novedoso, Serguei, buen narrador de chistes mudos y de historietas humorísticas de largo metraje y Sanyú, dibujante vigoroso e inteligente con un amplio espectro de posibilidades graficas.
En octubre, Satiricón es clausurada.
1975. La empresa editora de Satiricón publica una nueva revista, Chaupinela, revista en la que colaboran casi los mismos dibujantes que figuraban en el staff al cierre de la primera.
Sin embargo, las ventas no acompafian a la nueva publicación, que debe cambiar su frecuencia quincenal por mensual para sobrevivir y finalmente desapareoe en el mes de octubre.
Tampoco a Mengano le va bien. De una venta inicial de cien mil ejemplares quincenales ha bajado, en poco más de un año, a apenas veinticinco mil. Sin embargo su estilo se va decantando en la parodia de los géneros similares, como la historieta seria y el periodismo. Al equipo inical, algunos de cuyos más célebres integrantes han renunciado, se han sumado unos pocos excelentes humoristas: Liotta y Lembo, colaboradores también de Patoruzú, Suar y Werffeli.
En diciembre de 1975, reaparece levantada la clausura por la justicia el mensuario Satiricón.
Originalmente publicado en el catálogo de la Tercera Bienal del Humor y la Historieta (Córdoba, 1976)
jueves, 25 de octubre de 2012
HÉROES OLVIDADOS, por Trillo, Dolina y Balbi
Hoy compartimos la segunda historieta titulada Héroes Olvidados, escrita por Carlos Trillo y Alejandro Dolina y dibujada por Alberto Balbi. Esto se apareció originalmente en el Nº 20 de Satiricón (Julio de 1974) y es la segunda y última historieta realizada por Trillo para esta publicación.
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