domingo, 29 de julio de 2012

LOS MISTERIOS DE LA LUNA ROJA, por Gabriel Zárate

Publicada en la revista infantil-juvenil Genios entre 1998 y 2000 con guión de Carlos Trillo y dibujos de Eduardo Risso, Los Misterios de la Luna Roja fue editada íntegramente por Norma Editorial en 2005, en cuatro tomos impecables: Bran, el invisible, El ataque del circo, El reino de Nunca y El libro de todos los sueños.
En el señorío de Burien llega Antolín un niño malabarista, acompañado de Crocker y Theo, un par de actores cómicos viajeros ya veteranos. La infelicidad y tristeza de la población se percibe de inmediato pues el Señor de Burien se ha abandonado a un paralizante sufrimiento desde la muerte (desaparición) de Tyl, su hermosa y amada esposa. Además Luna su única hija de frondosa cabellera rojiza, por hablar sola se cree que ha enloquecido. Antolín conoce a Luna, quien le confiesa que su madre Tyl era en realidad un hada humanizada, que no ha muerto sino ha retornado a su extraordinario mundo, y Bran (su amigo con quien habla) es un ser mágico e invisible con poderes, al cual sólo Luna puede ver.
Pronto se desata la despiadada invasión del poderoso ejército del Señorío Leona. Las tierras de Burien son rápidamente capturadas con casi nula resistencia y en su castillo el Señor de Burien es reducido y encerrado en un calabozo. Luna consigue escapar guiada por Bran y se encuentra con Antolín, para empezar la larga travesía conjunta del par de niños de once años.
Antolín, ágil malabarista, es además valiente y astuto, con una gran capacidad deductiva pero de escasa imaginación mágica en un universo encantado. Se convierte en el osado caballero que acompañará a Luna para liberar a su padre y recuperar sus dominios tiranizados por el Señor de Leona. Es Luna quien, obsesionada por el reencuentro con su madre, nos conduce al mundo maravilloso del las hadas. Acorralados por los lobos, capturados por unos vagabundos que pensaban venderlos como esclavos, finalmente arriban a la isla de Galahad donde se sitúa el castillo de las hadas twlings y Luna puede al fin encontrarse con su madre, pero decide regresar a Burien para rescatar a su padre y liberar sus dominios del cruel Señor de Leona.
El viaje de retorno los conduce al puerto de Margen donde en sueños Ogier un árbol humanizado le indica a Luna que para cumplir sus propósitos debe reclutar un ejército compuesto por un hombre volador, una domadora de gatos, un oso amaestrado, un forzudo, un equilibrista, quintillizos que formen una torre humana y dos pájaros que hablen. Con ese estrambótico ejercito, un asombroso y pintoresco circo ambulante que deleita a los aldeanos con sus peculiares habilidades, Luna enfila a Burien con el objetivo de reconquistarlo y salvar a su padre, siempre secundada por su leal amigo Antolín.
Ya en Burien retomada, Antolín pregunta por la suerte de Crocker y Theo, y se entera de que ambos huyeron rumbo a Nunca, tenebroso territorio hechizado más allá de Burien de donde nadie ha retornado jamás, gobernado por la malvada y terrible bruja Panta. El niño saltimbanqui decide partir en solitario en busca de sus queridos compañeros, pero Luna le dará alcance a Antolín y juntos enfrentarán nuevos y temibles peligros.
En la última aventura, Luna tras comunicarse con su madre en sueños y enviarle ella la ayuda de Blas Pascual de la Valera (un gato que habla), invoca a Antolín para que la acompañe en su nueva travesía pues deben internase en la tierra de las brujas y descubrir cuál es el punto débil del invencible gigante Lamermof de Granf quien después de secuestrar a la bella Amadora (la segunda esposa del Señor de Burien) lo ha retado a duelo.
Esta entretenida fábula aventuresca recurre a los clásicos tópicos del género de fantasía heroica, de capa y espada. La reconstrucción mágica del universo medieval anglosajón está poblada de seres asombrosos y sobrenaturales como brujas, hadas, gnomos, gigantes, dragones, propios del fantástico imaginario del Medioevo.
Se trata de una historieta donde los jóvenes protagonistas se enfrentan a constantes viajes arriesgando la vida y la integridad, en travesías que simbolizan reiteradas pruebas por superar, internándose en regiones peligrosas e inverosímiles. Siempre expuestos a incesantes riesgos, son los persistentes retos que Antolín y Luna deben atravesar y superar, para alcanzar una precoz condición heroica en el relato.
La transformación en héroe está encarnada en la evolución del infante Antolín, quien de aldeano malabarista se convierte en un valeroso caballero espada en mano, protector de Luna. Pero su auténtico crecimiento se produce en plano espiritual de los sentimientos: El intenso y desbordante amor amical por Crocker y Theo, su única familia en el mundo, le darán a un tierno niño la valentía casi suicida de la que carece un hombre. Impulsará a Antolín a emprender el más osado y riesgoso de los trayectos: internarse en un terrorífico territorio del cual ningún humano ha conseguido regresar nunca.
El incondicional amor de Luna por su padre, empujará a la niña pelirroja a abandonar la seguridad del reino de las hadas y emprender la audaz reconquista de Burien para rescatarlo y posteriormente, al ver a su leal amigo Antolín avanzar solo rumbo a Nunca. Luna, por intervención de su madre, que se comunica en sueños, (“porque necesita y merece tu ayuda”) decide acompañarlo. Con intrépido arrojo irá tras él en su búsqueda. Su desarrollo es también ético, pues Luna, se convence de que la suerte de ambos niños ya está sellada por las difíciles experiencias compartidas, y finalmente resuelve seguirlo, asumiéndolo como un deber trascendental.
El deber trascendental sobrepasa el interés propio del individuo. Es el amor y la ética lo que finalmente permiten el crecimiento interior de un hombre. Es el preciso instante crítico cuando uno termina por confrontar consigo mismo. Si asume el reto, habrá dado un salto axiológico que lo hará crecer como persona, más allá de cuál sea el resultado final. Al emprender una aventura con escasas posibilidades de retorno, el sujeto demuestra su autentico coraje pues con osadía afronta el miedo y decide sobrellevarlo consigo. No es seguro vencer a la adversidad pero hay que intentarlo, aún a costa de su propia suerte, pues ya están cimentados los fuertes lazos éticos que son indisolubles. Es allí donde radica la autentica grandeza de un hombre, no por alcanzar el éxito, sino por haberlo intentado, venciendo el irracional temor que lo domina y aún sabiendo que lo más probable sea la certidumbre de la derrota.
Estamos frente a una aventura llena de temerarios peligros, permanentes dosis de humor y emociones, con fuertes y desgarradoras escenas de dolor y sufrimiento que intensifican los niveles conmovedores de dramatismo de la narración. Un relato pensado para niños, pero que es de lectura imprescindible para los adultos que aman la historieta, lo que nos reitera el talento de sus grandes autores.

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