Hoy, un nuevo episodio en este extraño ciclo de historias cortas realizadas por Trillo y Dose a principios de los ´80 para la revista Tiras de Cuero.
domingo, 13 de mayo de 2012
sábado, 12 de mayo de 2012
PETER KAMPF LO SABIA, por Hernán Martignone
Hoy quiero detenerme en la que considero la obra cumbre de Carlos Trillo (como si realmente se pudiera elegir entre tantas obras perfectas), y sin duda una de las tres mejores historietas argentinas de todos los tiempos. Me refiero a Peter Kampf lo Sabía, con los inmejorables dibujos de Domingo Cacho Mandrafina. Publicada en forma de libro este 2011 por la editorial argentina Ojodepez!, y a un precio más que accesible ($35), esta edición magnífica cuenta con prólogo de Pablo De Santis y dos excelentes textos alusivos de Fabio Blanco y Javier Benyo, e incluye además la historieta corta de la misma dupla titulada “Los héroes están cansados” (originalmente aparecida en SuperHum®).
Realizada en 1987 y publicada en Fierro en 1988, Peter Kampf lo Sabía es el relato ucrónico de una búsqueda. Paul Laudic, editor francés de historietas y experto en la materia, llega a los Estados Unidos acompañado de su novia colombiana Karin Milas, para ver los originales de Peter Kampf…, tira diaria del historietista Al Hit que había visto la luz en el Daily News a finales de la década de 1920. De hecho, el año de publicación de la tira en la ficción (1928) coincide con la fecha de salida del segundo volumen del tristemente célebre libro Mein Kampf (Mi Lucha), de Adolf Hitler, además de ser el mismo en que se produce una nueva derrota del partido nazi en las elecciones. Al Hit es, precisamente, el seudónimo de Adolf Hitler, pintor austríaco que se dedica a producir historietas para la prensa norteamericana. Sobre esta premisa insuperable, Trillo y Mandrafina construyen una historia única, más allá de que la idea de un mundo en que el nazismo y la llegada de Hitler al poder jamás se produzcan ha sido explotada de diversas maneras en la literatura, como señala Pablo De Santis en el prólogo. A los textos mencionados allí por De Santis habría que agregar la insoslayable novela Respiración Artificial, de Ricardo Piglia, que se aproxima al mismo núcleo narrativo pero desde otro lugar.
La variante del guión de Trillo, que hace de Hitler un historietista –un artista de masas–, le confiere a esta obra un carácter especial, por la profunda relevancia que adquiere para las discusiones sobre el arte mismo de la historieta y el arte en general. Al mismo tiempo, Mandrafina se luce (como siempre) alternando en este caso su característico estilo (para dibujar las escenas de la propia historia de la búsqueda) con un estilo afín al de las tiras de prensa de los años veinte (para graficar las tiras de Al Hit, que salpican aquí y allá la narración de manera perfecta y en relación más que estrecha con esa narración). Su estilo es ideal, además, para el registro burlesco (pero no caricaturesco) de Trillo: sabe captar y representar los matices de los personajes –esos estereotipos únicos, si se me permite la paradoja, que el guionista sabía crear con tanta facilidad– y transmitir en cada gesto, en cada pliegue de la ropa y en cada sombra la maravillosa complejidad que le llega del texto, sin olvidarse de crear un mundo totalmente verosímil en el que nos sumergimos desde la primera viñeta. Justo entre el realismo más clásico y la expresividad más absoluta está el dibujo de Mandrafina.
Todos los elementos clásicos de un guión de Trillo se encuentran ahí, llevados al extremo: personajes masculinos y femeninos inolvidables y únicos, juego con los límites de los géneros, aventura pura y dura con una lógica digna de magia, denuncia política y social, reflexión sobre la narración (puesta al servicio de la propia narración). Pero además están esos detalles que su talento jamás olvidaba colocar por todos lados. Así, la tira Connie (de Frank Godwin) utilizada en un momento trata sobre la cena entre un hombre y una mujer, que es de lo que hablaban poco antes los personajes e incluye una mención a China, clave en uno de los aspectos de la tira Peter Kampf…; la frase “No te metas, Steve, no te metas” resuena a dictadura en el oído argentino; de la figura de Goebbels, que en la ficción dirige una agencia de publicidad, se dice que se ocupa de promocionar jabones y gaseosas, elementos que remiten a tantos chistes antisemitas y al origen de la bebida Fanta (asociada con el nazismo), además de referir magistralmente también a la Coca-Cola, “el sabor para la América blanca”; el editor Paul Laudic problematiza la figura de los colaboracionistas franceses durante la Segunda Guerra Mundial.
Esta historieta constituye, entre tantas otras cosas, una gran parábola sobre el nazismo, y hay que leerla sin duda en relación con el Maus de Art Spiegelman: por sus sutiles semejanzas, por sus profundas diferencias y, sobre todo, por su idéntica calidad. Y es también una gran metáfora sobre el poder del arte, sobre su relación con la política y la ética y la moral. Entre tantas otras cosas, insisto. Su último cuadrito, que es a la vez dos cuadritos y todos los cuadritos, me parece artística y simbólicamente insuperable. Una obra inagotable por donde se la lea y se la mire. Historieta en grado pleno.
Si tenés plata para comprar solamente una historieta durante este mes, o durante este año, o durante esta vida, que sea Peter Kampf lo Sabía, de Carlos Trillo y Domingo Mandrafina.
Publicado originalmente en el blog Sobre Historieta, el 7 de Noviembre de 2011.
Realizada en 1987 y publicada en Fierro en 1988, Peter Kampf lo Sabía es el relato ucrónico de una búsqueda. Paul Laudic, editor francés de historietas y experto en la materia, llega a los Estados Unidos acompañado de su novia colombiana Karin Milas, para ver los originales de Peter Kampf…, tira diaria del historietista Al Hit que había visto la luz en el Daily News a finales de la década de 1920. De hecho, el año de publicación de la tira en la ficción (1928) coincide con la fecha de salida del segundo volumen del tristemente célebre libro Mein Kampf (Mi Lucha), de Adolf Hitler, además de ser el mismo en que se produce una nueva derrota del partido nazi en las elecciones. Al Hit es, precisamente, el seudónimo de Adolf Hitler, pintor austríaco que se dedica a producir historietas para la prensa norteamericana. Sobre esta premisa insuperable, Trillo y Mandrafina construyen una historia única, más allá de que la idea de un mundo en que el nazismo y la llegada de Hitler al poder jamás se produzcan ha sido explotada de diversas maneras en la literatura, como señala Pablo De Santis en el prólogo. A los textos mencionados allí por De Santis habría que agregar la insoslayable novela Respiración Artificial, de Ricardo Piglia, que se aproxima al mismo núcleo narrativo pero desde otro lugar.
La variante del guión de Trillo, que hace de Hitler un historietista –un artista de masas–, le confiere a esta obra un carácter especial, por la profunda relevancia que adquiere para las discusiones sobre el arte mismo de la historieta y el arte en general. Al mismo tiempo, Mandrafina se luce (como siempre) alternando en este caso su característico estilo (para dibujar las escenas de la propia historia de la búsqueda) con un estilo afín al de las tiras de prensa de los años veinte (para graficar las tiras de Al Hit, que salpican aquí y allá la narración de manera perfecta y en relación más que estrecha con esa narración). Su estilo es ideal, además, para el registro burlesco (pero no caricaturesco) de Trillo: sabe captar y representar los matices de los personajes –esos estereotipos únicos, si se me permite la paradoja, que el guionista sabía crear con tanta facilidad– y transmitir en cada gesto, en cada pliegue de la ropa y en cada sombra la maravillosa complejidad que le llega del texto, sin olvidarse de crear un mundo totalmente verosímil en el que nos sumergimos desde la primera viñeta. Justo entre el realismo más clásico y la expresividad más absoluta está el dibujo de Mandrafina.
Todos los elementos clásicos de un guión de Trillo se encuentran ahí, llevados al extremo: personajes masculinos y femeninos inolvidables y únicos, juego con los límites de los géneros, aventura pura y dura con una lógica digna de magia, denuncia política y social, reflexión sobre la narración (puesta al servicio de la propia narración). Pero además están esos detalles que su talento jamás olvidaba colocar por todos lados. Así, la tira Connie (de Frank Godwin) utilizada en un momento trata sobre la cena entre un hombre y una mujer, que es de lo que hablaban poco antes los personajes e incluye una mención a China, clave en uno de los aspectos de la tira Peter Kampf…; la frase “No te metas, Steve, no te metas” resuena a dictadura en el oído argentino; de la figura de Goebbels, que en la ficción dirige una agencia de publicidad, se dice que se ocupa de promocionar jabones y gaseosas, elementos que remiten a tantos chistes antisemitas y al origen de la bebida Fanta (asociada con el nazismo), además de referir magistralmente también a la Coca-Cola, “el sabor para la América blanca”; el editor Paul Laudic problematiza la figura de los colaboracionistas franceses durante la Segunda Guerra Mundial.
Esta historieta constituye, entre tantas otras cosas, una gran parábola sobre el nazismo, y hay que leerla sin duda en relación con el Maus de Art Spiegelman: por sus sutiles semejanzas, por sus profundas diferencias y, sobre todo, por su idéntica calidad. Y es también una gran metáfora sobre el poder del arte, sobre su relación con la política y la ética y la moral. Entre tantas otras cosas, insisto. Su último cuadrito, que es a la vez dos cuadritos y todos los cuadritos, me parece artística y simbólicamente insuperable. Una obra inagotable por donde se la lea y se la mire. Historieta en grado pleno.
Si tenés plata para comprar solamente una historieta durante este mes, o durante este año, o durante esta vida, que sea Peter Kampf lo Sabía, de Carlos Trillo y Domingo Mandrafina.
Publicado originalmente en el blog Sobre Historieta, el 7 de Noviembre de 2011.
viernes, 11 de mayo de 2012
TERRE LONTANE
A mediados de 2009, Trillo empezó a pensar en una revista de historietas, una antología, realizada íntegramente en Argentina con material de autores locales, pero para imprimirse y venderse en Italia, a través de la editorial de su amigo Coniglio. A los italianos les interesó el proyecto e incluso sugirieron el título de la revista: Terre Lontane (Tierra Lejana).
La idea de Trillo era generar una antología moderna, lo más distinta posible de las clásicas revistas de los ´80. Pero se encontró con que dos de sus historietas de los ´70 y ´80, Marco Mono y Los Enigmas del PAMI, nunca se habían editado en Italia, entonces pensó en incluirlas, un poco para capitalizar la gran popularidad de Enrique Breccia en el mercado peninsular.
Cuando el proyecto se puso en marcha, Trillo se reunió muchas veces con quienes serían sus asesores/ asistentes/ cómplices en esta aventura: Lucas Varela y Pablo Túnica. La idea era darle cabida en la revista a las historietas que Trillo estaba realizando con ambos dibujantes, que para ese entonces estaban inéditas en Italia: El Síndrome Guastavino, Jusepe en America, La Francesa... y por supuesto a creaciones “solistas” de Túnica o Varela, como Roma y Lynch (de Túnica y Lautaro Ortiz), o Paolo Pinocchio, por ejemplo.
La otra historieta de Trillo que no se conocía en Italia y que se iba a sumar a Terre Lontane era El Conejo de Alicia, co-escrita con Maicas y dibujada por Mandrafina. Pero Trillo quería abrir el juego a otros autores. Lo que más le interesaba sumar era:
Lukas, la tira de Rep (de hecho la contratapa del primer número iba a ser un chiste de Rep).
El Hipnotizador, de Pablo De Santis y Juan Sáenz Valiente.
Historias cortas escritas por Diego Agrimbau y dibujadas por Fernando Baldó, Julián Tottino Tedesco o Gabriel Ippóliti.
Y algo Quique Alcatena, aunque les costaba encontrar material de Alcatena inédito en Italia.
“Lamentablemente, esto no pasó de lo anecdótico –recuerda Túnica- A pesar de las reuniones, nunca lo concretamos. Nos quedamos en la fase 0”.
Lo que queda son estos tres bocetos de portadas que diseñó magistralmente Lucas Varela y que hoy compartimos con ustedes.
La idea de Trillo era generar una antología moderna, lo más distinta posible de las clásicas revistas de los ´80. Pero se encontró con que dos de sus historietas de los ´70 y ´80, Marco Mono y Los Enigmas del PAMI, nunca se habían editado en Italia, entonces pensó en incluirlas, un poco para capitalizar la gran popularidad de Enrique Breccia en el mercado peninsular.
Cuando el proyecto se puso en marcha, Trillo se reunió muchas veces con quienes serían sus asesores/ asistentes/ cómplices en esta aventura: Lucas Varela y Pablo Túnica. La idea era darle cabida en la revista a las historietas que Trillo estaba realizando con ambos dibujantes, que para ese entonces estaban inéditas en Italia: El Síndrome Guastavino, Jusepe en America, La Francesa... y por supuesto a creaciones “solistas” de Túnica o Varela, como Roma y Lynch (de Túnica y Lautaro Ortiz), o Paolo Pinocchio, por ejemplo.
La otra historieta de Trillo que no se conocía en Italia y que se iba a sumar a Terre Lontane era El Conejo de Alicia, co-escrita con Maicas y dibujada por Mandrafina. Pero Trillo quería abrir el juego a otros autores. Lo que más le interesaba sumar era:
Lukas, la tira de Rep (de hecho la contratapa del primer número iba a ser un chiste de Rep).
El Hipnotizador, de Pablo De Santis y Juan Sáenz Valiente.
Historias cortas escritas por Diego Agrimbau y dibujadas por Fernando Baldó, Julián Tottino Tedesco o Gabriel Ippóliti.
Y algo Quique Alcatena, aunque les costaba encontrar material de Alcatena inédito en Italia.
“Lamentablemente, esto no pasó de lo anecdótico –recuerda Túnica- A pesar de las reuniones, nunca lo concretamos. Nos quedamos en la fase 0”.
Lo que queda son estos tres bocetos de portadas que diseñó magistralmente Lucas Varela y que hoy compartimos con ustedes.
jueves, 10 de mayo de 2012
STEVENSON & CO, por Carlos Trillo y Oswal
Hoy, las últimas 6 páginas de Stevenson & Co, Buscadores de Tesoros, la serie creada por Trilllo y Oswal a fines de los ´70, de la cual sólo se realizó este primer episodio.
miércoles, 9 de mayo de 2012
STEVENSON & CO, por Carlos Trillo y Oswal
Encontramos la otra historieta que hicieron juntos Trillo y Oswal.
Esta vez estamos en 1979 y los maestros coincidieron en Ediciones Record. Allí plantearon Stevenson & Co, Buscadores de Tesoros como una serie abierta. Sin embargo llegó a realizarse un sólo episodio. Seguramente se publicó por primera vez en alguna revista de Record, y con toda seguridad apareció a fines de los ´80 en las páginas de la revista Cimoc.
Hoy les ofrecemos las primeras 6 páginas y mañana, las 6 restantes.
Esta vez estamos en 1979 y los maestros coincidieron en Ediciones Record. Allí plantearon Stevenson & Co, Buscadores de Tesoros como una serie abierta. Sin embargo llegó a realizarse un sólo episodio. Seguramente se publicó por primera vez en alguna revista de Record, y con toda seguridad apareció a fines de los ´80 en las páginas de la revista Cimoc.
Hoy les ofrecemos las primeras 6 páginas y mañana, las 6 restantes.
martes, 8 de mayo de 2012
¿NO?, por Laura Vazquez Hutnik
Hoy se conmemora el primer aniversario de la muerte de Carlos Trillo. Lo recordamos con este texto publicado originalmente en el blog de la revista Fierro y con la tira que Rep publicó ayer en Página/12.
Desde el domingo a la noche, el tiempo no pasa. Hoy martes, a esta hora, debería estar dictado mi seminario sobre historieta argentina en la facultad. Los textos de Trillo se acumulan en la caja “Artes Secuenciales” de la UBA. Y no sé cómo ponerme al frente del aula sin largarme a llorar. Entonces, no lo hago. Yo no sé si era “otro Carlos” con el que me conectaba, pero poco me importaba su figura de guionista. Leí casi todos sus libros, por supuesto, hasta me atreví a escribir sobre su obra, pero no era por ahí la cosa. A Carlos y a mi nos gusta hablar de historia, de literatura, de Masotta, de Copi, de García Ferré, de arte, de crítica, de Carver, de ciencia ficción, de cine, de Oesterheld, de Breccia, de teoría y pavadas como esas.
Miro las postales de un pasado que no puedo ni quiero soltar. Y ahí nos veo, en los cafés y comidas (siempre con Diego) haciéndonos un hueco para hablar de “cosas serias”. Y luego la charla seguía y hablaban de editores, de dibujantes, de contratos y yo me perdía. Cada tanto me nombraba en una nota al lado de los guionistas. O decía por ahí que le gustaba cómo escribía, que tenía que hacer más guiones de historietas. Y yo luego lo llamaba o le escribía para recriminarle: “¡Pero no me chicanees más Carlos! ¿Vos sabes que soy investigadora y que laburo de otra cosa?”. Y siempre, ahora releo o recuerdo decía: “pero se puede hacer todo bien”. Él sí, yo no. Durante años lo llamé y escribí para pedirle datos, para corroborarlos, para que me lea un capítulo o un ensayo en proceso. ¡Le envíe hasta ponencias de Congresos y artículos de revistas académicas! Nunca me dijo: “Estoy podrido de vos” y seguramente, lo estuvo en algún momento. O no. Como sea, me respondía y daba meticulosas sugerencias siempre iluminadas y certeras. Me aconsejaba alguna lectura, me corregía un año o un apellido mal escrito. Y nunca dejaba de alentarme. Cuando le mandé la tesis hace un par de años me escribió uno de los correos más lindos que haya recibido alguna vez. Lo llamé al estudio para agradecerle y lo primero que dice es: “Estoy en la bibliografía como investigador y crítico, ¿ese debe ser un error, no?”. Y se refería al capítulo 7 (que no está en el libro) “Intelectuales e Historietas”. Porque ahí estaban Oscar Masotta, Oscar Steimberg, Jorge Rivera, Juan Sasturain y estaba él, obviamente. Tan sólido, tan faro, tan inquieto. El libro que hicieron con Saccomanno para Récord, ya deshojado, en bolsita, lo doy cada cuatrimestre en la facultad. Sus textos publicados en los catálogos de las Bienales, los de los fascículos de Toutain, los del CEAL.
Algunas entrevistas que le hice y otras que fui rastreando. La sección “El club de la Historieta” en Skorpio. Mientras otros le demandaban técnica, oficio y virtuosismo como escritor de historietas, yo le pedía que me explique la historia. Y estoy segura que nos satisfacía a todos, con creces. Por ahí no coincidíamos: “Laurita… no creo que Las Puertitas del Sr López sea tan importante para que lo presentes en un congreso”. Y yo creí siempre que lo poco importante, en todo caso, era el congreso. Pero él me leía y me daba su devolución, a favor, siempre sumando. Discutíamos sobre el libro de Dorfman y Mattelart. ¡A Carlos le encanta tanto el Pato Donald!. A mí no. Así que es divertido hablar (era divertido hablar) de ello.
Cuando lo llamé para invitarlo al congreso de Viñetas Serias se alegró porque se iba a reencontrar con Oscar Steimberg después de no sé cuántos años sin verse. La vida los había alejado, esas putas cosas del destino. Me acuerdo que me mandó un mensajito de texto el día de su charla para decirme: “Estoy perdido en la Biblioteca Nacional”. Ya estaban todos. La mesa la coordinaba Fede Reggiani, estaba Oscar, el público. Salgo corriendo para el hall. Nuevo mensaje: “Estoy en el ascensor”. Se abre la puerta y lo veo ahí: “Ah, me viniste a buscar….está bien, es un laberinto la biblioteca, ¿no?”. La charla salió maravillosa. El reencuentro de los dos, me sacó alguna lágrima que disimulé. Fede hizo un trabajo impecable: llevó la conversación por rumbos deliciosos y ahora nos queda eso para atesorar, dos horas de filmación y un aplauzo de cierre.
Nos escribimos y vimos varias veces después. Pero no los últimos meses. Me apuraba con la investigación sobre García Ferré y Quinterno. En uno de sus últimos correos (las últimas veces, escribía él) me dice, copio: “¿Para cuándo la entrevista con García Ferré?, el hombre está muy viejito y tenes que entrevistarlo. Cuando quieras hablamos de mi paso por la editorial”. No llegué a hacerlo. Total, había tiempo. ¿Qué apuro hay? Nos mudamos hace un par de meses, el verano se pasó rápido y bueno, total, Carlos estaba siempre ahí, a la vuelta de la esquina. Ese trabajo fue mi proyecto de ingreso a Conicet. Antes de enviarlo para evaluar y después que lo lea Diego, se lo mandé a Carlos. No sé por qué (o sí sé por qué… él tenía la fiebre de la investigación en la sangre) se encantó con este proyecto. Yo le decía que mi muñeco favorito era un Topo Gigio que hablaba. ¿Y qué decía?” Me preguntó una vez: “A la camita… ¡qué va a decir Carlos!”. Y se rió. Ese costado infantil que lo hacía tan maravilloso. Como si siempre se pudiera entender perfectamente con los niños. Por eso estaba rodeado de jóvenes. Por eso a todos nos parecía que estaba siempre igual. A Carlos no le pasaba el tiempo. O sí, pero era el mismo. Los que madurábamos, éramos nosotros.
La última vez que lo vi le dije que le debía un libro de Copi, uno deshojado, sin tapa, uno que me prestó hace años. Me contestó que se lo lleve al estudio alguna tarde y de paso hablábamos del tema. Al libro me lo quedo ahora, junto a la charla que no fue. Ese día también me preguntó por el enano, el que hacíamos con Ale Lunik. “Ustedes tienen que hacer un libro juntas, son bárbaras…”. Y yo le decía que sí, que espere, que seguro que lo íbamos a hacer. Teníamos una reunión con Ale ayer, para arrancar, pero la reunión se resiste sin él. El primer Ojo al Cuadrito, fue sobre Bolita (el último, el de este sábado, sobre una historieta de Matías Trillo). Me escribió que le gustó (aunque no sé si demasiado) porque enseguida me preguntaba por García Ferré, por Copi… por los proyectos “serios”. Y me decía que le cuente en qué andaban esas investigaciones, pero yo me hacía la distraída, no avancé mucho el año pasado. Y no fui a hablar sobre la Familia Panconara, ni sobre Hijitus, ni sobre el Hada Patricia, porque ya habría tiempo. Si él siempre está ahí, tan generoso y grande como pocas veces conocí.
Era un maestro y más que eso. Era un amigo. Nudo en la garganta. Y los amigos nunca parten… ¿no?
Desde el domingo a la noche, el tiempo no pasa. Hoy martes, a esta hora, debería estar dictado mi seminario sobre historieta argentina en la facultad. Los textos de Trillo se acumulan en la caja “Artes Secuenciales” de la UBA. Y no sé cómo ponerme al frente del aula sin largarme a llorar. Entonces, no lo hago. Yo no sé si era “otro Carlos” con el que me conectaba, pero poco me importaba su figura de guionista. Leí casi todos sus libros, por supuesto, hasta me atreví a escribir sobre su obra, pero no era por ahí la cosa. A Carlos y a mi nos gusta hablar de historia, de literatura, de Masotta, de Copi, de García Ferré, de arte, de crítica, de Carver, de ciencia ficción, de cine, de Oesterheld, de Breccia, de teoría y pavadas como esas.
Miro las postales de un pasado que no puedo ni quiero soltar. Y ahí nos veo, en los cafés y comidas (siempre con Diego) haciéndonos un hueco para hablar de “cosas serias”. Y luego la charla seguía y hablaban de editores, de dibujantes, de contratos y yo me perdía. Cada tanto me nombraba en una nota al lado de los guionistas. O decía por ahí que le gustaba cómo escribía, que tenía que hacer más guiones de historietas. Y yo luego lo llamaba o le escribía para recriminarle: “¡Pero no me chicanees más Carlos! ¿Vos sabes que soy investigadora y que laburo de otra cosa?”. Y siempre, ahora releo o recuerdo decía: “pero se puede hacer todo bien”. Él sí, yo no. Durante años lo llamé y escribí para pedirle datos, para corroborarlos, para que me lea un capítulo o un ensayo en proceso. ¡Le envíe hasta ponencias de Congresos y artículos de revistas académicas! Nunca me dijo: “Estoy podrido de vos” y seguramente, lo estuvo en algún momento. O no. Como sea, me respondía y daba meticulosas sugerencias siempre iluminadas y certeras. Me aconsejaba alguna lectura, me corregía un año o un apellido mal escrito. Y nunca dejaba de alentarme. Cuando le mandé la tesis hace un par de años me escribió uno de los correos más lindos que haya recibido alguna vez. Lo llamé al estudio para agradecerle y lo primero que dice es: “Estoy en la bibliografía como investigador y crítico, ¿ese debe ser un error, no?”. Y se refería al capítulo 7 (que no está en el libro) “Intelectuales e Historietas”. Porque ahí estaban Oscar Masotta, Oscar Steimberg, Jorge Rivera, Juan Sasturain y estaba él, obviamente. Tan sólido, tan faro, tan inquieto. El libro que hicieron con Saccomanno para Récord, ya deshojado, en bolsita, lo doy cada cuatrimestre en la facultad. Sus textos publicados en los catálogos de las Bienales, los de los fascículos de Toutain, los del CEAL.
Algunas entrevistas que le hice y otras que fui rastreando. La sección “El club de la Historieta” en Skorpio. Mientras otros le demandaban técnica, oficio y virtuosismo como escritor de historietas, yo le pedía que me explique la historia. Y estoy segura que nos satisfacía a todos, con creces. Por ahí no coincidíamos: “Laurita… no creo que Las Puertitas del Sr López sea tan importante para que lo presentes en un congreso”. Y yo creí siempre que lo poco importante, en todo caso, era el congreso. Pero él me leía y me daba su devolución, a favor, siempre sumando. Discutíamos sobre el libro de Dorfman y Mattelart. ¡A Carlos le encanta tanto el Pato Donald!. A mí no. Así que es divertido hablar (era divertido hablar) de ello.
Cuando lo llamé para invitarlo al congreso de Viñetas Serias se alegró porque se iba a reencontrar con Oscar Steimberg después de no sé cuántos años sin verse. La vida los había alejado, esas putas cosas del destino. Me acuerdo que me mandó un mensajito de texto el día de su charla para decirme: “Estoy perdido en la Biblioteca Nacional”. Ya estaban todos. La mesa la coordinaba Fede Reggiani, estaba Oscar, el público. Salgo corriendo para el hall. Nuevo mensaje: “Estoy en el ascensor”. Se abre la puerta y lo veo ahí: “Ah, me viniste a buscar….está bien, es un laberinto la biblioteca, ¿no?”. La charla salió maravillosa. El reencuentro de los dos, me sacó alguna lágrima que disimulé. Fede hizo un trabajo impecable: llevó la conversación por rumbos deliciosos y ahora nos queda eso para atesorar, dos horas de filmación y un aplauzo de cierre.
Nos escribimos y vimos varias veces después. Pero no los últimos meses. Me apuraba con la investigación sobre García Ferré y Quinterno. En uno de sus últimos correos (las últimas veces, escribía él) me dice, copio: “¿Para cuándo la entrevista con García Ferré?, el hombre está muy viejito y tenes que entrevistarlo. Cuando quieras hablamos de mi paso por la editorial”. No llegué a hacerlo. Total, había tiempo. ¿Qué apuro hay? Nos mudamos hace un par de meses, el verano se pasó rápido y bueno, total, Carlos estaba siempre ahí, a la vuelta de la esquina. Ese trabajo fue mi proyecto de ingreso a Conicet. Antes de enviarlo para evaluar y después que lo lea Diego, se lo mandé a Carlos. No sé por qué (o sí sé por qué… él tenía la fiebre de la investigación en la sangre) se encantó con este proyecto. Yo le decía que mi muñeco favorito era un Topo Gigio que hablaba. ¿Y qué decía?” Me preguntó una vez: “A la camita… ¡qué va a decir Carlos!”. Y se rió. Ese costado infantil que lo hacía tan maravilloso. Como si siempre se pudiera entender perfectamente con los niños. Por eso estaba rodeado de jóvenes. Por eso a todos nos parecía que estaba siempre igual. A Carlos no le pasaba el tiempo. O sí, pero era el mismo. Los que madurábamos, éramos nosotros.
La última vez que lo vi le dije que le debía un libro de Copi, uno deshojado, sin tapa, uno que me prestó hace años. Me contestó que se lo lleve al estudio alguna tarde y de paso hablábamos del tema. Al libro me lo quedo ahora, junto a la charla que no fue. Ese día también me preguntó por el enano, el que hacíamos con Ale Lunik. “Ustedes tienen que hacer un libro juntas, son bárbaras…”. Y yo le decía que sí, que espere, que seguro que lo íbamos a hacer. Teníamos una reunión con Ale ayer, para arrancar, pero la reunión se resiste sin él. El primer Ojo al Cuadrito, fue sobre Bolita (el último, el de este sábado, sobre una historieta de Matías Trillo). Me escribió que le gustó (aunque no sé si demasiado) porque enseguida me preguntaba por García Ferré, por Copi… por los proyectos “serios”. Y me decía que le cuente en qué andaban esas investigaciones, pero yo me hacía la distraída, no avancé mucho el año pasado. Y no fui a hablar sobre la Familia Panconara, ni sobre Hijitus, ni sobre el Hada Patricia, porque ya habría tiempo. Si él siempre está ahí, tan generoso y grande como pocas veces conocí.
Era un maestro y más que eso. Era un amigo. Nudo en la garganta. Y los amigos nunca parten… ¿no?
lunes, 7 de mayo de 2012
LA INTENCION ES JODER UN POCO, por Martín García
Segunda parte de una entrevista originalmente publicada en el número 22 de Fierro, en 1986.
MG: Los enigmas del PAMI me parece una lectura sobre el Proceso también. Los jubilados con su hambre surrealista, se comen la suela de los zapatos, chupan el piolín del salame. Los personajes vistos con una mirada muy tierna son, físicamente Enrique Breccia y vos cuando sean viejitos. La visión es poética y con un vuelo y una libertad de expresión de enorme pureza: un intelectual volviendo a “Anteojito” ¿Para qué haces Los Enigmas?
CT: Para llenar seis páginas en una revista. Es muy difícil pensar.
MG: Por ahí, en una aventura, aparece también Alberto Breccia
CT: Si. Eso de meterse en el mundo de los viejos y los chicos siempre es una cosa fascinante. En general son muy desgraciados los chicos de nuestras historias. Y los viejos. También Charlie Moon era triste, melancólico. Una historia, de iniciación, en definitiva, que uno mismo ha pasado. La historia del crecimiento en medio de un mundo que parece absolutamente desconocido y donde se tienen muy pocos indicios de cómo es. El pequeño rey (en cambio) era un chico que iba a conquistar un reino. Una de Kipling.
MG: Y El Ultimo Recreo, también con dibujo de Altuna, donde los chicos estaban condenados a morir en cuanto les surja el deseo sexual…. Es también una historia de iniciación.
CT: Yo creo que tienen que ver con todas las cosa que a uno le han hecho vivir, uno está impregnado de la vida que ha vivido.
MG: ¿Qué pasa cuando vos terminas el primario y entras al secundario…? Esa etapa preadolescente tuya… ¿Qué cosas suceden a tu alrededor? ¿No es el golpe?
CT: Claro. Yo terminé el primario el año que cayó Perón. Un año bravo en que la vieja iba a buscarme porque tiraban bombas. Íbamos a ver los cráteres de las bombas. Yo creo que lo que uno escribe tiene que ver con todas esas cosas, pero El último recreo tiene un final feliz, de todos modos. Ahora Mandrafina tiene un guión donde los chicos son cruelmente grandes, andan con ropa de grandes, asesinan y todo. Por ejemplo: tiran un tiro con los dedos pero el otro se cae muerto de verdad. Lo que pasa, pasa en la realidad.
MG: Con Mandrafina, en Serie Muda, encuentras la síntesis de la imagen de lo que vos escribes como autor. Mandrafina es tu realizador en imágenes de lo que vos creas sin necesidad de diálogos. Es una suma muy fértil.
CT: Siempre me dijeron: “Al final el único que trabaja es el dibujante, porque no hay ni un globito”. Da mucho trabajo para un guionista hacer una historia. Primero por hay que sentirla.
MG: Y además toda esa imagen de Palermo que vos tenias de pibe, ¿no?...Caballos, tranvías…
CT: Que también la tiene Mandrafina, seguramente, aunque él era de más hacia el centro. Pero habremos visto pasar los mismos tranvías, las mismas series en la parroquia, ésas que te enganchaban parar que tomaras la comunión la semana que viene y te dejaban con la película sin terminar. Esas de doce capítulos en que la diligencia se iba al abismo y en el capitulo siguiente en realidad la salvaban cien metros antes de adonde había llegado en el episodio anterior. ¡Te mentían alevosamente!
MG: Ahí tenías también El Gordo y el Flaco…
CT: Claro, las cosas de cine mudo. Uno ha visto a Chaplin en la parroquia…
MG: Todo ese mundo, esos villanos… Una recreación gloriosa. Sin embargo, si bien revalorizan la visión poética infantil en su mejor acepción, también tienen una lectura cruel: el tipo mata a la mina dentro de la galera porque no “la puede”; o el último que queda con la bomba en la mano es el chico y la bomba explota de verdad. Es una lectura a partir de la realidad, con un sentido doloroso de la vida casi tanguero.
CT: Y, bueno: algo debe haber de tango en las cosas que uno hace, porque hemos mamado algo de eso. Pero en definitiva lo que hacíamos era contar historias del cine mudo y ponerles un ingrediente de realismo: si yo le pego un tiro lo mato, no lo chamusco…Porque en el cine mudo por ahí pasaban esas cosas y uno, que era chico decía: “Esto no puede ser, si se le cayó una pared en la cabeza no puede salir tan tranquilo”.
MG: También hay una lectura tanguera en Marco Mono, en el Husmeante.
CT: Marco Mono eran una aventura de historias unitarias sobre la maldad. En definitiva eran chistes, un gag malvado, tocar timbres y darse a la fuga, pero de una manera un poco exagerada tal vez.
MG: Además era un mono negociador de la realidad, una especie de Rasputín del Corto Maltés.
CT: Sí, Marco Mono negociaba.
MG: Y el otro personaje muy importante que haces para la revista Cuero con Mandrafina es Husmeante, con algo de serie negra y otro tanto de ese clima futurista de Blade Runner, donde también hay un poco de literatura negra, pero no de tango o de bolero.
CT: En Husmeante el código moral esta recorrido en definitiva. No es un personaje que participe de la moral standard ni a favor ni en contra. Participa de una moral distinta donde mutilar a un tipo por la calle, por ejemplo, esta buen. Además enfrenta los casos con una especie de aburrimiento insigne, está en un mundo que lo obliga a hacer cosas que en definitiva a él, bueno o malo, le dan lo mismo. Se está ganando unos mangos… Oscar Steimbreg le encuentra un paralelo con Marc que dibujaba Trigo con guiones de Lamborghini, donde la moral esta fuera y no está dentro, porque uno no toma el papel de lo que está bien ni tampoco es el malo. Tan malo como para que se note que es malo y no bueno. Distinto de Oesterheld, que siempre ponía la moral en alguna parte. El era victoriano. Uno aprendió a leer con él. Tenía una moral militante: el culto a la amistad, a las cosas buenas de la vida. De alguna manera bajo la línea de lo que está bien y está mal como Stevenson, como Conrad.
Los misterios de Ulises de Boedo es una historia explícitamente ideologizada. Sin terminar. Con un final casual pero no verdadero por cuestiones de mercado. Aparecían esos personajes legendarios: Jauretche, Américo Tesorieri, Homero Manzi, el ciego del verso de Carriego, el colectivero que se volvía loco y que veía los semáforos como víboras; los cara de culo que eran los jefes y toda esa calaña. A Dolina le salen mejor todas esas cosas. El Ulises de Boedo se hubiera debido parecer a Dolina pero Mandrafina no tenia fotos de él cuando lo tuvo que hacer y nos salió más parecido a Menotti, aunque ambos compartían algún parentesco físico de tipos altos y melancólicos.
MG: Piñón Fijo tiene algún parentesco, a su vez con la Serie Muda. Desde Mandrafina a cierto concepto de la escenografía o el modo paródico.
CT: Es una cosa paródica. El planteo es que el discurso va por un lado mientras que la imagen va por otro. Estamos contando la historia de un caballero, pero es un deshollinador, estamos diciendo que hay un coro griego y es el Ejército de Salvación, decimos que hay un rey todopoderoso, pero el rey es un gánster que tiene un garito. Esa es la intención. Si se nota o no es otra cosa.
MG: ¿Y cuál es la intencionalidad de la intención?
CT: Joder un poco. Yo no creo en el mensaje de las cosas.
MG: En épocas del destape el deshollinador se mete en el útero…
CT: Claro. Es una zona interesante para explorar. Hay un momento en que el personaje tiene una regresión motivada por una droga.
MG: Al Quijote le pasa algo así...
CT: Seguramente algo de eso tiene Y quisimos contar una regresión y dijimos ¡Que mejor regresión que volver “a la concha de su madre”! Entonces adentro se encuentra con el papa, que es él mismo pero mucho más grandote gigantesco; y con la mama, que lo hubiera preferido empleado público o bancario pero no caballero, lo que le parece terrible y una gran pérdida de tiempo para su hijo
MG: ¿Se supone que no puede ser caballero?
CT: Se supone que el bien no paga al revés de esa vieja consigna yanqui. En todo caso, hay una cosa desencantada. El quiere ser caballero, pero su jefe es un gánster. El estaba buscando una cosa que es el polvo del poder pero en realidad está buscando un cofre lleno de droga. ¿Por donde pasa el poder y que significa el poder? En todo caso, si algo estamos diciendo debe pasar por ahí.
MG: ¿Puede pasar por esta idea actual de que se acabaron las ideologías y los mitos? ¿Cómo si todo eso hubiera sido un engaño o algo parecido?
CT: ¿En qué consiste ser héroe en este tiempo?, ¿Quién es el héroe…? ¿James Bond que es agente de los servicios ingleses? Ha cambiado bastante el heroísmo en relación con las viejas hadas que decían que el rey era bueno y justo como Ricardo Corazón de León, y que sus caballeros eran un dechado de virtudes. La realidad muestra que todo eso no existe.
MG: Giovanni Giovaninni, presidente de ANSA, la agencia de noticias italiana, decía hace poco en la clase magistral que dio como comienzo de la carrera de ciencias de la Comunicación de la UBA, de lo inimaginable de la aplicación de la tecnología actual y la que se viene, en el campo de las comunicaciones humanas… Custer sería esa idea tuya de lo inimaginable imaginado de esa tecnología.
CT: Un escritor inglés decía que en el siglo XX con la irrupción de los medios de comunicación, se había producido un desfasaje. Nosotros nos enteramos de la realidad a través de los shows de noticias, donde se vuelca intencionalidad e ideología al hecho desnudo, cómo lo ve alguien desde determinado signo ideológico. Son los noticieros de TV, con sangre y avisos comerciales, donde se ha vulgarizado la noticia transformándola en una ficcion. Antes, la literatura decimonónica decía que la realidad era lo que estaba fuera y la fantasía lo que estaba dentro de uno. El dice que eso ha cambiado. La realidad es lo que está dentro y la fantasía es lo que está fuera. Que nada de lo que se nos dice es cierto objetivamente. Que el último refugio de la realidad está dentro nuestro, donde antes moraban los fantasmas y las fantasías. A partir de esa idea que recorté, pensé en contar una historia donde por un lado se cuenta lo que en realidad le pasa a una persona y, por otro lo que un medio de comunicación hace con las cosas que le pasan a esa persona. Hay una cosa que es cierta y otra que es por montaje. Eso es Custer.
MG: ¿Por qué un nombre de hombre a una mujer y porque Custer?
CT: No sé, Me gusto. El nombre de una mujer como el de un general me pareció bien. El nombre de un héroe cuestionado, endiosado o vituperado por una misma acción: aniquilar a los indios. Pero ése es otro custer.
MG: Los enigmas del PAMI me parece una lectura sobre el Proceso también. Los jubilados con su hambre surrealista, se comen la suela de los zapatos, chupan el piolín del salame. Los personajes vistos con una mirada muy tierna son, físicamente Enrique Breccia y vos cuando sean viejitos. La visión es poética y con un vuelo y una libertad de expresión de enorme pureza: un intelectual volviendo a “Anteojito” ¿Para qué haces Los Enigmas?
CT: Para llenar seis páginas en una revista. Es muy difícil pensar.
MG: Por ahí, en una aventura, aparece también Alberto Breccia
CT: Si. Eso de meterse en el mundo de los viejos y los chicos siempre es una cosa fascinante. En general son muy desgraciados los chicos de nuestras historias. Y los viejos. También Charlie Moon era triste, melancólico. Una historia, de iniciación, en definitiva, que uno mismo ha pasado. La historia del crecimiento en medio de un mundo que parece absolutamente desconocido y donde se tienen muy pocos indicios de cómo es. El pequeño rey (en cambio) era un chico que iba a conquistar un reino. Una de Kipling.
MG: Y El Ultimo Recreo, también con dibujo de Altuna, donde los chicos estaban condenados a morir en cuanto les surja el deseo sexual…. Es también una historia de iniciación.
CT: Yo creo que tienen que ver con todas las cosa que a uno le han hecho vivir, uno está impregnado de la vida que ha vivido.
MG: ¿Qué pasa cuando vos terminas el primario y entras al secundario…? Esa etapa preadolescente tuya… ¿Qué cosas suceden a tu alrededor? ¿No es el golpe?
CT: Claro. Yo terminé el primario el año que cayó Perón. Un año bravo en que la vieja iba a buscarme porque tiraban bombas. Íbamos a ver los cráteres de las bombas. Yo creo que lo que uno escribe tiene que ver con todas esas cosas, pero El último recreo tiene un final feliz, de todos modos. Ahora Mandrafina tiene un guión donde los chicos son cruelmente grandes, andan con ropa de grandes, asesinan y todo. Por ejemplo: tiran un tiro con los dedos pero el otro se cae muerto de verdad. Lo que pasa, pasa en la realidad.
MG: Con Mandrafina, en Serie Muda, encuentras la síntesis de la imagen de lo que vos escribes como autor. Mandrafina es tu realizador en imágenes de lo que vos creas sin necesidad de diálogos. Es una suma muy fértil.
CT: Siempre me dijeron: “Al final el único que trabaja es el dibujante, porque no hay ni un globito”. Da mucho trabajo para un guionista hacer una historia. Primero por hay que sentirla.
MG: Y además toda esa imagen de Palermo que vos tenias de pibe, ¿no?...Caballos, tranvías…
CT: Que también la tiene Mandrafina, seguramente, aunque él era de más hacia el centro. Pero habremos visto pasar los mismos tranvías, las mismas series en la parroquia, ésas que te enganchaban parar que tomaras la comunión la semana que viene y te dejaban con la película sin terminar. Esas de doce capítulos en que la diligencia se iba al abismo y en el capitulo siguiente en realidad la salvaban cien metros antes de adonde había llegado en el episodio anterior. ¡Te mentían alevosamente!
MG: Ahí tenías también El Gordo y el Flaco…
CT: Claro, las cosas de cine mudo. Uno ha visto a Chaplin en la parroquia…
MG: Todo ese mundo, esos villanos… Una recreación gloriosa. Sin embargo, si bien revalorizan la visión poética infantil en su mejor acepción, también tienen una lectura cruel: el tipo mata a la mina dentro de la galera porque no “la puede”; o el último que queda con la bomba en la mano es el chico y la bomba explota de verdad. Es una lectura a partir de la realidad, con un sentido doloroso de la vida casi tanguero.
CT: Y, bueno: algo debe haber de tango en las cosas que uno hace, porque hemos mamado algo de eso. Pero en definitiva lo que hacíamos era contar historias del cine mudo y ponerles un ingrediente de realismo: si yo le pego un tiro lo mato, no lo chamusco…Porque en el cine mudo por ahí pasaban esas cosas y uno, que era chico decía: “Esto no puede ser, si se le cayó una pared en la cabeza no puede salir tan tranquilo”.
MG: También hay una lectura tanguera en Marco Mono, en el Husmeante.
CT: Marco Mono eran una aventura de historias unitarias sobre la maldad. En definitiva eran chistes, un gag malvado, tocar timbres y darse a la fuga, pero de una manera un poco exagerada tal vez.
MG: Además era un mono negociador de la realidad, una especie de Rasputín del Corto Maltés.
CT: Sí, Marco Mono negociaba.
MG: Y el otro personaje muy importante que haces para la revista Cuero con Mandrafina es Husmeante, con algo de serie negra y otro tanto de ese clima futurista de Blade Runner, donde también hay un poco de literatura negra, pero no de tango o de bolero.
CT: En Husmeante el código moral esta recorrido en definitiva. No es un personaje que participe de la moral standard ni a favor ni en contra. Participa de una moral distinta donde mutilar a un tipo por la calle, por ejemplo, esta buen. Además enfrenta los casos con una especie de aburrimiento insigne, está en un mundo que lo obliga a hacer cosas que en definitiva a él, bueno o malo, le dan lo mismo. Se está ganando unos mangos… Oscar Steimbreg le encuentra un paralelo con Marc que dibujaba Trigo con guiones de Lamborghini, donde la moral esta fuera y no está dentro, porque uno no toma el papel de lo que está bien ni tampoco es el malo. Tan malo como para que se note que es malo y no bueno. Distinto de Oesterheld, que siempre ponía la moral en alguna parte. El era victoriano. Uno aprendió a leer con él. Tenía una moral militante: el culto a la amistad, a las cosas buenas de la vida. De alguna manera bajo la línea de lo que está bien y está mal como Stevenson, como Conrad.
Los misterios de Ulises de Boedo es una historia explícitamente ideologizada. Sin terminar. Con un final casual pero no verdadero por cuestiones de mercado. Aparecían esos personajes legendarios: Jauretche, Américo Tesorieri, Homero Manzi, el ciego del verso de Carriego, el colectivero que se volvía loco y que veía los semáforos como víboras; los cara de culo que eran los jefes y toda esa calaña. A Dolina le salen mejor todas esas cosas. El Ulises de Boedo se hubiera debido parecer a Dolina pero Mandrafina no tenia fotos de él cuando lo tuvo que hacer y nos salió más parecido a Menotti, aunque ambos compartían algún parentesco físico de tipos altos y melancólicos.
MG: Piñón Fijo tiene algún parentesco, a su vez con la Serie Muda. Desde Mandrafina a cierto concepto de la escenografía o el modo paródico.
CT: Es una cosa paródica. El planteo es que el discurso va por un lado mientras que la imagen va por otro. Estamos contando la historia de un caballero, pero es un deshollinador, estamos diciendo que hay un coro griego y es el Ejército de Salvación, decimos que hay un rey todopoderoso, pero el rey es un gánster que tiene un garito. Esa es la intención. Si se nota o no es otra cosa.
MG: ¿Y cuál es la intencionalidad de la intención?
CT: Joder un poco. Yo no creo en el mensaje de las cosas.
MG: En épocas del destape el deshollinador se mete en el útero…
CT: Claro. Es una zona interesante para explorar. Hay un momento en que el personaje tiene una regresión motivada por una droga.
MG: Al Quijote le pasa algo así...
CT: Seguramente algo de eso tiene Y quisimos contar una regresión y dijimos ¡Que mejor regresión que volver “a la concha de su madre”! Entonces adentro se encuentra con el papa, que es él mismo pero mucho más grandote gigantesco; y con la mama, que lo hubiera preferido empleado público o bancario pero no caballero, lo que le parece terrible y una gran pérdida de tiempo para su hijo
MG: ¿Se supone que no puede ser caballero?
CT: Se supone que el bien no paga al revés de esa vieja consigna yanqui. En todo caso, hay una cosa desencantada. El quiere ser caballero, pero su jefe es un gánster. El estaba buscando una cosa que es el polvo del poder pero en realidad está buscando un cofre lleno de droga. ¿Por donde pasa el poder y que significa el poder? En todo caso, si algo estamos diciendo debe pasar por ahí.
MG: ¿Puede pasar por esta idea actual de que se acabaron las ideologías y los mitos? ¿Cómo si todo eso hubiera sido un engaño o algo parecido?
CT: ¿En qué consiste ser héroe en este tiempo?, ¿Quién es el héroe…? ¿James Bond que es agente de los servicios ingleses? Ha cambiado bastante el heroísmo en relación con las viejas hadas que decían que el rey era bueno y justo como Ricardo Corazón de León, y que sus caballeros eran un dechado de virtudes. La realidad muestra que todo eso no existe.
MG: Giovanni Giovaninni, presidente de ANSA, la agencia de noticias italiana, decía hace poco en la clase magistral que dio como comienzo de la carrera de ciencias de la Comunicación de la UBA, de lo inimaginable de la aplicación de la tecnología actual y la que se viene, en el campo de las comunicaciones humanas… Custer sería esa idea tuya de lo inimaginable imaginado de esa tecnología.
CT: Un escritor inglés decía que en el siglo XX con la irrupción de los medios de comunicación, se había producido un desfasaje. Nosotros nos enteramos de la realidad a través de los shows de noticias, donde se vuelca intencionalidad e ideología al hecho desnudo, cómo lo ve alguien desde determinado signo ideológico. Son los noticieros de TV, con sangre y avisos comerciales, donde se ha vulgarizado la noticia transformándola en una ficcion. Antes, la literatura decimonónica decía que la realidad era lo que estaba fuera y la fantasía lo que estaba dentro de uno. El dice que eso ha cambiado. La realidad es lo que está dentro y la fantasía es lo que está fuera. Que nada de lo que se nos dice es cierto objetivamente. Que el último refugio de la realidad está dentro nuestro, donde antes moraban los fantasmas y las fantasías. A partir de esa idea que recorté, pensé en contar una historia donde por un lado se cuenta lo que en realidad le pasa a una persona y, por otro lo que un medio de comunicación hace con las cosas que le pasan a esa persona. Hay una cosa que es cierta y otra que es por montaje. Eso es Custer.
MG: ¿Por qué un nombre de hombre a una mujer y porque Custer?
CT: No sé, Me gusto. El nombre de una mujer como el de un general me pareció bien. El nombre de un héroe cuestionado, endiosado o vituperado por una misma acción: aniquilar a los indios. Pero ése es otro custer.
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