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lunes, 24 de diciembre de 2012

PLATITOS Y PASTAFROLA, por Diego Agrimbau

Trillo sabía muy bien que yo no hablaba italiano. Pero por alguna razón, supongo que para romperme las bolas, de vez en cuando me mandaba mails en ese idioma.
“Con Dal Prà ci intendiamo tanto bene che non sarà difficile scrivere a
quattro mani. Intanto la sceneggiatura finale sará tradotta in francese, se si scrive metà in spagnolo e metà in italiano non penso che ci saranno problemi.
Auguri e tante belle cose,
Trilo (marcando mucho la ele)”.
Para seguirle la corriente un día se me ocurrió mandarle mi respuesta en un italiano inventado (un viejo juego que solíamos hacer hasta el hartazgo con el amigo Dante Ginevra).
“Benne! Ma... ¿no e complicatti escrivire desde due paese tan distanti? ¿Comme ti ponere de accordo con tuo amicco, eh? ¿Le guioni se scrive in italiani o spagnole? Ma... quanta questione irresoluta. Bonna fortuna, io voglio a manggiare pastafrola.
Arrivederchi.
Agrimbosco”
Para qué… A partir de ahí y por un par de semanas, sólo me escribió en italiano.
Al bucear en los viejos mails de Carlos en busca de algo nuevo que pueda ser interesante para este blog, me sorprendo al comprobar que sólo he utilizado una pequeña parte, menos de un cuarto de los mensajes que aún conservo. Son pocos los que realmente puedo mostrar en público sin traicionar la intimidad epistolar que me confió Carlos en su momento. La mayoría de los mails son de pavadas. Cosas como “hoy, a los 66 años, puedo decir que aprendí a hacer asados, antes me la pasaba tirando baldes de agua a la parrilla”.
Otros tantos son breves notas que acompañan las páginas de algún dibujante que se postulaba: “Mirà estas pàginas de uno que se llama Pablo Túnica. Quiere ver si tengo alguna idea para darle. ¿Sabrá? ¿Vos què decìs? El tipo estuvo en Francia, entiende de qué se trata, ¡hablá!”.
Hay una buena cantidad, también, de los que abundan en referencias y gastadas a diversos representantes de la fauna de la historieta vernácula, que no se pueden reproducir sin ofender a los involucrados. Y por último una variedad de mails repletos de datos más bien técnicos, sobre editoriales, contratos, dibujantes, derechos, etc.
Busco entre los cientos de mails y encuentro muchas frases que puedo aislar. Me quedo con una:
“Uno es como esos malabaristas que tienen girando platitos, cuando uno se está por caer hay que volver y darle movimiento. C´est la vie du scenariste, mon ami”
Tengo más, muchísimas más. Pero me las quedo para mí.
Aprovecho para agradecer a Andrés Accorsi por haberme convocado y espero que mi escueta colaboración haya sido de interés para los visitantes.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ACONSEJANDO SOBRE ESCALETAS, por Diego Agrimbau

Una de las cuestiones en las que suelo poner énfasis en mis clases de guión son las escaletas. Es decir, el momento en que la sinopsis se divide en páginas para de ese modo poder saber si la historia que estamos haciendo entra en la cantidad de páginas que tenemos que llenar. Ni una más ni una menos. Eso es especialmente necesario cuando se trata de un álbum francés con sus 46 páginas exactas. En estos últimos años, con el crecimiento de la novela gráfica como formato, ese requerimiento se relajó bastante, ya que no es necesario llegar a un número exacto de páginas. Da más o menos lo mismo si son 96, 104 o 112. Mientras sea largo, está bien. Trillo no dividía por página, sino por escena, como se hace en cine. Él ya tenía calculado que unas 30 escenas ocuparían las 46 páginas. Yo no tenía idea de lo que era una escaleta hasta que él me explicó y de ahí en más lo usé siempre. Hasta el día de hoy.
De vez en cuando nos mandábamos nuestras escaletas en busca de alguna opinión. Esto es lo que me respondía sobre un proyecto que nunca vio la luz, llamado “Las Hermanas de Leche”, cuya muestra dibujó primero Poly Bernatene y luego Dante Ginevra.

“Oiga, Agrimbau!
Es muy buena la escaleta. Lo ùnico que me parece que tendrías que tener en cuenta si es para el mercado francés, donde son apegados a la realidad si no es ciencia ficción, es que tendría que ocurrir en lugares reales. Què guerra habìa cuando nacieron las hermanas de leche? Por què no pasa en Londres, o New York, si va de best sellers e industria editorial. O, podrìa ser, puede pasar en Colombia y la autora misteriosa es una autora local y las guerras las adecuas a los tiempos, pudiendo estas ser, por què no, guerras del narcotráfico o guerras civiles. O sea, me parece que tenés que investigar un poco el asunto de còmo meter la historia en el mundo real, lo que la va a hacer más apetecible por los editors de la France.
Bah, digo, pero el plot es muy bueno.
Tri”

En su momento no le hice mucho caso. La historieta nunca salió. Ahora, luego de varios años me doy cuenta de que sí, de que tiene razón en todo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ANTOINE DOINEL, por Diego Agrimbau

Un día, luego de que yo le contara sobre un proyecto colectivo que estábamos encarando con varios compinches, Trillo me escribió:

“Yo también estoy avanzando con un proyecto colectivo, con muchos dibujantes. Se me ocurrió cuando vi LA PREMIERE FOIS de Delcourt, un libro con una guionista y varios dibujantes que cuentan cosas de la primera vez. Tengo que definir un tema: la separación, una especie de Antoine Doinel de Truffaut, con un personaje que vive sus historias de chico, de adolescente, de adulto, de viejo, cada episodio interpretado por un dibujante distinto. O un colectivo sobre, por ejemplo, leyendas urbanas. Estoy pensando un cacho y luego veo cuantos dibujantes necesito. No faltarán Túnica y Varela, ni Mandrafina, ni Alberto Pagliaro, ni algunos otros. Veámonos pronto, un abrazo,
Carlos”

Carlos tenía devoción por el cine de François Truffaut, especialmente por la maravillosa saga de Antoine Doinel que comienza con “Los 400 Golpes”, ese clásico del ´59 que hace explotar a la nouvelle vague. Una de sus continuaciones es “Besos Robados”, y con Trillo coincidíamos en que era la mejor película de la saga. Él siempre recordaba un momento en que Doinel consigue trabajo de detective privado, para una agencia de investigaciones. El primer cliente que le asignan es un zapatero que quiere averiguar porque nadie lo quiere. La razón era obvia: el zapatero era un hijo de puta.
A Trillo le fascinaba esa idea. Tenía la misma ingenuidad patética y perversa que puede apreciarse en muchos personajes de Carlos. Por alguna razón sus últimas obras son muy truffautianas: ideas simples y efectivas, largos diálogos entre los personajes, problemas personales de todo calibre, mucha crueldad y desamor. Incluso llegó a contarme alguna vez, sobre un sueño que había tenido, en el que mientras paseaba por Roma con el editor Francesco Coniglio, se enteraba de que François Truffaut había muerto. Y poco después, le advertían que por única vez se proyectaba, muy cerca de ahí “la última película de Truffaut”, un film secreto que continuaba la famosa saga de Antoine Doinel, que ya a estas alturas, era un señor mayor.
Obviamente tal película no existía afuera de los sueños de Trillo. Pero él estaba muy entusiasmado con hacer una historieta sobre aquella película que había soñado y que podía recordar perfectamente.

viernes, 31 de agosto de 2012

EL TALLER DE TRILLO

Durante su extensa trayectoria, fueron muchas las veces en que Carlos Trillo fue invitado a dictar talleres, seminarios y clínicas de Guión de Historieta. Generalmente accedía sólo cuando la propuesta incluía algún viaje al exterior y así fue como brindó sus cursos a alumnos de Italia, Francia, Colombia, Venezuela y varios países más.
En Argentina, una sóla propuesta lo sedujo: así fue como en 2006 y 2007 brindó un Taller de Guión en la escuela Sótano Blanco, dirigida por su amigo y colaborador Juan Bobillo.
El Taller de Trillo en Sótano Blanco tuvo dos temporadas de gran éxito, con la capacidad colmada y una convocatoria que atrajo a alumnos y alumnas de todas las edades, algunos dibujantes ya fogueados y varios principiantes absolutos.
La última reunión del ciclo solía incluir pizzas para todos y la visita de varios artistas amigos de Carlos, como Lucas Varela, Pablo Túnica o Carlos Meglia, obviamente con Bobillo como anfitrión.
Este es el programa que había confeccionado Trillo para el Taller:

PRIMERA CLASE

Temas de carácter general.

a. Las editoriales argentinas de historietas, su historia, editores mixtos y editores puros, tipología del sector en el tiempo.
b. La profesionalidad en la historieta (argumentista, guionista, dibujante, autor completo, traductor, tapista, letrista, colorista).
c. La historieta de autor y la historieta popular argentina ayer, hoy y mañana.
d. La historieta en el mundo: Francia, Estados Unidos, Italia, Japón.
e. Un poco de historia de los autores argentinos en los últimos cincuenta años.

Temas para la lección práctica.

La idea productiva (y la idea estéril)
Ejercicio en clase: “a la búsqueda de la idea productiva”

Tarea.

Escribir una idea productiva a la luz de lo dicho en clase. Máximo desarrollo: cinco líneas.

Lectura de una historia breve.
Después de haber leìdo una historia autoconclusiva breve de acuerdo con las indicaciones dadas en clase, escribir la idea productiva que la detona.

SEGUNDA CLASE

Tema general.

a. los géneros narrativos, verosimilitud y credibilidad.
b. Qué historias van bien en historieta.
c. El cuaderno de apuntes.
d. Conocer al editor o a la revista con la que se quiere colaborar.
e. Relación guionista/dibujante: la doble dirección.
f. Texto e imagen en la historieta.
g. Repasamos la idea productiva


Temas para la lección práctica.

La historia breve.
De la idea productiva al argumento.
Ejercicio en clase: la construcción del argumento a partir de la idea productiva.
Lectura de un argumento breve y reconstrucción del camino creativo.

Tarea

Convertir la idea productiva ya entregada en un argumento.
Leer una historia breve ya publicada y, realizando el camino inverso, escribir su argumento y explicar su idea productiva.

TERCERA CLASE


Temas de carácter general

a. Producir una historieta: la organización del trabajo desde la fase “ideativa” hasta la distribución en el quiosco, librería o comiquería.

b. Derechos de autor, pagos, adelantos.

c. Breve discusión sobre los temas tratados.

Entrega de un argumento completo.

Temas para la lección práctica

El argumento (resúmen de la historia, relato, dialogos, presentación de los personajes)
Del argumento al tratamiento secuencial. Aproximación al guión.

Tarea

A partir de una película vista, contar por escrito su argumento.
A partir del argumento entregado construir un boceto de guión breve.


CUARTA CLASE

Tema único.

Revisión de los materiales aportados por los alumnos, discusión general sobre caminos, disparadores, recursos. La importancia del remate en la historia breve.

viernes, 17 de agosto de 2012

AUTOBIOGRÁFICOS, por Diego Agrimbau

Era el año 2005, o 2006, y las autobiografías arreciaban en todos los mercados y se llevaban todos los premios: Blankets de Craig Thompson, Persépolis de Marjane Satrapi, La Ascención del Gran Mal del David B, etc. Trillo me llamó fingiendo cierta desesperación, para anunciarme que definitivamente la ficción -y con ella nuestro trabajo guionístico- estaba llegado a su fin.
Fue entonces que me propuso encarar una obra conjunta: una falsa y terrible autobiografía de una negra africana que escapa de milagro a las guerras civiles de su país, hasta llegar a Francia y poder contar su espantosa biografía en una historieta. Empezamos a tirar ideas de inmediato. A la pobre negra le pasaba de todo: siendo niña la violaba toda la tribu, tenía siete hijos, la torturaban las milicias rebeldes, luego las gubernamentales, la violaban de nuevo, le mataban a los hijos, se moría de hambre, se contagiaba el sida, se enamoraba de un casco azul que la dejaba por otra, todo un rosario de crueles penurias. Finalmente cruzaba el Mediterráneo en una barcaza y se ponía a dibujar.
Yo pensaba que Trillo lo decía en joda, pero en un momento me di cuenta de que la propuesta era en serio. Su idea era que se editara contando con la complicidad del editor y cuando ganara algún premio salir a decir toda la verdad y armar un escándalo que pusiera en cuestión toda la moda de las autobiografías noveladas. No sé por qué, por cobarde seguramente, no quise seguir el juego. El era un autor consagradísimo, yo era un perejil, me dio miedo. Preferí dejarlo “para más tarde”. Claro, en ese momento sabía que no habría “más tarde”.
Por suerte la moda de las autobiografías se frenó un poco, la ficción sigue existiendo, nuestro trabajo continúa. Pero nunca se sabe, tal vez en unos años haya que inventarse algo.

jueves, 2 de agosto de 2012

LO MISMO, por Diego Agrimbau

Con Trillo compartíamos la desesperación por buscarle parecidos a nuestras historias. Era muy habitual que uno de los dos le recomendara al otro tal o cual novela, película o historieta de argumento similar a lo que estábamos escribiendo en el momento. Recuerdo recomendarle “Sueño de un millón de gatos” de Neil Gaiman cuando me contó la trama de “Neferú el Gato”, una gran historieta que dibujó Peni. En general, todo depende del grado de parecido. Hay veces en que no importa, en la mayoría de los casos con algún cambio cosmético alcanza, y hay otros en que el parecido es tal, que no queda otra que abortar la misión.
Y finalmente una vez ocurrió lo inevitable: los dos estábamos haciendo historias muy parecidas, casi idénticas. Pongo por testigo estos extractos de nuestras conversaciones vía mail:

Agrimbau:
Esto que te paso ahora es para un libro de antología de temática GAY, que va a sacar Casanova en España. Es la historia de una chica lesbiana que se enamora de un travesti, por qué no. Dibuja Diego Greco.

Trillo:
Lo que me mandaste: ¿¿¿Vos sabés que con Peni estamos trabajando en la historia de una chica que estuvo enamorada una vez de un chico medio delicado, que lo idealizó después de dejarlo y que, cuando lo reencontró él es un trava???? Y se enamoran. Dioses, siempre lo mismo!!!!

Finalmente mi historia breve salió en el libro “Ábreme” publicado por la editorial Moebius. No sé qué fue de la historia que tenían entre manos con Peni. Creo que nunca se hizo. De la dupla nos queda Neferú el Gato, una hermosa historia que espero se pueda leer algún día en castellano.



miércoles, 25 de julio de 2012

LA POLEMICA GUASTAVINO, por Andrés Accorsi

Cuando los tiempos oscuros quedaron atrás y ya no hizo falta recurrir a la metáfora para hablar de ciertas atrocidades de nuestra historia reciente, Carlos Trillo fue muy explícito. Principalmente en El Síndrome Guastavino, realizada junto a Lucas Varela, que se convirtió en una de sus pocas obras realmente polémicas.
Cuando todavía no se había editado ni una sóla página de la historieta, Trillo le escribía a Varela un mail titulado “Guastavino me da asco!”, en el que decía: “La abyección de nuestro hèroe es repulsiva. Cada vez me gusta más, aunque me provoca pesadillas espantosas”. Los autores sabían perfectamente que con esa historieta se estaban metiendo en un terreno pantanoso, en el que más de una sensibilidad podía resultar herida.
Cuando la historieta empezó a serializarse en Fierro (después de varias idas y vueltas, porque el contenido “asustaba” en cierto modo a los artífices de la revista), fueron los lectores los que reaccionaron ante la forma en que Trillo y Varela retrataban ciertos arquetipos. Al guionista esto lo irritaba bastante, y le escribía al dibujante:
“Judíos, gallegos, tímidos, gays, drogones, rubias taradas, todo puede ser discriminativo según la political correctness, digo.
Un gallego bruto como el papá de Manolito es gracioso.
Un judío con gorrito y trenzas es un atentado antisemita.
No lo es el personaje de Maus porque el autor es judío, si no lo habrían crucificado.
Los personajes son los que son, una unidad no es una crítica racial, un negro puto no hace que todos los negros sean putos.
En Clarín, me acuerdo, se preocupaban porque en una historieta había un empresario que robaba: a ver si perdían avisadores porque TODOS los empresarios se sentían aludidos.
Ahora, en una historieta, ¿un judío no puede ser un acosador sexual – sería un comentario antisemita -, aunque en Israel hayan tenido hace poco un presidente que tuvo que renunciar porque le tocaba el culo a las chicas?
Hay gente muy boluda, Lucas”.
La historieta siguió jugando siempre al límite, sin renunciar jamás a su incorrección política y a su caricatura deforme y visceral de esa abyección que asqueaba a Trillo. En 2008, cuando a Fierro le tocó publicar el último tramo de El Síndrome..., Trillo pidió un espacio y, además de la historieta, publicó este texto:

UNA MALA IDEA
Nos dijeron muchas cosas sobre Guastavino.
Antes de aparecer en esta revista, que era demasiado fuerte para ser publicado.
Durante los meses que duró su desarrollo en estas páginas, que tenemos la cabeza podrida, que Lucas Varela nunca volverá a ser el mismo después de dibujar esta historieta, que por qué no aprendemos de las sublimes sutilezas de Minaverry, que “quedé tan enganchado a esta cosa enferma que están haciendo que voy a tener que comprar la próxima Fierro, yo que había decidido decirle al diarero que no me la traiga más”. El mismo Varela me llamó un día para pedirme que tuviéramos un poco de piedad, por favor.
Uno aprendió que los hechos no son dramáticos en sí mismos. El drama requiere la participación del que lo mira. Ver el elemento dramático (cómico, farsesco, divertido, trágico) de un acontecimiento significa tanto percibir los elementos en conflicto como reaccionar emocionalmente ante ellos.
Uno aprendió, también, que en este país pasaron cosas muy feas. Y que esquirlas de la peor locura han ido quedando en demasiadas cabezas compatriotas.
Y, entre tantos aprendizajes, hemos absorbido este enunciado irrenunciable: todos los relatos terminan.
Y eso pasa hoy con esta historia de Guastavino, el tipo que aspiraba a un cielo con represores con alitas que sacan dulces melodías de sus picanas y con muñecas que solo piensan en el amor.
No te vamos a extrañar una mierda, Guastavino.

Al año siguiente, la historieta se recopiló en libro y –para sorpresa de los propios Trillo y Varela- no generó ningún rechazo dentro de la editorial (Random House/ Sudamericana) ni ninguna reacción airada entre los lectores. Mañana, una entrevista en la que los propios autores hablan de este tema.

sábado, 14 de abril de 2012

TRILLO, EL CRUEL, por Diego Agrimbau

Aunque fue un autor que nunca tuvo demasiados pruritos a la hora de meterse con temas escabrosos, en los últimos años Trillo viró hacia un estilo mucho más descarnado, frío y cruel que de costumbre. Sería interesante hacer un ranking de la "mala leche" (diría Accorsi) made in Trillo. Creo que rankearía muy alto Video Noir (Video Inferno en España), realizada en conjunto junto a Eduardo Risso. La historia está protagonizada por una especie de Xuxa diabólica con pata de cabra que tortura niños a latigazos. Y los niños lo disfrutan con un deleite claramente sexual. Y piden más.
Recuerdo también el crudelísimo final de los huerfanitos de "Chocolate con Fritas" o la incómoda rascadura constante de Sarna, ese policía que le vende droga a una amante adolescente, a cuyos padres él mismo se encargó de matar. Había un claro gusto por bajar la moralidad de los personajes hasta las alturas más ínfimas, incluso si hacía tambalear la verosimilitud. Si Griselda Gambaro en algún momento hizo "El teatro de la crueldad", el Trillo de los últimos años se lleva el honor de ser pionero y fundador de la "Historieta de la crueldad". 
Pero si hay una obra que se lleva el primer puesto del ranking, es sin dudas el Señor Guastavino (padre e hijo). El Síndrome Guastavino es uno de los mejores libros tardíos de Trillo, seleccionado en Angouleme y con una ferviente y muy selecta legión de fans en el viejo continente. Trillo siempre supo que sus personajes amorales tenían buena prensa entre las editoriales parisinas. Y le sacaba provecho. Cuando alguien le insinuaba que debía estar medio loco para escribir semejantes cosas, su única defensa era: "y bueno, mejor que todo eso esté afuera y no adentro."
En algún momento, antes de que El Síndrome tuviera editor, Carlos me escribió esto, que copio y pego:

"En Fierro les parece muy fuerte el Síndrome Guastavino, aquella historia que tenemos muy avanzada con Varela; espero publicarla alguna vez con un cartel que diga LA HISTORIETA QUE FIERRO NO SE ANIMÓ A PUBLICAR, pero hay que terminarla primero y Varela va lento porque está lleno de trabajos muy bien pagos. En fin, siempre sopa."

Afortunadamente el "Síndrome Guastavino" terminó saliendo en Fierro, y luego fue compilado en Random House. Y también en Francia, por editorial Delcourt, en una edición donde pasó a tener tres calles por página, en vez de cuatro. Recuerdo la primera vez que Carlos me contó por teléfono sobre el proyecto me dijo algo tipo "Lucas me pide piedad ¡Piedad con Guastavino! Pero no, no se la merece". Pobre Guastavino.

viernes, 2 de marzo de 2012

RECAUCHUTANDO PROYECTOS, por Diego Agrimbau

Un día me escribió Trillo: "Yo estoy resucitando una vieja historia que hicimos con Saborido y de la que tenìa tres páginas de muestra muertas de risa. Las hice colorear y estoy plumereando la cosa para ver de mandárselo a algún francófono. Por otro lado, Ruben Sosa me mandó algunas muestras para una animalada de la que ya tengo el plot.
En fin, mire y critique, Diego."
Recauchutar proyectos es una de las tantas artes del guión en las que Trillo descollaba. Nunca daba un proyecto por muerto. Toda operatoria era válida: cambiar de dibujante, de estilo, de técnica, de formato, de época. Carlos tenía una gran estima por Félix Saborido. Le sorprendía su capacidad legendaria para cambiar de registro y de estilo con una facilidad apabullante. Es una lástima que estas páginas no estaban rotuladas cuando me las mandó, pero puede notarse la narrativa gráfica clásica y precisa de sus guiones y algún que otro "globazo" con los que les daba dolores de cabeza a sus dibujantes. Nunca me contó el plot de esta historia, o sí y no me acuerdo, pero no me extrañaría que incluyera algún detective. A Trillo le encantaban los detectives. Pero eso es tema para otro post. 

martes, 3 de enero de 2012

COMO CONOCI A TRILLO, por Diego Agrimbau

Cuando falleció Trillo, Andrés Valenzuela me pidió una columna para página 12. Tarde varias horas en decidirme sobre qué escribir. Finalmente decidí comenzar por el principio, contando como fue que lo conocí. Así comenzaba mi nota:

"Disculpame, escuché lo que decías... ¿vos hacés guiones de historietas?

–Trato –le dije tímidamente al señor morocho que se había acercado hasta nuestra mesa del restaurant Munich, en Flores. Era el otoño de 1998 y yo todavía andaba luchando en el nutritivo fango de la historieta independiente.

–Mi nombre es Enio, soy dibujante –me aclaró mientras anotaba un teléfono en una servilleta de papel—. Llamalo a Carlitos de mi parte. El te puede dar una mano.

–¿Carlos? ¿Qué Carlos? –pregunté temiendo recibir la respuesta correcta.

–Trillo –aclaró Enio.

Lo llamé titubeante por teléfono y en menos de un minuto de charla me invitó a pasar por su estudio de Talcahuano y Santa Fe. Cuando llegué, me encontré con decenas de originales de Cybersix que Carlos Meglia, su compañero de estudio en aquel momento, desparramaba por el piso. Al mismo tiempo, del fax brotaban varias páginas de Clara de Noche que le enviaba Jordi Bernet desde España. Y recuerdo que lo que más me apabulló fue una biblioteca entera sólo con libros de historieta de su autoría. Antes de sentarme a charlar por primera vez con Trillo en su escritorio, a mí ya no me cabían dudas: eso es lo que quería hacer por el resto de mi vida."

Desde entonces Trillo siempre fue mi consejero y también un poco padrino. En estos años de amistad, muchos consejos fueron explícitos. Lo he llamado más de una vez ante cuestiones prácticas que me desesperaban: "¡Trillo ayuda! Me piden de Francia un Certificado de Residencia Fiscal y no tengo idea de lo que es! ¡Help Trillo! En el contrato de Albin Michel me pusieron una cláusula de preferencia que me condena a trabajar con ellos para toda la eternidad, ¿qué hago? ¡Trillo, sálvame! Tengo este plot pero no me termina de cerrar y el dibujante me apura ¿qué te parece?. Y así, muchas veces.

Pero creo que la mayor parte de lo que aprendí de él fue compartiendo el día a día del trabajo de guionista. Nunca tardábamos demasiado en contarnos en qué andábamos vía mail o teléfono. Los archivos adjuntos iban y venían, más que nada con páginas de nuestros últimos trabajos o de algún nuevo dibujante que se presentaba pidiendo guión. Obviamente, los que le mandaban cosas a él eran muchos más de los que mandaban cosas a mí. Y muchas veces compartimos el horror ante un dibujante, que en un mal día, había arruinado alguno de nuestros maravillosos guiones.

Él también, de vez en cuando, me pedía consejo ante alguna situación puntual, qué hacer con tal o cual dibujante, con un editor díscolo, cosas prácticas en su mayoría. Pero siempre me quedaba la sensación de que lo hacía como para emparejar la cosa, como para hacerme sentir un poco más colega y no tan alumno. Yo le seguía la corriente. Definitivamente no le gustaban los chupamedias, y yo siempre me cuidé de no caer en eso, incluso aunque tuviera que reprimir algún elogio espontáneo.

A veces, nuestras reuniones eran temáticas. Recuerdo una vez que nos juntamos para hablar sobre "proyectos que nunca saldrán". Otra sobre "dibujantes malos". Con el tiempo aprendí a reconocer los elogios y las críticas de Trillo sobre mi trabajo, entre la maraña de sutilezas y sus formas de decir que muchas veces de tan simples parecían ingenuas, pero no lo eran en absoluto. Algo que también podía pasar con sus guiones. No éramos de andar elogiándonos ni criticándonos demasiado. Es como que no daba. La inmensa mayoría del diálogo se iba en cuestiones mundanas, prácticas, del día a día, editores, dibujantes, impuestos, derechos, viajes, premios. Por eso, son pocas las críticas suyas de mis libros, alguna de Bertold, alguna de Planeta Extra, poco más. No era lo que más importaba. Pero recuerdo puntualmente un día que me llamó a mi estudio de la calle Bogotá, cuando lo compartía con Baldó. El diálogo fue más o menos así. Yo era Agrimbau, él era Trillo. Nunca Diego, nunca Carlos:

-¿Hola Agrimbau?

-¡Trillo! ¿Qué tal?

-Leí El Asco.

-Ah... ¿y qué tal?

-Sos vivo, eh.

Es es una de las mejores críticas que me hicieron jamás.