martes, 31 de enero de 2012

ENTREVISTA, por Luca Lorenzon

Primera parte de una extensa entrevista realizada a principios de 2011 para el blog Che Cosa Sono le Nuvole.

LL: En varias ocasiones dijiste que tus escritores favoritos en tu infancia eran Dickens, Melville, Stevenson y sobre todo Salgari y que tu fantasía de estimulaba imaginando a los compañeros de clase o a la maestra de inglés raptados por los piratas. ¿De chico soñabas con ser novelista?

CT: Aprendí a leer antes de comenzar la escuela, me daba mucha curiosidad lo que decían esos personajes que veía en los cuentos y en las revistas. A los seis años ya había empezado a leer El Pato Donald, revista que para nuestra generación, es todavía una leyenda. Curioso: las que más me impresionaban eran las historias de lo que yo llamaba “el Walt Disney bueno”. No me interesaba mucho el Ratón Mickey y me llenaba de perplejidad que hubiera patos que no me gustaban y patos que sí, como si ese señor Walt, que era el que a todo ponía su firma, tuviera momentos de inspiración maravillosa y momentos de aburrida rutina. Todavía me acuerdo, viñeta por viñeta, la historia en los Andes con los huevos cuadrados hecha por “el Disney que sabía hacer bien las cosas”. Pasaron tantos años y fue en París, me parece que en 1979, que me encontré con un gran libro que recopilaba las mejores historias de Carl Barks. ¡Claro! Disney era dueño y no el creador de ese mundo deslumbrante. Y Carl Barks era el verdadero autor, desconocido para los lectores de los años ´50.
Así como fui mal alumno de matemáticas y ciencia, fui muy bueno en lingua, en análisis gramatical y, varios años después, en literatura.
Las lecturas de letras-sin-dibujos llegaron un poco después. En mi casa nadie leía, pero yo usaba anteojos desde muy chico y, a la hora de ir a jugar al futbol y con el peligro de romper esos vidrios que se anteponían a mis ojos, me iba a nadar (el natatorio estaba lejos o sea que no podía ir todos los días), o volvía a casa a leer y a escuchar la radio.
La radio, antes de la televisión que en la Argentina se desarrolló lentamente y que no tuvimos en mi casa hasta 1958, era maravillosa. A la tarde no me perdía un solo capítulo de Tarzán ni de Sandokan, dos series que duraron muchos años y a las que fue matando el desarrollo de la tele.
Y los libros fueron llegando, te decía. Primero los más simples y apasionantes, como las sagas de Salgari, los Sherlock Holmes, los Fantomas. Y claro, en las mismas colecciones donde aparecían estos títulos, estaban también Stevenson, el Quijote (abreviado, no mucho, pero abreviado) para niños, Verne (a quien, nunca sabré por qué, nunca pude soportar). Oliver Twist y David Copperfield fueron la gran revelación de mis once años. Dickens era más intenso, más “brutal” que todos los otros, las cosas que pasaban no tenían fantasía, tenían amargas realidades y niños que sufrían, toda una revelación.

LL: Además de tu amor por el Pato Donald y la obra de Carl Barks, ¿qué otras historietas resultaron un estímulo a tu imaginación?

CT: De Disney, te dije, amé a Carl Barks. Y los dibujos de Floyd Gottfredson, ese Mickey era el “de verdad”, sin pantalones largos, sin autos modernos, con un enemigo con la pata de palo. Pero Mickey era demasiado justo, bondadoso y ecuánime, un héroe americano como Alan Ladd. A mí me gustaban los patos.
Los patos y tres revistas también de la editorial Abril, de Cesare Civita: Gatito, la Biblioteca Bolsillitos y El Diario de Mi Amiga.
El personaje Gatito era un notable invento temprano de Oesterheld que no se conoce tanto porque no era una historieta. Era un relato que se publicaba “escrito a mano”, con letras cursivas dibujadas una a una y muy ilustrado por un gran ilustrador de los años ´50 y bastante más: Csecs. Y en su revista – que era mensual y venía troquelada - aparecían los textos de grandes escritores – creados especialmente para la publicación, con bellos personajes, ilustrados por dibujantes de gran nivel, como Alberto Breccia, para citar uno que es conocido en Italia (y que dibujaba las historias de Perrito Doctor, que era un médico de los demás animales del bosque).
La Biblioteca Bolsillitos era muy pequeña de formato y publicaba un cuento en cada uno de sus números – inolvidable la autora Beatriz Ferro, una precursora de la gran literatura para niños que se desarrolló después en la Argentina– también ilustrados por artistas de excelente nivel.
Y El Diario de Mi Amiga, que los chicos varones leíamos un poco a escondidos porque eran historias “para nenas”, con grandes historias de aventuras protagonizadas, siempre, por una niña. Entre los ilustradores de El Diario de Mi Amiga estuvieron Hugo Pratt y Breccia y estos materiales están muy poco difundidos.

LL: De todas las revistas de la editorial Abril de principios de los ´50, ¿cuáles eran tus personajes favoritos?

CT: Editorial Abril importó a la Argentina a importantes autores de cómics. Pratt, Ongaro, Battaglia, Letteri, Paul Campani. Algunas de las series llegaban hechas de Italia, como Hombres de la Jungla (Junglemen), Tita Dinamita (Gey Carioca), Misterix, Colt el Justiciero (Tex), Saturnino Farándola.
Como Misterix interesó especialmente al público, rápidamente se convirtió en una revista cuyo personaje central, durante un período la siguió dibujando Campani especialmente para la publicación argentina. Y comenzaron los guiones de Ongaro que se trasladó a la Argentina (cosa que no hizo Campani, lo que dificultaba la producción y obligaba al editor a entrenar copistas de su estilo). También Letteri y Pratt se vinieron a las pampas y se fue formando un elenco de autores, a los que se sumaban algunos argentinos como Oesterheld, Destuet, Julio Portas (Julio Almada era su pseudónimo) y Walter Ciocca, el gran dibujante de historieta gauchesca, que ya publicaba una legendaria tira diaria en el diario vespertino La Razón: Lindor Covas, el cimarrón. Un par de años después llegaría Carlos Vogt.
Con este equipo ya asentado, en 1952 estaban en producción los personajes que más me interesaron en esos años: Sargento Kirk (de Oesterheld-Pratt) y Bull Rockett (de Oesterheld-Campani).
No tardaría en desaparecer Campani de las revistas, después de un período de copistas no demasiado buenos. Y Misterix pasó a manos de Eugenio Zoppi, y Bull Rockett la empezó a dibujar Solano López, que le dio una inusitada expresividad a los personajes.

LL: Este auge de la historieta argentina en este período, ¿tiene que ver simplemente con una época de prosperidad económica, o te parece que hay otros factores?

CT: Después de la guerra, Argentina vivió un período de gran prosperidad, es cierto. Y a eso se sumó el peronismo, una fuerza política que aún hoy es la más poderosa del país y que, en general, ha intentado que la distribución de la riqueza sea más equitativa (olvidándonos del período de Carlos Menem, un gobernante que en los años ´90, intentó imponer el más despiadado liberalismo económico, siguiendo las recetas recesivas y empobrecedoras que dicta siempre que puede el Fondo Monetario Internacional). Pero historietas se leían, muchas, desde antes. El Tony, de editorial Colomba, tuvo un éxito de décadas a partir de 1930. Titbits y El Gorrión, de Editorial Manuel Láinez arrancaron también en esos mismos años, como Puño Fuerte, Espinaca, La Novela Semanal y varias más.
Lo que ocurrió coincidiendo con esta prosperidad del ´45 fue que aparecieron mejores revistas, con mucho material argentino, como Patoruzito, la revista de mayor éxito de la década que va del ´45 al ´55, en cuya fórmula abundaba la aventura y también la historieta humorística de muy buen nivel. Langostino y Vito Nervio son, en general, las más recordadas y apreciadas por la gente de mi generación.

LL: Me llama la atención que vos siempre cites la gran influencia de Oesterheld en tu obra, porque en las revistas de la editorial Frontera, Oesterhled escribía básicamente historietas bélicas, de cowboys o de gauchos, que son tres géneros en los que vos nunca incursionaste. Supongo que esa influencia tendrá que ver más con lo teórico, con lo que aprendiste al nivel del lenguaje de la historieta...

CT: En 1957 ocurrieron dos fenómenos que revolucionaron la forma de contar: Oesterheld lanzó su Editorial Frontiera, con las revistas Frontera y Hora Cero, y el humorista Landrú (Juan Carlos Colombres) inauguró una nueva forma de humor, entre lo lunático y una gran vena para el chiste político. Perón había caído después de un golpe militar bastante sangriento (los aviadores bombardearon la Plaza de Mayo, la más central de Buenos Aires, matando a cientos de personas que iban a trabajar en la zona más poblada de oficinas de la ciudad), y con esta caída se había aflojado la censura, que era bastante rígida durante ese primer peronismo.
Tia Vicenta, la revista de humor de Landrú llegó a vender 300.000 ejemplares por semana. Y las revistas de Oesterheld acabaron con las historias que continuaban semanalmente, a las que estábamos acostumbrados, y proponían relatos autoconclusivos de pocas páginas. Se pasaba, por hacer una comparación no sé si muy afortunada, de la novela al cuento. Y esto obligó a las editoriales ya existentes a replantear las periodicidades y el largo de las historias.
La más favorecida fue Editorial Colomba, que rápidamente, menos de un año después, había lanzado D´artagnan, integrada por una cantidad importante de historias autoconclusivas. Y que, sucesivamente, cambió la semanalidad de sus El Tony e Intervalo por revistas mensuales de aventuras completas. Y Misterix tardó un poco más, pero cambió de editor – Abril se la vendió a Yago – y después de un deslumbrante comienzo, con el Mort Cinder de Oesterheld y Breccia, pasó a una modesta segunda línea entre las editoriales de historietas.

LL: Tus primeros trabajos datan de 1963, cuando redactás cuentos para la revista Patoruzú. ¿No se te ocurrió escribir historietas, ya que estabas en esa importante editorial?

CT: Patoruzú me compraba breves cuentos humorísticos que se publicaban semanalmente. Hice algunos reportajes a figuras del espectáculo y llegué a escribir el plot de una historia para la Andanzas De Patoruzú, un mensuario que publicaba una larga historia completa. Pero me lo rebotaron.

LL: Y como guionista propiamente dicho, ¿debutás en las revistas que editaba Garcia Ferré?
CT: No, antes de trabajar para García Ferré escribiendo historias para los personajes de la editorial, trabajé como guionista en Misterix, donde escribí algunas historias breves sin personaje, y una saga que dibujó Caramuta, un dibujante que, ya formado, se fue a Italia y trabajó bastante en Bonelli Editore. La historia se llamó Wapiti, el cazador de castores y fue un comienzo que retomaba aires del Ticonderoga de Oesterheld y Pratt. Pero nadie se la acuerda…
García Ferré hacía fascículos para niños, un semanario con temas escolares que se llamaba Anteojito, y un mensuario de historietas, Antifaz. También producía dibujos animados para la televisión – Hijitus- a razón de un minuto por día. En todos estos medios trabajé un poco, pero sobre todo colaboré mucho en Antifaz escribiendo las aventuras detectivescas de Antifaz y su ayudante Zanzibar Joe, la historieta familiar La Familia Panconara, una familia muy rara y varias historias del Topo Gigio, del que García Ferré tenía los derechos para la Argentina.
Anteojito era un niño de enormes anteojos y gran inteligencia, sobrino de Antifaz, que casi siempre hablaba en verso y vivía aventuras un poco a la manera de las del Pato Donald. García Ferré, un autor de gran llegada a los niños, ya había creado, en la revista Billiken, Pi-Pio, un pollito vagabondo y aventurero que se recuerda por su gran calidad y por la cantidad de veces que fue propuesta al público infantil. Esa, creo, y no Anteojito, fue la gran creación de García Ferré para el mundo de la historieta argentina. Anteojito había nacido como personaje televisivo que, junto con su banda de amigos, presentaba productos de limpieza, chocolatines, libros escolares, en un original intento de que los avisadores gastasen menos y aparecieran, con mucho ingenio, en un spot junto con otras marcas. De la repercusión en la televisión surgió la fuerza de Anteojito revista que fue, durante muchos años, la más vendida de la Argentina. (mañana, la segunda parte)

lunes, 30 de enero de 2012

JUAN Y EL PREGUNTON, Y ALGUNAS COSAS MAS, por Carlos Trillo

Alberto Osvaldo Bróccoli era muy joven, un niño casi, cuando una musa llamada Hermenegilda golpeó las puertas de su sensibilidad.
Toc, toc.
-¿Quién es?
-Tu musa, pequeño.
-Ah, bueno, pasa.
La sensibilidad de Alberto Osvaldo Bróccoli era espaciosa, con tres lindos ambientes, cocina, baño completo y un amplio patio con macetas de malvón.
A Hermenegilda le gustó el lugar, y se quedó a vivir en la sensibilidad de nuestro héroe. Y como no se trataba de una musa capaz de inspirar a nadie ganas de ser picapedrero, o picapleitos que es bastante peor, insufló artes gráficas a raudales en la joven cabecita.
A los 12 años, Bróccoli calcaba al ratón Mickey que era un primor, un primor, según testimonio de sus tías.
A los 13, portando ya una incipiente pelusilla sobre el labio superior, el Broc tomó una determinación. Fue así como envió uno de sus dibujos a Walt Disney, y recibió como respuesta una carta de los Tres Chanchitos alentándolo a respetar a padres y maestros.
Este aliciente lo movió a seguir en la línea trazada (que no estaba en el centro de una carretera, como algunos maledicentes murmuran por ahí).
El joven Bróccoli se puso a dibujar. Borroneó cuadernos rayados, de esos de la escuela primaria, y blocs de los que se usan para dibujar mapas de Europa y Oceanía, y también márgenes en blanco de revistas nacionales e importadas, y cartulinas de embalaje, y toda superficie lisa no previamente dibujada por otros.
Finalmente, Bróccoli se transformó en un dibujante hecho y derecho, con anteojos y campera de antílope. Todo, su chaleco, su lucidez, su ardiente defensa de las causas perdidas, sus conocimientos de artistas vivos, muertos y aún desfallecientes, su hogar lleno de mujeres (3), su gato Rodolfo, su cuadro titulado “El sombrero de Chamberlain”, su investigación acerca del cuturrú, ave extinguida de América del Sur, todo hace de él un hombre capaz de representarnos con orgullo en el exterior.
Y hoy, por fin, la cosa se produce y Bróccoli llega al libro solo, despojado de adláteres, con sus personajes para que retocen a sus anchas dentro de las limitaciones de las medidas de caja.
En las siguientes páginas, el lector podrá conocer algunas cosas más y también a Juan y el Preguntón, una de las tiras más hermosas, más ricas que se producen en la Argentina.
Juan y el Preguntón forman una de esas parejas cuyos integrantes no podrían existir individualmente, como Mutt y Jeff, como Romeo y Julieta, como Menéndez y Pelayo.
Nadie podría imaginarse a Krazy Kat sin el ratón que le pega ladrillazos en la cabeza, ni a Sherlock Holmes sin un Watson a quien apabullar constantemente con sus deducciones. Tampoco es posible concebir a Juan, un hombre libre, valioso, mágico, disparatdo y sin prejuicios, sin la contención de ese gordito burócrata que está esperando siempre que Juan eche a volar para certificar el acontecimiento con un sello y una estampilla fiscal de cien pesos.
Escuché alguna vez esta definición de humor: humor es una actitud inteligente ante la vida. Agrego que hay que tener muchos ojos y muchos oídos para captar el mundo como es en realidad, con sus vallas, sus miserias, sus eructos.
El humor sirve para mostrar las cosas tal cual son, y en definitiva para modificarlas.
En la Argentina tenemos a Bróccoli.
Es una suerte.

(prólogo a la edición española de Juan y el Preguntón y Algunas Cosas Más, Planeta, 1975)

domingo, 29 de enero de 2012

sábado, 28 de enero de 2012

LAS PUERTITAS DEL SR. LÓPEZ, por Gabriel Zárate

Las Puertitas del Sr. López es una de las historietas más populares y mundialmente conocidas de la célebre dupla integrada por Carlos Trillo (guión)-Horacio Altuna (dibujos), publicado primero en la revista argentina Péndulo (1979) y luego en Hum® (1980-82). En 2009 es editada íntegramente por Planeta-DeAgostini (España) en un solo volumen, que da inicio a una ambiciosa colección dedicada a la obra de Horacio Altuna.
López, personaje pusilánime, empleado mediocre, es el inmejorable arquetipo del hombre gris que abunda en el mundo urbano contemporáneo. Desdeñablemente insignificante para el entorno que lo rodea, ni siquiera posee un nombre, sólo un anodino apellido por única y absoluta identidad.
Mudo testigo presencial, incapaz de superar su circunstancia, oprimido y doblegado por su déspota y repulsiva esposa, el timorato López se muestra agobiado y reiteradamente inepto para enfrentar la cotidiana realidad, plagada de avasallantes conflictos y turbantes frustraciones, como jóvenes y hermosas féminas inaccesibles, reflejando una sumisa y persistente tristeza, producto de su ansiosa y conformista impotencia desesperanzadora.
Frente al humillante abuso habitual y sometido por un miedo obsesivo que lo domina y lo paraliza, López desarrolla un sensible mecanismo de defensa redentora, el de la huida irreal, rumbo a un extraordinario y singular universo propio: el de la desbordante e insólita imaginación.
Cruzando la puerta de un baño cualquiera, López emprende fabulosos viajes oníricos, ilusorias y delirantes travesías escapatorias a paródicos universos absurdos, que son mordaces y sarcásticas alegorías del nuestro y encuentra en la imaginaria fantasía las puertas de una evasión mental liberadora que le permite sobrellevar los fiascos y desilusiones en que se desenvuelve a diario en su vulgar vida oscura y monótona, siempre cargada de un humor cruel.
La férrea censura del Gobierno Militar obligó a concebir una sutil metáfora del contexto político y social que vivió Argentina en los´70, dominada por el espantoso miedo y la indiscriminada represión criminal con su escalofriante secuela de miles de muertos y desaparecidos entre la población civil.
Las Puertitas del Sr. López, plantea justamente el tema del intenso temor frente a la opresión autoritaria de un poder omnímodo. La imposibilidad de rebelarse y el oprobioso silencio como única y denigrante alternativa de sobrevivencia y resignación en el bárbaro contexto de la genocida Junta Militar.
También es una aguda reflexión sobre el poder que las entretenidas ficciones ejercen en los infelices hombres, capaces de ser una peculiar forma de lúdica evasión distractora, una ventana liberadora, para sobrellevar, subyugado, una existencia aberrante y a la vez, sugerir subrepticiamente una audaz mirada crítica de aquella realidad, angustiante y abrumadora, que los envuelve.
En la obra, Horacio Altuna muestra su gran destreza en el dominio de la narración gráfica con variadas imágenes y planos cinematográficos. Además contribuye decisivamente para conseguir este efecto, una preconcebida economía de lenguaje, propia de Carlos Trillo y plenamente renovadora en el comic argentino.
Complicada tarea la de sumar alguna reflexión nueva a todo lo ya escrito sobre esta historieta que forma parte de la “educación sentimental” de toda una generación de lectores. Probablemente Las Puertitas del Sr. López sea una de las cumbres del dúo Trillo-Altuna, binomio que a su vez representa lo más alto de la historieta argentina contemporánea.
Desamparado y cansino, falto de amigos, carente de respeto y de afecto, López es un miedoso, un perdedor nato, pero también un tímido hombre de buenos sentimientos que humanamente conmueve y estremece por su frágil sensibilidad casi infantil y su solitaria melancolía poética, similar a la de Charles Chaplin.
Quizás hombres cohibidos y desdichados como López se encuentren más cerca de lo que nos imaginamos, acaso tan solo sentados en un café, a la vuelta de una simple esquina o aún peor, quizás parte de López habite también en nosotros mismos.

viernes, 27 de enero de 2012

CHOCOLATE CON FRITAS, por Andrés Accorsi

En varias de las entrevistas que compartimos durante las últimas semanas, Trillo hace mención a Chocolate con Fritas, o Chocolate con Papas Fritas. ¿Qué demonios es eso? Una novela gráfica de 2003 (que debutó en Francia con el título Des Frites au Chocolat), realizada por el maestro junto al imparable Juan Bobillo e injustamente inédita en nuestro idioma.
A nivel gráfico, el trabajo de Bobillo no se parece NADA a lo que viste en Anita, en Sick Bird, o en sus historietas para Marvel. Casi todo el libro está dibujado en un estilo nuevo, fresco, como si fuera otro Bobillo, uno que leyó mucho a Kyle Baker, que rumbea hacia el humor gráfico y que tiene un timing para la comedia que uno no imaginaba. Es un Bobillo sin líneas negras, con un gran manejo del color, de los fondos y del lenguaje corporal de los personajes, intencionalmente cabezones para poder enfatizar también las expresiones faciales. El trazo es juguetón y un poquito caótico, como las situaciones que nos va a ofrecer el guión de Trillo. Después de tres álbumes de Sick Bird, esta obra resultó un gran desafío para Juan, del cual salió no sólo bien parado, sino además enriquecido como artista.
El guión es un claro ejemplo del Trillo Malaleche de este milenio. Durante los ´80, el ídolo metía en sus obras sutiles ironías, ciertos guiños sardónicos, pero siempre en un contexto políticamente correcto, siempre para bajar una línea positiva. Ahora ya no. Ahora Trillo se mete con las miserias humanas más abyectas porque se divierte, porque está bueno, porque le agrega un sabor picante a los conflictos que proponen sus guiones. En Chocolate con Fritas se ve clarísimo: Los sextillizos Leandro, Lalo, Lorenzo, Leonardo, Lucas y Luciano se despiertan un día en su departamento para descubrir que sus padres ya no están. Desaparecieron sin dejar rastros. En secuencias desopilantes y tiernas, los seis nenes de siete u ocho años tienen que organizarse para seguir adelante con sus vidas. Necesitan cocinar, comprar cosas para el hogar, ir a la escuela, y además averiguar qué sucedió con sus padres.
Por supuesto, Trillo se preocupa por dotar a cada uno de los sextillizos de una personalidad propia. Y rápidamente se destaca Lalo, el que asume el rol de “mamá y papá” de sus hermanos y hasta se disfraza de ellos. Lalo es el actor, el más gracioso, pero los otros no se quedan atrás, especialmente Lorenzo, que se revela como el gran cocinero, creador del plato favorito de los chicos, que es el que le da nombre a la obra. El principal obstáculo que encuentran los chicos para seguir adelante con sus vidas es el encargado del edificio, que empieza a preguntarse qué hacen esos chicos viviendo sin los padres, mientras los hermanos sospechan que este grandote con cara de pocos amigos (y fanático de Star Wars) puede estar entongado con los alienígenas que –de eso no tienen dudas- abdujeron a sus padres y en cualquier momento vendrán por ellos. Este juego de opuestos, ocultamientos y sospechas brinda un marco muy fértil para la comedia de enredos y Trillo le saca un jugo espectacular.
No te quiero contar el final, pero es de una crueldad sublime. Si te pareció que el Trillo de El Síndrome Guastavino era retorcido y perturbador, es porque no leíste Chocolate con Fritas. Y ya está, no digo más nada. Bueno, sí… que también está editado en inglés, por si no leés francés ni querés esperar a ser anciano para leerlo en castellano.

jueves, 26 de enero de 2012

CUERDA, por Trillo, Bobillo y Varela

Este es un experimento raro, casi una travesura: a Trillo se le ocurrió que Lucas Varela y Juan Bobillo podrían dibujar a cuatro manos, y crear un estilo que fuera una especie de amalgama entre los de ambos artistas. Así fue como, en algún momento de 2001, Juan y Lucas dibujaron esta breve historieta que nunca antes se había publicado. (A.A.)

miércoles, 25 de enero de 2012

IDAS Y VUELTAS, por Carlos Trillo

Dos frases de John Cheever, de sus Diarios, explicarían, creo, tanto mejor que yo este Entreactos. Una es esta:
“Cuando despertamos, todos somos hombres naturales, fanfarrones, cariñosos, esperanzados, pero el extraño de cara negra espera en la puerta, la víbora está enroscada en el jardín, el viejo susurra palabras lascivas en el oído del muchacho y la mujer, sentada a la mesa, llora”.
En el juego con el tiempo, en el hurgueteo constante de estas vidas reales, hay, por momentos, despertares esperanzados. Pero las sucesivas vigilias, repetidas, insatisfactorias, inconsistentes van opacando cada uno de los días de los personajes.
Lucas es un dibujante pero trabaja en Musimundo, Mariana no sabe qué quiere de la vida y pasa del amor de Lucas al de Gonzalo casi como una venganza. Gonzalo hace cine publicitario en España y se va anestesiando con el confort que este le suministra. Jazmín no espera gran cosa, todo lo que hay en el mundo es mejor que ese universo grasoso de la panadería en que trabaja.
Van y vienen, los cuatro. Sus historias no se presentan en orden cronológico. Por momentos parece que espiáramos por el ojo de una cerradura toda la tensión casi insoportable que hay bajo la superficie de esas existencias chatas.
La segunda frase de Cheever de la que les hablaba antes dice:
“Al mirar a mi alrededor, me parece encontrar una cantidad insólita de infelicidad y ebriedad. No tenemos indigencia, frío, hambre, soledad ni ninguna de las desdichas habituales: ¿por qué tantos de nosotros nos esforzamos por olvidar nuestra dicha? ¿Es la tendencia a la culpa y la venganza, inseparable de la naturaleza humana?”
Laura Vazquez se muestra virtuosa e implacable con las criaturas que nos cuenta. Los mira existir, no les da tregua, no les perdona nada. Observándolos, los define con precisión de navaja. Dante Ginevra organiza las secuencias, dibuja esas miradas de ojos agrandandos no por el asombro sino por una búsqueda de sentido que casi nunca encuentran. A cada uno le puso la cara que se merece.
Es en los entreactos donde no se recita el texto que hemos estudiado. Allí, seguramente, se encuentra la verdadera historia.

(prólogo a la edición argentina de Entreactos, Domus, 2008)

martes, 24 de enero de 2012

ENTREVISTA, por Leandro Paolini

Me recibí de Licenciado en Comunicación Social en Noviembre de 2008. Ya en 2009 comencé a re escribir mi tesis de grado: “Bajo Radar: La Historieta argentina de aventuras durante el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983)”, con el objetivo de publicarla como un libro. Fue en este contexto que me acerqué de manera tímida ante la leyenda que es Carlos Trillo y me encontré con un hombre amable, y de buen humor, que generosamente me dio su número de teléfono y dirección de email para que lo entreviste. El libro todavía está siendo re escrito y aún no se publicó, pero su entrevista ahora sale a la luz. La contestó originalmente via email el 22 de febrero de 2009:

LP -¿Cómo era hacer comics durante la dictadura militar?
CT – En todo caso era más fácil que hacer teatro o cine, porque los censores no se daban cuenta de que debajo de los “esos dibujitos” se podían esconder críticas y objeciones.

LP -¿Ayudaba a crear la atmósfera política de los ´70?

CT - Ayudaba, como me señaló una vez, a principios de los ´80 un prestigioso crítico italiano llamado Oreste del Buono, porque nos obligaba a usar un lenguaje más metafórico. Y porque los lectores estaban atentos a los dobles sentidos, a lo que se quería decir en realidad con lo que estaba escrito y dibujado.
Tanto era el entrenamiento en buscar dobles sentidos que con El Loco Chávez, la historieta que yo escribía para Clarín y dibujaba Altuna, vivimos un episodio singular: al estallar la guerra de las Malvinas, el dibujante se había ido del país y teníamos tres meses adelantada la historia. Obviamente no sabíamos nada sobre la posibilidad de una guerra antes de desayunarnos con la noticia en la mañana del 2 de abril del ´82. Y sin embargo, los lectores escribían cosas delirantes (a nuestro entender) sobre lo que estábamos insinuando a cuento de esa guerra ridícula y megalómana lanzada por sujetos borrachos de poder y de otras cosas.

LP -¿Había auto-censura por parte de artistas o editores?
CT -Los editores tenían mucho cuidado con lo que publicaban. Yo, por esos años escribía El Loco Chávez para Clarín y muchas veces nos avisaban que ciertos temas no se podían tocar. En las revistas de Ediciones de la Urraca, como la revista Humor, eran un poco más kamikazes, siempre intentaban buscar un límite tensando algo más la cuerda.

LP -¿Cuáles eran sus influencias artísticas de la época?
CT -Yo siempre fui lector de historietas, entre otras lecturas. Y seguramente como todos los que escribíamos historietas en aquellos años, estábamos influidos por la renovadora presencia de Oesterheld, tal vez el único desaparecido de nuestra actividad (aunque no tanto por su labor como autor sino por su militancia montonera, ya que su historieta más explícita contra los militares, la segunda parte de El Eternauta fue casi reescrita por los correctores de su editorial antes de publicarla).

LP -¿Qué influencia artística –fuera de los comics – tiene?
CT -Yo tengo gustos, curiosidades, soy muy lector de ficciones, muy asiduo espectador de teatro. Supongo que lecturas y vida confluyen en lo que uno hace. Puedo decirles qué autores amo, por ejemplo: Chandler, el primer McEwan, algunos novelistas latinoamericanos de los tiempos del boom, sobre todo García Márquez, Ramón del Valle Inclán, los cuentos de Cheever, los de Borges, y son tantos que voy a parar acá.

LP -¿Qué trabajos recuerda haber realizado y cómo influenció el contexto político de la época?

CT -Si se refiere a trabajos que tengan que ver con la dictadura y una observación sobre su funcionamiento, me parece que una historieta que hacíamos con Saccomanno, Bosquivia, fue la que contó con más realismo que metáfora, la decadencia de aquella dictadura monstruosa.

LP -¿Con quien le gustaba trabajar en esos años?
CT -Mi dibujante argentino favorito de todos los tiempos es Cacho Mandrafina. En aquel tiempo hicimos varias historias breves muy ácidas y también Los Misterios De Ulises Boedo, una suerte de búsqueda marechaliana del ser nacional. Pero me gustó mucho trabajar con Tabaré en Bosquivia, con Altuna en El Loco Chávez y sobre todo En Las Puertitas Del Señor Lopez, con Alberto Breccia en Buscavidas.

LP -La historieta, ¿Es un genero artístico marginal?
CT -La historieta no es un género, como no lo es la novela ni el teatro ni el cine. Hay, sí, géneros dentro de ella, como en las otras manifestaciones de la industria cultural. En la Argentina tuvo un período en el que cosechábamos una gran cantidad de lectores. Pero nunca supimos, como en otros países, despertar interés en la crítica para que se nos considerara como a otros soportes. No me va mucho entrar en una discusión sobre la marginalidad de la historieta. ¿Es el cine marginal? ¿Es marginal la novela? Seguramente una parte de la producción historietística merece ser calificada de estupidez, como pasa con cualquier otro soporte…

LP -¿Cree que la historieta argentina sufrió algún tipo de censura durante el Proceso?
CT -Sí, como toda manifestación cultural. Pero curiosamente El Eternauta, la gran metáfora sobre la destrucción de una sociedad, estaba en todos los quioscos y, leída por nuevos lectores que en la nevada fatal veían otras cosas más próximas y en la desaparición del autor otra atrocidad de los Ellos, se iba convirtiendo en un clásico, una de aquellas obras que dice a cada generación lo que necesita escuchar.

LP -¿Cree que la historieta es un buen medio artístico para hacer críticas a un sistema político?
CT -Descreo bastante de la explicitación de ideas políticas en las obras de ficción. Uno cuenta y allí se meten cosas que uno ha vivido, leído, percibido. Los panfletos de difusión de ideas políticas suelen alejarse de la cosa “artística”, me parece.

LP -¿Qué autores leía en los ´70?
CT -Borges, Cortázar, Chandler, Hammett, Cheever, Graham Greene, García Márquez, Bradbury, Ballard…

LP -¿Qué defectos artísticos puede haber tenido H.G.O?
CT -No sé, creo que fue siempre un gran autor de historietas, un genuino de creador de personajes y de atmósferas. Sus cosas menos interesantes son, para mí, probablemente, las que estaban influidas por su militancia política como esas historietas que publicaba en la revista El Descamisado sobre la historia de Latinoamérica. Pero la historia de uno, a veces, se mezcla con la Historia y qué vas a hacer, ¿no?

LP -¿Cuáles son las características más importantes en una historia para una historieta?
CT -Depende. No es lo mismo una larguísima historia, como la del Eternauta, que una tira diaria, un personaje que se mueve en episodios autoconclusivos de 10 o 12 páginas cada uno o una historia de 46 páginas que tiene que llegar al final en ese metraje. Las primeras necesitan un hilo conductor bastante preciso, grandes momentos intermedios y un final importante. Las tiras diarias con continuará precisan recordar al lector lo que viene pasando, hacer avanzar un poco más la historia y tratar de que el remate enganche al lector para mañana. Una historieta con personaje y finales cada 12 páginas necesita un relato, un aire general, un comportamiento homogéneo de los personajes y una historia breve, como un cuento, que se repetirá el mes que viene con nuevos elementos pero sin traicionar el sentido general de la historia, que puede o no tener un final pensado (y en general no lo tiene). No me atrevo a definir lo que me piden en esta pregunta porque sería una generalización casi imposible.

LP -¿Qué le parecen las adaptaciones de obras literarias a la historieta, y las historietas que son llevadas al cine?
CT -Cada medio tiene sus necesidades y sus reglas. Seguramente si se hiciera la película de El Eternauta sería un film que transcurre hoy y no en los años ´50. Y tendrá que tener en cuenta cosas en las que Oesterheld no pensó: por ejemplo, si ocurre una nevada fatal y mueren todos los que están a la intemperie, ¿cuánto tarda en colapsar la ciudad? ¿En cuanto tiempo se corta la luz? ¿Y el agua, el gas, el teléfono? ¿Cómo escuchan lo que transmite la radio si no tienen electricidad?
Creo que hay mil preguntas que se haría alguien que está produciendo una película que jamás se haría un guionista de historietas…
Yo hice, sobre todo con Alberto Breccia, varias adaptaciones de cuentos famosos. En La Gallina Degollada, basada en el relato de Horacio Quiroga, cambié la manera de contar, incorporé una repetición de frases para acentuar la sangre que brota del cogote de las gallinas con la que circula por el cuerpo de la niña. En fin, ilustrada, simplemente, siguiendo estrictamente los lineamientos del cuento (que era una obra de arte) habría salido una porquería.

LP -¿Se puede vivir en Argentina como artista de historietas?
CT -Es difícil a menos que con tiempo vayas armando una serie de encargos encadenados y no dejes de circular, como autor, en todos los huecos que te permite la profesión. Empezar ahora es mucho más difícil que cuando comencé yo, tiempos en que había muchos editores y de alguna manera te pagaban parte del aprendizaje…

LP -¿Qué trabajos artísticos realizó fuera de la historieta?
CT -Alguna novela policial con seudónimo en los años ´70, algún ensayo sobre la historieta y el humor (tengo tres libros publicados en La Historia Popular del Centro Editor De America Latina en colaboración con Alberto Brócoli y una Historia De La Historieta Argentina en colaboración con Guillermo Saccomanno. Participé en el guión cinematográfico de Las Puertitas Del Señor Lopez, escribí, con Alberto Fischerman, un guión cinematográfico sobre la novela corta Gaspar Ruiz de Joseph Conrad (jamás filmado), prólogos para libros de historietas, algunos relatos humorísticos hace muchísimos años, y poco más. Sobre todo el eje de mi producción ha sido y es la historieta.

LP -¿Cuáles historietas disfruta más leer y en qué está trabajando actualmente?
CT -Me gustan algunas de las nuevas tiras cómicas para diarios de autores norteamericanos, sigo a algunos autores franceses como Joann Sfar, Manu Larcenet, Christophe Blain. Estoy bastante enterado de las novedades en el mercado europeo porque, fundamentalmente, trabajo para él. Actualmente acabamos de publicar la historieta El Sindrome Guastavino, que dibujó Lucas Varela para Fierro, con el título L´Heritage Du Colonel en Francia y estuvimos ternados para algunos premios. Estoy terminando con Pablo Túnica una historia muy larga que se publicará por Gallimard en Francia donde cuento la desgraciada expedición de Don Pedro de Mendoza, que fundó Buenos Aires primera vez y la tuvo que abandonar maltrecho y moribundo. Promediamos el primero de tres libros con Mandrafina de una historia fantástica en la segunda Guerra Mundial, me estoy metiendo, en colaboración con el guionista italiano Roberto dal Prá en el uso de los niños en la revolución industrial en una historia que dibuja Monica Catalano, una italiana también, y se llama Vida De Marian Robinson. Planeo una con Eduardo Risso que tiene como telón de fondo lo que hicieron con el cadáver de Eva Perón los militares a partir de 1955. Preparo lentamente otra historia con Lucas Varela que se llamará Los Lindos. Y sigo haciendo Clara de Noche con Maicas y Bernet, y las historietas de la revista Genios y Jardín de Genios.

LP -¿Le parece que la historieta argentina es la síntesis del comic de aventura/ciencia-ficción estadounidense y la crítica ideológica francesa?
CT -No, me parece que hemos hecho un camino bastante autónomo en temáticas, estilos de dibujo y planteos narrativos.

LP -¿Tuvo algún problema de censura con la publicación de Un Tal Daneri?
CT -No, nunca. Se publicó en la revista Mengano, en 1974, el primer episodio y todos los que siguieron fueron hechas para la revista Linus de Italia. Años más tarde aparecieron en la Argentina. No, nunca tuvimos problemas con esta historieta.

LP -¿Por qué vivir, o intentar vivir, de la historieta?
CT -¿Por qué vivir intentando escribir novelas? ¿Por qué vivir intentando ser un buen carpintero, o un médico? ¿Por qué no?, diría mejor-

lunes, 23 de enero de 2012

EL NENE Y EL PULPO, por Diego Agrimbau

A Carlos le encantaba el dibujante italiano Alberto Pagliaro y le había puesto muchas fichas a este proyecto, que no sé por qué luego nunca vio la luz.
Sobre este proyecto, Trillo escribía:
"El italiano Alberto Pagliaro avanza con el nene y el pulpo, quiero ver de hacer con èl una cosa amangada, de infancias crueles, estoy leyendo a la Fleur Jaeggy, que ha escrito mucho sobre internados de señoritas, y me leì Irlandeses Detrás de un Gato, un cuento de la gran puta de Rodolfo Walsh para meterme en clima. Fantasmas en el colegio de niñas, algo así. Espero también Innocence, la peli francesa que tambièn es con nenas solas. ¿Tiene Laura Vazquez alguna historia de niñez un poco asfixiante para donarme? Preguntále, lo estoy haciendo con todo tipo de señoras y tienen cada bicho en la cabeza que bueno bueno... Y hablando de bichos, avanza vertiginosamente mi investigación sobre circos de pulgas. Tengo folletos, un libro sobre manifestaciones circenses muy antiguo y de Internet bajé estas pulgas haciendo gracias. Creo que lo tengo!
´ta lué."

En este mail puede verse parte del trabajo de "aclimatación" que hacía Trillo casi siempre para sus historias. No era un trabajo de estricta documentación, sino más bien una estrategia para entrar en clima, en tono, buscaba un "ambiente mental" para ponerse a escribir.
Este también es un ejemplo de los intereses comunes que teníamos: en esta época yo también andaba coqueteando con una historia con niñas internadas, pero en mi caso, eran internas en un manicomio durante la segunda guerra y no había fantasmas, sino muñecas malignas. Después, por cosas del destino, no se hicieron ninguna de las dos historias. No sería la primera vez que casi al mismo tiempo, Trillo y yo escribíamos historias parecidas. Incluso, una vez, escribimos una historia breve IGUAL, sin saberlo. Pero todo eso, en otro post.


domingo, 22 de enero de 2012

YO, GUIONISTA DE COMICS, por Carlos Trillo

En el número 15 de revista española “COMIX internacional”, de Diciembre de 1981, editada por Josep Toutain, Carlos Trillo escribe en la columna “Yo, guionista de comics”, una breve semblanza personal. Es una sección dedicada a los autores, donde ellos se presentaban ante el público lector español relatando su trayectoria creativa. Hemos rescatado este breve texto de un Carlos Trillo que recién estaba iniciando su producción exclusiva para publicaciones europeas. (Gabriel Zárate)
Escribo guiones desde 1974.
Antes había trabajado en revistas de humor (Tía Vicenta, Satiricón) pero la primera historieta con guion mío publicada apareció en Mengano a fines del ´74, dibujada por Alberto Breccia. Se llamaba Un Tal Daneri y llegamos a hacer ocho episodios la mayoría de los cuales nunca apareció en revistas argentinas. Al mismo tiempo trabajaba yo como jefe de redacción de Mengano, revista que fue clausurada por el golpe militar de Videla, en Marzo de 1976.
En 1975 con Horacio Altuna comenzamos a publicar El Loco Chávez, tira diaria y pagina dominical (que sale los miércoles) que encabeza la página de historietas del matutino Clarín desde entonces.
En 1977 comienzo a trabajar también con Enrique Breccia, realizando Alvar Mayor y El Peregrino de las Estrellas para Ediciones Record. En ese mismo año escribo Nadie, para el mismo editor, que dibuja Alberto Breccia.
En el ´78 con Alberto Breccia iniciamos una serie de adaptaciones de autores célebres (Poe, Lord Dunsany, Horacio Quiroga) y luego hacemos una versión de varios cuentos infantiles en clave de terror que hace pocos mese ha publicado la Milano Libri de Italia. Entre este año y el ´79, con Alberto llevamos adelante una nueva serie titulada El Viajero de Gris, que esta inédita en todo el mundo y de la cual, hasta hoy, sólo ha salido un adelanto en el número cero de la revista italiana L'Eternauta y, tomada de allí, y también con el horrible titulo de “Los ojos y la mente” en Comix Internacional n°9.
En 1979 con Altuna empezamos dos historias: Las Puertitas del Señor López y Charlie Moon. Una cuenta las evasiones de un reprimido y golpeado y pusilánime oficinista y la otra los ritos de iniciación de un adolescente en los años de la Gran Depresión Norteamericana.
En agosto de 1980 comienza a aparecer SuperHumor, revista de la que soy asesor creativo y para la que escribo muchas historietas.
En la actualidad sigo escribiendo El Loco Chávez y un nuevo personaje con Altuna: Merdichesky, un detective esmirriado, sentimental y un poco ridículo que trabaja junto a policías brutales, corruptos y realistas. Sigo escribiendo también Alvar Mayor (luego de haber perpetrado con Enrique Breccia dos historietas muy extrañas: Los viajes de Marco Mono -relatos de un simio corrompido viajando por un mundo muy raro que bien puede ser este- y Los enigmas del PAMI- cuentos con viejecitos asmáticos que tienen ciertas fantasías.
Y trabajo en algunas cosas nuevas: Buscavidas, historias de un ser que roba vidas ajenas para no vivir la propia, con Alberto Breccia. Polución Nocturna, narración de un sueño terrorífico que culmina con las claves de lo que cada aparición significa en la realidad, con Alberto Dose. Los Misterios de Ulises Boedo, una historia urbana con ingredientes fantásticos, que plantea una nueva vuelta de tuerca al viejo tema de “la invasión de los marcianos”, con Cacho Mandrafina. Con Mandrafina también estamos experimentando con algunas historias cortas, algunas de las cuales prescinden totalmente de texto (y si usted piensa que un guionista trabaja menos al no haber texto, le sugiero que haga la prueba).
Gané el Premio al Mejor Guionista del Año 1977, otorgado por la Asociación de Dibujantes de la Argentina, el Yellow Kid al mejor autor extranjero en Lucca 13 y una medalla de oro (a medias con Altuna) por la mejor tira diaria en la Bienal de Córdoba (Argentina) en 1979.

sábado, 21 de enero de 2012

viernes, 20 de enero de 2012

TRILLO EN LA FIERRO CLASICA por Andrés Accorsi

Este es un índice de toda la obra de Carlos Trillo publicada en la primera etapa de Fierro, la de Ediciones de la Urraca, iniciada en Septiembre de 1984.
N°4 (Dic.1984): 5 páginas de El Husmeante, con dibujos de Cacho Mandrafina.
N°5: 5 páginas de El Husmeante, con dibujos de Cacho Mandrafina.
N°6: 5 páginas de El Husmeante, con dibujos de Cacho Mandrafina.
N°7: 8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
N°8: 8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
9 páginas de La Gallina Degollada, con dibujos de Alberto Breccia.
N°9: 8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
N°10: 8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
5 páginas de La Pata del Mono, con dibujos de Alberto Breccia.
N°12: 8 páginas de El Reino Azul, con dibujos de Enrique Breccia.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
N°13: 8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
N°14: 8 páginas de El Caballero del Piñón Fijo, con dibujos de Mandrafina.
N°15: 8 páginas de El Caballero del Piñón Fijo, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
N°16: 8 páginas de El Caballero del Piñón Fijo, con dibujos de Mandrafina.
N°17: 8 páginas de El Caballero del Piñón Fijo, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Horacio Altuna.
N°19: 8 páginas de El Caballero del Piñón Fijo, con dibujos de Mandrafina.
N°21: 8 páginas de El Caballero del Piñón Fijo, con dibujos de Mandrafina.
N°22: 8 páginas de Circuito Cerrado, con dibujos de Altuna.
8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
3 páginas de una entrevista, concedida a Martín García.
N°23: 8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°24: 8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°25: 8 páginas de Circuito Cerrado, con dibujos de Altuna.
8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°26: 8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°27: 8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°28: 8 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°29: 12 páginas de Custer, con dibujos de Jordi Bernet.
N°31: 10 páginas de Matando el Tiempo, con dibujos de Félix Saborido.
N°32: 11 páginas de Matando el Tiempo, con dibujos de Félix Saborido.
N°34: 6 páginas de Matando el Tiempo, con dibujos de Félix Saborido.
N°36: 8 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
Texto de presentación de Basura (1 página).
N°37: 8 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
N°38: 8 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
Texto de presentación de Peter Kampf lo Sabía (1 página).
7 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
N°39: 8 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
7 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
N°40: 8 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
7 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
N°41: 8 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
N°42: 4 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
8 páginas de Basura, con dibujos de Juan Giménez.
N°43: 4 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
N°44: 16 páginas de Light & Bold, con dibujos de Bernet.
Texto de presentación de Light & Bold (1 página).
6 páginas de Peter Kampf lo Sabía, con dibujos de Mandrafina.
N°45: 16 páginas de Light & Bold, con dibujos de Bernet.
N°46: 16 páginas de Light & Bold, con dibujos de Bernet.
N°47 (Jul.1988): 16 páginas de Light & Bold, con dibujos de Bernet.
FIERRO EXTRA Vol.2 (1986):
12 páginas de Merdichesky, con dibujos de Altuna.
FIERRO EXTRA Vol.3 (1986):
5 páginas de Más Aventuras de Alicia, con dibujos de Carlos Nine.
2 páginas de Ocho y Cuarto, con dibujos de Carlos Nine.
8 páginas de El Ultimo Recreo, con dibujos de Altuna.
1 página de Carlitos Rumor, con dibujos de Altuna.
FIERRO EXTRA Vol.4 (1987):
4 páginas de Rata Cruel, con dibujos de Saborido.

jueves, 19 de enero de 2012

EL OFICIO DE LAS VIÑETAS

A principios de 2010, Editorial Paidós publicó El Oficio de las Viñetas, el fundamental e influyente libro de Laura Vazquez Hutnik acerca de la industria de la historieta nacional en las décadas del ´60, ´70 y ´80. Para acompañar la reseña que se publicaría en la revista Ñ, se le encargó un texto a Carlos Trillo.
Así se lo comunicó a Laura:
ME LLEGÓ EL LIBRO de Paidós. Cuánto que laburaste, por Dios!
Creo que va a ser un libro muy importante en estos asuntos del comic.
La nota, al final, no tenía que hablar de tu libro (yo lo quería ver para ver las épocas que tomabas, esas cosas), sino de cosas que yo haya pensado en el largo tramo en que estuve haciendo estas cosas.
Te la mando, son dos mil caracteres, una cosita de nada, pero quiero que la veas antes del sábado que sale en la EÑE.
Te mando un beso gigante,
Carlos

Y este es el texto que se publicó en Eñe:
Y YO ANDABA POR AHI
El libro de Laura Vazquez abarca la época de oro, los cambios de formato, las decadencias y resurrecciones de la historieta argentina. Y yo estuve cerca de estos acontecimientos en casi toda su extensión.
Primero como lector, cuando las historietas significaban más de la mitad de las ventas de revistas y duraba todavía la tal época de oro.
Leo desde 1950, y mis preferidas eran - lejos - las de Editorial Abril. El Pato Donald, Misterix, Rayo Rojo, la hoy todavía modernísima Gatito. Y otra, vedada para los chicos pero que compraba mi prima, llamada El diario de mi Amiga. Se suponía que era para nenas y si uno la miraba, aunque fuera de lejos, era un maricón. Sin embargo, El diario de mi Amiga era – y lo digo sin dudar - una gran puerta de entrada a la literatura de aventuras.
Abril, sabemos hoy, chorreaba talento: Oesterheld, Pedro Orgambide, Boris Spivacov, Breccia, Pratt, Solano López, la Chacha Oski, la inconmensurable Beatriz Ferro. Sus publicaciones eran como el Séptimo de Caballería que venía a rescatarnos de los bostezos que nos arrancaban todos los lunes la moral y el mármol de Billiken.
Cuando empecé el secundario llegó Editorial Frontera. Para uno que tenía la cabeza en formación fue una epifanía. Y en aquel memorable 1957 también el humor gráfico dio una vuelta de campana y Landrú nos voló la cabeza y nos enseñó a entender la política desde su memorable Tia Vicenta.
Cuando estas revistas decayeron dejé de leer historietas: las de Columba nunca las soporté. Me enganché como un caballo, sí, con la propuesta de la LD de Masotta, y al empezar a picotear como colaborador de Patoruzú semanal, que se apagaba, y de las revistas de García Ferré, que estaban en su esplendor, ya sabía más o menos qué decía la Escuela de Frankfurt sobre la industria cultural.
Después, de paso por Satiricón y por Mengano, empecé a escribir guiones. De manera poco típica, creo: nunca fui colaborador de Columba, editorial que tenía la palabra “autor” como la más ofensiva del diccionario.
Trabajé a veces para el mercado español o para el italiano, siempre para el francés. Allí también hay crisis, sustos, bajas de ventas y temblores. Pero en la Argentina sigue pasando algo raro: la historieta no termina de desembarcar en las librerías, su lugar de pertenencia en estos tiempos, y se aferra al kiosco que, me parece, ya no la quiere esperando lectores en la vereda.

miércoles, 18 de enero de 2012

MARCO MONO, por Andrés Accorsi

Vamos en un flashback más de 30 años para atrás, a una de las mejores épocas por las que pasó la historieta argentina. Y vamos de la mano de un personaje rarísimo para la época, tanto que empieza en una revista de ciencia-ficción (El Péndulo) y luego recala en una de rock (Hurra), en los tiempos en los que no había casi rock en las radios, ni mucho menos en la tele. Ninguna de las dos revistas duró demasiado, y así es como las andanzas de este extraño mandril humanoide se terminan tras apenas 11 episodios y sus autores se dedican a desentrañar Los Enigmas del PAMI, en otra nueva revista de la misma editorial, la mítica SuperHumor. Y si mirás las fechas en las que salió Marco Mono (1979-81), te vas a dar cuenta de que sí, esto lo hacían Carlos Trillo y Enrique Breccia en simultáneo con la monumental Alvar Mayor, que salía en Skorpio.
Como decíamos, Marco Mono arranca en una revista dedicada a la ciencia-ficción, y de ahí que los primeros episodios tengan ribetes más fantásticos, mediante los cuales Trillo y Breccia bajan línea acerca de la oscura realidad argentina de aquellos años, con escasa sutileza pero inobjetable maestría. Después, cuando se empieza a hacer obvio que los mundos fantásticos por los que vaga Marco son versiones apenas maquilladas de Buenos Aires, la metáfora pierde vuelo, pero se hace más jodida, más incisiva. Hoy, la bajada de línea política levemente disimulada en las historietas de los ´70 parece una obviedad, algo que no puede faltar, como los lechazos en las historietas porno o las piñas en las de superhéroes. Pero en aquella época, estos talentosos señores SE JUGABAN LA VIDA al cuestionar al poder de turno en esas fábulas elípticas pero descarnadas sobre la opresión política, religiosa, económica y hasta sexual con la que les tocó convivir. En estas historietas medio raras, marginales respecto de lo que realmente vendía fortunas (Columba), había más ideología y más mensaje de resistencia y cuestionamiento frente al régimen totalitario que en CUALQUIER OTRA expresión cultural de aquella época, salvo por algún que otro músico de rock, que era otro palo cuasi-underground.
En cuanto a la historieta en sí, acá vemos nacer al Trillo Malaleche, ese que alcanzó la cima de la Incorrección Política en la década que recién termina, con El Síndrome Guastavino, Sarna o la injustamente inédita en castellano Chocolate con Fritas. En Marco Mono todavía hay un poquito de moraleja (típico del Trillo de los ´70) pero ya tenemos un protagonista 100% cínico, un antihéroe ventajista y acomodaticio a años luz de la tradición de Oesterheld (de la que Trillo se empieza a despegar acá y en Buscavidas, con el otro Breccia), e incluso de la noble atorrantez del Loco Chávez, el otro hitazo del Trillo Setentoso.
En este contexto se mezclan (y desentonan un poco) jodas internas (con Saccomanno, Cascioli, o los propios Carlos y Enrique), bichitos que comentan lo que pasa con rimas entre ingenuas y boludas, y algún episodio (cerca del final) donde pintan reflexiones existencialistas pseudo-filosóficas que andá a saber a dónde pretendían llegar. Obviamente, Marco Mono es más gracioso cuanto más bajo pega los golpes.
El trabajo del Churrique es impecable y preanuncia mucho de lo que nos sorprendería algunos años más tarde, en la etapa más política de El Sueñero: bizarras criaturas, amplias masas de blanco, detalles increíbles, cuadros donde sólo vemos manos, narices o dedos de los pies, onomatopeyas fumadas… Todo eso ya estaba en Marco Mono.
El tomo recopilatorio de Doedytores salió en 2009 y se completa con una historieta corta, Don Coso (aparecida en SuperHumor), que tiene mucho más que ver con la estética y la temática de Los Enigmas del PAMI que con la de Marco Mono, pero igual está bueno tenerla en libro.
Marco Mono no puede faltar en tu biblioteca. Es una obra jugada, filosa, experimental y por momentos brillante de dos de los máximos creadores de la historieta argentina: un dibujante que dibujaba como ningún otro y un guionista que hablaba de lo que nadie se animaba a hablar. Dos tipos que hoy, 30 años más tarde, siguen dando cátedra, porque el talento verdadero no pasa nunca de moda.

martes, 17 de enero de 2012

O´KIF Y LOS ANIMALITOS, por Diego Agrimbau

Sobre este proyecto inconcluso, dijo Trillo “El protagonista se llama Oso Gris y es un elefante que militó en la guerrilla y ahora, desencantado, es guardia de seguridad en Florencia...."
Se trata de otro guión inédito que tuvo sus múltiples versiones. En este caso, los dibujantes que hicieron las muestras fueron dos. Primero el talentoso uruguayo Renzo Vayra (una sóla página) y luego, años más tarde, el gran O'Kif (dos páginas). Es una verdadera lástima porque la historia prometía muchísimo. Ponerle a un elefante "Oso Gris" sólo se le puede ocurrir a Trillo.








lunes, 16 de enero de 2012

CARLOS TRILLO DEL SIGLO XXI, por Manuel Barrero y Javier Mora Bordel

Sexta y última parte de una extensa entrevista realizada para Tebeósfera en Septiembre de 2007.

-También en estos últimos años has trabajado con el virtuoso Horacio Domingues, en Le Monde des Nombreux Noms o en La mauvaise Fée, por ejemplo. Esta última obra aparece en un momento de fiebre por el fantasy, con Tolkien y Rowling concitando legiones de fans. Tu mirada, sin embargo, parece más pendiente de Carroll o de Barrie, menos interesado por la amalgama que por la deconstrucción de la literatura fantástica clásica, aparte de reconducirlos hacia el relato con ramalazos de género negro..

-Un muchacho nacido en el mundo equivocado de los gnomos y los dragones se enamora de una estrella de rock. Hay un asesinato en el mundo de las hadas. Tampoco yo creo que tengan que ver con Tolkien o con Rowling, y que tal vez sí más con los viejos autores de fantástico, sobre todo los ingleses. Domingues es notable para observar esos mundos fantasiosos, dan ganas de escribir esas historias si uno lo tiene a él como coequiper.
Hay otra historia que nos gustó mucho hacer, El Hotel De Los Suspiros Profundos, que cuenta la historia de un hotel en el que hay un tunel que une dos mundos muy distintos entre sí. Es bastante difícil de publicar, me parece, porque tiene doscientas páginas, y solo la han leído en esos semanarios italianos pequeñitos de la Eura Editoriale hace más de diez años.

-En la misma línea de razonamiento, Pourquoi les chevaliers ont disparu, con Domingues también, nos retrotrae a los cantares de gesta y la novelística de Sir Walter Scott pero con un marcado tono paródico, tanto que se aleja del público juvenil para acercarse a Bocaccio o a Chaucer. Y, de repente, aparecen esas alusiones a Astérix o Batman... ¿qué público era el objetivo de este trabajo?

-El libro fue una recopilación de historias, tal como el caso de las historietas de terror breves que hicimos con Risso. La pregunta del título: ¿Por qué los Caballeros Han Desaparecido? resumía un poco la idea general de que en estos relatos todo salía muy mal para los caballeros: los hacían cornudos, sus escuderos se llevaban la gloria, el ogro se los comía, la doncella no era doncella y estaba enamorada del dragón, y así…
No se me ocurre que hayamos pensado en un lector específico al hacerlas. Más bien eran vivencias personales e irónicas acerca de ese mundo de la caballería que tanto hemos frecuentado.

-La Marque du Péché es una obra histórica, ambientada en la Guerra Grande de los 1840, que parece discurrir muy en la línea de la gravedad de la bd historique francobelga, eso sin tener en cuenta sus tonalidades sepias tan del gusto del público galo últimamente. ¿Era éste un proyecto acariciado por ti o propuesto por los editores de Albin Michel?

-Albin Michel propuso una consigna: necesitaban una historia romántica (de la época de los escritores románticos, se entiende). Los años de Rosas se corresponden con los del Romanticismo. En Argentina, los románticos eran enemigos de Rosas y escribían versos encendidos en contra del tirano. Se me ocurrió ambientar esa historia romántica en Buenos Aires, con el amor imposible de un unitario (encima francés, durante el sitio de Buenos Aires por la escuadra gala) y una federal. El período era muy violento, los marzorqueros, jinetes parapoliciales de Rosas, mataban enemigos en las calles mientras un general un poco estúpido, Juan Lavalle, preparaba una invasión a Buenos Aires desde Montevideo. A esos años se les llamó “los años del Terror”. Pude llevar el romanticismo a lo Victor Hugo a un sitio conocido, mi país, pude incorporar algunos personajes históricos, incluídos los dos contrahechos bufones de Rosas y los indios que ya habían comenzado a ser perseguidos para que los terratenientes de la provincia de Buenos Aires se pudieran hacer aún más ricos explotando sus tierras. Serán tres tomos para contar esta desgraciada historia de amor, con mucha documentación histórica: se incluye este francés perseguido por Luis Felipe por hacer caricaturas en Le Charivari, que ya en Buenos Aires dibuja en un cuaderno sus impresiones sobre esta tierra violenta en la que encontró el amor. Y Angustias terminará cautiva de los indios, tomando los aires de un poema de nuestro romántico mayor, Esteban Echeverría, La Cautiva, gran obra del romanticismo en Argentina. Y tiene importancia el texto de Hernani, la obra teatral de Hugo que dio comienzo al romanticismo y que fue representada en una sala teatral de Buenos Aires sin que Rosas se diera cuenta de que estaban hablando sus enemigos. Con Domingues estamos avanzando muy bien en la historia…

-A título particular debemos decirte que nos ha encantado la alusión, tan oportuna, a Luis Felipe, rey perpetuado por Philipon como el 'rey pera' y bajo cuyo reinado nace la sátira más audaz y principia la historieta en Francia. ¿Casual o un homenaje sentido?

-Algunos dibujantes franceses de los años de Luis Felipe – como nuestro francés que había trabajado en Le Charivari, la revista de Philipon – buscando nuevos horizontes recalaron en la Argentina y, a la caída de Rosas, comenzaron a sacar los periódicos satíricos como Don Quijote y El Mosquito, que dieron lugar a la caricatura local y por extensión a la historieta argentina. Porque fueron emigrantes franceses y españoles los que pegaron la patada inicial para llegar a la historieta argentina que conocemos hoy. No sé si es un homenaje, pero es un hecho histórico que me gustó incorporar…

-Pasión, desarraigo y búsqueda de las razones para existir. Son temas que barajas y que coronan tu categoría como narrador. En Francia te califican ya como un autor de 'roman graphique', lo cual, en parte, es moda. ¿Pero qué piensas tú de esta etiqueta editorial, la de 'novela gráfica'? ¿Posee un valor por sí misma, realmente define un género o va más allá del formato, eleva el nivel de la historieta?

-No sé si me interesa ponerme yo mismo alguna etiqueta. He hecho historias breves, brevísimas, largas, larguísimas. El cómic ha generado autores que aprecio enormememente: Barks, John Stanley, Oesterheld, Hugo Pratt, Tardí. Todos ellos sobresalieron contando historias largas, a veces muy largas. Y también supieron hacer cuentos breves. Pero el aliento de las historias largas es el más apasionante, el que no te pone límites ni estrecheces y te larga a la aventura de entrelazar vidas y peripecias en itinerarios largos y complejos.

-¿Qué preparas ahora para Francia y EE UU, mercados en los que mejor te mueves? ¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos al margen de Guastavino con Varela o Red song con Meglia?

-Para Estados Unidos nunca preparé nada. Siempre trabajé de cara al mercado argentino o europeo, en los últimos años el francés porque el italiano parece estar muy apagado. Sin embargo, uno escribe como sabe, lo único que ha de tener en cuenta es si las páginas de que dispone son 46, 92, 160. O si ha de escribir tres álbumes o uno. No se puede hacer la misma cosa para cualquier formato, cada formato impone una métrica de escritura diferente. Los guionistas hemos aprendido a hacer en tantas páginas como necesite el editor la historia que vamos a contar ( y a veces pienso que esa “jaula” es lo único que acepta uno cuando intentan encerrarlo en géneros, en colecciones, en modas que van y vienen).
El Sindrome Guastavino ya ha comenzado a ser publicada en la Argentina por la revista Fierro. Se trata de un personaje por lo menos macabro, que se piensa bueno y justo. Está enamorado de la muñeca que se expone en la vidriera de un negocio de antigüedades porque su padre, cuando era niño, como era un eficiente torturador del régimen militar, maltrataba muñecas para ensayar sus elementos de trabajo. Y eso excitaba al pequeño Guastavino hasta el orgasmo…
Red Song es una historia con niños y monstruos que es una de las buenas cosas que da la química de mis encuentros con Carlos Meglia, en general.
Además, con Mandrafina y con Roberto Dal Prá como coguionista tenemos una historia en desarrollo, cuyo título tentativo es Los tiempos del mal. Se inicia con un prólogo en 1913, y el nudo central transcurre en 1938, ambos años víspera de las dos guerras mundiales. Tiene un tratamiento de los tiempos, de los climas que también se harán ver en el dibujo, que Cacho está realizando con color directo.
Tengo una buena historia de actualidad mundial aprobada ya por editorial francesa pero sin dibujante hasta hoy, estamos haciendo pruebas.
Y una más, bastante desarrollada, Jusepe En America, que transcurre en la expedición a Buenos Aires de don Pedro de Mendoza, ese poderosísimo soldado español que intentó llegar a América en busca del tercer tesoro para la corona española (ya habían conquistado Perú y México). Pero el tesoro no existía en el sur, esta tierra que lo esperaba no era fructífera, la sífilis acababa lentamente con su vida, el hambre obligaba a los hombres a comerse a sus propios
compañeros, los indios los acosaban, de 1400 hombres quedaron menos de 400. Y hay un relato de Ulrico Schmidl, marino alemán que vino con los barcos, contando las alternativas de esta expedición desgraciada, que no tiene desperdicio. Lo dibujará Pablo Túnica que ya ha hecho unas muestras muy bellas.
Con Peni, o Penizzotto, estamos trabajando en una historia que se titularía El Monstruo Indeciso y en otra con una curiosa relación amorosa entre sexos, digamos, incompatibles (¡otra vez!).
Y hay una historia tomada de los tangos, la de las putas francesas que llegaron a Buenos Aires a fines del siglo XIX que ya ejercitamos con Túnica en un relato breve para la revista Fierro, que está esperando un desarrollo.
Y veremos de convertir en un libro El Conejo De Alicia, breves historias de dos páginas que hacemos con Maicas y dibuja Mandrafina para la revista Fierro en esta nueva etapa que empezó hace menos de un año.
Nada más. Perdón por la paliza.

domingo, 15 de enero de 2012

ELE, por Trillo, Maicas y Varela

Hoy ofrecemos otra historieta de Ele, una de las tantas creaciones de Carlos Trillo para la revista Genios. Observen el detalle del nombre del circo de donde se escapó el protagonista de la serie... (Andrés Accorsi)

sábado, 14 de enero de 2012

CARLOS TRILLO DEL SIGLO XXI, por Manuel Barrero y Javier Mora Bordel

Quinta parte de una extensa entrevista realizada para Tebeósfera en Septiembre de 2007.

-C'est la vie, mantiene de igual forma este tono sentimental, entroncando con ese género en boga hace pocos años, el 'tranches de vie', desde donde te lanzas a analizar el miedo a enfrentarse al amor desde la perspectiva de un joven a punto de madurar. Esta mirada hacia las relaciones afectivas humanas se hace modelando, a veces caprichosamente (en apariencia), la misma estructura formal de la historieta. Los cambios de estilo, grafismo, diagramaciones y abocetados ¿venían previstos en el guión o los aportó la dibujante, Laura Scarpa?

-Laura Scarpa es una dibujante muy italiana, apasionada, veloz, nerviosa, que tiene en cuenta sus sentimientos cuando dibuja. La historia de Come la Vita, es cierto, tiene que ver con los tranches de vie, los slices of life de los angloparlantes, pienso que en un registro minimalista. Hicimos dos tomos, nos falta encarar el tercero para terminar de construir este cuento entrañable, de iniciación amorosa. Espero que podamos hacer esa tercera parte para no dejar a los escasos lectores que cosechó sin un buen final para la historia.

-En cambio, en Neferu con Penizzotto pareces querer superar este mismo estilo, tan limitado aparentemente en su misma perspectiva y concepción, presentando la narración desde el punto de vista de un gato, como poco con delirios de grandeza. ¿Un modelo textual sustentado en dobles lecturas en la que la eterna lucha de perros y gatos se plantea como prototipo de la de hombres y mujeres al caso?

-La guerra de los sexos vista como pelea entre perros y gatos, no se me había ocurrido. En este caso me gustaba un concepto a trabajar; la soberbia de los gatos, ese animal maravilloso que Peni y yo tenemos siempre en casa y mimamos y reverenciamos. Desde niño, siempre hubo un gato mirándome: mientras hacía los deberes de la escuela, mientras escribía a mano, o con máquina de escribir, o a un lado de la computadora observando esta ridícula tarea que hace su servidor humano cuando no está dándole de comer o auxiliándolo para abrirles una puerta, o respondiendo a sus exigencias de rascado de panza. Siempre pensé que los gatos se sienten, sin duda, los propietarios del mejor sillón de la casa, de los pies de la cama, de esos cocineros-mucamos-enfermeros que estamos siempre a sus órdenes, intentando, a veces infructuosamente, que no se ofendan y te echen una meada en la maceta de las petunias como venganza por alguna omisión que has cometido con ellos.

-Este doble juego interpretativo lo encontramos también en las que quizás son tus obras más desconocidas para el público español. Nos referimos a tu trabajo dentro del campo infantil y juvenil junto a Bobillo (Zachary Holmes y Chocolate con Fritas), Risso (Los Misteriosos de Luna Roja) y el tándem Varela- Maicas (Ele y el Mago Fulano). En cada una, abarcas distintos grados de complejidad. En Zachary Holmes y los Misterios de la luna roja se tienden puentes hacia el homenaje, la revisitación de la fabulística medieval, la cuentística gótica o el decimonónico. ¿No temes que te metan en el saco de los posmodernos que coquetean con el pastiche y la mitagogia? En Chocolate con Fritas, en cambio, realizas una suerte de compendio de la mente infantil a través del complejo prisma de hermanos sextillizos todos con una personalidad distinta, compleja y diferenciada. Unos niños capaces de sobrevivir a pesar del abandono consciente de sus padres. ¿Tratabas de reproducir los distintos enfoques de la historieta infantil y juvenil en la que cada uno de los personajes respondía a un arquetipo? ¿Es la inocencia un terreno baldío hasta en la infancia?

-Yo quise ser Sherlock Holmes, quise ser el amigo de la princesa de los sueños, quise tener un elefante en casa. Uno tiene adentro al niño que alguna vez fue. Zachary Holmes fue una serie de tres álbumes publicados por entregas en la revista semanal argentina Genios, donde un niño, para llamar la atención a una bella jovencita, dice ser pariente de Sherlock Holmes y hace que su mascota, una ratita blanca, sea su Watson. ¡Las cosas que uno es capaz de hacer por el amor de una dama!
Ele es un elefante sinvergüenza, jugador, ventajero, enamorado de una hormiga, que vive en la casa de una niña que lo esconde allí y su mamá nunca se da cuenta. Para los gags de esta historieta que tanto nos gustó hacer, conté con la ayuda de Maicas, el mismo con quien colaboro para hacer Clara de Noche. Las dos fueron historias para el público infantil.
No era así en Chocolate Con Fritas, que fue una historia más negra, no sé si apta para niños de ocho o nueve años, pero que tenía mucho de los dolores de la iniciación. Esos seis niños que solo comen chocolate con papas fritas porque sus padres han desaparecido y pueden hacer lo que les de la gana, se comportan como niños, pero tienen que asumir algunos tics de los adultos para poder sobrevivir en un mundo hecho para gente más alta. Si bien es un álbum de 46 páginas está dividido en capítulos separados entre sí por grandes láminas con meticulosas ilustraciones que cuentan pantallazos de los sueños de los niños.

-En Ele y el Mago Fulano, emprendes obras destinadas a la comedia. Un humor inteligente emprendido, al igual que en Clara de noche, junto a Maicas a la hora de la redacción del guión. En cuanto a la elaboración del mismo, ¿os reunís para elaborar el guión, o, simplemente le planteas la situación que has ideado y él plantea el gag final? ¿Cómo y cuándo surgió esta estrecha colaboración? Este humor sencillo y lleno de frescura del que hacéis gala, ¿tiene su fundamento en algunos de tus cómics favoritos como la Pequeña Lulú o Pato Donald?

-La colaboración con Maicas empezó hace más de quince años, con Clara de Noche. El es un tipo habituado al gag, al remate, yo tiendo a naufragar cuando tengo que rematar una historia breve, me cuesta mucho.Juntos tenemos dos cosas: yo cuento historias, èl piensa memorables remates. Entre los dos hacemos uno, bah. Nos reunimos, una vez por semana, hacemos la tarea en un cuaderno, si hay que dibujar algo que no está muy claro, lo hace Maicas. Si el guión escrito basta, lo escribo yo, intentando un idioma neutro con algunas cosas que recuerdo del habla en España. Lo enviamos a Bernet, y él lo escribe en buen español para El Jueves, nos manda copias, nosotros lo traducimos al argentino para publicarlo en Página 12.
El Mago Fulano es, por ahora, solo una historia de 4 páginas, si bien tiene escrita ya una segunda parte, todavía sin dibujar. Ele se ha terminado en algo así como 200 páginas. Ahora estamos trabajando en la historia infantil de un niño que es invisible y en otra con un grupo de chicos. Ambas saldrán en Genios en marzo de 2008, cuando termine Torni Yo, la historia de un robot que finge ser el juguete de un niño, dibujada por Gustavo Sala, que reemplazó a Ele en Genios.
El humor es el que nos sale, es probable que mis lecturas (y las de Maicas) de Carl Barks influyan un poco, quién lo sabe. Maicas nunca leyó Litte Lulu y yo la amo. Yo leí muy poco la revista Patoruzú y a Maicas le resulta inolvidable. Uno es una suma de las cosas que vivió, leyó, miró. Y si uno es otro, en este caso ese monstruo de dos cabezas que inventamos con Maicas, la suma se convierte en un plato con demasiados ingredientes como para distinguirlos fácilmente.

-Buena parte de estas obras, junto a otras, han sido serializadas en la revista Genios. ¿Podrías comentarnos tu labor en dicha revista? ¿Cómo planteas tu colaboración? ¿Realizas otros textos al margen de estos cómics?

-En Genios y en Jardín de Genios, revista para niños que aún no saben leer, tengo encomendado desde que aparecieron la sección de la historieta. En Jardín hago una todos los meses llamada La Familia Samborombón, que sale desde hace seis años, con una mamá, un papá, una abuela, un hermano de unos diez años y una niña de tres. Ah, y un gato que se llama Azul en homenaje a uno que tuve que se llamaba Azul de Metileno. En Genios he hecho las historias de las que ya hablamos demasiado pero, además, he escrito relatos un poco más largos, a mitad de camino entre la historieta y el cuento muy ilustrado, que dibujaron Noé, Pez, O´kif. Y otras historietas que dibujaron Marín y Horacio Domingues.

-Junto a Lucas Varela has publicado también Burnsutti y Muñithiers, sátira feroz del mundo editorial argentino. ¿Podrías comentarnos los planteamientos de esta crítica? ¿Hacia quienes está dirigida y por qué?

-El mundo del comic en la Argentina tiene editores serios y responsables, pero también cuenta con algunos pillos que teníamos ganas de caricaturizar. Son tipos que intentan quedarse con la propiedad de las obras, que falsifican cesiones de derechos, que publican las tiras al revés (para citar un ejemplo real, en una tira diaria humorística en un formato que da para dos hileras de dos cuadros cada una… ponen arriba la tira que remata y abajo la del principio. Y lo hacen para editoriales grandes que lanzan colecciones de comics clásicos como opcionales de sus diarios de tirada nacional. La pregunta es: ¿por qué el comic da lugar en la Argentina a estos sujetos siniestros, que hacen revistas mal hechas, salones del comic en invierno sin calefacción y donde la sala de conferencias está pegada al escenario desde donde llega el sonido de una orquesta de rock y nadie puede hablar ni a los gritos? Muñithers y Burnsutti existen, con otros nombres, pero existen. (el lunes, la sexta parte)

viernes, 13 de enero de 2012

CARLOS TRILLO DEL SIGLO XXI, por Manuel Barrero y Javier Mora Bordel

Cuarta parte de una extensa entrevista realizada para Tebeósfera en Septiembre de 2007.

-Volviendo a tus colaboraciones con Mandrafina, con Spaghetti brothers de reciente publicación en España y Viejos canallas, emprendes la elaboración de toda una saga familiar, la de los Centobucchi, mediante una reactualización de los tópicos del género negro. Si bien en la posterior Chicanos, realizabas, como ya hemos visto, una parodia humorística, aquí, en cambio, la sátira es feroz, presentando una más que atípica familia norteamericana: cínicos, avariciosos, malavenidos… Una cosa nostra de putas, curas, gansters y policías. ¿Planteas esta contraposición interpretativa en la línea de los descorazonados personajes pesimistas de fundadores del género como Raymond Chandler o Jim Thompson, inbuidos de farsa y sospecha? ¿Posee el cómic de serie negra rasgos distintos que lo caracterizen como propios o la carga literaria y cinematrográfica es demasiado pesada de cara al lector?

-Los gangsters tomados en serio o tomados en solfa, son carne de cine y literatura negra. Uno los ha visto, en serio como en el Scarface o en broma como en la película de Woody Allen – Disparos sobre Broadway - donde el delincuente quiere colaborar en una obra teatral aunque para ello tenga que matar a una mala actriz. Ha habido demasiados gangsters fingiendo llorar cuando los están por matar para que el pobre jovencito descarriado no siga sus pasos, o pegándole con una pala a un pobre tipo hasta convertirlo en pulpa (Buenos Muchachos). Los hermanos Coen, los viejos directores de cine norteamericanos, la literatura de Jim Thompson y también la de Hammett, nos han mostrado galerías infinitas de gangsters, uno no tiene escapatoria. Fíjate que, después de los Spaghetti Brothers hubo un èxito televisivo con Los Soprano, que en clave contemporánea (que es más económica de producir) toma algunos temas de los que también abrevamos nosotros. Tenemos una ventaja, con las historietas: podemos ir a la época que se nos antoje sin tener que calcular los costos de producción (ese es nuestro privilegio). La familia de los Spaghetti Brothers, con su cura, su policía, su gangster, su actriz ínfima y su falsa ama de casa resignada, me dieron un grupo maravilloso para trabajar. Y en la secuela, Viejos Canallas, apareció el aspirante a escritor-de-la-gran-novela-americana que investiga a su propia familia para escribir una saga que pase a la historia. Funcionaron todos los mecanismos para poder escribir esas historias de ocho páginas cada una con todas ellas entrelazadas en el caldo espeso de esa familia tan interesante…

-En estas y otras obras, tejes ágiles esquemas narrativos capaces de conjugar de pleno drama y comedia, uno de tus principales rasgos estilísticos a lo largo de tu carrera. El llanto y la risa, ¿responde esta conjunción a un afán de verosimilitud narrativa en el que el diálogo muestre un verdadero diálogo de almas humanas?

-No hay tragedia que, en algún momento no tenga risas. La muerte produce los chistes en los velorios. No sé, no se puede separar una cosa de la otra, se rie y también se llora, se sufre y se goza, es la vida, me parece.

-Diálogos abiertos, voces marcadas capaces de sustentar el peso de la historia (en este sentido la casi ausencia de textos de apoyo nos parece notoria y determinante), secuenciaciones fluidas… Hablemos de tu estilo. ¿Pliegas tu modo de escribir a las exigencias narrativas del dibujante o compones previamente líneas maestras por página a las cuáles estos deben de ceñirse? ¿Es fluido tu diálogo con los dibujantes? ¿Cuáles y cómo son tus premisas a la hora de emprender un trabajo y mantener una colaboración?

-Casi siempre es fluido el diálogo con los dibujantes, con algunas pocas excepciones. He tenido – y tengo - muy buenas “sociedades” con Mandrafina, con Jordi Bernet, con Bobillo, con Saenz Valiente, con Lucas Varela, con Maicas como coguionista, con Fahrer, con Horacio Domingues, con Meglia, con Risso, con García Seijas, con O´kif, etc, etc, etc. Uno tiene que saber escucharlos. Los tipos tienen ideas, algunos necesitan un guión de hierro, muy detallado, para no perderse, otros detestan que uno le cuente en el guión de qué color es la alfombra. En una colaboración, lo he dicho hace un rato con otras palabras, es imprescindible que el que escribe sepa dónde están las mejores cualidades de su coequiper, de qué manera podemos contribuir a que su dibujo adquiera relevancia y gracia. No se puede escribir igual para todos, ni con todos hablas de encuadres y de líneas argumentales. Algunos se reunen a conversar, a hablar de la vida, pero en esas conversaciones también están algunos gérmenes de cómo habrá que realizar el guión, sospecho.

-Continuando con tus obras de género negro, no podemos dejar de pasar por alto tu producción en Casterman de la mano de Fahrer. Nos referimos a los tres volúmenes de Mon Nom N´est pas Wilson, también inéditos en España. Quizá pueda parecer una obra de corte más clásico en cuanto a su composición y narrativa pero no así en su planteamiento donde planteas las desventuras de un antiguo agente de la CIA con brotes paranoicos y venido a menos como detective, inserto dentro de una trama de conspiraciones internacionales. Si con Yolanda Jalisco hacíamos mención a un concepto de vulnerabilidad, Wilson también nos llama poderosamente la atención: un agente del orden nutrido en su esencia por la inestabilidad de una imaginación desbordante. Estos delicados equilibrios entre razón y locura son recurrentes en tu obra, ¿estamos ante una moderna idealización del sueño de la razón, ante una quijotización provocativa y rebelde?

-A veces, el que tiene que controlar está más loco que quien tiene que ser controlado. Un amigo mío, psiquiatra, me contaba que una vez debió tratar a un agente secreto.¿Cómo era?, le pregunté. ¡Paranoico!, me contestó. ¿Cómo va a ser un tipo al que lo puede matar un señor que está tomando café a su lado en el bar de la esquina?
Y si lo miras atentamente, Sherlock Holmes era un paranoico de aquellos: ¿por què, si no, iba a estar tan atento a los olores, a los gestos de los demás, a si quien se acercaba taconeaba como una mujer o como un hombre? Es de cómo una enfermedad sirve para ser eficaz en tu profesión, un hilo interesantísimo del que tirar.

-En Sick Bird, con Bobillo, vuelves a recalcar esta idea, el afán por sobrevivir de una mente aparentemente enferma, pero esta vez desde el punto de vista de la ciencia ficción. La protagonista, ha de aparentar una vida falsa, ha de asumir un nuevo modo de vida que finalmente devendrá en su liberación personal. Además, tocas también la dependencia a drogas u otros tipos de sustanciales artificiales como eje sustancial en la definición de los personajes, primero como causa y efecto de su inestabilidad emocional, segundo como el medio por el cual son dominados por fuerzas superiores que pretenden manipularles; un tema recurrente ya tratado en otras obras como Borderline o Cibersix, por ejemplo, aunque aquí el planteamiento es menos moralista (nos vienen a la cabeza el pájaro de fuego presente en todos sus estados de delirio de Jobeth, una especie de sexto sentido alucinógeno capaz de guardarla de todo peligro). ¿Es una guerra perdida esta por parte de tus personajes? ¿Su libertad siempre ha de tener límites? Como puntualizan autores como Sloterdijk o Escohotado, ¿planteas las drogas, por defecto, como una experiencia secuestrada fruto del extrañamiento ante el mundo que nos rodea?

-Los estados mentales, con droga o sin ella, son fascinantes. Uno de mis libros favoritos es el Tratado de Psiquiatría de Henri Ey, un libro cientifico ya viejo pero que mira los vericuetos de la mente humana con la precisión científica y el desapasionamiento del que no analiza el alma sino los fluidos corporales. Y sí, el mundo circundante fue determinante, sin duda, en las histerias que dejaban los cuerpos femeninos doblados al medio hacia atrás o en el spleen del siglo XIX, y sigue siendo determinante en los ataques de pánico o la bipolaridad tan de moda en estos días.

-Anton Blake, también con Bobillo, es una obra que nos ha sorprendido a todos, tanto por el tono apaciguado y el abundante diálogo (en ti son proverbiales las secuencias silentes) como por la resolución gráfica acuarelada de Bobillo, tan lejana de lo habitual en él. ¿Por qué os planteasteis este reto?

-Un tipo que tiene su vida organizada, su amor para siempre encontrado, su vida futura planificada y al que, de repente, le ocurre algo que le hace volar las neuronas como muñecos del juego de bowling no se puede plantear sino con muchas preguntas, aproximaciones verbales, razonamientos y sentimientos barbotados como si fueran ideas. Era necesario contarlo así, lentamente, con muchas palabras, casi todas ellas inútiles. Y Bobillo, que es un dibujante de extraordinaria sensibilidad para darse cuenta del tono que corresponde dar a su dibujo lo interpretó con esas acuarelas tibias y expresivas, con rasgos delicados y fondos neblinosos.

-La obra tiene un arranque de corte trágico que obliga a deambular a un detective en busca de una verdad desconocida que le hace comprender lo poco que se atisba más allá del tunel (recurriendo a Sábato) en el que nos hemos internado. El autor descubre la sexualidad de su novia y se redescubre él mismo a la vez. ¿Podría aventurarse algún sesgo autobiográfico en esta historia; lo has mostrado en alguno de tus guiones?

-Me acuerdo que le pedí a Bobillo que le hiciera al protagonista la cara de Antoine Doinel, el personaje de la larga saga de Francois Truffaut que interpretaba Jean Pierre Léaud. Me parecía que si él dibujaba esa cara yo iba a poder atrapar – un poco, algo – esa forma narrativa poética y sensible del director francés. Que fue un tipo que me contó mucho de mí a mí mismo, me parece. Era como uno que me conocía, Truffaut, pensé alguna vez con cierta soberbia como si yo fuera tan distinto a todo lo que anda dando vueltas por ahí.
Recuerdo también que, en parte, soñé esta historia el día que me enteré que Truffaut había muerto: estaba en Roma, donde tengo un entrañable amigo, Francesco Coniglio, editor èl, más truffautiano que yo, si eso es posible. Debìamos ir a cenar juntos y por la tarde los diarios italianos titulaban en primera plana que Truffaut había muerto. Fue una cena melancólica, nos había producido la más intensa de las tristezas que justamente él se nos hubiera muerto. Hablamos de sus películas, de escenas que nunca podríamos olvidar y yo me acordé de ese personaje que iba a una agencia de detectives para que le averiguaran por qué nadie lo quería. Cuando volví al hotel me dormí y tuve un sueño: me llamaba alguien para invitarme a ver una película inédita de Truffaut que iban a dar por única vez esa noche. Pregunté si podía llevar a alguien más, elegí a mi amigo Francesco, lo llamé urgentemente, fuimos con èl al lugar donde se proyectaría la película, nos sentamos en las butacas, se apagó la luz, y vimos el film. Entero, era un sueño en el que yo veía una película con un amigo querido sentado a mi lado. El protagonista era, una vez más, Antoine Doinel, y èl se convertía en el primer detective de los sentimientos.
Antón Blake, que se llamará T. S. Blake en las ediciones no francesas para acentuar lo de los poetas, ya tiene el segundo de los tres álbumes terminado. La vida de la novia suicida vuelve a ser central, otra vez lo que parece una pista se licúa de una manera tonta. Anton Blake investiga un caso mínimo que algo que ver tiene con su vida. Hay nuevamente mujeres que no mira aunque ellas sí lo miran a él, amigos frívolos, recuerdos de la adolescencia, un crímen. Y la tira que èl dibuja para un periódico, que cuenta la historia de amor entre un terrestre y una marciana. Otra vez muy conversado, con poca acción, con personajes pequeños y – espero – suficientemente verdaderos.
Todo lo que uno escribe tiene pedacitos, ínfimos a veces, grandes otras, de su propia historia. Por ejemplo, se acaba de publicar en Fierro una historia que hicimos con Oscar Grillo, el gran ilustrador y animador argentino que vive en Londres: los dos nacimos el mismo año, fuimos al colegio en los mismos tiempos, aprendimos con los mismos libros de lectura, etc. Cuando decidimos hacer una historia juntos le propuse que transcurriera en los tiempos de nuestra propia infancia, a la que en el comic volvemos pero no convirtiéndonos totalmente en niños sino encogidos y con caras de tipos maduros, como las que tenemos ahora. Nadie se da cuenta de ese detalle, todos nos toman por chicos, vamos juntos a la escuela de esos años ´50, leemos el Patoruzito, pasan los tranvías, en casa se escuchan los radioteatros de la hora del té.
Siempre hay cosas autobiográficas en las historias que uno escribe, aún en las más fantásticas e inverosímiles.

-Sobre este mismo trabajo... se intuyen algunas actitudes narrativas cercanas a las técnicas literarias de un Auster o de un Zafón. Estas fórmulas, ¿no podrían transmutarse en otra actitud creativa como por ejemplo la misma literatura? ¿Para cuándo una novela de Trillo?

-Podría, seguramente, escribir otro tipo de ficciones. No novela, sospecho, que me produce un gran placer leer. Lo que me fascina mucho es el teatro, seguramente porque hay directores, actores, iluminadores, escenógrafos y no solo dibujantes entre lo que uno escribe y el público. Pero no creo, soy un autor de cómics y tengo aún una enorme vastedad de territorio por explorar. Aprecio mucho al primer Auster, al de la trilogía de Nueva York (Ciudad de Cristal, Fantasmas, La habitación cerrada), el de En el país de las últimas cosas. La Sombra del Viento, de Ruiz Zafon, la tengo hace meses esperando en la pila de cosas por leer, siempre encuentro otras cosas que me la van postergando, así que nada ha de haber de su literatura en mis cosas, supongo, todavía, al menos, a menos que los dos hayamos frecuentado muchos libros iguales, quién sabe. (mañana, la quinta parte)